Sobre un Documento de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X
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Nuestro columnista Agustín Moreno Wester afirmaba en un artículo reciente en referencia a distintas posturas en el campo tradicional de la Iglesia "... no parece inútil ni temeraria una sana polémica doctrinal. O mejor, un debate, al estilo escolástico, de los temas y de las posibles soluciones. Un intercambio de información y documentación. Esto es lo que se promueve desde estas páginas. Si no es posible convivir en un clima de caridad fraterna, sin exclusiones mutuas a priori, por bien fundadas certezas que cada uno pueda tener respecto a los errores de apreciación del otro, la pars sana de la Iglesia, encerrada en posiciones que muchas veces tienen más de personal que de católico, contribuyen al hundimiento y se desentienden del salvataje (de la Iglesia)". Presentamos un artículo de Mons. Ignacio Barreiro que -creemos- pone en práctica el debate que allí se reclamaba. |
Información Previa.
Para quienes no estén al tanto, en febrero de 2004, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) hizo público un documento remitido a todos los cardenales de la Iglesia el 6 de enero de ese mismo año. El título de este estudio crítico es Del Ecumenismo a la Apostasía Silenciosa. En esos momentos el Papa Juan Pablo II estaba padeciendo una de sus recurrentes crisis de salud y, según declararon las autoridades de la FSSPX no le fue presentado personalmente al Santo Padre por esta razón. De todos modos se dio a conocer al público en general en una conferencia de prensa en Roma, a pocas cuadras del Palacio Apostólico. Esto pareció quebrar los contactos que se habían mantenido durante los últimos años entre la congregación fundada por Mons. Marcel Lefebvre y la Santa Sede. Declaraciones posteriores del Superior General, Mons. Bernard Fellay tendieron a suavizar esta impresión. (Ver nuestro comentario en ocasión de la Conferencia de Prensa) El autor que reproducimos reseña in extenso el trabajo, con una visión crítica respecto al modo de presentación y la utilidad de una discusión abierta sobre estos temas. Asimismo puntualiza lo que considera errores conceptuales en el trabajo de la FSSPX (Descargar documento). Señala al pasar cierto daño que este documento a su entender ha producido, potenciando la oposición interna de la Iglesia contra el Movimiento Tradicional. Según cierta información que trascendió con posterioridad, habría en preparación en ese momento un documento que avanzaba más en el camino de la liberación de la Misa Tradicional, el cual quedó abortado por la aparición de este estudio crítico de la FSSPX, dejando en mala posición a quienes, desde Roma, habían trabajado en él.
Escribe Mons. Ignacio Barreiro,
H.L.I. Roma
Del Ecumenismo a la Apostasía Silenciosa.
Fraternidad Sacerdotal San Pío X,
St. John’…s Bulletin, N º 73 Winter 2003-2004
Este folleto contiene la traducción al inglés del documento, distribuido por la FSSPX en febrero de 2004 en una conferencia de prensa en el Hotel Columbus, muy cerca de la Plaza de San Pedro. Requiere una consideración prudencial y respetuosa, algo más que una simple reseña de libros.
Ante todo es necesario clarificar los principios metodológicos. Es algo sabido que los documentos del Concilio tienen un grado de ambigüedad que ha conducido a interpretaciones erroneas y maliciosas. [i] Para dar un ejemplo, podemos mencionar, por ejemplo, la descripción de la Iglesia como Pueblo de Dios, que ha servido como plataforma de lanzamiento para la promoción del concepto de la Iglesia del Pueblo. Una Iglesia que viene del pueblo y que se presenta como una alternativa a la Iglesia "oficial" [ii]. Siendo este el caso, debemos hacer nuestro mayor esfuerzo por interpretar los documentos del Concilio y los posteriores documentos de la Iglesia de acuerdo a la tradición.
