María Auxiliadora, ruega por nosotros...

Patrona del campo, María Auxiliadora, cuya fiesta celebramos el 24 de mayo, cae en la víspera de un 25 crucial para el destino de la Argentina.

 

 

Escribe Marcelo González

Son muchos los indicios. El deterioro del gobierno, el incipiente pero amenazador desabastecimiento de alimentos y combustibles, la inflación descontrolada.

El alzamiento del campo, relativamente fácil de neutralizar con un acto de prudencia, ha sido llevado por el gobierno argentino al paroxismo. Ahora ya es cuestión de ganar o perder, todo. Tanto para el gobierno (principalmente) como para el campo, avalado por una fuerte franja de la clase media y media baja. (Y habría que ver qué piensan los más pobres… por ahí nos llevamos una sorpresa).

La jerarquía, hábil para detectar el cambio de vientos, ha salido a dar su apoyo a los ruralistas. No como pastores, sino como dirigentes sociales… o políticos.

Los conflictos con la Iglesia, también llevados a un punto sin retorno

Desde el miserable silencio que se hizo a Mons. Baseotto, cuando su carta al ministro de Salud, Ginés González García, el cuerpo episcopal no ha dado pie con bola. Haga lo que haga enreda más la situación, con la eficaz cooperación del gobierno nacional.

Sobre los temas morales (educación sexual, aborto, contracepción, decencia pública) resultado cero.

El conflicto por el nombramiento del embajador ante la Santa Sede es un disparate inconcebible, causado por el gobierno, es verdad, pero no ha habido presencia ni autoridad episcopal que pudiera prevenirlo ni neutralizarlo. Los obispos están pintados.

Roma debe tomar conciencia de que el episcopado argentino está entre lo más deslucido del universo católico, para ser suaves. Los fieles nos sentimos avergonzados, particularmente cuando recordamos la historia de nuestra Iglesia local y las figuras que dio en su tiempo, sin que, lamentablemente, haya brillado por su santidad.

Hoy solo quedan frutos amargos del otrora fértil árbol de la jerarquía católica que supo organizar el congreso eucarístico de 1934, educar a la juventud obrera y universitaria, civilizar el sur; levantar obras de bien público inimaginables hoy y hasta realizar hazañas artísticas y deportivas.

La llamada de Roma

La extraña convocatoria de la cúpula episcopal por parte de la Santa Sede, al punto de obligar a suspender el Te Deum de la Catedral Porteña el 25 de Mayo, es otro síntoma de la inviabilidad de las cosas.

Ante la perspectiva de un desenlace parecido al de 2001, Roma querrá, quizás, bajar directivas concretas. En un momento tan álgido los fieles y el clero miran naturalmente a los pastores esperando un testimonio menos lánguido que estadísticas sobre la pobreza e invitación al diálogo.

Esperan la acción de manos santificadoras que crean en su poder ministerial. Firmeza y convicción en las palabras. Testimonio público de Fe, no actos para la interna, como el apresurado Corpus Christi del Cardenal Bergoglio, pidiendo movilización a todo trapo para llevar a Roma las fotos del catolicismo en la calle…

Nadie lo cree, ni él, ni Roma, ni los fieles. Una Iglesia de ficción, de farsa, que se autoengaña, con la complicidad de los parásitos de la estructura eclesiástica, dispuestos a dar la vida por sus canonjías y la invencible estulticia de la obediencia ciega.

Ante lo impredecible se abre una luz de esperanza. Quizás hasta salga un bien.

María Auxiliadora, ruega por nosotros.

