Jueves de la Ascención del Señor

En aquel tiempo estando sentados a la mesa los once discípulos, aparecióseles Jesús y les enrostró su incredulidad y dureza de corazón, por no haber creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará. Más el que no crea se condenará. (Mc. 16, 14)
Del evangelio de la misa del Jueves de la Ascención del Señor












Viri Galilaei
Viri Galilaei, quid admirabini aspicientes in celum? Alleluia: quemadmodum vidistis eum ascendentem in caelum, ita veniet, alleluia, alleluia, alleluia. Omnes gentes, plaudite manibus : iubilate Deo in voce exultationis.
(Ascencion del Señor, Introito de la Santa Misa)
Segun el Calendario Romano tradicional, 40 dias despues de la Resurreccion del Señor, se celebra esta Solemnidad (y no como fiesta fija, que contradice la Escritura). Hoy, despues de la recitacion del Credo, el sacerdote apaga el Cirio Pascual. Este no se vuelve a encender a excepcion de la Vigilia de Pentecostes, para la bendicion de la Fuente (este año, el Sabado 10 de Mayo).
Atte. Daniel
ignorante
en contradiccion con la Escritura? Cual? El Evangelio de Lucas, porque los otros 3 seguro que no. Ud. debe ser concordista.
Departamento de Quejas
Parece que su caso debe ser atendido por la Liturgia de la Iglesia Catolico Romana, cuya practica milenaria celebra esta Fiesta 40 dias despues de Pascua de Resurreccion, fiel a su principio de lex credendi, lex orandi...
Oh... espere un momento... lamento informarle que tal seccion hace como cuarenta años que no funciona...
Uy, mire, disculpe, me informan que ahora esta a a cargo de un grupo llamado "Protestante". Vaya nomas, alli le recibiran con los brazos abiertos!
A la orden,
Daniel
igual
no me contesto
que?
No veo necesidad de contestar nada, ni probar nada con la Escritura. Eso se lo dejo a los protestantes,que tienen que probar todo con la Biblia. Yo simplemente me refiero a la practica liturgica, que ha seguido los 40 dias.
Ademas Ud. me llamo ignorante, asi que no creo le interese mis ideas de ignorante, corrompido por los tradicionalistas...
Atte.
Daniel
no lo llamé ignorante sino
no lo llamé ignorante sino concordista.
la «sana laicidad»
ZS08043013 - 30-04-2008 Permalink: http://www.zenit.org/article-27150?l=spanish El Papa asegura que ha llevado la esperanza de Cristo al país de la «sana laicidad» Al hacer un balance de su viaje apostólico a los Estados Unidos CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 30 abril 2008 (ZENIT.org).- Al hacer este miércoles un balance de su visita a los Estados Unidos, del 15 al 21 de abril, Benedicto XVI aseguró que ha tratado de llevar la esperanza de Cristo a la tierra de la «sana laicidad». Como es costumbre, el Papa repasó los momentos más significativos de su primera peregrinación como Papa a tierras estadounidenses junto a los 40.000 peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano con motivo de la primera audiencia general celebrada a su regreso. Definió con estas palabras el objetivo que se marcó con su visita: «confirmar en la fe a los católicos, renovar e incrementar la fraternidad con todos los cristianos, y anunciar a todos el mensaje de "Cristo nuestra esperanza", como decía el lema del viaje». Evocando la festiva acogida que le ofreció el presidente de los Estados Unidos George W. Bush, en la Casa Blanca, en el día de su cumpleaños, el Papa explicó que pudo «rendir homenaje a ese gran país, que desde los inicios se ha edificado a partir de una feliz conjugación entre principios religiosos, éticos y políticos, y sigue siendo un válido ejemplo de sana laicidad». Este cimiento, explicó, permite que «la dimensión religiosa, en la diversidad de sus expresiones, no sólo sea tolerada, sino valorada como "alma" de la nación y garantía fundamental de los derechos y de los deberes del ser humano». En este contexto, reconoció, «la Iglesia puede desempeñar con libertad y compromiso su misión de evangelización y promoción humana y, al mismo tiempo, puede ser de estímulo para un país, como los Estados Unidos, al que todos dirigen su mirada como uno de los principales agentes del escenario internacional, para que se oriente hacia la solidaridad global, cada vez más necesaria y urgente, y hacia el ejercicio paciente del diálogo en las relaciones internacionales». Por lo que se refiere al mensaje que dejó a la Iglesia de ese país, constató que uno de los momentos más importantes fue su encuentro con la conferencia episcopal en el que pudo «apoyar a mis hermanos en el episcopado en su difícil tarea de sembrar el Evangelio en una sociedad marcada por muchas contradicciones, que amenazan la coherencia de los católicos y del mismo clero». «Les animé a elevar su