El otro principio metodológico que debe ser teinido en cuenta es el modo en que este documento fue presentado. En atención al respeto debido al Santo Padre, y acorde a la tradición, las cuestiones contenidas en este documento deberían haber sido abordadas como una presentación reservada a la Santa Sede, y como una conferencia de prensa bajo las ventanas del Palacio Apostólico. Si nos remitimos a los casos históricos de figuras importantes que han hecho observaciones a la Autoridad de la Iglesia podremos ver que ellos siempre han utilizado los procedimientos en uso en el tiempo en que les tocó vivir. En varias casos presentaron dichas observaciones en épocas de crisis extraordiariamente graves. Los autores de Del Ecumenismo a la Apostasía Silenciosa deberían haber presentado este documento siguiendo la norma que indica el canon 212 § 3, la cual reconoce como derecho y deber tradicional de los fieles el manifestar sus opiniones a los pastores en materias que afectan en bien de la Iglesia. Debería haberse considerado, también, que una presentación pública de esta naturaleza, en última instancia ha, fortalecido, lamentablemente, la posición de los que, dentro de la Iglesia, se oponen a otorgarle el debido respeto a la tradición.
Destaquemos que negación del "ecumenismo de retorno" (es decir, la sumisión de los hermanos separados al Romano Pontífice) no está sustentada en documentos magisteriales oficiales. La así llamada "Declaración de Ballamand" es simplemente un documento conjunto que proviene de una comisión de diálogo con los ortodoxos, y no tiene ningún valor magisterial. Puede decirse lo mismo de las diferentes opiniones del Cardenal Kasper que se citan. Cuando Del Ecumenismo a la Apostasía Silenciosa sostiene que "(la Iglesia) ya no exige la conversión de los herejes y cismáticos", esta afirmación no tiene sustento en ningún documento de enseñanza magisterial sino solo en las opiniones del Cardenal Kasper. Inclusive la aceptación de errores cometidos en el pasado por algunos hombres de Iglesia, como se puede ver en Unitatis Redintegratio, no cambia el imperativo final de que todos los hombres deben unirse a la Iglesia Católica. La historia de la Iglesia está amojonada de errores prudenciales cometidos por hombres de Iglesia. Para dar un ejemplo, hoy muchos coinciden en que la política de apoyo a la República Francesa del Card. Mariano Rampolla del Tíndaro -un hombre de refinados talentos- no ha producido resultados positivos.
El documento de la FSSPX pone en discusión algunas cuestiones indudablemente conflictivas, como el intento ecuménico de reforma litúrgica de Paulo VI o el reconocimiento de la Anáfora nestoriana de Addaᯠy Mari que no contienen las palabras de la consagración. Tiene interés aquí traer a colasión las observaciones del prominente teólogo ortodoxo Juan Meyendorff, sobre los cambios ocurridos en la Iglesia Católica después del Concilio Vaticano II, en las cuales se queja de la "secularización de la liturgia" [iii]. Según parece la nueva liturgia no está logrando su meta ecuménca, al menos con los ortodoxos.
En Del Ecumenismo a la Apostasía Silenciosa se dice que su Santidad Juan Pablo II ha afirmado, refiriéndose a las Iglesias ortodoxas, que es deseable una unidad que no sea "ni absorsión ni fusión". Ambas afirmaciones son verdaderas en sí mismas, porque una unión de los ortodoxos con Roma debería basarse en el reconocimiento de esta última de la autonomía propia de los ortodoxos en asuntos litúrgicos y disciplinarios. Y también en que hay muchas cosas que podemos aprender de ellos, tales como su sentido de la tradición y el magnífico sentido de lo sacro que los orientales tienen en sus liturgias. (Al mismo tiempo, la honestidad intelectual nos obliga a no soslayar los errores dogmáticos de los griegos).
