Respuesta al Dr. Ricardo D. Rabinovich-Berkman
Respuesta al Dr. Ricardo D. Rabinovich-Berkman:
Escribe Antonio Caponetto
A juzgar por una referencia que leo al pasar en el nº 29 de Persona, invita Usted a sus lectores a expresarse con libertad sobre su Editorial del nº 28 titulado El Evangelio según Mel Gibson. Recojo el guante por cuenta propia, no sin reservas, y columbrando con aflicción que las susodichas razones me obligarán a ocupar un tiempo mayor que el suyo, desacatando así el prudencial aforismo de Hipócrates: ars longa, vita brevis, que para evitarle los enredos fonológicos que le han traido los latinazgos fílmicos, deberá pronuciar ars longa,uita breuis, sorteando macarrónicos acentos.
Intentaré pues, en la ocasión, la vía del modesto croquis.
1.-Se "asombra" Usted "hasta la estupefacción" al enterarse "del beneplácito, al parecer en un primer momento ardoroso, del Santo Padre" dado a La Pasión de Gibson. "Salutación gloriosa" la llama, que "en buena hora" habría sido "desmentida, o revisada, o callada" después, aunque "no en razón de las debilidades históricas del filme, sino como reacción a las quejas de varias comunidades judías, que lo tildaron de antisemita".
No hay nada en la tal conducta pontificia que justifique su estupor, mas si algo que debería mover su docilitas. El "beneplácito" del Santo Padre no fue nunca presentado como "ardoroso" ni como "salutación gloriosa"; antes bien como un lacónico y significativo dicho: "es como fue" (Agencia Zenit, 18-12-03) que avalaba precisamente el meollo del punto en discusión: la veracidad de los relatos gibsonianos. Al decir "es como fue", Juan Pablo II no sólo salía al cruce de quienes acusaban a la película de antisemita, sino de quienes como Usted creen que está llena de "debilidades históricas". Que tan sintética pero substancial declaración pontificia haya sido "desmentida, revisada o callada", prueba el volumen de la campaña en contra que tuvo que soportar esta iniciativa, mas no la inautenticidad de las palabras del Papa, a las que las agencias oficiales vaticanas tuvieron siempre por genuinas. Bastaría cotejar al respecto el despacho entregado a los medios por Monseñor Stanislaw Dziwisz, secretario personal de Juan Pablo II (cfr.AICA,nº 2454, p.571).
Me dirá Usted -y lo sigo- que las opiniones cinematográficas del Santo Padre no comprometen la doctrina de la infalibilidad, ni siquiera la filial cortesía de tenerlas en cuenta. Es lo que me pasa con su admirada La vida es bella, insostenible trivialización de un drama sostenida en los clichés de la propaganda aliadófila, y que si su coherencia fuera un poco más exigente debería Usted rechazar en vez de ponderar. Porque es Usted quien dice, y dice bien, que "cuando se pretende hacer historia en el cine, se debe andar con pie de plomo". Como también son suyas las justificadas reprobaciones de aquellos que "crean un modelo al estilo Hollywood de los nazis estúpidos y obcecados, torpes y sin ideas ni principios". Pero la diferencia a mi favor es que, en el caso que nos ocupa, el laconismo pontificio -esas menos palabras que puedan seer, como fatblaba el Infante Juan Manuel- no encierra un juicio cinematográfico sino más bien histórico y teológico. Vio la pasión del Señor llevada a la pantalla y sentenció: es como fue.
2.-Le asisten a Usted los proverbiales derechos para declararse "lector y admirado, de las obras de Crossan, cuya solidez histórica" le "parece notable". Y tan apodíctica confesión me permite conocer fácilmente la raíz de los yerros que desgrana en su Editorial. No parece atinado en cambio que, ante lectores eventualmente no especializados en el tema, lo llame Usted al arbitrario Crossan "reconocido investigador" y "católico fervoroso", no siendo ninguna de ambas cosas, sino mas bien un discutido personaje que se ha caracterizado por sus explícitas y reiteradas heterodoxias, lo que le ha valido entrar en colisión con el Magisterio Tradicional de la Iglesia. Su Jesus: A Revolutionary Biography, por citar uno de sus trabajos, agrega a la audacia de sus conjeturas un tono que linda calculadamente la irrespetuosidad. No es el suyo, por cierto, ni el único ni el principal caso de un biblista revulsivo, pero conviene saber de quién estamos hablando.
