Un caso americano: dar o no la comunión a los políticos católicos pro aborto
En los Estados Unidos ha estallado la polémica por la comunión que
recibieron durante las misas papales Nancy Pelosi, John Kerry, Ted
Kennedy y Rudy Giuliani. Dura reprimenda del cardenal Egan al ex
alcalde de Nueva York. Las tesis de Joseph Ratzinger sobre el tema
por Sandro Magister
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ROMA,
2 de mayo del 2008 – Como ocurre después de cada viaje papal, Benedicto
XVI ha dedicado su primera audiencia pública después de retornar a Roma
a una reflexión sobre su visita a los Estados Unidos.
El Papa Joseph Ratzinger recorrió momento por momento su viaje, dando nuevamente una prueba fuerte de simpatía por el país que visitó:
"... un gran país que desde los albores ha sido edificado sobre la base de una feliz conjugación entre principios religiosos, éticos y políticos, y que hasta ahora constituye un válido ejemplo de sana laicidad, donde la dimensión religiosa, en la diversidad de sus expresiones, no solamente es tolerada, sino que es valorizada como ‘alma’ de la nación y garantía fundamental de los derechos y deberes del hombre”.
Pero la reflexión de Benedicto XVI no ha sido la única cola del viaje. Un contragolpe ruidoso e inesperado se ha desatado en los Estados Unidos una semana después del regreso del Papa a Roma.
La causa ha sido la comunión eucarística recibida durante las misas papales por algunos importantes políticos católicos “pro choice”, o sea partidarios del libre aborto.
En Washington, en la misa en el Nationals Park, comulgaron la presidenta de la cámara Nancy Pelosi y los senadores John Kerry, Edward Kennedy y Christopher Dodd, mientras que en Nueva York, en la misa en la catedral de San Patricio, comulgó el ex alcalde de la ciudad Rudolph Giuliani. El gesto de ellos ha sido evidenciado por los medios también porque algunos de ellos lo habían preanunciado.
Por algunos días la comunión de los políticos católicos “pro choice” no ha provocado particulares reacciones. Pero rompió el silencio un comentario aparecido en el “Washington Post” del lunes 28 de abril, con la firma de un batallador columnista conservador, Robert Novak.
Novak ha hecho notar que los cinco habían recibido la comunión no del Papa sino del nuncio apostólico en los Estados Unidos, el arzobispo Pietro Sambi. Ha recordado que en el 2004, Ratzinger, como cardenal, había escrito que los políticos católicos “pro choice” no debían recibir la comunión. Ha reafirmado, citando anónimas “fuentes vaticanas”, que, como Papa, no ha cambiado de opinión al respecto. Y por lo tanto concluye que el gesto de los cinco “refleja la desobediencia a Benedicto XVI de los arzobispos de Nueva York y de Washington”, sus protectores.
Pocas horas después de la aparición del artículo de Novak en el “Washington Post”, uno de los dos arzobispos involucrados en la discusión, el cardenal de Nueva York, Edward Egan, difundió el siguiente comunicado:
“La Iglesia católica enseña con claridad que el aborto es una ofensa grave contra la voluntad de Dios. Durante mis años como arzobispo de Nueva York he reafirmado esta enseñanza en sermones, artículos, discursos y entrevistas sin dudas ni componendas de ningún tipo. Por este motivo acordé con Rudolph Giuliani, cuando fui nombrado arzobispo de Nueva York y él estaba en funciones como alcalde de Nueva York, que él no recibiría la eucaristía por su conocida posición favorable al aborto. Estoy profundamente disgustado por el hecho que Giuliani haya recibido la eucaristía durante la visita papal a Nueva York. Trataré de reunirme con él y de insistir para que sigua respetando nuestro acuerdo”.
