La Pasión de Cristo: Signo de Contradicción
En un mundo secularizado y colmado de mentiras, bajo la potestad de un odio demoníaco contra la Verdad, en especial la Verdad de Dios… en un mundo anegado en el pecado y sobreabundado de deseos humanos incontenidos y soberbios, gobernado por el odio hacia Dios, especialmente hacia la Bondad de Dios… en un mundo deformado por la fealdad y regodeado en la deformidad, gobernado por el odio a la Belleza, especialmente las Bellezas de la Creación divina… en un mundo tal ¿quién hubiese podido imaginar el triunfo y la respuesta sentida desde el corazón del público por una verdadera obra de arte, una buena obra de arte, en especial una que exige tanto del espectador?
Escribe el Dr. David Allen White
Columnista de The Remnant Resistance, USA.
Las críticas cinematográficas ofrecen una evaluación sobre las películas… esta no es una crítica cinematográfica, porque el film de Mel Gibson "La Pasión de Cristo" no es una "película"… es una gran obra de arte católica y un punto de inflexión de la historia humana.
¿Quién hubiese podido adivinar en el año 2000, mientras pasábamos de un milenio a otro, que en unos breves años el mayor éxito que una premier en la historia del cine lograría alcanzar en apenas cinco días sería la crucificante crónica de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo? En un mundo secularizado y colmado de mentiras, bajo la potestad de un odio demoníaco contra la Verdad, en especial la Verdad de Dios… en un mundo anegado en el pecado y sobreabundado de deseos humanos incontenidos y soberbios, gobernado por el odio hacia Dios, especialmente hacia la Bondad de Dios… en un mundo deformado por la fealdad y regodeado en la deformidad, gobernado por el odio a la Belleza, especialmente las Bellezas de la Creación divina… en un mundo tal ¿quién hubiese podido imaginar el triunfo y la respuesta sentida desde el corazón del público por una verdadera obra de arte, una buena obra de arte, en especial una que exige tanto del espectador?
Las reacciones extremas provocadas por el film son un claro test de litmus espiritual. ¿Verás o no verás el film? ¿Creerás o no en lo que el film afirma? ¿Seguirás o no sus Mandamientos? ¿Ha habido, acaso, una obra de arte tan milagrosamente dotada para separar las ovejas de los cabritos, para demostrar si las ovejas van a seguir al pastor o descarriarse? El film debe estar, sin duda, bajo una inspiración divina.
El Sr. Gibson ha dicho que el verdadero autor de esta obra es el Espíritu Santo, lo cual le ha valido la burla de muchos. En un sentido histórico no ha dicho nada inusual. Todos los artistas, poetas y músicos, desde los albores de la historia, han sabido que dependen de una fuerza ajena a ellos, que opera a través de ellos lo que finalmente culmina en forma de obra. Algunos artistas, picados de arrogancia, presumen ser ellos mismos la fuente de su genio, pero la mayor parte de ellos terminan en la aberración. Normalmente los grandes artistas han invocado a las "musas", o la "divina inspiración" o a Dios mismo en busca de auxilio. A posteriori del acto creativo, han agradecido su inspiración, como Bach al escribir al final de sus partituras "S.D.G.": "Soli Deo Gloria" (solo a Dios la gloria). El director de The Passion se coloca, simplemente, en la misma línea de pensamiento que estos grandes artistas.
Los aullidos de la prensa negarán al Sr. Gibson la talla de artista. Un artista auténtico, según su juicio perverso, hace burla de Nuestro Señor, lo mismo que muchos de los personajes del film mientras El transita la Via Dolorosa.
Hay que poner un crucifijo en un mingitorio o "crear" un retrato de la Santísima Virgen con bosta de elefante… se puede sugerir que Nuestro Señor albergó pasiones desordenadas hacia María Magdalena o relaciones contranatura con sus discípulos -esta sería la verdadera visión profunda y espiritual- dicen los comentaristas tortuosos del mundillo académico izquierdista. Sí, es la espiritualidad de los demoníacos, la profundidad del abismo.
Pues mostrar la verdad de los dolores, sufrimientos y sacrificios de Nuestro Señor los vuelve violentos y frenéticos, como vampiros frente al crucifijo. La elite de los intelectuales de Norteamérica está formada, realmente, por muertos que deambulan.