Pero tenemos que tener en mente que estos dos principios se aplican también al movimiento tradicionalista. La mayoría de los miembros del Movimiento Tradicionalista no desean ser absorbidos ni fusionados en ninguna de las iglesia particulares, y por otra parte quieren preservar un cierto grado de autonomía en asuntos litúrgicos y disciplinarios, por medio de estructuras canónicas justas y apropiadas. También, muchos de nosotros estamos convencidos de que nuestra presencia y reconocimiento total por la jerarquía de la Iglesia Católica tendría una influencia positiva en la Iglesia toda. Este es el don que podemos ofrecer a nuestra Iglesia contemporanea. Al mismo tiempo, no podemos ser tan orgullosos como para afirmar que no se puede aprender nada de la experiencia de la Iglesia contemporanea o que todo lo que ha sucedido desde el Concilio ha sido completamente negativo, como si el Espíritu Santo se hubiese retirado de la Iglesia desde 1965. Es evidente que los tradicionalistas, con fundamentos válidos, rechazan muchas de las prácticas pastorales de la Iglesia contemporanea, pero al mismo tiempo tenemos que discernir si hay algunos elementos positivos que puedan enriquecernos. Para dar un ejemplo, un prominente y altamente respetado escritor tradicionalista, hoy fallecido, (*) me señaló en reiteradas ocasiones que él consideraba que el nuevo enfoque pastoral del Sacramento de la Extremaunción contiene elementos positivos. Subrayaba que en él se ponen en resalto algunos efectos secundarios del sacramento, tales como la obtención de una beneficio para la salud física de la persona enferma. (**)
La afirmación contenida en la Unitatis Redintegratio, "Porque el Espíritu de Cristo no se ha privado de usarlas (a la Iglesias separadas) como medios de salvación que derivan su eficacia de la plenitud de la gracia y verdad que han sido confiadas a la Iglesia Católica", [iv] puede y debe ser interpretada conforme a la tradición. Primero, tenemos que considerar que el mismo documento luego afirma:"Creemos que Nuestro Señor ha confiado todas las bendiciones de la Nueva Alianza al colegio apostólico solamente, del cual Pedro es la cabeza, a fin de establecer el Cuerpo de Cristo en la tierra, al cual todos los que pertenecen de alguna manera al pueblo de Dios deberían ser plenamente incorporados" [v]. De modo que es difícil decir que este documento puede ser interpretado como dando una cuasilegitimidad a los diferentes grupos que tienen elementos parciales de la fe. Debemos recordar, además, que de acuerdo con las enseñanzas del Bienaventurado Pío IX en su alocución "Singulari quadem" contra el racionalismo y el indiferentismo, "... es necesario tener por seguro que aquellos que laboran en la ignorancia de la verdadera religión, siendo esta ignorancia invencible, no están manchados por culpa alguna en esta materia a los ojos de Dios". Segundo, las verdades parciales que poseen los ortodoxos orientales y los protestantes podrían, por la acción del Espíritu Santo, conducirlos a la eventual aceptación de la verdad en toda su integridad. Lo que está incompleto pide por naturaleza ser completado.
La afirmación que abre el capítulo tres (Problemas Pastorales del Ecumenismo) hace una abrumadora condena del ecumenismo. Hubiera sido preferible usar aquí un lenguaje más preciso. Es parte de la metodología teológica tradicional hacer distinciones. Si por ecumenismo entendemos una aproximación metodológica que traiga a los que tienen un conocimiento incompleto de la verdad a la plenitud de la fe, no puede ser censurado, como el propio documento de la FSSPX admite (citando a Mons. Lefebvre). Por el contrario, es verdad que algunas prácticas contemporáneas pueden ser peligrosas y acarrear una seria posibilidad de indiferentismo. Es evidente, al mismo tiempo, que el suavizamiento del lenguaje tradicional que se usa para describir a los que no están en completa posesión de la verdad puede facilitar la comunicación, en tanto se haga de un modo que no cause confusión a nuestros interlocutores respecto a que consideramos que están en el error, al menos parcialmente en el error. Un dicho romano tradicional que tiene muchos siglos de antigüedad afirma: "se atrapan más moscas con miel que con vinagre". El levantamiento de las censuras canónicas a los ortodoxos puede ser explicado también como un modo de facilitar una aproximación más fluida, como ha hecho Paulo VI con el Patriarca de Constantinopla. Obviamente, ante esta actitud nos preguntamos por qué la Iglesia no aplica el mismo enfoque pastoral hacia la FSSPX y levanta las censuras canónicas que le ha impuesto.
