Venganza Viciosa
A Santo Tomás de Aquino le debemos las sutiles distinciones entre venganza virtuosa y viciosa, así como el enunciado de las muchas causas por las que esta última tuerce la justicia, imposibilita la equidad y degrada tanto el honor de los hombres como el de las sociedades. Si lo que principalmente intenta el vengador —explica el Aquinate— es el mal de aquel de quien se venga y en él se complace, eso es totalmente ilícito, porque gozarse del mal de otro es odio, opuesto a la caridad. Ni vale el que alguien se excuse diciendo que intenta causar un daño a quien injustamente se lo causó a él, como tampoco queda uno excusado por odiar a quien lo odia. Pues no hay razón que justifique el que peque yo contra otro porque este primero pecó contra mí (“Suma Teológica”, IIa, IIae, q. 108, art. 1).
Escribe Antonio Caponnetto
Analizadas a la luz de estos rectos principios las múltiples acciones vengativas que ejecuta el Gobierno contra quienes combatieron al marxismo, no queda ni rastro de duda de la extrema ilegitimidad que tales acciones sistemáticamente configuran. Todo está planificado y ejecutado para que triunfe el rencor, el desquite y el revanchismo más atroz; como todo está sádica y morbosamente dispuesto para que quienes padecen el escarnio tribunalicio sean ultrajados a mansalva, antes, durante y después del pseudojuicio a que se los somete.
No hacemos referencia aquí a los inmensos desaguisados legales, que los más decentes hombres de derecho llevan registrados, sino a algo más grave que constituye la atmósfera intencional de esos estrados repelentes. Algo que es propiamente un espíritu demoníaco por el que se halla solaz en mostrar a los acusados en las situaciones más impúdicas y frágiles posibles. Es que una consigna implícita mueve a los actores de la terrible farsa, y es ella la degradacion inmisericorde de quienes han capturado y exhiben como rehenes. Así, en donde debiera señorearse la ecuanimidad, se sientan los terroristas triunfantes, subsidiando con descaro desde sus cargos oficiales a la turba que festeja la impunidad de sus crímenes. Acrece la indignación cuando se los escucha decir que en ésto aventajan los tiempos actuales a los pasados: en que ahora disfrutamos de los beneficios de tamaños juicios públicos. La ventaja, claro, es que facinerosos como Duhalde, Verbitsky o Bonasso, puedan encarcelar a los combatientes que se enfrentaron con la invasión cubana y soviética a la que ellos sirvieron. La ventaja, claro, es la falsificación de la historia y la glorificación de los victimarios; y la posibilidad de que degradados y presos los héroes de Tucumán y de Malvinas, el matrimonio usurero y vil de los Kirchner siga hablando de la memoria y de la identidad.
Diremos una vez más, y ya son cientas, que no todos los militares sometidos a condenas se nos hacen defendibles o justificables. Sustantivas diferencias nos separan de ellos, de sus ideologías y de sus procedimientos, y públicamente lo sostuvimos cuando estaban en la plenitud del poder y no sometidos al vilipendio, como ocurre en el presente. Pero estas diferencias, que muchísimo importan y que la historia veraz debería recoger, ceden ahora ante la contumacia de los vengadores. Porque no buscan ellos restituir algún bien alterado, el castigo del pecador en orden a su enmienda, o la tranquilidad social y la conservación de la justicia, como puntualiza Santo Tomás para calificar a la venganza legítima. Nada de eso. Lo que se busca y se logra, lamentablemente, es la apoteosis de la guerra revolucionaria, la continuación impune de su contracultura y su antinaturaleza, la promoción incondicional de la enemistad con el Orden Natural y Sobrenatural. Mientras, bajo tamañas ruinas del espíritu, florecen para estos delincuentes exculpados y ahora gobernantes los negocios más sucios de la plutocracia vernácula e internacional. Pocas veces la alianza liberal-marxista que configura al Régimen alcanzó la obscenidad y la indecencia que el kirchnerismo sabe imprimir a todo cuanto roza. Pocas veces las finanzas salvajes y el progresismo, el capital hebreo y la subversión, la alta banca y la putrefacción posmoderna, alcanzaron tanta coyunda de beneficios como en las actuales circunstancias.
No está el arreglo en llevar a los facciosos de ayer ante los tribunales. ¿Cuáles, los de los sodomitas, aborteras y ateos? Ni en mendigar una amnistía. ¿A quién, al despotismo criminal de los que gritan ni olvido ni perdón? Ni en seguir alimentando la mitología de los dos demonios, la Plaza de Mayo para todos, la reconciliación de los opuestos y fruslerías semejantes.