Santa Dei Genitrix

Adhiero a su comentario. Sólo la gracia poderosa de Cristo, encarnada en la santidad de los hijos de la Iglesia, podrá cambiar este estado calamitoso que con dolor vivimos los argentinos. Pero si la cooperación dócil y humilde a la gracia no existe por parte de un episcopado que vive demoliendo a la Iglesia en su dogma, en su liturgia, en su fe verdadera, en el escándalo de sus fieles, si todo ello es así de real, entonces que la Virgen Santa, Auxiliadora del pueblo católico, nos dé su mano firme, su necesario auxilio, y mueva a los buenos corazones que quedan, a hacerse santos, para que la patria también lo sea. Santa Dei Genitrix, ora pro nobis nunc et in hora mortis nostræ. Amen

herejías modernas

A la Madre Mariana de Jesús, en Quito (Ecuador), en el año 1634, le dijo la Señora:

"A fines del siglo XIX y gran parte del siglo XX, surgirán varias herejías en la tierra... La luz preciosa de la fe se apagará en las almas debido a una corrupción moral casi total"

"Se abandonarán mis comunidades, las cuales quedarán sumergidas en una profunda amargura y parecerá que se ahogan en tribulaciones. ¡Cuántas verdaderas vocaciones se perderán por falta de dirección hábil y prudente para formarlas"

"Entonces la Iglesia pasará por una noche oscura....y un gran número de sacerdotes perderán el espíritu de Dios, poniendo a sus almas en gran peligro....Satanás controlará la tierra a causa de hombres infieles que como una nube degra, ascenderán al cielo"

El Señor, sobre la visión anterior de los cinco árboles, le dijo a Isabel Canori-Mora:

"Estos árboles, (panteísmo, racionalismo, modernismo...etc..) con sus venenosas raíces, dan vigor a todas aquellas plantas que se desarrollan en la floresta. Estas plantas perniciosas representan la esterilidad digna de llanto de innumerables pobres almas que por la depravación de sus conciencias pueden decirse sin fe y sin religión....Trastornadas y entregadas a las falsas máximas de la filosofía moderna, conculcan la ley santa de Dios y sus divinos preceptos. Estas plantas son consideradas por el Divino Dueño no sólo como estériles, sino como nocivas y perversas, dignas de ser arrojadas al fuego eterno.

En otra visión vio a los miserables que cada día con mayor orgullo y desfachatez de palabra y de obra, con incredulidad y apostasía, van pisoteando la santa religión y la Divina Ley. "Se sirven -le dijo- de la Sagrada Escritura y del Evangelio, corrompiendo su veradero sentido, para respaldar así sus perversas intenciones y sus torcidos principios".

Isabel Canori relata cómo vio a sacerdotes despreciando la Santa Ley de Dios y cómo se cubría el cielo de nubes negras.

A Juana Luisa Ramonet, en Kerizien (Francia), en 1938, le dijo el Señor:

"Los hombres abusan de la ciencia para sorprender la fe de los sencillos que creen en Dios"

Y el mismo Corazón de Jesús le manifestó en otra ocasión sus lamentaciones angustiosas:

"Si pudierais comprender el abandono que Yo sufro en mis Tabernáculos y el inmenso sufrimiento que yo experimento en ciertos movimientos modernos que se infiltran paulatinamente por todas partes, tan contrarios a vuestra fe y a la tradición de la Iglesia Católica, poniendo mi Sacramento Santo en peligro, movimientos que alcanzan a la piedad, la fe y a la misma liturgia"

CRISIS INTERNA, MODERNISTA, DENTRO DEL VATICANO

El modernismo o conjunto de todas las herejías se ha infiltrado hasta dentro del Vaticano. Vean la siguiente visión que tuvo lugar en Ámsterdam, apariciones aprobadas por la Iglesia el pasado año 2002.

Así, a Ida Peerdeman, en Ámsterdam (Holanda), en 1947: María advirtió que habría reyertas políticas en el interior del Vaticano y durante una visión que podría considerarse simbólica, Ida vio a la Virgen decir: ¡Mira!: Y vio un lobo delante de la Virgen, a su izquierda...Y María exclamó: "El otro espíritu se va infiltrando con gran éxito". Había mezcla de nubes rojas y blancas. Ella dijo entonces a Ida que el materialismo y el humanismo estaban siendo el nuevo paganismo, y que los ataques del demonio ya no eran dirigidos tanto contra las naciones, sino contra la "mentalidad humana".

