El Motu Proprio y la Previsible Consolidación del Tradicionalismo

Para justipreciar los aspectos positivos de un acontecimiento- en este caso, la publicación del Motu Proprio- puede ser de utilidad inventariar las cosas que pudieran haber sucedido, pero que felizmente no ocurrieron.

Escribe Alberto G. del Castillo

Para justipreciar los aspectos positivos de un acontecimiento- en este caso, la publicación del Motu Proprio- puede ser de utilidad inventariar las cosas que pudieran haber sucedido, pero que felizmente no ocurrieron.

a) El Papa, ante la presión de las Conferencias Episcopales, pudo tomar la decisión de no redactar documento alguno. Pero, gracias a Dios no fue esa su determinación.

b) El pontífice, después de enumerar las excelencias teológico-litúrgicas del Novus Ordo, pudo decretar que el de Paulo VI es el único vigente. Empero y a Dios gracias, no hizo tal cosa Benedicto XVI.

c) En consonancia con lo dispuesto, pudo por añadidura- como en los tiempos de Paulo VI- enfrentar a la Fraternidad de Mons. Lefebvre y conminarla a que de una buena vez renuncie a plantear conflictivas cuestiones litúrgicas.

Pero, y loado sea Dios, los destinatarios del Motu no fueron los “rebeldes” de la Fraternidad, sino mas bien los enrolados en la línea media tradicional y muy particularmente los señores Obispos.

d) Reiterarles pudo, a los aún apegados a la liturgia tridentina, que se mantenían vigentes, las normas dispuestas por su antecesor. Sucedió en cambio que “las condiciones establecidas” por Juan Pablo II fueron “sustituidas”, conforme lo estatuye el art. 1º del MOTU PROPRIO.

e) El documento pudo haber sido uno de los tantos que redacta la Congregación para el Culto Divino y que se hacen llegar exclusivamente a los Presidentes de las Conferencias Episcopales.

Lo que resolvió en cambio el Papa fue -al cabo de casi 40 años- poner personalmente sobre el tapete, Urbi et Orbe- el tema de la misa, pese al desagrado de los Obispos que creían, el Rito Tradicional yacía debajo de una pesada lápida.

f) Benedicto XVI pudo discretamente silenciar que “la Misa Tridentina estuvo siempre vigente”.

Sin embargo hizo justamente lo contrario ya que en el art. 1º declara puntualmente que el “Misal Romano no fue abrogado nunca” y en la Carta adjunta a los Obispos les “llamó la atención sobre el hecho de que no ha sido nunca jurídicamente abrogado y por consiguiente ha quedado siempre permitido”.

Esta tajante afirmación es como la columna vertebral del corpus jurídico, y de una excepcional significación para todos los tradicionalistas.

g) destaquemos ahora estotra decisión del Sumo Pontífice: como bien se sabe, durante los pontificados de Paulo VI y de Juan Pablo II, se suprimió y prohibió lisa y llanamente la Misa Multisecular, al extrema de que ni siquiera podía celebrársela privadamente.

Y bien: de ahora en más quedó levantada la inicua prohibición conforme lo que dispone el art. 2 del Motu que dice: ”en las misas celebradas sin el pueblo, todo sacerdota católico, tanto secular como religioso, puede utilizar el Misal Romano, sin que necesite permiso, ni de la Sede Apostólica ni de su Ordinario”.

Por el art. 3º “las comunidades de los institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apostólica”, pueden celebrar la Misa Tradicional.

“En las parroquias, si hay un grupo estable de fieles, el Párroco acogerá de buen grado su petición”, según el art. 5º, inciso 1 del Motu.

El haber pues levantado la prohibición, es sin duda uno de los actos más trascendentales que ha producido la Santa Sede desde los tiempos de Pío XII.