Al comunicado de Egan la portavoz de Giuliani, Sunny Mindel, replicó poco después de la siguiente manera:
"El alcalde Rudy Giuliani seguramente desea reunirse con el cardenal Egan. Como ha dicho anteriormente, la fe del alcalde Giuliani es un tema profundamente personal y debe permanecer en la confidencialidad”
Con este ida y vuelta de respuestas entre el cardenal y el ex alcalde de Nueva York, ha vuelto al primer plano la cuestión que desde hace años atormenta a la Iglesia católica americana, y que tuvo su pico en el verano del 2004, año de las últimas elecciones presidenciales.
Aquel año, el candidato a la Casa Blanca por los demócratas era el católico “pro choice” Kerry. El arzobispo de St. Louis, Raymond Burke, rechazó darle la comunión, mientras otros obispos se comportaron de manera diferente.
Los primeros días de junio del 2004, desde Roma, el entonces cardenal Ratzinger envió al cardenal Theodore E. McCarrick, arzobispo de Washington y jefe de la comisión para la “domestic policy” de la conferencia episcopal de los Estados Unidos, una nota con indicaciones precisas sobre el asunto.
La nota era reservada, pero www.chiesa difundió el texto completo.
Esa nota de Ratzinger se reproduce de nuevo más abajo. Su tesis es inequívoca: ninguna comunión eucarística a los políticos católicos que hace campaña sistemática por el aborto.
Pero los obispos de los Estados Unidos, reunidos en asamblea general, deliberaron a mayoría que correspondía a cada obispo decidir si dar o no la comunión a los políticos católicos abortistas. Ratzinger no se opuso a este modo de aplicar la norma. Más aún, escribió que consideraba esa deliberación “very much in harmony” con sus indicaciones.
Reelecto George W. Bush para la Casa Blanca, la cuestión entró en la sombra. Y no reapareció ni siquiera en el curso de la actual campaña por las nuevas elecciones presidenciales, dada la ausencia de candidatos católicos.
Pero ahora que ha vuelto a estallar, la impresión es que entre los obispos de los Estados Unidos se está imponiendo una línea más severa. Ha impresionado que el cardenal Egan no se haya limitado a recordar principios generales, sino que haya criticado directamente a un famoso hombre político, por lo demás acusándolo de haber violado un acuerdo reservadamente asumido con él.
En Europa y en Italia ni siquiera se plantean estas cuestiones. El hecho que políticos católicos “pro choice” reciban la comunión no suscita particulares reacciones. Su opción se deja a la conciencia personal.
El hecho de que por el contrario en los Estados Unidos la cuestión sea tan inflamable es otro signo de la diversidad de los paisajes político-religiosos de este lado y del otro lado del Atlántico: una diferencia varias veces evidenciada por Benedicto XVI en el curso de su viaje y en la audiencia final del 30 de abril.
En los Estados Unidos la religión es un hecho público mucho más y de modo diferente que en Europa. Con las consecuencias que de ello se derivan.
__________
Dignidad para recibir la santa comunión. Principios generales
por Joseph Ratzinger, junio del 2004
1. Presentarse a recibir la santa comunión debe ser una decisión consciente, fundada en un juicio razonado respecto a la propia dignidad para hacerlo, según los criterios objetivos de la Iglesia, poniendo preguntas del tipo: “'Estoy en plena comunión con la Iglesia católica? 'Soy culpable de pecado grave? 'He incurrido en penas (por ejemplo, excomunión, interdicto) que me prohíben recibir la santa comunión? 'Me he preparado ayunando al menos una hora?”. La práctica de presentarse indiscriminadamente a recibir la santa comunión, simplemente como consecuencia de estar presente en la misa, es un abuso que debe ser corregido (cf. la instrucción “Redemptionis Sacramentum”, nn. 81, 83).
