La Pasión Según la Conferencia Episcopal Francesa
Texto de la nota doctrinal sobre La Pasión, el film de Mel Gibson, por el P. Philipe Vallin, secretario de la Comisión de Doctrina de la Conferencia Episcopal Francesa.
Nota doctrinal del P. Philippe Vallin, secretario de la Comisión de Doctrina de la Conferencia Espiscopal Francesa, y entrevista que otorgó al boletín de dicha entidad colegiada, SNOP, edición del 5 de abril de 2004. La entrevista aclara los puntos doctrinales, expresados en un estilo particularmente abstruso.
Más allá de los clisés, es fácil discernir la extrema incomodidad y conturbación del teólogo, que se atreve a utilizar el término "satisfacción" para referirse a los pecados de los hombres, sosteniendo con voz hesitante y casi en un murmullo que el Concilio de Trento "sugiere" aquello que de hecho el Concilio de Trento define. Por otra parte, el P. Vallin recupera su coraje cuando habla de los "reclamos" de Jesús, "reclamos" que, según él, excusarían a los judíos de haber negado al Mesías.
Nota doctrinal
1- Debemos congratularnos en el empeño personal que un actor y cineasta talentoso, que ha invertido recursos muy importantes de su experiencia al servicio de un testimonio de fe. No hay razón para dudar de la sinceridad de su entusiasmo por Cristo, el "Siervo Sufriente".
2- Al mismo tiempo, ningún cristiano puede estar seguro de producir un testimonio químicamente puro. Sería desleal reprochar a Mel Gibson por darle a su visión del Señor un toque personal, por mezclar las sombras de su propia espiritualidad. El film, por lo tanto, como otras obras de arte inspiradas en los cuatro evangelios, representa los misterios de Jesús desde un punto de vista particular y no puede escapar a las distorsiones, algunas de ellas significativas, impuestas por sus opciones.
3- Sin embargo, su testimonio sincero de cristiano debe someterse, más aún que el de otros a la vigilancia de los pastores de la Iglesia, por dos razones.
Mel Gibson ha tenido éxito logrando un film vigoroso, cuya destreza técnica, dentro del estilo de Gladiador, encontrará un público de gusto formado en el lenguaje del cine, en particular los jóvenes, incluso aquellos que carecen de las convicciones cristianas. Público en el cual las fuertes expectativas de violencia y sus códigos actuales de representación dramática aparecerán -en una mezcla compuesta de nociones sagradas, alusivas a lo sagrado o indistintas- altamente satisfechas. Algunos califican este mundo de sensasiones mezcladas y extremas de "gótico". Las escenas que representan al Demonio tienen una parte exagerada en este mundo gótico, tal cual ocurre en el film de Gibson, quien va mucho más allá de la letra de las escrituras en varias oportunidades... Habiendo dicho esto, ¿qué artista cristiano puede refrenarse de hacer, en nombre de un mero gesto tendiente a una estética universal inalcanzable, el corresponder de alguna manera a un público tal como el que lo observa, tal como es?
En este mundo, un film no es simplemente un detalle de un retablo, perdido en algún discreto museo provincial: el Crucificado del retablo de Issenheim en Colmar es también una imagen de una violencia literalmente insoportable. Pero su impacto tiene una naturaleza cultural menos invasiva que un film lanzado en todo el mundo.
Según el juicio de los teólogos, lo más peligroso de esta opción estética del film, se basa en el haber aislado la Pasión de la Predicación de Jesús, por un lado, y de la narración de la Resurrección por el otro. Al aislar las escenas de la Pasión, la literalidad de la violencia adquiere una brutalidad casi absurda, apenas ilustrada por los flash-backs sobre la vida pública de Cristo, y sus tres años de predicación. Es posible, pero en modo alguno seguro, que milones de Norteamericanos que han visto el film tengan suficiente cultura bíblica para poder compensar y así contrabalancear la terrible ausencia de motivos y razones en la que esta historia de Jesús está inmersa, desde la primera escena de la agonía en el Huerto.
