La Dignidad de la Iglesia

Si hay algo que despreciamos es un ser humano sin dignidad. Me refiero, concretamente, a esa conciencia que ha de tener toda persona de su excelencia, pequeña o alta, lo mismo da, que exige ser respetada a cabalidad. Dicha persona pierde respetabilidad si no la posee. Por lo mismo, no solo cuidamos la personal sino que cualquier otra: familiar, nacional, racial, etc. Por eso hay actitudes que nos causan indignación, que no las podemos tolerar.

Escribe Juan Carlos Ossandón Valdéz

He tenido que soportar muchas, en estos últimos lustros, hasta que la gota rebalsó el vaso. Pongamos algunos ejemplos.

Hace poco murió en Santiago de Chile el fundador de una universidad que, con el correr del tiempo, se convirtió en una gigantesca entidad educacional con corresponsales por todo el mundo. Se llama “Santo Tomás” y adhiere a toda una cadena de universidades del mismo nombre. La pastoral, como es obvio, se encomendó a los dominicos. Pues bien, este hombre tenía un problema psíquico serio que lo llevó a asesinar un supuesto rival en amores. Pero antes de tan lamentable suceso, se había separado de su mujer y se había amancebado, como tantos en la actualidad. Con la primera tenía dos hijos, con la segunda tres. En consecuencia, se había convertido en lo que antes se llamaba “pecador público”. Lo asombroso del caso estriba en que sus restos mortales fueron velados en un convento de carmelitas descalzas, despedidos en solemne misa con el response que corresponde, cremado y sus cenizas enterradas en el mismo convento.

Cuando era muchacho, se me enseñó que a los pecadores públicos no se los velaba en las iglesias, no se les oficiaba misa ni responso, ni se les enterraba en un campo santo. Era la dignidad de la Iglesia ofendida por quien había hecho tabla raza de las disposiciones que nos legó Jesucristo la que decretaba una actitud tan extraordinaria. De ese modo se nos ensañaba eficazmente que nadie se ríe de las palabras de nuestro fundador.

Este hecho, al parecer insignificante, me recuerdo otro, de la misma naturaleza, pero, esta vez, nada de insignificante.

Me refiero al famoso tenor Pavarotti, cuyos restos fueron velados en al catedral de Nápoles y despedidos en solemne misa presidida por no sé cuántos obispos mitrados. Por desgracia, también este hombre había abandonado a su mujer legítima para amancebarse con otra bastante menor. Historia harto vieja y muy repetida. Pero antes se solía ocultar la amante y no se rompía con la legítima. ¿Por qué hoy con tanta facilidad se abandona a la primera? Es que ya no hay temor a la Iglesia. Al carecer ésta de dignidad, nadie la respeta.

¿Acaso el cantar bien es más valioso a los ojos de Dios que guardar el compromiso que se adquirió ante su altar? Si tal fuera el caso, habría que extender el privilegio a todos los que hacen bien algo, sea patear una pelota y pintar la pared de la casa. ¿Dónde queda el mundo sobrenatural al que somos elevados por el bautismo? Un ejemplo vale por mil palabras. Estos ejemplos nos revelan hasta qué punto hemos perdido la fe y como tal pérdida corroe hasta las más altos niveles de nuestra Iglesia.

Pero la gota que rebalsó el vaso y que me hace redactar estas líneas es una fotografía. En ella aparece Su Santidad depositando una corona floral en la tumba de Mustapha Kemal, el fundador del moderno estado turco, inspirado en los ideales de la masonería liberal. Este hombre organizó el primer genocidio del siglo veinte.

La masacre fue realizada entre 1915 y 1916 y si bien se atribuyó a motivos raciales, la verdad es que fueron religiosos: se trataba de exterminar el cristianismo en Armenia. No es posible fijar una cifra, todo hace pensar que fueron bastante más del millón las víctimas del fanatismo musulmán, espoloneado por la masonería europea. La memoria de nuestros mártires está casi completamente olvidada.

Todos sabemos que hemos de perdonar para ser perdonados, pero rendir homenaje a quien masacró a nuestros hermanos en la fe, es falta de dignidad. ¿Imagina Ud. al gran rabino de Jerusalén rendir homenaje a Hitler y depositar una corona de flores en su tumba? Claro que no. La dignidad no lo permite.

No se trata de que asesinemos a cualquiera que nos falte al respeto; pero de ahí a rendirle un homenaje a un genocida, hay mucho trecho. Más aún cuando la Iglesia ha perdido todo poder político. La historia nos enseña que, en estas condiciones, siempre ha sido sometida a un genocidio. Razón de más para velar por nuestra dignidad y no dejar que nos pisoteen impunemente, tanto a nivel privado, como en el caso citado de los pecadores públicos, como en el público que hemos señalado.

Qué diferencia !

Qué diferencia !