2. La Iglesia enseña que el aborto o la eutanasia es un pecado grave. La carta encíclica “Evangelium Vitae”, al referirse a las decisiones judiciales o a leyes civiles que autorizan o promueven el aborto o la eutanasia, establece que hay una “grave y precisa obligación de oponerse a ellas mediante la objeción de conciencia. […] En el caso pues de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella, ‘ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio del propio voto’” (n. 73). Los cristianos “están llamados, por un grave deber de conciencia, a no prestar su colaboración formal a aquellas prácticas que, aun permitidas por la legislación civil, se oponen a la Ley de Dios. En efecto, desde el punto de vista moral, nunca es lícito cooperar formalmente en el mal. […] Esta cooperación nunca puede justificarse invocando el respeto de la libertad de los demás, ni apoyarse en el hecho de que la ley civil la prevea y exija” (n. 74).
3. No todas las cuestiones morales tienen el mismo peso moral del aborto y de la eutanasia. Por ejemplo, si un católico estuviese en desacuerdo con el Santo Padre sobre la aplicación de la pena capital o sobre la decisión de hacer una guerra, no se le consideraría por este motivo indigno de presentarse a recibir la santa comunión. Mientras la Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la paz, no la guerra, y a ejercitar discreción y misericordia al aplicar una pena a un criminal, todavía se puede admitir tomar las armas para rechazar a un agresor, o recurrir a la pena capital. También puede haber una legítima diversidad de opiniones entre los católicos sobre declarar la guerra y aplicar la pena de muerte, pero de ningún modo respecto al aborto y a la eutanasia.
4. A parte del juicio de cada uno sobre la propia dignidad para presentarse a recibir la santa eucaristía, el ministro de la santa comunión puede encontrarse en la situación de tener que negarse a dar la comunión a alguien, como en el caso de excomunión declarada, de interdicto declarado, o de persistencia obstinada en un pecado grave manifiesto (cf. can. 915).
5. Respecto al pecado grave del aborto o de la eutanasia, cuando la formal cooperación de una persona se hace manifiesta (entiéndase, en el caso de un político católico, que haga una campaña sistemática y que vote por leyes permisivas sobre el aborto y la eutanasia) su pastor debe reunirse con él, instruirlo sobre la enseñanza de la Iglesia, informarle que no se debe presentar a la santa comunión hasta que no haya puesto fin a la objetiva situación de pecado, y advertirle que de lo contrario le será negada la eucaristía.
6. En caso de que “estas medidas preventivas no hayan tenido efecto o no hayan sido posibles”, y la persona en cuestión, con persistencia obstinada, se presentase de todos modos a recibir la santa eucaristía, “el ministro de la santa comunión debe negarse a darla” (cf. la declaración del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, “Santa comunión y católicos divorciados y vueltos a casar civilmente”, 2000, nn. 3-4). Esta decisión, propiamente hablando, no es una sanción o una pena. Ni el ministro de la comunión formula un juicio sobre la culpa subjetiva de la persona; más bien, él reacciona a la pública condición indigna de aquella persona para recibir la santa comunión, debida a una objetiva situación de pecado.
[Nota: Un católico sería culpable de formal cooperación con el mal, y por tanto indigno de presentarse a la santa comunión, si deliberadamente votase por un candidato precisamente a causa de su posición permisiva respecto al aborto y/o a la eutanasia. Cuando un católico no comparte la posición de un candidato a favor del aborto y/o de la eutanasia, pero vota por él por otras razones, esta se considera una cooperación material remota, que puede ser permitida en presencia de razones proporcionadas.]
El Papa Joseph Ratzinger recorrió momento por momento su viaje, dando nuevamente una prueba fuerte de simpatía por el país que visitó:
"... un gran país que desde los albores ha sido edificado sobre la base de una feliz conjugación entre principios religiosos, éticos y políticos, y que hasta ahora constituye un válido ejemplo de sana laicidad, donde la dimensión religiosa, en la diversidad de sus expresiones, no solamente es tolerada, sino que es valorizada como ‘alma’ de la nación y garantía fundamental de los derechos y deberes del hombre”.
Pero la reflexión de Benedicto XVI no ha sido la única cola del viaje. Un contragolpe ruidoso e inesperado se ha desatado en los Estados Unidos una semana después del regreso del Papa a Roma.