En todo caso, para el público francés, para aquellos en particular a quienes esta estética va probablemente a fascinar -seguramente trasmitida por recomendación verbal entre los jóvenes- es de lamentar que todos los complejos motivos que poco a poco llevaron a las multitudes a profundizar su adhesión a Jesús queden escondidos, lo mismo que la polémica que rodea Su persona, Sus intenciones y Su misterio. La menciones del film son demasiado alusivas, en particular cuando se dirige a una audiencia no iluminada por la Fe cristiana.
Pero Jesús causó escándalo; aquello que la teología actual ha tomado el hábito de denominar sus reclamos (perdonar los pecados, ir contra la letra de la ley del Sabbath como dueño del espíritu del Sabbath, relativizar la existencia del Templo en Jerusalén, etc.), provocó legítimos cuestionamientos entre sus hermanos judíos. Las respuestas que dio no fueron automáticamente convincentes, aunque un Fariseo o un centurión romano; un recolector de impuestos o un leproso se iclinasen ante su autoridad inaudita por medio de una acto radical de fe.
(Téngase en cuenta que el término "reclamo" que el autor usa es típico de la prosa teológica modernista, completamente desconocido en por la tradición. N. de la R.).
La hora de la Pasión viene solo después de muchas otras horas de la vida de Cristo entre los hombres -no entre brutos- horas de contradicciones o de felicidad, luminosas u obscuras, pacíficas o controversiales. Los dichos del Verbo Encarnado, verdadera palabra de Dios, se han proferido mucho antes de los terribles silencios del "cordero silente conducido al matadero", y siempre tuvieron por objeto el ser entendidos "de acuerdo con las Escrituras". Los espectadores menos informados corren el riesgo de entender, en estas dos horas de horrible linchamiento nada más que una suerte de acontecimiente errático, un exabrupto de violencia, furibundo, demente y totalmente incomprensible. Peor aún, no es imposible que la actitud de Jesús pudiese ser interpretada de acuerdo a las categorías en vigencia hoy, como un paradójico sistema de no-violencia, o incluso en correlación con una estructuración psíquica sado-masoquista. En suma, no se defiende e incita a que lo golpeen. Los evangelios, lejos de esta perspectiva, son muy sutiles, múltiples por sobre todo, y están inbuidos de la gran libertad del Salvador: eluden por completo tales mecanismos de crueldad.
Por otra parte, la Resurrección se muestra aquí, contrariamente al espíritu de los Evangelios, como un evento por sí mismo, perceptible en sí mismo, antes de la lógica del encuentro y del testimonio de las apariciones. Sin embargo el raccontode Su aparición implica la misteriosa conexión del amor del Resucitado con los testigos que El había elegido cuidadosamente y la retomada comunión con los discípulos.
5. Esta elección de la soledad de la Pasión conduce a otra ambigíedad teológica de gran significación: el pecado del mundo. Y enfrentado a él, el objeto de la salvación y el perdón que guía la existencia del Hijo de Dios entre los hombres no se confronta con la necesidad, nuevamente mecánica, de negociar al precio de la sangre. Como si Dios, en su omnipotencia, estuviese, desde toda la eternidad, sujeto a una ley soberana que lo obligase y constriñese a Él, incluso a Él, el Dios infinitamente libre: las injusticias de los hombres solo podrían ser transformadas en bondad, corregidas o curadas por la justicia de Dios Padre al precio del sufrimiento y la muerte de su Hijo.