En junio de 2003 el vocero de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), Mark E. Chopko, ofreció disculpas a la productora Icon de Mel Gibson, por una serie de infundios que circuló en torno a la película The Passion. Entre esos difamadores se contaba "el círculo de intelectuales del controvertido Jesus Seminar" –con Crossan a la cabeza- que "están trabajando fervientemente en reescribir el Nuevo Testamento", dice News Max y recoge oportunamente ACI (Agencia Católica Internacional) en su edición del 16-6-03. "El Jesus Seminar" -prosigue advirtiendo el Informe- "es un auto nombrado equipo de ‘intelectuales biblistas’ que se han dedicado a releer los Evangelios a partir de un sistema subjetivo de especulaciones racionalistas y de votaciones entre sus miembros, con el cual dicen determinar la ‘veracidad’, separándola de lo que consideran ‘leyenda’. Según el Jesus Seminar, menos del 20 por ciento de lo que dicen los Evangelios es cierto". Bien puede verse entonces, que no han faltado recientes voces de alerta sobre el "fervoroso católico" y "reconocido investigador".
Por su parte, los miembros del Seminario de Jesús le han dicho muy seriamente a Richard Hays, en una entrevista que publicara el nº 43 de First Things, que ellos son los titulares de "la erudición que prevalece en las grandes universidades del mundo". Lo que no condice, ya no con la modestia y el tino exigibles a todo exégeta, si no con la confesa criteriología del Seminar, en virtud de la cual, como apuntábamos, se deciden por mayoría de votos afirmaciones tan temerarias como la cuasi apocrificidad del Pater. Es por eso que el mencionado Richard B. Hays, Profesor Asociado del Nuevo Testamento en la Escuela de Divinidad de la Universidad de Duke (Estados Unidos), les ha replicado con palabras que vale la pena conocer: "ni un solo miembro de las cátedras neotestamentarias de Yale, Harvard, Princeton, Duke, University of Chicago, Seminario Teológico de la Unión, Vanderbilt, SMU o de la Universidad Católica ha participado en este proyecto [el Seminario de Jesús]. Es innecesario decir que los facultativos de los seminarios evangélicos no han participado. Tampoco han participado estudiosos reconocidos de Inglaterra o de otras partes del Continente Europeo. De hecho -quiero expresar esto claramente- la mayoría de los estudiosos bíblicos reconocidos sienten un profundo escepticismo al contemplar los métodos y las conclusiones de este grupo académico seccionado de la comunidad de estudiosos. El punto es que éste [se refiere aquí a un trabajo en conjunto,dirigido por Crossan] es un libro de imaginación que ha sido producido por un grupo de autodeclarados ‘eruditos’ que declaran puntos de vista no convencionales sobre Jesús y los Evangelios. Ellos, por supuesto, son libres de publicar estos puntos de vista. Sin embargo su intento de presentar estas opiniones como si fueran ‘los resultados establecidos firmemente luego de un análisis crítico erudito’ es, uno debe decirlo, un engaño condenable".
Junto a estas sugestivas declaraciones de Hays, téngase además por dato interesante, que de los 74 miembros nucleados por Crossan en el Jesus Seminar, muchos de ellos, amén de no ser biblistas, eran intelectuales de extracción conocidamente anti-religiosa provenientes mayoritariamente de las universidades norteamericanas de Harvard, Claremont y Vanderbilt. Tal el caso del cineasta de origen holandés Paul Verhoeven -para quien la pasión de Jesús puede compararse a un "accidente de tránsito"- director de películas de violencia como Robocop y Total Recall, o decididamente pornos como Showgirls. Sobre ninguna de las cuales he leido comentarios críticos desde las digitales páginas de Persona.