El padre Gobbi, Milán, en una conferencia de 1972 en Milán, enseñó lo siguiente:

"La Bestia Negra semejante a una pantera indica la masonería. La Bestia de dos cuernos, semejante a un cordero, indica la masonería eclesiástica, que se he difundido sobre todo entre los miembros de la jerarquía", es decir, se trata de un sacerdocio pagano, sin fe, humanista sin Dios, que se podrá al servicio de la primera Bestia..

"Desde la tierra, dice el libro Sagrado del Apocalipsis, acude esta segunda bestia en ayuda de la primera que sube del mar; una bestia, la que viene de la tierra, que tiene dos cuernos, semejantes a los de un cordero.... Al símbolo del sacrificio está íntimamente unido el del sacerdocio: los dos cuernos. Un cubrecabezas con dos cuernos llevaba el Sumo Sacerdote en el Antiguo Testamento. La Mitra, con dos cuernos, llevan los obispos de la Iglesia, para indicar la plenitud de su sacerdocio".

Se trata por tanto de un cuerpo sacerdotal, independientemente de que tengan por jefe un Obispo, posiblemente un falso Papa, que apoyará las ideas de la Masonería y del Anticristo, las ideas de un humanismo modernista sin Dios.

La Virgen, sobre esta infiltración, le dijo al Padre Gobbi: "Esta infiltración masónica dentro de la Iglesia ya había sido predicha por Mí en Fátima, cuando les anuncié que Satanás se introduciría hasta el vértice de la Iglesia".

También la Ven. Ana Catalina Enmerich (Alemania, 1774) contó una visión donde hacía alusión a la crisis actual reinante. La mística dijo:

"Vi a la Iglesia de San Pedro y una cantidad enorme de gente que trabajaba por derribarla...pero a la vez vi a otros que la reparaban. Líneas de peones se extendían por todo el mundo y quedé admirada de la armonía de todo ello. Los demoledores se llevaban grandes bloques, eran sobre todo sectarios y apóstatas en gran número. En sus trabajos de destrucción esas gentes parecían seguir ciertas órdenes y cierta regla: llevaban mandiles blancos con una cenefa azul y bolsillos y una paleta en la cintura. Por lo demás, levaban toda suerte de vestidos. Había entre ellos personas de categoría, hombres altos y gruesos, con uniformes y cruces, que no trabajaban personalmente, sino indicaban con las paletas en los muros las partes que había que derribar. Vi con horror que entre ellos había también sacerdotes católicos. Vi al Papa en oración, rodeado de falsos amigos, que a menudo hacían lo contrario de lo que él ordenaba".

Me dijo: "Así será también atada la Iglesia, así será estrechamente aprisionada hasta que pueda ser restaurada de nuevo". "También vi muchos buenos y piadosos Obispos, pero eran limitados y débiles, y el partido malvado tomaba frecuentemente ventaja. De nuevo vi los manejos del Hombre Negro. También tengo el mapa de los empleadores, atacando a la Iglesia de San Pedro". Posiblemente ese mapa sea El Masterplan para destruir a la Iglesia. El Masterplan son las reglas o artículos que el demonio ha inspirado a la Masonería para destruir a la Iglesia desde dentro. En el Masterplan está todo anotado; y lo peor y más lamentable es que son los mismos católicos, la gran mayoría sin darse siquiera cuenta, los ejecutores. De ahí que el papa Pablo VI hablase de la autodemolición de la Iglesia, haciendo referencia a que somos nosotros mismos, en estrecha colaboración con los instigadores del mal, los que desarrollamos, difundimos y ejecutamos ese diábolico plan.

Pensemos en el más allá y dejaremos de hacer tonterías

Qué es el infierno?

Pregunta difícil de responder. Al describir las penas del infierno se prodigan a veces pinturas terroríficas que hieran la imaginación, pues el hombre necesita que se le sensibilicen las cosas espirituales o desconocidas; y todas esas pinturas, por terroríficas que parezcan, resultan muertas comparadas con la realidad.

Pero no es necesario recurrir a eso. Recorramos aquella cárcel eterna de la mano de los santos. Dios hizo sentir a Santa Teresa algo de la angustia del infierno, y la Santa no encontraba vocabulario con qué expresar su sentimiento.

