La Pasión Divide Aguas en el Episcopado Europeo

Las asambleas episcopales alemana y suiza han dicho que el film de Mel Gibson es fiel a los Evangelios y que, por lo tanto, no es histórico. Para los obispos helvéticos y teutones los Evangelios no son históricos. También en esto, como Cristo mismo, esta película sobre su pasión es un "signo de contradicción" y obliga a tomar partido con Él o contra Él. Mel Gibson ha sido fiel a los Evangelios y los Evangelios son fieles a la historia. Todo esto es una gracia inmensa que Dios ha concedido "por nosotros y por muchos".

Escribe Marcelo González

Quienes rezamos diariamente el Santo Rosario no podemos dejar de meditar al menos dos veces a la semana (si solo rezamos una corona) los misterios dolorosos. Ellos son, a saber, la agonía en el huerto, la flagelación, la coronación de espinas, el camino al calvario, la muerte del Divino Redentor. Como puede verse, son los misterios de "la pasión".

Meditarlos significa hacer consideraciones sobre ellos, ir desentrañando los detalles de cada escena, vincularlos con otros puntos centrales de la Fe, figurarnos o representarnos las imágenes, lo que está ocurriendo. Y poner nuestro espíritu en una abierta disposición a recibir de estas imágenes mentales "flashes" de sabiduría cristiana que nos permitan ahondar en la vida espiritual.

Esta es la primera reflexión que puedo hacer sobre la primera vista de "The Passion". Es una puesta en escena de los misterios dolorosos. (Salvo por la breve la escena final que nos remite al la resurrección, el primero de los misterios gloriosos). Y el resultado empírico del rezo del rosario -post vista de The Passion- es este: no puedo dejar de meditar los misterios de dolor sin que acudan a mi imaginación las escenas del film.

No tiene argumento, repiten los comentaristas especializados, partisanos de lo holliwoodensemente correcto. ¡Vaya la novedad y vaya la objeción! El relato es moroso. No hay persecusiones por las calles de Jerusalén, ni intriga ni espionaje. Si a esto se refieren con argumento. El argumento es tan simple que pasa inadvertido. El Hijo de Dios hecho hombre padece y muere para redimirnos. No es fácil filmar este argumento.

Se detiene "sádicamente" en los detalles de la tortura sobre el sagrado cuerpo del Salvador. Es lo mismo que hacemos todos los católicos cuando meditamos los misterios dolorosos. Solo que ahora tenemos un auxiliar formidable para "sentir" casi "físicamente" aquello que conocimos por las innmerables representaciones pictoricas, (el Cristo de Velázquez o el de San Juan de la Cruz de Dalí) por la emoción de los versos, (recuerdo ahora el soneto a Jesús Crucificado), o las maravillosas "pasiones" de Juan Sebastián Bach.

No queda clara la doctrina cristiana. Que sepamos no es una exposición de teología dogmática, sino una representación artística de la pasión. Sin embargo, los "flash backs", esas digresiones narrativas hacia atrás por asociación de imágenes, exponen muchos puntos centrales del misterio cristiano: la divina maternidad de la Ssma. Virgen, el "mandamiento nuevo" del amor fraterno, la misa como sacrificio incruento, la misericordia con los pecadores, que luego de la resurrección será institucionalizada como sacramento de perdón, potestad del sacerdote...

Pero el punto dogmático más fuertemente destacado en el contexto de la pasión es el colapso de la Sinagoga. El relato evangélico se limita a decir que al morir el Redentor se rasgó el velo del templo de Salomón, dejando expuesto el Sancta Sanctorum, el arca de la antigua alianza. Es la forma de decir: cesó la sinagoga, nació la Iglesia. Ahora tiene vigor la Nueva Alianza.

El film lo subraya en imágenes con el colapso del Sancta Sanctorum, producto del terremoto que sacudió Jerusalén al morir Jesucristo, en el momento de la consumación del sacrificio. Esto, presumo, no ha agradado a los que sostienen que los judíos son "hermanos mayores" de los católicos en la Fe, que tenemos "el mismo Dios". Y menos a los que dicen que ellos mantienen en vigencia "su propia alianza", teólogos de la salvación binorma: una para los judíos en la sinagoga, otra para el resto de la humanidad... en "las comunidades cristianas"... o vaya a saber donde más...

Pese a sus libertades artísticas, Gibson sostiene poderosamente el dogma católico. Aun cuando por economía del relato haya solo dos y no tres marías. Y Cristo caiga cinco o seis veces, y no tres, en el camino del calvario. Y deje impregnado en el velo de Berenice o Verónica (la de la vera imagen) su rostro ensangrentado, en premio a su compasión. Hoy ya no podemos ver esta piadosa tradición en las estaciones del Vía Crucis, donde queda aún un vía crucis... Y otras cuestiones por el estilo.

Tampoco ha de haber agradado a quienes quieren colgarle el sambenito antisemita el que muestre a tres fariseos protestando contra la ilegalidad del proceso en el Sanedrín (Nicodemos, Gamaliel, José de Arimatea, aunque no se los nombre), expulsados a empellones por sus hermanos en el sacerdocio de la asamblea. Parece recordar cierto concilio reciente...

Ni a Poncio Pilato tratando de salvar a un inocente de la muerte de cruz, donde lo manda la envidia de los sacerdotes y sus lacayos, aunque luego prevarique para no dar a los fariseos la excusa y -él mismo- terminar acusado ante el César. Ni su fallido intento de democracia popular, desvirtuado porque la turba fue "comprada" para elegir al criminal Barrabás y condenar al Cordero de Dios. Un verdadero antecedente histórico...

Finalmente, un punto irritante a todo progresista que se precie. Nuestro Señor dice, al consagrar el caliz, que esa sangre será derramada "por vosotros y por muchos" (pro vobis et pro multis). Así lo dice el evangelio. Así lo establece tamibén el texto latino del la misa reformada. Pero las traducciones a lenguas vernáculas de nuestros inefables episcopados -y la permisión romana, hemos de reconocerlo- se han tomado la singularmente homogénea libertad de traducir "por vosotros y por todos". Es más "ecuménico". Y eso oyen los sufridos fieles en las misas dominicales. Pero eso no es lo que dice el relato evangélico, ni la tradición litúrgica.

Nos preguntamos ¿qué habría dicho Jim Caviezel - Jesús de haber debido recitar el padrenuestro en el film? ¿Deudas u ofensas? Bien, todo lector puede remitirse al texto evangélico y sacarse la duda. Ninguna de las dos cosas es una cuestión menor.

En una palabra -y hemos de conceder por una vez la razón a los objetores- el film retrotrae muchas cosas a la situación preconciliar. Este es uno de sus mayores méritos. Un bien que será aprovechado por nosotros y por muchos.