La causa ha sido la comunión eucarística recibida durante las misas papales por algunos importantes políticos católicos “pro choice”, o sea partidarios del libre aborto.
En Washington, en la misa en el Nationals Park, comulgaron la presidenta de la cámara Nancy Pelosi y los senadores John Kerry, Edward Kennedy y Christopher Dodd, mientras que en Nueva York, en la misa en la catedral de San Patricio, comulgó el ex alcalde de la ciudad Rudolph Giuliani. El gesto de ellos ha sido evidenciado por los medios también porque algunos de ellos lo habían preanunciado.
Por algunos días la comunión de los políticos católicos “pro choice” no ha provocado particulares reacciones. Pero rompió el silencio un comentario aparecido en el “Washington Post” del lunes 28 de abril, con la firma de un batallador columnista conservador, Robert Novak.
Novak ha hecho notar que los cinco habían recibido la comunión no del Papa sino del nuncio apostólico en los Estados Unidos, el arzobispo Pietro Sambi. Ha recordado que en el 2004, Ratzinger, como cardenal, había escrito que los políticos católicos “pro choice” no debían recibir la comunión. Ha reafirmado, citando anónimas “fuentes vaticanas”, que, como Papa, no ha cambiado de opinión al respecto. Y por lo tanto concluye que el gesto de los cinco “refleja la desobediencia a Benedicto XVI de los arzobispos de Nueva York y de Washington”, sus protectores.
Pocas horas después de la aparición del artículo de Novak en el “Washington Post”, uno de los dos arzobispos involucrados en la discusión, el cardenal de Nueva York, Edward Egan, difundió el siguiente comunicado:
“La Iglesia católica enseña con claridad que el aborto es una ofensa grave contra la voluntad de Dios. Durante mis años como arzobispo de Nueva York he reafirmado esta enseñanza en sermones, artículos, discursos y entrevistas sin dudas ni componendas de ningún tipo. Por este motivo acordé con Rudolph Giuliani, cuando fui nombrado arzobispo de Nueva York y él estaba en funciones como alcalde de Nueva York, que él no recibiría la eucaristía por su conocida posición favorable al aborto. Estoy profundamente disgustado por el hecho que Giuliani haya recibido la eucaristía durante la visita papal a Nueva York. Trataré de reunirme con él y de insistir para que sigua respetando nuestro acuerdo”.
Al comunicado de Egan la portavoz de Giuliani, Sunny Mindel, replicó poco después de la siguiente manera:
"El alcalde Rudy Giuliani seguramente desea reunirse con el cardenal Egan. Como ha dicho anteriormente, la fe del alcalde Giuliani es un tema profundamente personal y debe permanecer en la confidencialidad”
Con este ida y vuelta de respuestas entre el cardenal y el ex alcalde de Nueva York, ha vuelto al primer plano la cuestión que desde hace años atormenta a la Iglesia católica americana, y que tuvo su pico en el verano del 2004, año de las últimas elecciones presidenciales.
Aquel año, el candidato a la Casa Blanca por los demócratas era el católico “pro choice” Kerry. El arzobispo de St. Louis, Raymond Burke, rechazó darle la comunión, mientras otros obispos se comportaron de manera diferente.
Los primeros días de junio del 2004, desde Roma, el entonces cardenal Ratzinger envió al cardenal Theodore E. McCarrick, arzobispo de Washington y jefe de la comisión para la “domestic policy” de la conferencia episcopal de los Estados Unidos, una nota con indicaciones precisas sobre el asunto.
La nota era reservada, pero www.chiesa difundió el texto completo.
Esa nota de Ratzinger se reproduce de nuevo más abajo. Su tesis es inequívoca: ninguna comunión eucarística a los políticos católicos que hace campaña sistemática por el aborto.
Pero los obispos de los Estados Unidos, reunidos en asamblea general, deliberaron a mayoría que correspondía a cada obispo decidir si dar o no la comunión a los políticos católicos abortistas. Ratzinger no se opuso a este modo de aplicar la norma. Más aún, escribió que consideraba esa deliberación “very much in harmony” con sus indicaciones.