“Los dolores corporales tan incomparables que con haberlos pasado en esta vida gravísimos; y según dicen los médicos, los mayores que se pueden pasar y aun algunos causados del demonio, no es nada en comparación de lo que allí sentí, y ver que había de ser sin fin y sin cesar jamás. Esto no es, pues, nada en comparación del agonizar del alma: un apretamiento, un ahogamiento, una aflicción tan sensible y con tal desesperado y afligido descontento, que yo no sé cómo lo encarece; porque decir que es un estarse siempre arrancando el alma es poco, porque ahí parece que otro os acaba la vida, más aquí el alma misma es la que se despedaza” (Vida, capítulo 32)

Reproducimos en este número la visión que Santa Faustina Kowalska, la santa polaca de la Misericordia, tuvo sobre el Infierno. Ciertamente las almas deben ir a Dios por amor. Arrepentirse por haber ofendido a un Dios todo Bondad. De ahí que sea tan importante el que se predique mucho y constantemente sobre la Misericordia de Dios. No obstante, Dios quiere, a modo de suplemento en la motivación de nuestras buenas intenciones, y así lo explican santos de la talla de San Agustín, Santa Teresa de Jesús, San Juan Bosco o San Ignacio de Loyola, que no nos olvidemos del Infierno, verdad de fe incuestionable. Son como dos castillos que se complementan, explica Santa Teresa. El castillo del Amor y el castillo del santo Temor de Dios. “Y si del amor de Dios me olvidare...”, dirá San Ignacio de Loyola, al menos por el temor eterno que me aparte definitivamente del pecado y obtenga el dolor de nuestras culpas..

SIETE TORMENTOS

Santa María Faustina Kowalska en su Diario, número 741, pág.304, habla de siete tormentos que vio. Veamos cómo lo expresa. Lo expuesto en letra cursiva es de la santa, lo que aparece entre paréntesis, subrayado o en letra normal son aclaraciones nuestras para un conocimiento más completo.

“Hoy he estado en los abismos del infierno, conducida por un ángel. Es un lugar de grandes tormentos, ¡qué espantosamente grande es su extensión! Los tipos de tormentos que he visto: el primer tormento que constituye el infierno, es la pérdida de Dios”

Decía San Agustín: “nos hiciste, Señor, para ti. Y nuestro espíritu está inquieto hasta que descanse en Ti”.

Arrancada el alma de los bienes temporales de este mundo, siente las ansias de felicidad y la necesidad de Dios, único ser que puede llenar el vacío casi infinito que siente de sí misma. El alma, al morir, se da cuenta claramente que necesita de Dios, como en la tierra necesitamos el respirar. ¡Qué angustia querer respirar y no poder! Pero el hombre sin oxigeno muere, y el alma del condenado, privada de Dios, vive muriendo sin acabar de morir. Por eso la Sagrada Escritura llama a este primer tormento, a este estado del alma del que refiere la religiosa polaca en su Diario, como muerte, muerte segunda o muerte eterna.

“La muerte sempiterna, dice San Agustín, será cuando el alma no pueda vivir por carecer de Dios; ni pueda librarse de los dolores muriendo” (De Civ. Dei, 30, 3, 1)

“El segundo, el continuo remordimiento de conciencia (Nota de la Redacción: La Sagrada Escritura llama al remordimiento como el gusano que no muere); el tercero, aquel destino no cambiará jamás; el cuarto tormento, es el fuego que penetrará al alma, pero no la aniquilará, es un tormento terrible, es un fuego puramente espiritual, incenciado por la ira divina. (Nota: Es la pena de sentido, que dicen los teólogos. La Sagrada Escritura, en San Mateo 25, 41 dice: “Apartaos de Mí, los malditos, al fuego eterno..”. Y allá van. Al fuego eterno con la maldición de Dios sobre sí). El quinto tormento, es la oscuridad permanente, y un horrible y sofocante olor; y a pesar de la oscuridad los demonios y las almas condenadas se ven mutuamente y ven todos el mal de los demás y el suyo; el sexto tormento, es la compañía continua de Satanás; el séptimo tormento, es una desesperación tremenda, el odio a Dios, las imprecaciones, las maldiciones, las blasfemias. (N. de R.: En la Sagrada Escritura expresa este estado con el término “allí será el llanto y el rechinar de dientes”, Mt. 24, 51)