San Ambrosio, siendo obispo, reprendía en público al emperador que no aceptaba la penitencia impuesta, rebajando la dignidad imperial a su justo lugar.

La Dignidid de la Iglesia

Me retiré recién de una ceremonia católica de confirmación de jovenes en el colegio Santa Rita de San Isidro. No fui porque no pude soportar semejante cachinyengue, manejado tiránicamente por un grupito de jóvenes cantando "piezas" ritmicas sensibleras y dulzonas al ritmo ágil de algunas guitarras, creo que eléctricas, no sé, y de los bombos de las baterías, cuyos acordes podrían llenar el corazón de cualquier joven roquero o hippy. Todo esto presidido en el altar por un obispo católico -monseñor Casaretto- y el cura de la parroquia, firme adherente a todas estas componendas con cualquier cosa rítmica que sea juvenil y modernista y para peor, pretendiendo ser un exigente liturgista. Abandoné la Misa. Me pareció que constituía una ofensa a la Iglesia y a Cristo. Y en todo caso sin duda al buen gusto. Un formidable canto a la fealdad y un sistemático repudio práctico a la oración, a la armonía, la belleza, el orden, la autoridad, la tradición, la sabiduría. Me fui triste, pensando que estos dos sacerdotes tan satisfechamente "aggiornados", que presidían la ceremonia y convalidaban de esa manera el cachinyengue en cuestión, seguramente no actúen de mala fe, con ánimo destructivo. Pensé que lo más grave de este asunto es que verdaderamente creen que eso es belleza y armonía. Que no es feo sino lindo y que nada tiene de malo que estas generaciones de hoy construyan y asienten su religiosidad sobre estas bases estéticas. Mientras me alejaba, pensaba que en realidad no hay entonces posibilidad alguna de algún dialogo constructivo entre esta gente y quienes nos sentimos espantados por el revolucionario desmoronamiento a nuestro alrededor del mundo de valores, normas, principios, medidas y proporciones erigido en el mundo durante siglos por la civilización judeo griego romana cristiana. De ese dialogo que siempre pregonan estos adherentes al modernismo, aunque solo referido a los revolucionarios modernistas y anticatólicos, nunca a los cavernícolas amantes de la tradición. No hay posibilidad de tratar seriamente con ellos lo que hay que hacer para enderezar este torcido curso de las cosas, simplemente porque no ven nada torcido en las cosas. ¿Pero que tiene que ver esto que me pasó con lo que se dice en el artículo sobre el reconocimiento cada vez más asiduo de la Iglesia a los pecadores públicos famosos? No lo sé. Forma parte de la misma ola modernista, creo. Esa ola llena de agua sucia y olorosa contra la que hoy sin duda trata de luchar nuestro Papa, aunque algunas veces haga cosas como las que se señalan en esta nota.

Su comentario

Estimado, su comentario me hizo pensar bastante. Lo que ha vivido es una experiencia tan comun en muchas personas... Y lo dice con mucho acierto.

Vea, yo entiendo lo del dialogo. Ellos se llenan la boca de "dialogo" pero si alguien tiene la osadia de cuestionar ciertas practicas, o al menos sugerir alguna correccion, uno pasa inmediatamente a ser un paria, un prehistorico, un anti no se que este de moda.

No se que sera mejor, me pregunto. Insistir y darse contra la pared, o salir corriendo y dejar que eventualmente se transformen en otra religion...

atte.

Daniel

Y si con lo de Pavarotti no

Y si con lo de Pavarotti no fuese bastante, días atrás, también velaron en no sé que iglesia francesa, con cura y jet set incluido, a un marica que se dedicaba a ser diseñador de moda.

Entre los presentes, en ese mero gesto de dolor, estaban seres tan asquerosos como actrices y actores renombrados, el presidente de Francia, etc.

Si alguno de nosotros mañana cae redondo, a ver si le permiten a nuestros familiares una festichola dentro de iglesia alguna.

lo de cachinyengue, me gustó

esa palabra no la tenía incorporada hasta ahora que la adopto. Lo comprendo don anónimo, yo vivo en un lugar (no en la capital de mi provincia)donde Dios nos bendice con misas sin guitarra, bien solemnes, en idioma vernáculo pero con adoraciones "de aquellas". Por un curso estoy yendo a Bs. As. mensualmente. Mi drama: ir a misa a la Iglesia del barrio: 2 veces y salí llorando, bah,lloré toda la misa.Además,saqué una foto para testimoniar que además de que hay "monaguilla", NO HAY UNA SOLA CRUZ. Claro,si es una festichola con cachinyengue ¿como va a haber lugar para una Cruz? Eso sería desvirtuar la fiestita,la Cruz es cosa de amargados y eso no es buen marketing para la feligresía de jóvenes y no tanto que claman por una religión light. No mas, ya se donde iré el próximo viaje. Gracias por tan buenos artículos. La menduca

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