No, Dr. Rabinovich; para que el debate televisivo que lo defraudó hubierá sido parejo, no tendrían que haber enfrentado a Gibson con Crossan, sino a éste con Ratzinger, o con la Comisión Bíblica Pontificia, o tal vez con Rafael Aguirre, que supo salirle al cruce en una notable ponencia organizada por la Complutense en El Escorial, hacia agosto del 2001. Por aquello que decía Jauretche haciendo un símil con las cuadreras: "igualá y largamos". Remitir a Crossan para evaluar La Pasión de Jesucristo, la real y la fílmica, es como recomendar el Facundo de Sarmiento para conocer la vida de Quiroga, o como preguntarle a Bush por las armas químicas de Saddam.
3.- Tiene Usted también todo el derecho a preferir la interpretación de Renán y hasta a "compartir plenamente" sus "serias dudas". Poco conforme con los textos evangélicos sobre la flagelación, que le resultan escuetos, y en todo disconforme con la descripción gibsoniana, acude al renombrado racionalista, al que encomia como "conocedor de la civilización latina", subrayando que "su rigor científico en punto a las reconstrucciones, no merece mayores reparos en general". Pero entonces, pongámonos de acuerdo en que no estamos de acuerdo, como dice Chesterton. Porque si su enojo contra Gibson es por su supuesto apartamiento de los sacros textos, no puede luego Usted, ya no apartarse de los mismos, sino contradecirlos de la mano de un apóstata, enemigo declarado de la Iglesia y miembro activo de la masonería. Que esto fue Renán y no el genio que no habría merecido "mayores reparos". Juicio que si lo sobresalta podrá corroborar leyendo a José Manuel Groot -no el ciclista, antes de que el Google le juegue una mala pasada- sino al converso colombiano que refutó la impía Vida de Jesús del incrédulo franchute. Porque si algo recibió Renán desde que dio a conocer sus páginas sobre Jesucristo, fueron reparos a granel. Y hasta el postrer, paradójico y significativo reparo de un nieto heroicamente católico, el inolvidable Ernesto Psichari.
Tras Crossan primero; tras Renán después. Ahora falta que nos recomiende entender la cuestión judía leyendo Nous autres racistes de Amaudruz, Die Juden de Gottfried Feder, o ¿por qué no? Das Wesensgefíge des Nationalsozialismus, del equitativo Rosenberg.
Podrá Usted conforme al gusto de esta época, preferir una pasión ligth, con algunos coágulos estéticamente extendidos sobre el cuerpo de la víctima, casi desodorizada y sanitaria, con precauciones leguleyas para evitar los excesos y controles médicos de rutina. Podrá Usted con Renán, imaginar una soldadesca llena de equilibrio y señorío, verdugos mesurados, profiriendo chanzas e insultos a reglamento. Podrá Usted asimismo, huero de una seria perspectiva teológica, despojar al drama mayor de la historia del odium fidei que lo consumó hasta trasponer el umbral mismo del misterio de iniquidad. Podrá omitir la presencia desatada del Demonio entre aquellas furias rugientes de la sangre del Justo. Pero muy otra es la historia.
Marcos usa el término griego mástix que equivale al latino flagellum. El flagellum, como suplicio y como instrumento, tenía dos nombres y dos formas. El loris uno -fuste con correas- y el flagrum, aún más cruel si cabe, con sus variantes scorpiones y plumbata, cargados de cadenas retorcidas, bolas de plomo, puntas de hueso (astragaloté) y otros instrumentos cortantes. Lo propio del flagellum era cedere (herir), secare (cortar), scindere (desgarrar). Y lo propio del flagrum era rumpere (romper), pinsere (machacar), forare (agujerear) y fodere (cabar,excavar). Sabemos éstos y tantos o más tristes datos por el concurso de las fuentes, como Ciceron, Tito Livio, Filón o Plutarco. Por los descubrimientos arqueológicos, como los de Perret en las Catacumbas de Roma. Por las Actas de los Mártires, por los grandes biógrafos de Jesucristo -Lebreton, Prat, Vilariño, Buil, Llanas de Niubo, etc-, por los especialistas en sindonología,y porque hasta el mismo Flavio Josefo cuenta que hizo azotar a un enemigo suyo en la ciudad de Tariquea, hasta "que se le vieron los huesos". Así como cita el caso de Bar Hanan, al que mandó flagelar el procurador Albino, hasta llegar "a la denudación de los huesos" (Bell.jud VI,5,3).De acuerdo Dr Rabinovich: "leer un poquito a Flavio Josefo no hace daño".