Reelecto George W. Bush para la Casa Blanca, la cuestión entró en la sombra. Y no reapareció ni siquiera en el curso de la actual campaña por las nuevas elecciones presidenciales, dada la ausencia de candidatos católicos.
Pero ahora que ha vuelto a estallar, la impresión es que entre los obispos de los Estados Unidos se está imponiendo una línea más severa. Ha impresionado que el cardenal Egan no se haya limitado a recordar principios generales, sino que haya criticado directamente a un famoso hombre político, por lo demás acusándolo de haber violado un acuerdo reservadamente asumido con él.
En Europa y en Italia ni siquiera se plantean estas cuestiones. El hecho que políticos católicos “pro choice” reciban la comunión no suscita particulares reacciones. Su opción se deja a la conciencia personal.
El hecho de que por el contrario en los Estados Unidos la cuestión sea tan inflamable es otro signo de la diversidad de los paisajes político-religiosos de este lado y del otro lado del Atlántico: una diferencia varias veces evidenciada por Benedicto XVI en el curso de su viaje y en la audiencia final del 30 de abril.
En los Estados Unidos la religión es un hecho público mucho más y de modo diferente que en Europa. Con las consecuencias que de ello se derivan.
__________
Dignidad para recibir la santa comunión. Principios generales
por Joseph Ratzinger, junio del 2004
1. Presentarse a recibir la santa comunión debe ser una decisión consciente, fundada en un juicio razonado respecto a la propia dignidad para hacerlo, según los criterios objetivos de la Iglesia, poniendo preguntas del tipo: “'Estoy en plena comunión con la Iglesia católica? 'Soy culpable de pecado grave? 'He incurrido en penas (por ejemplo, excomunión, interdicto) que me prohíben recibir la santa comunión? 'Me he preparado ayunando al menos una hora?”. La práctica de presentarse indiscriminadamente a recibir la santa comunión, simplemente como consecuencia de estar presente en la misa, es un abuso que debe ser corregido (cf. la instrucción “Redemptionis Sacramentum”, nn. 81, 83).
2. La Iglesia enseña que el aborto o la eutanasia es un pecado grave. La carta encíclica “Evangelium Vitae”, al referirse a las decisiones judiciales o a leyes civiles que autorizan o promueven el aborto o la eutanasia, establece que hay una “grave y precisa obligación de oponerse a ellas mediante la objeción de conciencia. […] En el caso pues de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella, ‘ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio del propio voto’” (n. 73). Los cristianos “están llamados, por un grave deber de conciencia, a no prestar su colaboración formal a aquellas prácticas que, aun permitidas por la legislación civil, se oponen a la Ley de Dios. En efecto, desde el punto de vista moral, nunca es lícito cooperar formalmente en el mal. […] Esta cooperación nunca puede justificarse invocando el respeto de la libertad de los demás, ni apoyarse en el hecho de que la ley civil la prevea y exija” (n. 74).
3. No todas las cuestiones morales tienen el mismo peso moral del aborto y de la eutanasia. Por ejemplo, si un católico estuviese en desacuerdo con el Santo Padre sobre la aplicación de la pena capital o sobre la decisión de hacer una guerra, no se le consideraría por este motivo indigno de presentarse a recibir la santa comunión. Mientras la Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la paz, no la guerra, y a ejercitar discreción y misericordia al aplicar una pena a un criminal, todavía se puede admitir tomar las armas para rechazar a un agresor, o recurrir a la pena capital. También puede haber una legítima diversidad de opiniones entre los católicos sobre declarar la guerra y aplicar la pena de muerte, pero de ningún modo respecto al aborto y a la eutanasia.
4. A parte del juicio de cada uno sobre la propia dignidad para presentarse a recibir la santa eucaristía, el ministro de la santa comunión puede encontrarse en la situación de tener que negarse a dar la comunión a alguien, como en el caso de excomunión declarada, de interdicto declarado, o de persistencia obstinada en un pecado grave manifiesto (cf. can. 915).
