Apasionante Pasión, Apasionado Guión
Algunos tuvimos la suerte de ver prácticamente en su estreno acá en los Estados Unidos, pero The Passion se ha convertido en un fenómeno social. Sin pecar de exagerado es posiblemente el tema de conversación número uno en los USA. No sólo el debate mediático sigue, sino que el exponencial crecimiento del número de páginas en el internet y la realidad cotidiana de lo que uno habla y escucha así lo confirman.
Escribe Iván Jesús T. Areitioaurtena
Hace ya varios días que The Passion of Christ, de Mel Gibson, está en el número uno de la cartelera en EE.UU. Al paso que va puede reventar todos los listones comerciales y de ventas de películas tales como Titanic.
Algunos tuvimos la suerte de verla prácticamente en su estreno acá en los Estados Unidos, pero The Passion se ha convertido en un fenómeno social. Sin pecar de exagerado es posiblemente el tema de conversación número uno en los USA. No sólo el debate mediático sigue, sino que el exponencial crecimiento del número de páginas en el internet y la realidad cotidiana de lo que uno habla y escucha así lo confirman.
Mejor será poner los puntos sobre las íes. Lo primero es que como película es extraordinaria. Para mí destacan dos cosas sobre todo: la interpretación de los actores, entre la que descuella la de Maia Morgenstern -una actriz rumano-judía que hace el papel de la Virgen María-, y la excelente fotografía. Hay otras virtudes menores, como el excelente vestuario -en particular el de los miembros del Sanhedrín- o el maquillaje, este último no asunto menor. Que la película, como película, es muy buena no debería discutirse. Que la película, como película, merecería muchos premios, también. Que The Passion merecería verse sólo por esto, por supuesto.
Luego las críticas. Frente a quienes acusan a la película de violenta, las de Sam Peckinpah lo son mucho más, hasta muchas series de televisión. Además, en La Pasión la violencia no es gratuita. Frente a quienes acusan a la película de antisemita yo no veo nada de ello, a no ser que se llegue a la barbaridad de decir que los hechos fueron antisemitas. De hecho me parece que Mel Gibson pone sordina a este tema y ahorra algunas palabritas de Mateo, personaje hebreo, que culpabiliza a los suyos. E incluso presenta aquello sin el gran tumulto y el gentío que debío ser la Pascua judía. Además los romanos quedan notoriamente peor que los judíos en la película. Bien es verdad que en esta cacofonía mediática ya he leído a alguien decir que la película es "anticlásica" y que "cuestiona los valores de la civilización occidental" porque es antirromana. Frente a los protestantes de acá, que dicen que se da excesiva importancia a María en el filme, cabe argúir que no hay nada más plausible que una madre en pos de su hijo a quien van a ejecutar. Frente a los que critican a Mel Gibson y lo tachan de avaricioso y negociante, todo el mundo habla de él menos él mismo, que ha mantenido un prudente silencio salvo contadas intervenciones y entrevistas. Frente a los que acusan a la película de "pornográfica" (sic) ... sin comentarios.
Y, finalmente, ciertas críticas sobre el guión. The Passion pudo haber realizado mejor ciertos asuntos. En primer lugar un par de errores teológicos. Judas Iscariote sale un tanto impune, como si de su suicidio culpable no tuviera la culpa él. Es "como si le obligaran" a hacerlo, pero él no tuviera mucha responsabilidad en ello. Lamentablemente Judas fue culpable. El otro error teológico es el pintar a Cristo como si Cristo hubiera tenido continuas distracciones sobre su Pasión, como prácticamente perder la conciencia (lo que no ocurrió). Será una concesión a la galería o al guión, pero en esto flaco favor hace Gibson. Cristo sufrió conscientemente por todos y cada uno de nuestros pecados. Es verdad de Fe que aguantó lo que aguantó por su Naturaleza Divina. Pero no es menos verdad que sufrió más que nadie. Hay mucha escena facial y demasiado flashback que perjudica todo ello. Algunos flashbacks son extraordinarios, como la ligazón entre la Cruz y la :Última Cena (y con ello la Santa Misa). Pero un buen número de ellos son gratuitos y quitan al espectador la posibilidad de ver un sufrimiento sin descanso como el que pedeció Nuestro Señor. Cristo sufrió sin reposo y sin distracciones.
Errores históricos hay varios. Hubiera sido bueno que Gibson contara más con los detalles de la Sábana Santa. Pinta a Cristo con un ojo morado, medio destrozado. El Santo Sudario dice que fue el arco supraciliar, no el ojo. No hay evidencia en el lenzo sagrado de Turín de que a Cristo le flagelaran con dos tipos de instrumentos, antes bien sólo con uno. Durante la Pasión y la Subida al Calvario Cristo cae en la película más veces de las que cuentan los Evangelios. En algún momento de disgresión inoportuna nos presenta a Cristo lanzando el Sermón de la Montaña, pero parece mezclar textos de distintos momentos. Los clavos se los clavaron en el punto de Destot, en la muñeca, donde los romanos sabían que infligían un dolor inenarrable al crucificado. En las manos, como lo pintan los cuadros, es imposible porque se desgarrarían las manos y se caería de la Cruz. La Corona de espinas no fue como la de los cuadros, sino más bien una especie de casquete. Cristo no grita al morir cuando el consenso de los Santos Padres es que Cristo gritó y se tuvo que hacer violencia -violencia a su Sagrado Cuerpo para morir- porque era Dios y esa separación del alma era en Él infinitamente más violenta. Cuando Cristo está muerto y la lanza de Longinos abre la sagrada herida del costado la sangre y el agua no brotan, como si estuviera todavía vivo, sino que cae por gravedad. Hasta Velázquez en su Cristo reflejaba esto mejor.
Ténganlo en cuenta al ver la película, que se la recomiendo fehacientemente. Y tengan también presente que esta película no sustituye a un Via Crucis ni película alguna podrá sustituir a la oración jamás. Pero para darse cuenta del sufrimiento que Nuestro Señor padeció por nosotros, The Passion puede dar una buena idea. Si acaso -pese a críticas contrarias- la película es poco violenta.
Ahora bien, The Passion, me consta, ha hecho reflexionar a muchos. Y sólo este motivo justifica la película. Mucho más cuando, como obra de arte, es muy buena.












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