Los autores de Del Ecumenismo a la Apostasía Silenciosa afirman con razón que los vínculos de la fe, los sacramentos y la comunión jerárquica son constitutivos de la unidad de la Iglesia. Citan documentos precisos del magisterio por medio de los cuales demuestran la necesidad de permanecer en unión conla Sede de Pedro. Bonifacio VIII en la Bula Unam Sanctam del 18 de noviembre de 1302, sobre el final del documento hace una afirmación De Fide: "Por lo tanto, declaramos, definimos y proclamamos a toda criatura humana que para su salvación, por necesidad, está sometida enteramente al Romano Pontífice". Yo deseo y ruego para que los autores de este documento de la FSSPX sean capaces de manifestar en qué medida se aplican muchas de estas afirmaciones De Fide a sí mismos. Deberían considerar también que la Iglesia sería mucho más fuerte si la FSSPX fuese capaz de regularizar su situación canónica. Todos sabemos que en algunos lugares la FSSPX da un testimonio de Fe más sólido que el que podemos encontrar hoy en ciertas iglesias particulares, que se mantienen en comunión formal con la Santa Sede.
Las actuales confusiones y malentendidos en lo que respecta al ecumenismo requieren corrección… las preocupaciones de los autores de este documento son más que entendibles. Pero el mejor remedio es el celo apostólico, movido por la Caridad sobrenatural. Debemos ser movidos por el mismo celo que ha conducido a los grandes misioneros del pasado a traer al seno de la Iglesia a todos los que estaban afuera. En las cartas de San Francisco Javier a San Ignacio de Loyola encontramos el ejemplo y modelo de ese celo. Solo que hoy, para encontrar paganos, no debemos salir a navegar más allá del Cabo de la Buena Esperanza… es suficiente viajar en el subterraneo. El Movimiento Tradicional dará pruebas de estar verdaderamente inspirado por Dios solo a través de los frutos apostólicos de su trabajo. Deberíamos estar menos preocupados por los problemas y ambigüedades que pueden encontrarse en la Iglesia contemporanea y más en compartir la verdad salvífica con aquellos que no la tienen o la tienen parcialmente. Me pregunto ¿a qué fin práctico sirve discutir públicamente las deficiencias de muchas prácticas contemporaneas que se etiquetan como ecuménicas si la falta de unión del Movimiento Tradicionalista debilita nuestra capacidad para salvar las almas?
El autor es representante de Human Life International en Roma.
Publicado en la revista Mass of Ages, órgano de la Latin Mass Society de Inglaterra,
n. 144 de mayo 2005 en pp. 18-19.
[i] La preocupación por las ambigüedades y dificultades interpretativas de los documentos del Concilio Vaticano II han sido denunciadas por hombres que no pueden ser sospechados de tradicionalismo, tales como Giuseppe y Franco Magistretti en la introducción de su obra, Constitutionis Dogmaticae Lumen Gentium, Synopsis Historica, Instituto per la Scienze Religiose, Bologna, 1975. Pág. VII.
[ii] José Arturo Domínguez. Le interpretazioni postconciliari, en L’…ecclesiologia trent’…anni dopo la "Lumen Gentium", dirigida por Pedro Rodríguez, Armando, Roma, 1995. p. 44.
[iii] Juan Meyendorff, Catholicity and the Church, St. Vladimir’…s Seminary Press, Crestwood, New York, 1983, p. 97.
(*) El autor se refiere sin duda a Michael Davies. (N. de la R.)
(**) Este aspecto sanador del cuerpo está bien marcado en el ritual del sacramento en los ritos orientales y está implícito en el Rito Latino, que sin embargo, por el mismo nombre tradicional (Extremaunción) pone el énfasis en la preparación de la buena muerte, sin duda su fin principal, mientras que la denominación actual (Unción de los enfermos) acentúa los aspectos secundarios, que con frecuencia se perciben, tales como curación o mejoría de la salud física a la vez que de la espiritual. (N. de la R.)
[iv] Unitatis Reintegratio, n. 3.
[v] Unitatis Reintegratio, n. 3.













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