Y sigue diciendo la Santa:

“Estos son los tormentos que todos los condenados padecen juntos, pero no es el fin de los tormentos. Hay tormentos particulares para distintas almas, que son los tormentos de los sentidos: cada alma es atormentada de modo tremendo e indescriptible con lo que ha pecado”

“Que el pecador sepa: con el sentido que peca, son ese será atormentado por toda la eternidad”

“Lo que he escrito es una débil sombra de las cosas que he visto. He observado una cosa: la mayor parte de las almas que allí están son las que no creían que el infierno existe”

“Allí –dice San Pablo- irán los idólatras, los fornicarios, los adúlteros, los deshonestos, los sodomitas, los ladrones, los avaros, los que se embriagan, los maldicientes, los ladrones” (1 Cor. 6, 9)

“Cuando volví en mí no pude reponerme del espanto, qué terriblemente sufren allí las almas. Por eso ruego con más ardor todavía por la conversión de los pecadores, invoco incesantemente la misericordia de Dios para ellos. Oh Jesús mío, prefiero agonizar en los más grandes tormentos hasta el fin del mundo, que ofenderte con el menor pecado”.

excelentes posts

Los dos anteriores. Revigorizantes de la conciencia. No puedo dejar de pensar en el escandalo y la locura que parecerá para los no creyentes( Dios se apiade)leer lo que antecede este mensaje (yo fuí uno de ellos con bastante ardor). La beata Anna Katherina Emmerich fué una de las lecturas que me sostuvieron y conminaron a volver a la fe.

R.S

Jesús describe el Infierno a María Valtorta

Una vez te hice ver el monstruo del abismo. Hoy te hablaré de su reino. No te puedo tener en el Paraíso siempre. Recuerda que tú tienes la misión de volver a llamar a la verdad a los hermanos que demasiado la han olvidado, y de este olvido que en realidad es desprecio por la verdad eterna, proceden tantos males a los hombres.

Escribe por lo tanto esta página dolorosa. Después serás consolada. Es la noche del Viernes Santo. Escribe mirando a tu Jesús que está muerto sobre la Cruz, entre tormentos tales que son comparables a aquellos del infierno, y que ha querido tal muerte para salvar a los hombres de la muerte (eterna: el infierno).

Los hombres de este tiempo ya no creen en la existencia del infierno. Están aferrados a un más allá a su gusto de tal manera que estén menos atemorizados en su conciencia merecedora de mucho castigo. Discípulos más o menos fieles del Espíritu del Mal, saben que su conciencia retrocedería ante ciertos delitos, si realmente creyesen en el Infierno tal y como la fe enseña que es; saben que su conciencia, al cometer el delito, tendría que volver en sí misma y en el remordimiento encontraría el arrepentimiento, en el temor encontraría el arrepentimiento, y con el arrepentimiento el camino para volver a Mí.

Pero su malicia, adiestrada por Satanás, del cual son siervos o esclavos (según su apego a los deseos o sugestiones del Maligno) no quiere estos retrocesos y estos retornos. Anula por eso la fe en el Infierno como es realmente y se inventa otro. Sí, también se lo inventa. Esta invención los empuja a creer sacrílegamente, que el más grande de todos los pecadores de la humanidad, el hijo de Satanás, aquel que era un ladrón como he dicho en el Evangelio, que era un concupiscente y ansioso de gloria humana, como digo Yo, el Iscariote, que por hambre de la triple concupiscencia se hizo mercader del Hijo de Dios y por treinta monedas, y con la señal de un beso -un valor monetario irrisorio y un valor afectivo ínfimo- me puso en las manos de los verdugos, pueda redimirse y llegar a Mí, pasando por fases sucesivas.