Por el contrario, Jesús dice "nadie toma mi vida, sin que yo la entrego". "Nadie ha tomado la vida" de Cristo, mucho menos como una especie de regla abstracta de compensación. Por el contrario, el amor de Dios y su misericordia, la cual ha representado ante nosotros, a fin de lograr nuestra conversión de corazón, es la lógica mortal del pecado. Lógica que actúa en el mundo y entre nosotros, una lógica que ataca incluso al Justo, al Bueno, al Inocente. Tan íntimamente unido por esta lógica del pecado en este mundo -la agonía - Jesucristo está, sin embargo, en camino a la vida e incluso a mostrar, por su muerte, su amor ilimitado: su total libertad de amar viene a dominar la necesidad mecánica del pecado.
(Más allá de estas cosideraciones tortuosas sobre supuestos determinismos, se podría fácilmente ver que el P. Vallin carece de las clarísimas palabras de la tradición teológica sacrificio y propiciación. De aquí quesea tan real la extrañeza de la realidad propiciatoria, hasta el punto de ser ajena al pensamiento conciliar, que solo puede concebir la acción de gracias la alabanza. N. de la R.)
Nada hay aquí alienante, nada calculado, nada abstracto: este hombre es Dios, y solo El fue capaz de amar más allá de nuestros pecados, hasta esa incomparable, única e inesperada hora de la Pasión. En este sentido, Él ha "satisfecho", sugiere el Concilio de Trento, siguiendo a San Anselmo: otra palabra para afirmar, como el Sr. Gibson, la misteriosa profecía del Siervo Sufriente (Isaías 53).
(¿Acaso el Concilio de Trento sólo hizo sugerencias sin definiciones dogmáticas? ¿Y no fue, acaso aclarada esta misteriosa profecía por su cumplimiento histórico realizado en la persona del Mesías? N. de la R.)
No debemos decir que nuestro cineasta es ajeno al misterio de la divina misericordia. Pero la necesidad de la sangre propiciatoria queda en gran peligro de oscurecer la decisión filial de amor. El ha dado menos espacio a las razones de la misericordia para que se expresen, que a las sinrazones e incluso a la insania del pecado. Aquí nuevamente, los cristianos muy seguros de su fe pueden llenar los huecos. Pero los otros...
6. La Cruz que la Iglesia celebra, es aquella que Jesús pidió a sus discípulos tomar para seguirlo. Pero el film de Mel Gibson muestra la Cruz como inimitable, repulsiva, absurda. Parece, sin embargo, que uno podría creer, con el Evangelio de Juan, que la Madre de Dios y "el discípulo amado" en frente a ese Cristo crucificado fueron capaces, en un acto infinito de fe, de ir más allá del dolor extremo y que recibieron en ese momento la gracia de contemplar algo del extremo amor. Pero este amor es solo lo que hay que emular. Ante nosotros y para la Iglesia toda, quizás ellos dos estaban comenzando a experimentar lo que los testigos del día de Pascua comunicarían a todos los discípulos, el misterio capturado en el grito que uno desearía proferir en beneficio de Mel Gibson: "¡Hemos encontrado amable esta Cruz!". Franciso de Asís, Juan de la Cruz, Maximiliano Kolbe no abrazaron ninguna otra Cruz que la del infinito amor, la Cruz gloriosa, la Cruz de la vida.
(Atrapado en estas categorías del Misterio Pascual, el autor es incapaz de comprender la Cruz de Cristo en su plenitud y desea eliminar de ella la Pobreza, la Oscuridad y el Sufrimiento. N. de la R.)
Al ver este film, uno casi desea saber si los únicos auténticos discípulos del Jesús de Mel Gibson no habrían de ser estos exóticos candidatos a imitar al Crucificado, que se ven en la televisión cada Viernes Santo, los que se someten a una mímica exacta de los tormentos de Cristo (azotes, heridas, clavos), pero ajenos a la profundidad del amor, y por lo tanto fuera de lugar. Podemos encontrar una indicación del correcto equilibrio en la liturgia de la Iglesia: la Pasión es leída públicamente el Domingo de Ramos y el Viernes Santo. Por otra parte, en cada Eucaristía, la Cruz de Nuestro Señor está vinculada a su gloria, en el poder de Dios que es Amor.