Las mismas voces que cantaron hosannas y construyeron santuarios a las sangrientas matanzas y cruentos excesos de Peckinpah, Spielberg y Tarantino ahora fruncen sus narices al oler de la "violencia" en la obra maestra de Mel Gibson. Es un típico procedimiento de desviación del foco de atención. 1
Han habido, sin duda, tiempos en los que la violencia era considerada impropia de la contemplación humana. Los griegos del siglo V antes de Cristo permitían la violencia en el escenario solo en rarísimas excepciones. La consideraban "obscena", palabra que en griego significa "ajena a la escena" o "fuera del escenario". Estas acciones, siendo indignas de la contemplación del hombre civilizado, habrían de ocurrir fuera del escenario. Cuando Edipo se quita la vista, lo hace fuera del escenario, y Medea mata a sus hijos tras las bambalinas. Los griegos eran también tan sensibles a la piedad religiosa que cuando Esquilo puso a las diosas de la venganza, las Furias, en el escenario ambientado como el templo de Apolo, el mero pensamiento de este sacrilegio perturbó duramente a la audiencia, al punto que hombres adultos sufrieron desmayos y mujeres preñadas, padecimientos en su gestación.
No es así en nuestro tiempo. Más parecidos a los romanos, en nuestra sociedad nos centramos en la política y en la ley… en la ingeniería. Con frecuencia se legitiman procesos legales que degradan demasiado fácilmente en la manipulación y la soberbia leguleyas. Como los romanos, estamos sedientos de sangre. Por décadas nuestras pantallas de cine han estado bañadas en sangre. No hemos tenido reparos en permitir a nuestra juventud crecer viendo (por medio de películas, televisión y video games) cientos y cientos de horrores simulados. A esto denominamos libertad artística. Esta libertad, sin embargo, cuando se aplica a Nuestro Señor y a su Pasión no debe ser admitida. ¿Por qué?
El hecho es simple, por supuesto, aunque nunca será admitido por las voces roncas del odio. Ellos saben muy bien lo que Su Sangre representa, en contraposición a toda la otra sangre derramada por años en muchas de esas mismas pantallas. Y el director pone esto bien en evidencia. Esta es una Sangre preciosa, porque es la Sangre sacrificada por el Padre para la reconciliación, para la reparación de los pecados del mundo. Su Sangre preciosa debía ser derramada -entre otras miles de causas- porque los padres de familia de nuestros tiempos amarían tan poco a sus hijos como para permitir que los maten en el seno materno, o, si sobreviviesen, crecer contemplando horrores sangrientos y otras obscenidades que apartarán sus jóvenes almas de la eterna salvación.
La preciosidad de la Sangre de Cristo es subrayada en la magnífica escena donde la mujer de Pilatos trae paños blancos a las dos Marías. Sin posibilidad de vendar las heridas de Nuestro Señor, puesto que El ya había sido llevado, se arrodillan en el patio y limpian esa Sangre, absorbiéndola en grandes velos. No están limpiando el piso… están preservando la Sangre Preciosa, la Preciosa Sangre derramada por los críticos de cine y los miembros de las academias y la autoinvestida "intelligentsia". Ellos saben esto y esto es lo que los enfurece.
También enfurece al novus ordo establishment. Dios, en su infinita sabiduría, ha permitido que la mayor obra de arte católico de estos tiempos fuese creada por un católico tradicionalista. En una Iglesia posconciliar que ha vuelto sus ojos lejos de la Pasión de Nuestro Señor, Mel Gibson ha puesto esta dura Verdad ante los ojos del mundo. Ha hecho más apostolado en una semana que la Iglesia jerárquica entera en los últimos cuarenta años.
En su prístinos y sentimentales templos de misa nueva, con sus carteles y sus signos indigenistas… con sus danzas litúrgicas y sus monaguillas… con sus resurrifijos y besos de la paz, con sus ministros laicos y sus padre Bob y padre Mike, y su justicia social... ¿dónde ha quedado lugar para la Sangre Preciosa?
No en la mesa de la cena, sin duda, y quizás tampoco en el cáliz de la consagración dada la sentimental arrogancia de los reformadores que se permitieron cambiar las palabras reales de Nuestro Señor dichas en el momento de la consagración del vino en la Preciosa Sangre. El Gran Sacrificio ha vuelto… pero no en los templos del novus ordo, no: en las pantallas, colocado allí con profunda devoción, fe y amor por un gran artista, para que millones de espectadores lo vean, millones que han olvidado este gran don... o nunca lo han conocido.