5. Respecto al pecado grave del aborto o de la eutanasia, cuando la formal cooperación de una persona se hace manifiesta (entiéndase, en el caso de un político católico, que haga una campaña sistemática y que vote por leyes permisivas sobre el aborto y la eutanasia) su pastor debe reunirse con él, instruirlo sobre la enseñanza de la Iglesia, informarle que no se debe presentar a la santa comunión hasta que no haya puesto fin a la objetiva situación de pecado, y advertirle que de lo contrario le será negada la eucaristía.
6. En caso de que “estas medidas preventivas no hayan tenido efecto o no hayan sido posibles”, y la persona en cuestión, con persistencia obstinada, se presentase de todos modos a recibir la santa eucaristía, “el ministro de la santa comunión debe negarse a darla” (cf. la declaración del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, “Santa comunión y católicos divorciados y vueltos a casar civilmente”, 2000, nn. 3-4). Esta decisión, propiamente hablando, no es una sanción o una pena. Ni el ministro de la comunión formula un juicio sobre la culpa subjetiva de la persona; más bien, él reacciona a la pública condición indigna de aquella persona para recibir la santa comunión, debida a una objetiva situación de pecado.
[Nota: Un católico sería culpable de formal cooperación con el mal, y por tanto indigno de presentarse a la santa comunión, si deliberadamente votase por un candidato precisamente a causa de su posición permisiva respecto al aborto y/o a la eutanasia. Cuando un católico no comparte la posición de un candidato a favor del aborto y/o de la eutanasia, pero vota por él por otras razones, esta se considera una cooperación material remota, que puede ser permitida en presencia de razones proporcionadas.]
Fuente: Chiessa












Agregar
Me permito agregar algunos detalles que este articulo no menciona, y que me parecen importantes:
1. Giuliani (ex alcalde de New York) no solo es publicamente conocido por ser "pro-choice". Tambien y muy publicamente es conocido por vivir con una mujer que no es su esposa. Si no me equivoco, este es su tercer matrimonio... Por tanto el articulo falla en mencionar este pequeño "detalle" si de pecados publicos se trata.
2. El Card. Egan es un verdadero hipocrita. Este hombre tiene la caradurez de decir por un comunicado que tuvo un acuerdo "secreto" con Giuliani. Donde esta el secreto? Giuliani esta en una situacion publica contraria a la enseñanza de la Iglesia. El card. (ex-arzobispo de New York), segun se cree, tuvo otros acuerdos "secretos" con el ex-alcalde (sobre temas de abuso sexual y sobre temas de dinero... de que otro tema va a ser??). Pero respecto a la comunion, no deberia haber secreto. El card. Egan ha sido un cobarde en exponer la doctrina de la Iglesia sin tapujos (quizas porque ni el mismo se la cree).
3. Las misas papales en USA nunca tuvieron una catequesis previa acerca de la comunion. En un pais donde el matrimonio y/o divorcio, aborto, matrimonio gay, pro-choice, etc esta tan difundido, incluso entre los mismos catolicos practicantes, nunca hubo una preocupacion por "cuidar" de la santidad de la administracion de la sagrada comunion, o aclarar quienes deberian abstenerse.
Atte. Daniel
la administración de la
la administración de la comunión es siempre santa, en todo caso quien lo recibe quien puede no serlo.
¿No querrá Ud. decir...
¿No querrá Ud. decir, la Sagrada Eucaristía es siempre sagrada? Dársela a un pecador público, ¿es un acto santo? ¿Negársela a un fiel sin motivo, como a los que quieren comulgar de rodillas, es un acto santo?
Obviamente...
santidad de la administracion quiere decir precisamente eso! No ha sido un acto de santificacion darsela a personas que notoriamente viven y actuan de modo publico contrario a lo que la Iglesia enseña.
