Sacarse la Careta

El gobierno kirchenerista y su comparsa refuerza a diario -con hechos y dichos- la impresión de que la peculiar ideología del presidente y su soberana voluntad son la única "política de Estado" en vigor. Podría describirse en estos grandes lineamientos: pelear sordamente con Duhalde los jirones del poder, destratar a sus funcionarios, y a mandatarios extranjeros… sostener contra toda razón y justicia -con el voto de los argentinos? a regímenes ensangrentados, de los que nada puede esperar, en ningún orden, sino tan solo daño y descrédito personal y nacional. Apoyar a cualquier costo a sus aliados políticos, la elite de la truhanería de comité, y econderse cuando corre riesgo su "imagen"...

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Escribe Ricardo Fraga

I) Pese a todos los esfuerzos la disidente (y prestigiosa) médica cubana Hilda Molina no pudo (todavía) conocer a sus nietos ni, por ende, pasar la Navidad con ellos. El oprobioso régimen del sangriento tirano Fidel Castro se lo impidió. Las gestiones de la Cancillería argentina y del propio presidente resultaron inútiles.

Ninguna asociación defensora de los derechos humanos (particularmente de las vinculadas con nietos y abuelos) emitió una línea de protesta, seguramente porque son "dependencias" de los organismos de inteligencia del gobierno de La Habana.

Para el caso no se han tenido en cuenta ni las explícitas garantías constitucionales (ya que los niños son argentinos) ni la Convención de los derechos del niño (art. 75 inc. 22 Constitución Nacional).

Por mucho menos los periódicos argentinos (con excepción, tal vez, de "La Nación") han hecho tremenda alaraca. Del sistema castrista la tilinguería "progre" ha elaborado una inatacable mitografía que (como yo mismo lo pude constatar en un viaje a la Isla) no se puede sostener en la realidad. Ni libertad, ni educación, ni salud. Todo es una fantasmagoría semejante a la fábula del "rey desnudo": sólo existe en la imaginación de los que la contemplan. Algunos intelectuales se han animado a consignar esta cruda situación, entre ellos, Marcos Aguinis.

(Nada fantasmal fueron, por el contrario, las cartas que hube de sacar eludiendo la severa censura allí imperante o las notas que obtuve de alguna entrevista con espíritus independientes).

El aparato estructural mediático no ve, no oye, no habla. Antes bien oculta y distorsiona. En definitiva ya lo dijeron los franceses: "pas d?enemis á  gauche".

Sacarse la careta.

II) Según los cronistas nacionales "la más grande catástrofe no natural" ha tenido lugar el jueves 30 de diciembre de 2004. Es difícil saber a qué llaman "no natural" porque masacres superiores a ésta ha padecido el país recordando, cuanto menos, el bombardeo a civiles desarmados en la plaza de Mayo el 16 de junio de 1955 o la violenta matanza de Ezeiza del 20 de junio de 1973.

Sea de ello lo que fuere, es innegable el espanto bíblico que la masificada e inhumana muerte de tantas personas nos produce. Sabemos ya que el local en cuestión no tenía ni habilitación municipal ni de bomberos (en rigor violaba todas las normas existentes) y que excedía con creces su capacidad y que, por si fuera poco, recitales de esa magnitud se desarrollaban ordinariamente.

Naturalmente el gobierno de la Ciudad autónoma no se siente responsable ya que, como todos sabemos "la culpa murió soltera". Su dicharachero Jefe no será cuestionado (al menos por los masivos medios de comunicación). Una vez más: no hay enemigos a la izquierda. Nadie presionará su renuncia y, por otra parte, la dignidad es añeja virtud en desuso.

Sacarse la careta.

III) La misma Ciudad autónoma (ya que, por supuesto, no podía ser "heterónoma" en base a su agnosticismo kantiano) ha organizado una muestra de un artista plástico que, amén de lastimar los sentimientos religiosos de la mayoría democrática de la población (aspecto secundario del asunto), ofende y blasfema directamente el sacrosanto Nombre de Dios ("fuente de toda razón y justicia" según reza el preámbulo) y de la religión oficial del Estado (art. 2 º Constitución Nacional) y, ni decir, del mismo Nombre augusto de la propia Ciudad (Santísima Trinidad).

La invocada "libertad artística" (sería conveniente releer "Arte y escolástica" de J. Maritain para recordar cuáles son los límites entre arte y ética) sólo se podría sostener quizás de haberse efectuado la exhibición en un plano privado, pero nunca sirviéndose del financiamiento común del inconsultado pueblo y con el patrocinio desafiante de los organismos públicos (probablemente a impulsos de un llamativo "ateísmo militante" puesto de moda recientemente por algún juez de la Nación).

Por un "quítame allí esas pajas" se ha sentido agraviada hasta el delirio la dirigencia de la "autónoma" Ciudad (ya sería hora de reclamar su reincorporación a la provincia que en 1880 la cedió exclusivamente para asiento de los poderes federales).

Como toda esa dirigencia tiene un tonillo carmesí nadie se preocupará por un sacrilegio más, o un sacrilegio menos a la soberana trascendencia de la Divinidad.

Sacarse la careta.

IV) Las murgas carnavalescas quieren que retornen los feriados de carnaval. Como si el carnaval cotidiano no les alcanzase. En un país paralizado por la incultura del trabajo se quiere promover un nuevo y emblemático símbolo del "laissez faire, laissez passer", cual si las manifestaciones piqueteras de toda índole fueran insuficientes.

Es cierto, por lo demás que las carnestolendas fueron eliminadas por un decreto del proceso militar pero no por los motivos que con supina ignorancia (o no) ahora se aducen.

También cayeron bajo las tijeras de la censura (en nombre del "eficientismo") tres fiestas de guardar, vale decir, tres destacadas festividades religiosas: la Epifanía del Señor, Corpus Christi y la Asunción de la Virgen.

Si de reclamar se trata, reclamemos por todo el conjunto ya que, de lo contrario, será menester SACARSE LA CARETA.

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