El hecho de que Mel Gibson, en su subtitulado, coloque las exactas palabras de Nuestro Señor, traduciéndolas del latín "pro multis" en "por muchos" muestra que tarea tan simple es guardar la precisión del sentido. No se debe ser un erudito o un lingüista, ni un genio para traducir bien. Simplemente se debe amar a Nuestro Señor más que las alabanzas del mundo. La traducción defectuosa "por todos" de la misa del novus ordo muestra que la Nueva Iglesia ama más su "ecumanía" que a Nuestro Señor. Y ¿qué queda de la falacia que afirma que el "pueblo" ya no respondería a una Misa en latín? ¿No? Pues bien, como se explica la popularidad de este film en arameo y latín? La voces de "los que saben" insistían en que el "pueblo" nunca respondería. El film fulminó instantáneamente una mentira sustentada por años de falsedades deliberadas y desinformación emanadas de la Iglesia conciliar.
Hay detalles maravillosos a lo largo de todo el film, que atrapan los ojos y deleitan el corazón, por no mencionar que reconfortan el alma de los católicos tradicionales. El latín y la ajustada traducción "por muchos" en la Ultima Cena son solo el comienzo. ¿Cómo no detenerse sobre el glorioso momento, cuando se levanta la cruz y cae con un tremendo sacudón en su lugar, comenzando así el Gran Sacrificio, momento en el que María Magdalena se cubre la cabeza con su velo? Y aquellos que aman a Nuestro Señor se arrodillan ante el Gran Sacrificio? ¿Y qué decir de la Santísima Madre en aquel primer Viernes Santo, adelantándose a besar los pies de Aquel que cuelga de la cruz, un rito repetido por millones de católicos, por siglos y siglos, cada Viernes Santo? Y ¿qué es ese curioso pedazo de tela marrón hecha jirones que cuelga sobre los hombros del Buen Ladrón en su cruz cuando le pide a Nuestro Señor que lo recuerde cuando llegue a su Reino?
No tengo ninguna duda de que hay incontables detalles sublimes puestos allí por este hombre fiel a la Fe católica tradicional. Sólo he visto el film dos veces. Durante la segunda, la experiencia fue muy diferente. No ya el impacto visceral del profundo sufrimiento de Nuestro Señor. Esta vez vi cosas nuevas y experimenté emociones diversas que no había advertido durante mi primera función: la paloma volando sobre Nuestro Señor cuando, con su ojo maltrecho comparece por vez primera ante Pilatos, en claro paralelismo con la otra ave y el otro ojo que más tarde aparece en el film, trayendo algo muy distinto que el consuelo al ladrón impenitente. Esta es una obra de arte y demandará muchas revisiones, las cuales, como toda obra de arte, retribuye con nuevas perspectivas y sutilezas sublimes. (Los historiadores del arte deben hacer este trabajo. El número de reminiscencias de grandes pintores del pasado, desde Grünewald a Caravaggio, Raphael y así en adelante es asombroso).
Para con los no católicos que han visto el film o los que han hablado en su contra, quedamos obligados por la caridad. Es una ocasión ideal para explicar a los pobres protestantes la conexión entre la Crucifixión y la Presencia Real. Por medio de sus brillantes cross-cuttings 2 el Sr. Gibson nos ha provisto del material didáctico para ir directamente al punto. Podemos explicarles el rol central de la Santísima Madre en la historia de la salvación. Nuevamente, este buen católico, este gran artista ha hecho el trabajo por nosotros.
Tenemos la obligación de aclarar que el film no es, obviamente, antisemita. A la vez que debemos entender el papel central que han tenido los judíos en el plan providencial de Dios. Hicieron el trabajo de Dios inadvertidamente hace dos mil años, y lo mismo ha sucedido ahora, cuando, con inusual falta de astucia hicieron nuevamente el trabajo de Dios convirtiendo este film en un fenómeno que ha de ser visto por millones de personas. Nuevamente Dios se vale de este pueblo… de su fulminación, de su odio y de su furia ha sacado un gran bien. Debemos trabajar por su conversión a la Verdad, para que acepten finalmente al Mesías que dio su vida por ellos.