Nada ha inventado Gibson al respecto, ni "es cosecha del propio director" el conjunto de las desgarradoras escenas. No se trata de "una generosa donación gibsoniana a la capacidad de espanto del público", ni de morbosas descripciones que pueden tener su correlato en las peripecias cinematográficas de Wallace. Mas bien se ha quedado corto el cineasta como se lo ha objetado el Centro Español de Sindonología, con sede en Valencia y dedicado al estudio de la Santa Sábana. Ha sido su Vicepresidente, Jorge Manuel Rodríguez, el que recordando el texto de Isaías, según el cual -y como consecuencia de la flagelación- ya no tenía el Señor aspecto humano, señaló -pruebas en mano- mayores y más sugestivos detalles de los tormentos a los que fue sometido Jesucristo. (cfr.ACI, Madrid,6-4-04).
Que a la vista de estos irrecusables testimonios, Usted prefiera la versión renaniana, libre "de caracteres sádicos y atroces", procurando atemperar por todos los medios el drama cruento e impar del deicidio. Que insista arbitrariamente, y contra las profecías veterotestamentarias, en que no pudieron darse "actos tan vergonzosos" ni llegarse a "tales indignidades". Que sostenga, minimizándola, que se trató de "una mera flagelación de rigor", cuando justamente por serlo resultaba una feroz carnicería. Que crea que el "dechado de violencia" y el "festín de crueldad" en que se convirtió aquel martirio, sólo pertenecen al magín de un cineasta monotemático y no a la ingrata realidad de los sucesos. Que rechace al fin -también Renán mediante- los escarnios y los vituperios mencionados en los Sinópticos, puede ser el fruto de una sensibilidad extrema que se defiende de dolores propios negando los ajenos. Ningún hijo quiere ver sufrir al Padre. Y esto pensando primero bien, como enseña San Ignacio. Pero que ridiculice y menosprecie la veraz pasión recreada por Gibson -veracidad que sufre por defecto no por exceso- y que la descalifique como si se tratara del recurso mórbido analogable al de las películas de terror, se aproxima mucho a la blasfemia y al pecado contra el segundo mandamiento.
¿Qué extraña pasión prefiere e imagina Usted, doctor Rabinovich, en la que la soldadesca no viola la temperancia, los látigos no penetran la piel, la sangre no salpica y los cuervos que acechan cadáveres inminentes se retiran respetuosos durante la agonía de sus víctimas? ¿Qué extraña pasión confecciona Usted, con un Barrabás convertido en un guevarista avant garde, y unos judíos que lo votan "sin malicia", apenas equivocándose en elecciones democráticas, como los germanos de 1933? ¿Qué nueva versión nos ofrece Usted del drama cruento del Calvario, con un Cristo que más que mortal parece biodegradable? ¿Cómo es posible que piense Usted que una película y un director han podido "agregarle más violencia, más dolor, más golpes y gritos" a la realidad del que fuera el primer y mayor holocausto de la Historia Universal? ¿No cree y no teme que el "desdén por la memoria" de Jesucristo que le atribuye a Gibson sea su propio y personal renuncio con este artículo plagado de equívocos, de desinformaciones y de alusiones tendenciosas?
4.-Su "querida amiga y madrina de bautismo" sabe menos que los chicos que -en concordancia con estos tiempos crepusculares y sombríos- le respondieron disparates en las aulas universitarias. Ella lo ha inducido a hallar en el libro de Paul Spílbeck "la fuente" y "las fuentes comunes" que, como en una oscura trama, existirían entre Gibson y la Internacional Antisemita enquistada aún en la Iglesia. Y con tanta fuerza que hasta un conocido pastor progresista como Novak habría caido en sus malévolas redes. De pronto, el Eje Alemania- Los Angeles -Quilmes entra en acción, y retrotrae el curso de los hechos hasta el día anterior al de la Convocatoria al Concilio Vaticano II, con el cual como se sabe, empieza la Historia de la Iglesia.