voz sobre las cuestiones morales y sociales actuales y a formar a los fieles laicos para que sean buena "levadura" en la comunidad civil, a partir de la célula fundamental que es la familia», recordó. «En este sentido, les exhorté a volver a proponer el sacramento del Matrimonio como don y compromiso indisoluble entre un hombre y una mujer, ámbito natural de acogida y de educación de los hijos». «La Iglesia y la familia, junto a la escuela, especialmente la de inspiración cristiana, deben cooperar para ofrecer a los jóvenes una sólida educación moral, pero en esta tarea también tienen una gran responsabilidad los agentes de la comunicación y del entretenimiento». Y luego, «pensando en el doloroso caso de los abusos sexuales a menores cometidos por ministros ordenados», el Santo Padre aseguró que quiso «expresar a los obispos mi cercanía, animándoles en el compromiso de curar las heridas y de reforzar las relaciones con sus sacerdotes». Luego el obispo de Roma siguió repasando otros momentos que quedarán grabados en su memoria para siempre, haciendo especial hincapié en la emocionante visita al cráter de la Zona Cero, donde surgían las Torres Gemelas, y a la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. El Papa agradeció a Dios la posibilidad que le ofreció, en el sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, de recordar «su fundamento universal, es decir, la dignidad de la persona humana, creada por Dios a su imagen y semejanza para cooperar en el mundo en su gran designio de vida y de paz». «Al igual que la paz, el respeto de los derechos humanas se arraiga en la "justicia", es decir, en un orden ético válido para todos los tiempos y para todos los pueblos, que puede resumirse en la famosa máxima "No hagas a los demás lo que no querrías que te hicieran a ti mismo", o, expresada de manera positiva con las palabras de Jesús: "todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos"». El Papa concluyó recordando que esta visita ha celebrado los doscientos años de la primera arquidiócesis y de las primeras diócesis de los Estados Unidos. «El pequeño rebaño de los orígenes se ha desarrollado enormemente, enriqueciéndose con la fe y las tradiciones de sucesivas oleadas de inmigración. A esa Iglesia, que ahora afronta los desafíos del presente, he tenido la alegría de anunciar nuevamente a «Cristo nuestra esperanza» ayer, hoy y siempre», confesó. © Innovative Media, Inc.
BXVI y el "valor" de los Derechos del Hombre
Audiencia del miércoles Balance de Benedicto XVI de su viaje apostólico a los Estados Unidos CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 30 abril 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles en la que hizo un balance de su visita apostólica a los Estados Unidos del 15 al 21 de abril. * * * Queridos hermanos y hermanas: Si bien han pasado ya varios días desde mi regreso, deseo dedicar la catequesis de hoy, como de costumbre, al viaje apostólico que he realizado a la Organización de las Naciones Unidas y a los Estados Unidos de América del 15 al 21 de abril pasado. Ante todo renuevo mi más cordial reconocimiento a la Conferencia Episcopal estadounidense, así como al presidente Bush, por haberme invitado y por la cálida acogida que me han brindado. En el encuentro con el señor presidente, en su residencia, pude rendir homenaje a ese gran país, que desde los inicios se ha edificado a partir de una feliz conjugación entre principios religiosos, éticos y políticos, y sigue siendo un válido ejemplo de sana laicidad, donde la dimensión religiosa, en la diversidad de sus expresiones, no sólo es tolerada, sino valorada como "alma" de la nación y garantía fundamental de los derechos y de los deberes del ser humano. En este contexto, la Iglesia puede desempeñar con libertad y compromiso su misión de evangelización y promoción humana y, al mismo tiempo, puede ser de estímulo para un país, como los Estados Unidos, al que todos dirigen su mirada como uno de los principales agentes del escenario internacional, para que se oriente hacia la solidaridad global, cada vez más necesaria y urgente, y hacia el ejercicio paciente del diálogo en las relaciones internacionales. En la grande y festiva celebración eucarística en el Nationals Park Stadium de Washington invocamos al Espíritu Santo sobre toda la Iglesia que está en los Estados Unidos de América, para que firmemente arraigada en la fe transmitida por los padres, profundamente unida y renovada, afronte los desafíos presentes y futuros con valentía y esperanza, esa esperanza que «no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Romanos 5, 5). En un país con una vocación multicultural, como los Estados Unidos