¿Y en lo que respecta a la Iglesia Católica del novus ordo, que, con la excepción de algunos sacerdotes devotos ha permanecido en silencio y no ha dado apoyo alguno ni aliento de ningún tipo a la producción o difusión de esta gran obra de arte? 3 No he podido sino sentirme impresionado en las dos funciones a las que asistí al ver la pomposa arrogancia del alto clero que permaneció inconmovible, impenitente, de hecho con un dejo de contenida autosatisfacción mientras Nuestro Señor era torturado y padecía infinitos vejámenes.
¿Podría haber acaso una mejor metáfora para reflejar la actitud de nuestra propia jerarquía que ha entregado el Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo y permanece en silencio, con una pomposa autoconfianza mientras ese Cuerpo Místico padece vejámenes y humillaciones, es escupido y crucificado? Ciertamente Solange Hertz está en lo correcto cuando afirma que en nuestros tiempos presenciamos la Pasión de la Iglesia.
El desdén y la indiferencia que han manifestado los miembros de la Jerarquía hacia el film es descorazonadora. Desde el silencio de los obispos norteamericanos (con la única excepción de Mons. McGrath, de San José, quien levantó su voz para afirmar heréticamente que los evangelios "no son relatos de eventos históricos") hasta la comedia de enredos de los jerarcas del Vaticano, que enredaron el asunto, limitándolo a las cinco palabras - ¿sólo cinco?- presuntamente pronunciadas por un Papa habitualmente tan locuaz, la jerarquía de la Iglesia nuevamente ha hecho un papel desgraciado. Recemos para que Dios ponga pronto fin a este castigo espiritual.
Al comienzo del film el director muestra a Pedro negando a Nuestro Señor tres veces. Después de padecer la amorosa mirada de Jesucristo, cuando Pedro mira la faz de su Señor y Salvador, la culpa y el dolor lo sobrepujan. Su respuesta inmediata es correr a la Santísima Madre y, cayendo de rodillas a sus pies, decir entre sollozos: "Lo he negado, Madre". Quiera Dios que otro Guardián de las Llaves reciba un momento de revelación como este, siguiendo los pasos del primer pontífice. Porque solo ante tal admisión de culpa y a los pies de María podemos esperar cese la negación de Nuestro Señor. El triunfo de su Inmaculado Corazón y el tiempo de paz para el mundo será la consecuencia de una plena restauración de la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica.
En nombre de todos los católicos tradicionales le doy las gracias, Mel Gibson, por ayudarnos a hacer posible esta restauración y a dar a las almas la tan necesaria esperanza en estos tiempos de dolor, padecimiento y prueba. Ud. nos ha recordado aquello que nosotros podemos esperar del mundo: "Si ellos me han odiado a Mi," dice el Señor, "también os odiarán a vosotros". Gracias por hacer esta nuestra cuaresma más rica en su verdadero sentido espiritual, y en los días por venir, por aligerar el peso de nuestra cruz. La llevamos en buena compañía católica, en genuina camaradería con Ud. y con el Cristo Sufriente.
Agradecemos al Sr. Michael Matt, Editor de la prestigiosa revista The Remnant Resistance, la autorización concedida a PCI para traducir y reproducir el presente artículo.
1 Red herring, dice el original inglés, expresión que significa desviar la atención de un tema central planteando uno meramente secundario en su lugar y dándole una relevancia que no tiene. N. de la R.
2 El autor se refiere a la técnica cinematográfica que consiste en intercalar diferentes historias (en este caso, escenas del pasado con el presente) por medio de cortes cruzados, relacionando entre sí hechos que aparentemente no tienen relación argumental. N. de la R.
3 Debemos disentir aquí con el autor: quizás sea al calor del estreno que afirma esto y recordando la muy mala jugada del episcopado norteamericano junto a la Bnai Brith para hundir la película, pero, creemos, el juicio debe ser atenuado en lo que respecta a muchos episcopados latinos e incluso varios obispos norteamericanos como Mons. Chaput, Arzobispo de Denver, aunque sea sustancialmene aplicable a episcopados enteros como el francés, holandés, alemán, suizo... y varios más. N. de la R.












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