¡Ay, Dr. Rabinovich! Spílbeck no es un entrenador personal. Su libro se llama Jeschua. Bilder und Gedanken zum bitteren Leiden unseres Herrn Jesus, y hasta lo encontrará en internet si lo busca en su idioma original (www.gebraucht-buecher.billigerkaufen.com/1092313-1347919107 201645844_-Spuelbeck-Paul-Jeschua-Bilder-und-Gedanken-zum-bitteren-Leiden-unseres Herrn-Jesus-Christus.html) Lo primero que ha dicho este libro de su sobresalto está en San Mateo. Lo segundo -sobre la caída de Jerusalén- en cualquier manual de historia antigua, incluyendo la por Usted mencionada Enciclopedia Encarta. Y lo tercero -el tardío y costoso aprendizaje de los judíos por causa de su perfidia- en infinidad de sermonarios y devocionarios de los que se ha nutrido tradicionalmente la Iglesia en veinte siglos; en infinidad de preciosos textos de los grandes maestros de la vida espiritual. Como está todo dicho en ese fecundo y maravilloso movimiento apologético que Usted parece ignorar redondamente, conocido como Patrística. Y que no hizo las delicias de Hitler ni la felicidad de los antisemitas, sino de los santos, de los estudiosos, de los creyentes y de los pontífices de todos los tiempos. Pero mucho me temo que Usted tendrá todo este riquísimo patrimonio eclesiástico por "tenebrosos y falaces párrafos".
No son "los círculos preconciliares" los que han inventado "una flagelación brutal y sádica de Jesucristo". Fueron los pecados de los hombres -y todo ello según el Plan de Dios- los que coadyuvaron para que tan brutal holocausto se consumara. Lo que ha hecho la Iglesia, que es semper idem, una antes y después de Spílbeck o del Concilio, ha sido pedirle a sus bautizados fieles que contemplen penitencialmente este misterio. Misterio central de nuestra Fe, para cuya recreación el buen arte ha sido siempre un eficaz aliado. Desde la Hypótesis dramatiké de San Gregorio Nacianceno hasta La Pasión de Mel Gibson. Pero si de este último se trata, no están en Paul Spílbeck sus fuentes inspiradoras, sino en Anne Catherine Emmerick, enorme monja estigmatizada del siglo XVIII, y en Sor María de Jesús de Agreda, una religiosa franciscana del siglo XVII ."Ellas" -dijo Gibson- " me suministraron la materia en la que yo nunca habría pensado. " (Cfr. El Neoyorquino, el 15 de septiembre de 2003). Coménteselo a su madrina, que es "hermana franciscana seglar", así en la próxima lo rumbea un poquito mejor. Y sépalo Usted mismo, ya que declara ignorar "en qué fuentes abrevó el cineasta".
Esto de Ana Catalina de Emerick que le comento, no es un tema menor. Es todo un tema, y no debería Usted desconocerlo, aún para oponerse, si le cuadra. No debería ignorar que Gibson declaró en infinidad de ocasiones basarse en las revelaciones privadas de esta religiosa, cuyo proceso de beatificación se encuentra abierto desde 1899 ,a quien la Santa Sede reconoció un milagro el 7 de julio de 2003, y a quien el próximo 3 de octubre beatificará Juan Pablo II, según acaba de anunciar la Agencia Zenit, el viernes 28 de mayo. Precisamente la alborozada noticia que trae la mencionada agencia de la próxima beatificación, incluye una referencia expresa a que "en las páginas" de esta "religiosa se inspiró el director de cine Mel Gibson para rodar su película La Pasión de Cristo". Sus escritos incluso, a propósito de la película en cuestión, han sido recientemente reeditados, en España por la Editorial Surgite y la revista Cristiandad (que planean reeditar también los inconseguibles escritos de la franciscana Agreda), y entre nosotros,en la Argentina, por la Editorial Guadalupe y Agape. Hasta una publicación católica popular y dominguera, como Cristo Hoy, los viene reproduciendo en entregas semanales, haciéndoles notar didácticamente a sus lectores los pasajes concurrentes con el filme.