Daniel
COHERENCIA
Marcelo: Creo que a diferencia de su predecesor, el Sto. Padre actual suele hablar con más habitual docilidad a su Gracia de Estado que su predecesor cuando se trata de asuntos espinosos, salvando ciertas perplejidades que todo verdadero católico puede tener, verbigracia, cuando alaba la sana laicidad del Estado en USA, que no es otra cosa que laicismo y separación Iglesia-Estado, o cuando pretende que los niños no bautizados se salvan por medios que sólo Dios conoce... contra lo que el mismo Dios nos ha revelado en la Santa Escritura. Pero más que en sus palabras -llenas de Sabiduría, aunque muchas veces proclamadas como si sólo hablara un doctor privado, o un Obispo más, el de Roma, sin Tiara ni siquiera en el escudo, sin ser Patriarca y por lo mismo menor en jerarquía que sus homólogos de las comunidades cismáticas de Oriente-, el Sto. Padre pareciera que yerra en sus actitudes. Me explico con un ejemplo: luego de un documento inaudito (inaudito porque nunca luego del Novus Ordo Misæ se había escuchado un documento así, pero también inaudito porque al parecer nadie lo escuchó luego de publicado), que acertadamente reafirmaba que la fórmula consacratoria del vino en la Sta. Eucaristía, pro multis, debe traducirse como por muchos, en el curso de la última semana pude ver por EWTN la transmisión de una Sta. Misa de ordenación sacerdotal, en la cual el mismísimo Sto. Padre consagraba el vino en italiano usando la fórmula per voi e per tutti, esto es, por vosotros y por todos... Así, no siempre las incoherencias que se acaban de comentar en el artículo de Sandro Magister son responsabilidad exclusiva de los subalternos del Sto. Padre, sino muchas veces decisiones tomadas en los niveles más altos, o bien indebidas concesiones del nivel superior a las ocurrencias de sus subalternos. En cualquier caso, no nos toca a nosotros juzgar ni al Sto. Padre, ni al Cardenal Egan, ni al político Giuliani, sino constatar el error, dejarlo al juicio de Dios, evitar su repetición en nosotros o en terceros en cuanto nos sea posible, y rezar para que la Misericordia de Dios se apiade de todos nosotros. OREMUS POR PONTIFICE NOSTRO, BENEDICTO. DOMINUS CONSERVET EUM, ET VIVIFICET EUM, ET BEATUM FACIAT EUM IN TERRAM, ET NON TRADAT EUM IN ANIMAM INIMICORUM EIUS. MARTIN BILOTTA (Sábado 03-5-08)
Gracias, Martín
Lo suyo es una lección de equilibrio intelectual y espíritu católico.
Acuerdo con Martín
Totalmente de acuerdo con Martín. Uno puede estar mayor o menormente de acuerdo con ciertos pronunciamientos del Santo Padre, pero vivir cuestionándolo por esto y por aquello, y luego rasgarse las vestiduras por aquellos que no le obedecen, me parece un chiste de mal gusto. Como mínimo, una hipocresía. En todo caso, como dice Martín, no nos toca a nosotros hacer de jueces, pero sí nos tocará a nosotros dar cuenta de cada palabra dicha que haya perjudicado la unidad de la Iglesia o la fe de los más débiles. Milkus Maximus (www.zonadeinsomnio.com)
Hablando de Coherencia
Recordemos que Nuestro Señor Dijo "Quien come y bebe de mi sangre en pecado mortal, come y bebe su propia condenacion". Entonces estos señores y señoras que se dicen pro-choice porque es una forma mas agradable de decir pro-asesinato, aparte de no tener conciencia, se atreven a tomar la Santa Eucaristia, cuando en realidad deberian de temer tomarla y terminar de condenarse. Estamos en un mundo en el que queremos que todo mundo nos vea lo bueno que somos, se nos olvida que hay alguien que no solamente ve lo fisico, sino hasta nuestros pensamientos mas profundos. Elsa
En qué lugar (cita) de los
En qué lugar (cita) de los Evangelios está escrito eso?
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