7. Uno debe refrenar el deseo del de iniciar una investigación contra el autor del film sobre el tema del antisemitismo. Pero es verdad, sin embargo, que objetivamente el punto de vista que ha elegido al no mostrar nada de la violenta polémica entre Jesús y los fariseos, los escribas, los jefes de los sacerdotes determina una mutilación: los Judíos del Sanedrín son privados de la oportunidad de expresar sus motivos, surgidos de la Revelación misma, es decir que ellos debieron -por decir lo menos- haberse sentido sorprendidos, ofendidos y contradecidos por el Rabbi de Nazareth. Son mostrados, en la instancia del juicio, como dominados por una ira irrefrenable, insana e inicua. Esto, por decir lo menos, subyace en todo el drama evangélico. Pero, contrariamente a los soldados romanos que no tienen herederos en la Francia del año 2004, los judíos, por don de Dios, tienen una indisputable continuidad histórica. ¿Como podrían no sentirse heridos ante la representación mutilada del choque que Jesús, el Mediador de la Nueva Alianza, a sabiendas provocó entre sus amigos, al reclamar su cumplimiento? Impacto del más grande amor, sin duda; pero todos los que lo conocemos lo sabemos por el don del Espíritu Santo.
(..."al reclamar su cumplimiento". Esta expresión sibilina, sin complemento -¿cumplimiento de qué? ¿de las profecías? ¿del espíritu de la ley en su plenitud?- queda absolutamente explicada luego en la entrevista del P. Vallin al SNOP, en nombre de la teología hoy de moda, o sea, la del diálogo interreligioso. ¿Podemos aconsejar al secretario de la Comisión de Doctrina de la Conferencia Episcopal Francesa la relectura de los Evangelios, en especial el de San Juan, a fin de advertir como Jesucristo mismo condena la ceguera de los judíos, quienes rechazaron al Mesías, el Hijo de Dios, a pesar de las profecías y de los milagros?
El film será visto por muchos: que puedan acercarse al misterio de Jesús a través de las polémicas que en su torno se generan, según la sabiduría de la la fe, dejando detrás el torbellino de la sensiblería.
La Culpa es de Jesús, porque escandalizó a los judíos.
El inefable P. Phillipe Vallin aclara un poco su enredada teología respondiendo a las preguntas que le formularan en el SNOP, Boletín de la Comisión de Doctrina de la Conferencia Episcopal Francesa, el 5 de abril de 2004. Cuanto más le entendemos, más nos aterroriza.
SNOP: Según su opinión, La Pasión de Cristo ¿es un film exitoso?
P. Vallin. No diría que es exitoso, puesto que es muy difícil hacer un film exitoso que evoque el Misterio de Cristo. El cine es muy mimético: cree que muestra todo pero no puede mostrar lo que si apenas puede ser percibido. El Cristo de los Evangelios, por ejemplo, es un Dios al cual se puede resistir: se le puede decir sí o no a Su inmenso amor, mientras que el Cristo de este film no nos deja esta libertad: nos da un golpe irresistible y toma nuestra sensibilidad como rehén. ¿Cómo podemos decir sí o no al horror del sufrimiento?
Por otro lado, es un film efectivo, con un excelente elenco, apto para conmover al público cinéfilo con sensaciones muy potentes. De hecho es un film obnubilador, en el sentido literal: nos quita la libertad de juzgar y de este modo la libertad de oír, necesaria al acto de fe.
SNOP: ¿No es acaso la intención de Mel Gibson de hacer un film de alto presupuesto sobre la Pasión de Cristo algo digno de encomio?