Si conociera Usted estos escritos se hubiera evitado varios gazapos. Como buscar las "coincidencias" entre Gibson y Spílbeck, mientras cree que fue el cineasta de "fértil imaginación" quien inventó el nombre de Abenader, o la escena del brazo dislocado del Señor, o la paliza tétrica cuando lo llevan a Jesús a la casa de Anás, o los delirios posesos de Judas, o la facha patibularia de Barrabás, o el ojo inutilizado de Cristo, o el protagonismo de la esposa de Pilatos, que no "se ligó el nombre de Claudia, ni más ni menos que el de las mujeres de la familia imperial de entonces" por un capricho, sino porque aparece en el Apócrifo de Nicodemus; y porque podía portarlo tranquilamente sin ser de la familia imperial, sino "un miembro pobre de la gens Claudia", como lo ha estudiado Renato Llanas de Niubó (Cfr. su La pasión de Nuestro Señor Jesucristo, Barcelona, Luis de Caralt, 1953).
No, Dr. Rabinovich; de nuevo no. Todo esto y tantísimos otros detalles están en la Beata Ana Catalina, a quien como le digo, Gibson declaró haber leido con fruición en decenas de ocasiones. Como está en Ana Catalina, y expresamente dicho, que la soldadesca que maltrato a Jesucristo, se componía de "hombres pequeños y robustos, que tenían cara de extranjeros y los cabellos erizados, parecían animales feroces, servían a los romanos y a los judíos por dinero" (Cfr.Ana Catalina Emmerick, Pasión y Resurrección de Jesús, Buenos Aires, Guadalupe-Agape,2004,p.138). Fíjese hasta qué punto es gratuita su afirmación de que Gibson "descartó de cuajo" la posibilidad de una extranjería ominosa encargada de torturar a Jesús.
5.-Otro que sabe menos que sus alumnos de la Universidad, es su recomendado curita Mariani. Y se entiende; no sólo porque habrá estudiado "doce años en un colegio católico", sino porque encima, en el Seminario, se habrá pegado una buena indigestión de Bultmann, Sitz im Leben, Formgeschichte o Monseñor Rivas. Pero mire, no es necesario que él y Usted vayan, verbigratia, a las Actas del Congreso de Eichsttít de 1991 o a las altísimas cumbres eruditas de la bibliografía especializada, sino apenas a Vittorio Messori y su ¿Padeció bajo Poncio Pilato?, que le publicara Rialp en castiza lengua, hacia 1998. Y un esfuercito más: a los escritos de O’Callaghan sobre El papiro de Marcos en Qumrám, para que no sigan repitiendo -más él que Usted, lo admito- que los Evangelios son históricamente poco seguros porque "se trata de redacciones muy posteriores" a los hechos.
A ambos les molesta la escena del cuervo que castiga a Gestas. En la Sagrada Escritura, aparecen cuervos enviados por Dios para alimentar al profeta Elías (I Reyes 17,2-4). Cuervos en Génesis 8:7, Job 38:41, Isaías 34:11 o Sofonías 2:14. ¿Por qué ese mismo Dios no podría valerse de idéntico animal para aplicar un castigo? ¿O por qué, dado que perros, gatos, chacales, lechuzas, cuervos, cangrejos, escorpiones, serpientes venenosas, leones, panteras, cabros, reptiles y rapaces, aparecen personificando al demonio en los mismos sacros textos, no podría ser este animalejo un símbolo de la posesión demoníaca que atenazaba al mal ladrón? ¿Por qué no podrá ser un cuervo el signo de una falta que no consistió, como Usted subestima, en "no entrar en razón como su compinche" (es santo, Dimas, Rabinovich, no lo llame compinche; hizo algo más que "entrar en razones", entró en la Fe) sino en pecar contra el Espíritu, que es el pecado que no se perdona? A ambos les molesta el demonio hermafrodita, cuando ha sido un hallazgo de Gibson asociarlo a la contranatura, cargando sobre sus brazos al Anticristo, parodiando la maternidad de María, ya que para eso es el mono de Dios, sin contar la cantidad de ocasiones en que el demonio aparece hermafroditizado en las tradiciones gnósticas, ocultistas, rosacruceanas y alquímicas. A ambos les molesta "el látigo encajado en la piel de la espalda", cuando ése era el efecto que producía el flagrum plumbata que se usaba en las flagelaciones reglamentarias, como las que Usted supone. Y lo más patético, en tanto revela una nueva insipiencia, es que ambos atribuyen con idéntico disgusto las "asociaciones de los momentos más intensos de dolor y crueldad con recuerdos tiernos del pasado", a un recurso típico de las películas de terror (flash back), cuando en realidad fue la vivencia constante que tuvo Ana Catalina, al modo de una confortación espiritual con que Dios aliviaba sus intensos sufrimientos. A ambos al fin, les molesta la efusión de sangre. Esperemos que sólo sea la falsa del celuloide, porque la real, la de Cristo crucificado -que fue mayor que toda la que pueda imaginar Gibson y el equipo entero de Icon- debe ser amada y venerada, como decía Santa Catalina de Siena. Y hasta tal extremo, agregaba, que debemos estar dispuestos a "dar nuestra sangre por amor a la Sangre". Perdone que Catalina y yo no usemos cauterizantes químicos para escribir.