¿Cómo pudo suceder? Creemos que la explicación la dio el Superior de la Fraternidad San Pío X: “Nadie duda que este reconocimiento de la Misa Tradicional es el fruto de tantísimos rosarios (más de 2.000.000) ofrecidos a Nuestra Señora, durante la cruzada del pasado mes de Octubre”.

Al dar este paso, lo debe haber ayudado al Papa, el comprobar que el tradicionalismo es un movimiento en expansión, al que en adelante no se puede dejar de tener y al que por lo visto, él no quiere ya dejar de tener en cuenta.

Atrás quedó la época en que se podía “suponer que la petición del Misal de 1962, se limitaría a la generación más anciana; pero desde entonces- confiesa el Pontífice- se ha visto claramente que también personas jóvenes descubren esta forma litúrgica.” Y entonces, humildemente, optó por rendirse ante la innegable realidad.

Pero hay más todavía, ya que otras cosas se han vuelto letra muerta.

Así por ej., la absurda imposición del Indulto del 3/10/84 por la que los fieles y sacerdotes “no podían poner en duda la exactitud doctrinal” del Novus Ordo, ha desaparecido totalmente en el Motu Proprio. Cierto es que en la Carta adjunta se lee que “para vivir en plena comunión, los sacerdotes que siguen el uso antiguo, no pueden en principio excluir en principio la celebración” del rito nuevo. Pero también es cierto, que la Carta no integra el articulado del documento papal.

De todo esto, se puede inferir que el pronunciamiento pontificio va a contribuir a la expansión y a la consolidación del tradicionalismo católico ya que cientos de sacerdotes y centenares de miles de fieles, comenzaron a participar de la Misa Católica.

Y de esta gracia- no lo pasemos por alto- el primero en beneficiarse ha sido el mismísimo Papa Benedicto, que seguramente se ha librado de la paternal maldición que San Pío V fulminó a todos los “que osaren temerariamente” no respetar el derecho concedido A perpetuidad de oficiar su Misal. “Sepan- les advierte- que caerán en la indignación de dios todopoderoso y en la de los apóstoles Pedro y Pablo”.

Veamos ahora algunas reacciones en contra del Motu y los que de las mismas cabe deducir.

El Corriere della Sera, nos informa que Monseñor Raffaele Nogaro, Obispo de Caserta, le prohibió la celebración del la Misa Tridentina al cura Rector del Santuario Anna, Padre Gionti. Según la Agencia ACI este Monseñor sostiene que dicho rito, “no es instrumento apropiado para establecer una relación verdadera con Dios”! VII/ 07.

La prensa italiana publicó una carta enviada al Papa por el Paolo Farinella en la que le dice que “por motivos teológicos, pastorales y litúrgicos...” declaró entristecido no poder actuar el M. Proprio; “no podemos traicionar a la Iglesia de los Apóstoles, del Concilio Vaticano II y de Paulo VI; no podemos”.

Creemos que a estos dos fulanos y a todos los que piensan y actúan como ellos hay que agradecerles el que nos inviten a ser coherentes. Hay que felicitarlos por el coraje de poner el dedo en la llaga. Porque lo que sucede es que este Monseñor y este señor Cura, una cosa tienen bien en claro: ambos ritos “por razones teológicas y litúrgicas son incompatibles. Y si se pertenece como ellos a la Iglesia conciliar, no se puede aceptar el Rito de San Pío V. Si en cambio, adherimos a la Iglesia Católica, no podemos aceptar la Misa protestantizada de Paulo VI. (Ver nota al pie).

¿Y cómo entonces Benedicto XVI, declara “que son dos formas del mismo y único rito” que incluso, “pueden enriquecerse mutuamente” (?) Y bien, esta bigamia litúrgica es explicable si advertimos que al documento lo redactaron no uno, sino dos preclaros personajes. Uno, es el teólogo José Ratzinger, el mismo que en el reportaje a Vittorio MESSORI dice: “He tratado de permanecer fiel al Concilio Vaticano II, este hoy de la Iglesia, sin nostalgias de un ayer irremediablemente pasado”. (Informe sobre la fe”, B.A.C., 1985), y que consecuentemente cree todavía en la “riqueza y profundidad teológica” del Misal de Paulo VI, por lo que el en Motu Proprio lo impone como “expresión ordinaria” a toda la Iglesia del rito latino.