El antídoto de la venganza es la Justicia. Que incluye la declaración y la ejecución de la justísima batalla contra la tiranía. En todos los órdenes. Como lo hicieran, por ejemplo, para su gloria, Alexander Solzhenitsyn o el Barón de Wrangel, o Jordán Bruno Genta y Horacio Fernández Cutiellos, si se nos piden ejemplos más cercanos. La pelea pendiente y necesaria ha de abarcar la totalidad de los ámbitos contaminados, y ha de contar con varones y mujeres que empiecen por tener claridad completa en las cabezas.
Nuestro modesto aporte a tan inevitable como necesario combate, sea —por lo menos— llamar a las cosas por su nombre.












ya lo decía Tucídides.
Don Tucídides, lo envidio.
Don Tucídides, lo envidio.
Quizás Ud. creyó que no se podía caer más bajo que con la democracia de su tiempo ateniense, pero no es así. Esto cuando arranca envilece cada vez más y sin detenerse. Está en la misma lógica de "aceleración" del sistema, o de "la historia" como diría Gambra.
Usted dirá: Cómo son los estudiantes en su tiempo y lugar? Que relación tienen con sus maestros?
Le cuento una hermosa experiencia que me tocó vivir ayer en la Capital Fedral de un país de Hispanoamérica para que le sirva de respuesta:
Conducía por la tarde mi automóvil, cuando habiendo llegado a la esquina de las calles Rivadavia y Callao, donde está el Congreso de la Nación, una turba de mugrientos y mal educados mocosos de unos 14 a 17 años cortaban la calle y "manifestaban" pidiendo algo (no sé qué era) advirtiendo que el Colegio al que concurren seguiría "tomado" hasta que se vean saciados en sus pedidos (y en su resentimiento precoz).
Ud. dirá: Se manejaban como estudiantes al menos? Vestían como tales?
Ni por casualidad. La alegría era total debido a que no tenían clases (obvio). Lo del reclamo pasa a ser secundario. La apariencia era la de linyeras, sucios, ninguno llevaba todos los dientes en sus bocas babosas y con remeras de grupos de rock (como angelitos de Cromañón).
Y se preguntará si me enojé.
Si, bastante. Lo bueno es que todavía los puede putear. En dos o tres años ya no. Si lo hace le rompen todo el coche y lo sacan a Ud. por la televisión y diarios como a un pervertido.
Ud. se preguntará qué hacen los padres de estos menores imberbes.
Se lo digo: festejan y apoyan a su cría abyecta. Son los primeros culpables, pero con esto no jutifiquemos a los pequeños piquteros en potencia, pues ya están podridos, no cambiarán para bien, nadie les quitará su resentimiento y seguirán "peticionando", llegarán a jueces (como los de la justicia de la venganza) y diputados. Tengámoslo claro, esos niñitos son menos culpables que sus padres pero ya forman las filas del enemigo. No justifiquemos todo, que cuando nosotros teníamos 17 años ya eramos un proyecto de hombres descentes.
En fin, daría la vida por haber vivido aun en su Atenas o la de Sócrates.
Un saludo desde el 2008.
El Carlista.
los "tribunales populares" españoles, no son mejores
La providencia del juez
"Yo mismo he visto mi nombre en el Valle de los Caídos, aunque ya no he vuelto por allí desde hace treinta años. Puede que hasta me hayan desahuciado por no pagar el alquiler... Así es que si Garzón quiere saber por qué estoy enterrado en el Valle de los Caídos, no le hace falta dictar una providencia para perder el tiempo, que bastante mal está ya la Justicia: le bastaría con llamarme por teléfono", dice el veterano.
La providencia de Garzón, en efecto, insta al abad del Valle de los Caídos a que "proporcione oportuna información sobre los nombres de las personas que en este lugar están enterradas, procedencia geográfica de los restos y causas del enterramiento allí hecho".
"Los que están enterrados en el Valle de los Caídos -dice- son de mi generación. Forman parte de un pasado del que no podemos sentirnos muy orgullosos. Yo, por ejemplo, que combatí con el bando franquista, siempre condené la terrible represión de posguerra, y algunos hasta me llamaban "rojo" por eso. Hoy no se puede envenenar a los jóvenes con el mismo odio y rencor". Además, desde su punto de vista, "Garzón no es nada original, porque lo de mandar policías a las parroquias ya se hacía en tiempos de la República".
Azcárraga defiende el derecho de los familiares a enterrar dignamente a los que fueron asesinados y sepultados en las cunetas, en una y otra zona. "Es totalmente lógico, pero otra cosa es que un juez aproveche esto, tanto tiempo después, para darse autobombo", dice.
Curiosamente, un genocida conocido y orgulloso, el socialista y comunista Santiago Carrillo Solares, sigue pontificando desde los micrófonos de la cadena SER, tan próxima a Rodríguez Zapatero y a Garzón Leal. Pero éste no dicta providencia alguna al respecto...
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