6.-Celebro que se constituya Usted en un defensor de la latinitas y quiebre espadas por las honras y el decus de los legionarios romanos. No sabe hasta qué punto cuenta en esto con mi adhesión. Mas no tema. No es a los latinos a los que Gibson "les dio duro, mal y gratis", sino a la humana natura degradada por el pecado, encarnada en este caso en la runfla de la soldadesca. La romanitas y aún el honor de sus soldados quedan bastante a salvo en las hermosas escenas del guerrero extático ante la reposición de su oreja, en la súbita mansedumbre del milicote ante la proximidad de María dispuesta a besar los pies clavados de su hijo, en la conversión del centurión a quien le cae el agua del costado de Cristo, en el señorío del Oficial que llama al orden a la caterva de subordinados, y sobre todo en la entrega de los paños que hace Claudia a María y a la Magdalena para que recojan la preciosísima sangre derramada. Lea a Ana Catalina, Dr. Rabinovich. Cierre a Crossan y a Renan hasta nuevo aviso.
No puedo celebrar en cambio su defensa de Barrabás, del que Mateo nos cuenta que era un preso famoso, Marcos un revoltoso y homicida, Lucas un sedicioso y Juan un ladrón. Para usted en cambio era un respetable "rebelde nacionalista israelí", posiblemente "un buen judío, observante y respetuoso de la Ley", incapaz de "los juegos lúbricos de lengua" con que el malévolo Gibson ha querido retratarlo, y al que si no hubiera sido por la ausencia del proverbial carcaj o del camperón verde oliva, cualquiera hubiera podido confundir con el arquero del bosque de Sherwood o el Dr. Guevara de la Serna. Vuelvo al tono interrogativo para mover su reflexión. ¿Por qué un ladrón y un homicida, encerrado en una lúgubre cárcel, con la angustia horripilante de saberse destinado a un suplicio atroz, y que de pronto, imprevistamente, se ve gozando de una impensada libertad, por qué, digo, no podría estar un poquitín desencajado y salírsele un mohín espantoso de la boca? ¿Esperaba Usted acaso que el desventurado recogiera aristocráticamente su túnica cual César ante Bruto, según lo pinta Suetonio, y se marchara sereno a disfrutar el favor de la primera encuesta de la historia?
7.-No soy un gibsoniano de estricta observancia, ni siquiera un gibsoniano a secas. Mucho me han molestado los errores históricos de Corazón Valiente, en especial el mito grosero de la prima noctis y el desdibujamiento de la personalidad de Eduardo I. Tanto más, se imagina, su mensaje penoso en la comedia Lo que ellas quieren. Se sorprendería Usted incluso si le dijera que puedo llegar a tener reparos sobre el mismísimo film La Pasión. Pero están lejos de ser los suyos.