El otro personaje es Benedicto XVI, que a los Obispos les recuerda “Que lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y que nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia... “

Y en consecuencia decreta- bendito sea Dios - “que es licito celebrar el sacrificio según el misal romano, que no fue abrogado nunca”.

Esta flagrante contradicción, nos convence de que con la ayuda de Dios, el Papa Benedicto ha comenzado a distanciarse del teólogo modernista. En cuyo caso, y si se confirman ciertos rumores que corren, pronto va a tomar otras iniciativas por las que digno será sin duda de ser recordado, su presumible breve pontificado.

Nota: Que la Misa de Paulo VI es herética o filoheretizante lo revela Jean Guitton, íntimo del Pontífice: “La intención de Paulo VI, era reformar la liturgia catçolica, de manera que se aproximara lo más posible a la liturgia protestante... a la cena del señor de los protestantes... hizo todo lo posible para alejar le misa católica del concilio de trento”. Entrevista radiofónica, en el programa “Ici lumiere 101”, del 13/XII/1993.

Lo mismo denunció el Cardenal Ottaviani en su silenciado “Breve Examen Crítico”: “El Novus Ordo, se aleja de una manera impresionante, en conjunto y en detalle, de la teología católica de la Santa Misa, formulada en la sesión XXII del Concilio de Trento”.

Ya veremos

Querido Marcelo, Que la Misa Tridentina es, a todas luces, la característica de nuestra Iglesia, no se puede poner en duda. Quien lo haga, desde luego, no actúa en buena fe. Prueba de ello es la postura cismática que han adoptado algunas conferencias episcopales por mero resentimiento a la FSSPX, sospecho.

Eso no quita, como se puntualiza en un post reciente de Juventutem Argentina, que la Iglesia Católica Romana ha contado con varios ritos igualmente válidos, a lo largo de su historia, además del Tridentino. Ambrosiano, Lyonensis, Braganensis, Carthusensis, Carmelitanus, Dominicanus, y el Toledano por excelencia Mozarábicus.

Todos estos ritos, no sólo el Tridentino, han sido arrollados con una violencia sin precedentes por el Ordo Novo. Y con ello, aparte de la pluralidad litúrgica, hemos dañado a la riqueza de nuestra Iglesia, las formas que teníamos de adorar a Dios.

Esos tiempos quedan pues atrás con el Motu Propio. Ahora podemos estar un poquito más seguros de ser Católicos, y no protestantes light. Ahora, ha comenzado la Restauración Liturgica. Por eso permitame discrepar: el Ordo Novo, la forma ordinaria de acuerdo al texto papal, puede ser válido mientras sea celebrado correctamente. Entiendo los abusos, y no los tolero, pero si un sacerdote que no ha conocido el Rito Tridentino, celebra sin embargo dignamente una misa, sin excesos ni excentricidades no veo qué hace mal.

Evidentemente, prefiero la misa tridentina, y atiendo siempre que puedo, pero "si no queda otra", como aún ocurre en muchos puntos de España, y el mundo... pues ¿Qué remedio nos queda?

Y cierro ya el comentario, con un poco de apologética: el Motu Propio es una puerta. Una puerta a oportunidades que no se han dado desde hacer 40 años para el apostolado. Quedémonos sentados en nuestras capillas, y toda la lucha del Santo Padre por publicar ese documento habrán sido en vano. Debemos solicitar a nuestras parroquias este rito, y facilitarles todo lo posible su aplicación; facilitar a los sacerdotes formación complementaria en Latín y Rúbricas. Solo así podremos asistir a nueva primavera en nuestra Iglesia. Todo lo demás, sobra...

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