P. Vallin: Debe apreciarse el celo personal de un realizador cinematográfico que pone en riesgo su reputación a fin de dar testimonio de su fe. Esto es algo que no ocurre con frecuencia. Dicho esto, aun si no hay razones para dudar de la sinceridad cristiana del Sr. Gibson, su testimonio no es totalmente válido. ¡Tampoco lo es el de los frescos de Miguel Angel sobre el Jucio Final! Un film que mezcla elementos de los cuatro evangelios, que se atribuye fundir el relato de los cuatro testigos en uno, no puede escapar a las distorsión impuesta por sus diversas opciones.
(Notamos aquí con pavor una condena de la Tradición en su conjunto, comenzando por San Efraín, celebrado doctor de la Iglesia, quien alrededor del año 370 escribió un magnífico comentario sobre el Diatessaron, una suerte de "Cuatro Evangelios en uno", escrito por Tatien alrededor del año 180. N. de la R.).
Y aquí encontramos algunas distorsiones de gran importancia. Por otro lado, este crudo testimonio cuestiona definitivamente la fe de los católicos franceses, probables víctimas de una exhibición burda de la figura de Cristo. Sin duda, mucha agua se ha mezclado en el mensaje de Cristo, que es el Vino Nuevo.
SNOP: Se ha criticado al film por aislar la Pasión del resto de la vida de Cristo...
P.Vallin. En este film, Mel Gibson muestra una pálida luz al final del camino, sin mostrar el camino de Cristo: no sabemos de donde viene ni hacia donde va. Al aislar la Pasión de la predicación de Jesús, por un lado y de la resurrección por el otro el film erosiona aspectos esenciales de la vida de Nuestro Señor y estoa aislación de las escenas de la Pasión conduce a una brutalidad casi absurda. La violencia -que sin duda no está exagerada- reduce el arte dramático de la Pasión a un linchamiento. Es en especial de lamentar que los complejos motivos que suscitaron el fervor de las multitudes por Jesús y la controversia sobre su persona sean ignorados. Al separar la Pasión de Cristo de sus palabras, se eclipsa el hecho de que Él tiende con sus oyentes vínculos de mutuo entendimiento o de incomprensión, vínculos atados al fundamento pétreo de las Escrituras y de las profecías. ¡Cuántas horas pasamos hablando a las multitudes sobre la palabra viva de Dios! Los terribles silencios del "cordero silente que va al matadero" solo viene después de estos lances de amor que hablan y oyen.
Uno entra, con Mel Gibson en un paradójico sistema de no-violencia: se intensifica la violencia porque Cristo parece nunca haber resistido a los malvados, e incluso parece solicitarles que lo golpeen. Pero el Cristo de los Evangelios no tiene inclinaciones por la no violencia masoquista, como el film nos inclina a creer, omitiendo mostrar todas las controversias. Jesús no fue un profeta edulcorado: fue el Cristo de una predicación y una ambición fuertes y nuevas. Los Evangelios están llenos de la libertad de Jesús y de sus supremas iniciativas. Y el acto mismo de la Cruz es la medida de un acto de poder, no de resignación: el divino poder del amor.
Eligiendo aislar la Pasión nos lleva a una ambigíedad teológica de gran significación: la intención de la salvación y el perdon que guía la existencia del Hijo de Dios morando entre nosotros los hombres, no está a priori sujeta a la condición de ser negociada al precio de su sangre, conforme a una especie de ley abstracta de compensación que Dios mismo hubiese impuesto como obligatoria. "Nadie me quita la vida, soy Yo quien la entrega", dice Jesús.
SNOP: "Por tanto quien no tome su Cruz y me siga no puede ser mi discípulo" (Lc. 14:27) ¿Qué dice el film sobre la Cruz?
P.Vallin: Esta es una de las limitaciones del film. Muestra la Cruz como repulsiva e inimitable. Los delirios de violencia son mostrados con más asiduidad que los motivos de amor. Están más ocupados por la traición de Judas, trabajada con fascinación, que por la mucho más misteriosa fidelidad del "discípulo amado". Apenas si se se puede adivinar las razones para la fe y el amor que conducen a éste ya María al Calvario, mientras uno se ve abrumado por los delirios del Sanedrín. Si Mel Gibson hubiese mostrado la vida pública, los motivos de los discípulos hubiesen podido ser entendidos, lo mismo que el renovado vigor después de su Resurrección.