Dice Usted y termino, que este film está "desprovisto de ideas, de contenido trascendente, de mensaje, de divinidad". Todos estos elementos tiene y en abundancia, pero Usted ha sido miope para verlos, preocupado por medir los "orinocos de sangre", como decía León Bloy, o detectar la pronunciación de los latinazgos. Por ejemplo, la triple proclamación de Cristo como Dios, Rey y Hombre, la condición corredentora de María, la teología católica de la Misa-Sacrificio y de la Eucaristía Sacramento y no mero ágape. Precisamente por estos elementos que con fidelidad evangélica muestra la película, es que ha sido casi unánimemente ponderada por los obispos. Pero no diga "apoteóticamentre recibida" (apoteósicamente es lo correcto, de apoteósis, del griego por cuya ausencia en el filme tanto protesta) sino quiere quedar como los highlanders cuya fisonomía lingíística le reprocha a Gibson. Aunque para quejarse de la marginación del noble idioma gaélico no tiene Usted necesidad de cargar contra Mel sino contra Jacobo IV. Porque déjeme decirle ésto, ya que estamos enemistándonos: hay un proverbio en gaélico que reza "Am fear a chailleas a chínain, chaill e a shaoghal", algo así como que "el hombre que pierde su lengua, pierde su mundo"; y en tal sentido, bien estará que salga Usted por los fueros del viejo lenguaje. Pero tras la muerte de Malcolm Canmore, no creo que quedaran muchos gaélicos parlantes, y reprochar su ausencia en Braveheart -cuando estamos hablando de La Pasión- forma parte de lo que ya colijo es en Usted el empedernido deporte de buscar el quinto pie al gato. Deporte con cuyo trofeo parece querer quedarse al sostener que "poco es lo que puedo observar del arameo, aunque algunas frases me hacen abrigar serias dudas sobre la pronunciación". Si le molesta el rito tridentino por considerarlo injustísimamente como "preconciliar", no creo que esté tan familiarizado con el rito maronita como para poder "abrigar serias dudas sobre la pronunciación del arameo" gibsoniano. Si brega Usted por el respeto cinematógrafico a los matices de algo tan incognoscible hoy como cada acento idiomático del mundo antiguo, debería saber que el arameo también tuvo sus dialectos, y que no debieron sonar del mismo modo el de Judea sudoriental, el de Samaría de Galilea, el de Transjordania, el de la zona de Damasco o el del Valle del Orontes. ¿En cuál hubiera hecho pronunciar Usted: ABUNA DI BISHEMAYA, ITQADDASH SHEMAK, TETE MALKUTAK, TIT'ABED RE'UTAK KEDI BI SHEMAYA KAN BA AR'A. LAJMANA HAB LANA SEKOM YOM BEYOMA, U SHEBOK LANA JOBEINA, KEDI AF ANAJNA SHEBAKNA LEJEIBINA, WEAL TA'ALNA LENISION, ELA PESHINA MIN BISHA.?
Sea como fuere, si vuelvo a ver el film y en atención a sus prevenciones, no llevaré a la sala mis crocantes pochoclos sino el Diccionario Hebreo-Arameo de Fohrer. Para los matices de la fonología latina en cambio, que Usted objeta aunque reconoce que "no sabemos cómo se pronunciaba el latín en esa época", haría falta que Dios nos resucitara a Batistesa, siquiera para una velada. Lo que juzgo improbable.
Y ya que hablando de integridades idiomáticas hemos terminado, olvídese de citar como un desdoro para Gibson su asistencia a la misa en latín. Dicha misa -rito tridentino para ser más exactos- no sólo no ha sido abolida por Roma, sino que por su custodia y preservación brega con especial énfasis, aún últimamente, y hasta tal punto que toda una Comisión Pontificia, la Ecclesia Dei, valora su celebración y resguardo como un tesoro inamovible de la Santa Madre Iglesia.
Si a esta Iglesia semper idem se ha incorporado Usted con el bautismo al que alude enbuenahora, sepa que ella no es la mera "confraternidad entre los hombres y los credos", que para eso está la ONU, sino la Esposa nacida de la Sangre del Cordero. De esa sanguis Christi, ante la cual rezaba San Ignacio: "inebria me". Sangre generosísimamente derramada, no en un estudio fílmico, mezcla de jugos, esmaltes y pinturas, sino en la soledad del Gólgota, brotada de las venas y la carne del Rey de los Cielos. Sangre abundante y fructífera, que a otro israelita converso y habitante de esta patria, como lo es Usted, llamado Jacobo Fijman, le hizo exclamar estos hermosos versos, cuyo bien en ellos retratado le deseo de todo corazón: "Paz, paz, en el camino delante de mis ojos. Reza la sangre, la sangre de mi cuerpo en esperanza. Eternidad en los caminos. Espero en Cristo, regocijado de muerte y alegre de muerte. Paz, paz en tierra, donde corren los soles amorosos del Monte Santo".












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