de América, han asumido especial importancia los encuentros con los representantes de las demás religiones: en Washington, en el Centro Cultural Juan Pablo II; con judíos, musulmanes, hindúes, budistas y jainistas; en Nueva York, la visita a la Sinagoga. Momentos, en especial este último, muy cordiales, que han confirmado el compromiso común por el diálogo y la promoción de la paz y de los valores espirituales y morales. En la que puede considerarse como la patria de la libertad religiosa, quise recordar que ésta siempre debe ser defendida con un esfuerzo conjunto, para evitar toda forma de discriminación y prejuicio. E hice hincapié en la gran responsabilidad de los representantes religiosos, tanto al enseñar el respeto y la no violencia, como al mantener vivas las preguntas más profundas de la conciencia humana. La celebración ecuménica, en la iglesia parroquial de san José, también se caracterizó por una gran cordialidad. Juntos pedimos al Señor que aumente en los cristianos la capacidad de dar razón, también con una unidad cada vez más grande, de su única esperanza (Cf. 1 Pedro 3,15), basada en la fe común en Jesucristo. El otro objetivo principal de mi viaje era la visita a la sede central de la ONU: la cuarta visita de un Papa, después de la de Pablo VI en 1965 y de las dos de Juan Pablo II en 1979 y en 1995. En la celebración del sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, la Providencia me ha permitido confirmar, en la más amplia y autorizada asamblea supranacional, el valor de esta Carta, recordando su fundamento universal, es decir, la dignidad de la persona humana, creada por Dios a su imagen y semejanza para cooperar en el mundo en su gran designio de vida y de paz. Sobre esta base, que constituye la contribución típica de la Santa Sede a la Organización de las Naciones Unidas, renové, y vuelvo a renovar hoy, el compromiso de la Iglesia católica por contribuir a reforzar las relaciones internacionales, caracterizadas por los principios de responsabilidad y de solidaridad. Esta esperanza, más fuerte que el pecado y la muerte, animó el momento henchido de emoción que pasé en silencio en el cráter de la Zona Cero, donde encendí una vela rezando por todas las víctimas de esa terrible tragedia. Por último, mi visita culminó con la celebración eucarística en el Yankee Stadium de Nueva York: llevo todavía en el corazón esa fiesta de fe y de fraternidad [Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
"el valor de esta Carta" Benedicto XVI
http://www.zenit.org/article-27148?l=spanish "El otro objetivo principal de mi viaje era la visita a la sede central de la ONU: la cuarta visita de un Papa, después de la de Pablo VI en 1965 y de las dos de Juan Pablo II en 1979 y en 1995. En la celebración del sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, la Providencia me ha permitido confirmar, en la más amplia y autorizada asamblea supranacional, el valor de esta Carta, recordando su fundamento universal, es decir, la dignidad de la persona humana, creada por Dios a su imagen y semejanza para cooperar en el mundo en su gran designio de vida y de paz. Al igual que la paz, el respeto de los derechos humanos se arraiga en la «justicia», es decir, en un orden ético válido para todos los tiempos y para todos los pueblos, que puede resumirse en la famosa máxima «No hagas a los demás lo que no querrías que te hicieran a ti mismo», o, expresada de manera positiva con las palabras de Jesús: «todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos» (Mateo 7,12). Sobre esta base, que constituye la contribución típica de la Santa Sede a la Organización de las Naciones Unidas, renové, y vuelvo a renovar hoy, el compromiso de la Iglesia católica por contribuir a reforzar las relaciones internacionales, caracterizadas por los principios de responsabilidad y de solidaridad." BENEDICTO XVI
Visita Extraordinaria y unos Recepcionistas Oficiales Dudosos
Sin dudas la presencia de Nuestro Papa en cualquier país es una visita extraordinaria. Claro está que fue recibido, tipo espectáculo, por el mismo George W.Bush. Muchas sonrisas, quizás algunos acuerdos en reuniones no públicas, tal vez el futuro de América Latina y particularmente de Cuba, o la Paz que nos debemos en el Medio Oriente. Creo recordar una última entrevista de Juan Pablo II con el mismo Presidente Bush hijo. No recuerdo ningún síntoma de alegría en aquel pontífice ese día. Tampoco del Presidente de EEUU. Me pregunto qué cambió, ojalá que haya sido un cambio para bien. La Gente puede cambiar, incluso los presidentes de naciones muy poderosas. No tengo derecho a dudarlo. Eduardo
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