No. Si él fue el sacrílego por excelencia, Yo no lo soy. Si él fue el injusto por excelencia, Yo no lo soy. Si él fue aquel que derramó con desprecio Mi Sangre, Yo no lo hago. Y perdonar a Judas sería sacrilegio a Mi Divinidad por él traicionada, sería injusticia hacia todos los demás hombres, siempre menos culpables que él, y que también son castigados por sus pecados, sería desprecio para Mi Sangre, en fin, sería venir a menos mis leyes.

He dicho, Yo Dios Uno y Trino, que aquellos que están destinados al Infierno duran en él por toda la eternidad, porque de aquella muerte no se sale a una nueva resurrección. He dicho que aquel fuego es eterno y que en él estarán reunidos todos los operarios de escándalo y de iniquidad. No creáis que esto sea solo hasta el fin del mundo. No, más bien después del tremendo juicio, más despiadada se hará aquella morada de llanto y tormento, porque aquello que aún está concedido a sus habitantes de tener para su infernal entretenimiento, -el poder dañar a los vivientes y el ver a nuevos condenados precipitarse en el abismo- ya no será, y la puerta del reino maldito de Satanás, será clavada y remachada por mis ángeles, para siempre, para siempre, para siempre, un siempre cuyo número de años no tiene número y respecto a la cual, si los años se convirtieran en granos de arena de todos los océanos de la tierra, serían menos que un día de esta Mi eternidad sin medida, hecha de luz y de gloria en lo alto para los benditos, hecha de tinieblas y horror para los malditos en lo profundo. Te he dicho que el Purgatorio es fuego de amor. El Infierno es fuego de rigor. El Purgatorio es lugar en el cual, pensando en Dios, cuya esencia os ilumina en el momento del juicio particular, os hace llenos del deseo de poseerla, vosotros expiáis la falta de amor por vuestro Señor Dios. A través del amor conquistáis el amor, y por grados de caridad siempre más encendida limpiáis vuestra vestimenta hasta hacerla blanca y brillante para entrar en el Reino de la Luz cuyos fulgores te he mostrado hace días.

El Infierno es el lugar en el cual el pensamiento de Dios, el recuerdo de Dios vislumbrado en el juicio particular, no es, como para los purgantes santo deseo, nostalgia afligida pero llena de esperanza, esperanza llena de tranquila espera, de segura paz que alcanzará la perfección cuando se vuelva conquista de Dios, pero que ya da al espíritu purgante una alegre actividad purgativa porque cada pena, cada momento de pena, los acerca a Dios, su amor; sino que es remordimiento y cólera, es condenación y odio. Odio hacia Satanás, odio hacia los hombres, odio hacia sí mismos.

Después de haber olvidado su dignidad de hijos de Dios, adorado a los hombres hasta hacerse asesinos, ladrones, estafadores, mercaderes de inmundicias para ellos, ahora que vuelven a encontrar a sus patrones por los cuales han matado, robado, estafado, vendido el propio honor y el honor de tantas criaturas infelices, débiles, indefensas, haciéndose instrumentos del vicio que las bestias no conocen -de la lujuria, atributo del hombre envenenado por Satanás- ahora los odian porque son causa de su tormento.

Después de haberse adorado a sí mismos, dando a la carne, a la sangre, a los siete apetitos de su carne y de su sangre todas las satisfacciones, pisoteado la Ley de Dios y la ley de la moralidad, ahora se odian porque se conocen causa de su tormento.

La palabra "odio" tapiza aquel reino descomunal; ruge en aquellas flamas, aúlla en los chillidos de los demonios, solloza y gruñe en los lamentos de los condenados; suena, suena, suena como una eterna campana golpeada por un martillo; resuena como una eterna bocina de muerte; llena de sí los rincones de aquella cárcel; es de suyo tormento, porque repite en cada sonido el recuerdo del amor para siempre perdido, el remordimiento de haberlo querido perder, la rabia de no poder volver a verlo jamás.