Hay mucho más que una compasión desesperada en la gente que sigue a Jesús hasta el fin: se nos debió haber mostrado más fe que dolor, más Agape, más caridad recibida de Dios, que devoción visceral de María de pie ante la Cruz. ¿No sabía ella que la nueva historia empezaba allí? ¿No contemplaba en la Cruz de su Hijo, algo del zenit del amor que sobrepasa para siempre el vórtice del mal. Es este amor que debería ser siempre imitado a invitación de Jesús. No hay suficiente amor en la Cruz del Sr. Gibson.
SNOP: La gente ha acusado al film de transmitir un mensaje antisemita: ¿cuál es su sentimiento al respecto?
P. Vallin. No creo que haya ninguna intención antisemita. Sin embargo al omitir la arduas disputas entre Jesús y los escribas y fariseos se produce un efecto de mutilación forzosa. El film muestra solo la hipocresía del pecado de los Judíos del Sanedrín, escondiendo sus motivos mucho más legítimos, como la resistencia a la pretensión de Jesús, exorbitante a sus ojos, de ser el Hijo de Dios, un reclamo sustentanble con gran dificultad a los ojos del propio Antiguo Testamento, al menos en lo referente a su letra.
(Desafortunadamente debemos afirmar que nuestro autor yerra completamente en esta respuesta y no hace sino negar lisa y llanamente la enseñanza explícita del Evangelio: "Si yo no hubiese venido a ellos, ni hablado con ellos, entonces no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa para su pecado. El que me odia, odia al Padre también. Si yo no hubiese hecho obras tales como ningún otro hombre jamás obró, no tendrían pecado; pero ellos las han visto y me han odiado no solo a mí, sino también al Padre." (Jn. 15:22-24) N. de la R.)
Al hacer aparecer el juicio del Sanedrín como animado por una furia demente y capciosa, el film muestra una representación del choque que Jesús provocó entre sus hermanos con sus "reclamos", como dice la teología actual. Más aún, el Sr. Gibson refiere, según parece, revelaciones privadas de Catalina Emmerich, con referencias a posesion diabólica, sin duda muy cinematográficas pero plausibles de causar el resurgimiento de una antigua imaginería distorsionada y antisemita (tal como el niño de cara deforme que muerde la mano de Judas y la hace sangrar).
(Ana Catalina de Emmerich sera proclamada beata en octubre, por S.S. el Papa Juan Pablo II. Nota de PCI)
SNOP: ¿Aconsejaría a la gente ver el film?
P. Vallin: Hablando objetivamente, un cristiano convencido no tiene necesidad de ir a ver este film, que incluso puede desbalancear su relación con la Cruz. Al mismo tiempo, los cristianos deberían sentir el deber y la responsabilidad de ir, a fin de responder a las preguntas de todos aquellos que no tienen o tienen poca fe, y dar así testimonio del misterio integral de la gloriosa Cruz y de la Cruz de vida. En cualquier caso el lado positivo del film debe ser reconocido. El es que gracias a este realización, Jesús nuevamente está en el foco de atención. ¡Sería mejor, desde nuestro punto de vista, si desde allí encontrara la oportunidad de entrar en los corazones!
(Notable preocupación por la integridad del misterio de quienes suelen tener muy poco respeto por los "integristas" como Mel Gibson. Por otra parte, antes de criticar a un laico que empeña fama y fortuna en una obra de apostolado el P. Vallin debería explicar porqué el público francés ignora casi completamente todo lo referente a Cristo, siendo Francia la primogénita de la Iglesia. Nota de PCI).
Reproducido con permiso expreso de la Agencia Dici, 1-5-2004.












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