El alma muerta entre aquellas llamas, es como aquellos cuerpos arrojados en un horno crematorio, se contorsiona y cruje como animada por un nuevo movimiento vital y se despierta al comprender su error, y muere y renace a cada momento con sufrimientos atroces porque el remordimiento la mata en una blasfemia y esa muerte la vuelve a llevar a revivir para un nuevo tormento. Todo el delito de haber traicionado a Dios en el tiempo, está de frente al alma por toda la eternidad; todo el error de haber traicionado a Dios en el tiempo está presente en ella para su tormento por toda la eternidad.

En el fuego las llamas simulan sombras de aquello que adoró en la vida, las pasiones se dibujan en candentes pinceladas con los más excitantes aspectos, y rechinan, rechinan a cada recuerdo. "Ha querido el fuego de las pasiones. Ahora tiene el fuego quemante de Dios, cuyo Santo Fuego ha escarnecido." El fuego responde al fuego. En el Paraíso es Fuego de Amor Perfecto. En el Purgatorio es Fuego de Amor Purificador. En el Infierno es Fuego de Amor Agraviado. Porque los elegidos amaron a la Perfección, el amor se da a ellos en su perfección. Porque los purgantes amaron tibiamente, el amor se hace llama para llevarlos a la perfección. Porque los malditos ardieron en todos los fuegos menos en el Fuego de Dios, el Fuego de la Ira de Dios los quema en eterno. Y en ese Fuego están congelados.

¡¡Oh!! Lo que sea el Infierno no lo podéis imaginar. Tomad todo cuanto es tormento del hombre sobre la tierra: fuego, llamas, hielo, inundaciones, hambre, sueño, sed, heridas, enfermedades, desgracias, muerte, y haced una única suma y multiplicadla millones de veces. No tendréis más que una sombra de esta tremenda verdad.

En el ardor insoportable será mezclado el hielo sideral. Los condenados arderán en todos los fuegos humanos, teniendo únicamente hielo espiritual para el Señor su Dios. El hielo los espera para congelarlos después de que el fuego los habrá salado como pescados puestos a asar sobre una llama. Tormento en el tormento este pasar del ardor del fuego que hincha al hielo que aprieta.

¡¡Oh!! No es un lenguaje metafórico, porque Dios puede hacer que las almas, cargadas de culpas cometidas, tengan sensibilidad igual a aquella de una carne, aún antes de que se revistan de aquella carne. Vosotros no sabéis y no creéis. Pero en verdad os digo que os convendría más sufrir todos los tormentos de mis mártires antes que aquellas torturas infernales.

La obscuridad será el tercer tormento. Obscuridad material y obscuridad espiritual. Estar para siempre en las tinieblas después de haber visto la luz del Paraíso, y estar abrazados por las tinieblas después de haber visto la Luz que es Dios. ¡¡Debatirse en aquel horror tenebroso, el cual se ilumina solamente al vibrar del espíritu ardiente, con el nombre del pecado por el cual están clavados en este horror!! No encontrar excusa en aquella masa de espíritus que se odian y se dañan recíprocamente, no encontrar otra cosa que la desesperación que los vuelve locos y siempre y siempre más malditos. Nutrirse de ella, apoyarse en ella, matarse con ella. La muerte nutrirá la muerte, he dicho. La desesperación es muerte y nutrirá a estos muertos por toda la eternidad.

Yo os lo digo, Yo que también he creado aquel lugar; cuando descendí en él para traer del Limbo a aquellos que aguardaban Mi venida, He tenido horror, Yo, Dios, de aquel horror; y si no fuese cosa hecha por Dios y por lo tanto inmutable porque perfecta, habría querido hacerlo menos atroz, porque Soy el Amor y de aquel horror he tenido dolor. ¡Y vosotros allí queréis ir...!

Meditad, hijos, esta palabra mía. A los enfermos conviene dar medicina amarga, a los afectados de gangrena conviene cauterizarlos y cortar el mal. Esta es para vosotros, enfermos y cancerosos, medicina y cauterio de cirujano. No la rechacéis. Usadla para curaros. La vida no dura por estos pocos días de la tierra. La vida comienza cuando parece que termina, y no tiene más fin.

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