¿Se puede criticar a los obispos?

A propósito de Panorama Católico Internacional Nº 31 - ¿Se puede criticar a los obispos?

Escribe Marcelo González

Con bastante frecuencia, Panorama Católico recibe, en la correspondencia que llega a su correo electrónico, opiniones sobre la crítica frontal que realiza a algunas actitudes u omisiones de los obispos católicos. Podemos clasificarlas en términos generales en dos grandes tendencias:

1) Ni Uds. ni nadie puede hacer críticas a los obispos, tan solo el Papa, como Pastor Supremo y Jefe de la Iglesia Universal, que está por encima de toda autoridad religiosa en la tierra.

2) Gracias por decir lo que tantos católicos pensamos y que no podemos expresar porque la prensa católica es absolutamente "oficialista" y jamás da lugar a ninguna queja contra los pastores. Uds. son los únicos que se animan... etc.

Sobre este punto y a propósito del estilo tan característico de nuestra revista, y en especial a raíz del número 31 y la famosa Newsletter con documentación que involucraba a Human Life International quisiéramos compartir con Uds. algunas reflexiones.

Respeto a toda autoridad

Frente a una autoridad, de cualquier orden, civil, militar o eclesiástica, el subordinado tiene la obligación de mantener una actitud de respeto y sumisión. Esto a causa de la investidura de esa autoridad en primer lugar. Luego, por accidente, del respeto que el investido merezca como persona individual.

Pongamos un ejemplo: el Presidente una nación merece respeto por ser el representante de la máxima autoridad civil, que, lo sabemos por las Sagradas Escrituras, ha recibido de Dios. Además (con poca frecuencia, lamentablemente), puede también ser una persona honesta, noble, justa, inteligente, generosa, ecuánime... y por ello merecer respeto como persona individual, el que sería justo tributarle antes de ser Presidente y después también, cuando deje de serlo, en tanto persevere en sus virtudes.

Respeto a la autoridad eclesiástica

 

En el caso de la autoridad eclesiástica, los principios no varían. Varía sí el carácter eminente de la autoridad espiritual, puesto que, aunque guardando su específica jurisdicción, está por encima de la autoridad civil. Más ambas provienen de Dios. De allí que en los tiempos cristianos, el emperador se inclinaba a besar la mano del obispo y luego el obispo se inclinaba y besaba la mano del emperador.

Hoy en día nadie se escandaliza de que se critique ferozmente a la autoridad civil, ni siquiera los que no admitirían jamás ni la menor observación a la autoridad eclesiástica. ¿Es que acaso, de un modo distinto y con una clara preeminencia de una sobre otra, dado el carácter eterno que imprime el sacerdocio y su plenitud, el episcopado, en el alma de quien lo recibe, acaso no se debe a ambas autoridades el mismo tratamiento de respeto? San Pablo y San Pedro abundan en sus escritos epistolares sobre el deber de respeto y sumisión a las autoridades, ¡paganas! de su época y de todas las épocas.

Resistir la autoridad que manda hacer el mal

Lo que nunca podría hacerse sería cumplir con un mandato inicuo de una autoridad civil... Ni tampoco religiosa. De allí que los cristianos de los primeros tiempos (y de todos los tiempos) muriesen mártires antes que idolatrar. O apostataran, lamentablemente si el temor o la conveniencia se anteponía a la fe. La humana debilidad nunca ha dejado de estar presente, ni aún cuando sobreabundaban los dones del Espíritu Santo.

Incluso algunos obispos apostataban. ¿No han sido los grandes heresiarcas de la historia, principalmente obispos? Deberían haber quedado mudos los cristianos frente a las doctrinas de Arrio porque era obispo? Y cuando San Atanasio lo censuraba públicamente e instaba a sus fieles a combatirlo, ¿no era acaso también obispo?

Reconvenir a la autoridad que no cumple con su deber

Pero Uds. son laicos, no tienen derecho, ni investidura, ni autoridad para recriminarle nada a un obispo... oímos que a veces se nos reprocha. Podríamos argumentar ad hominem diciendo que la mayoría de los obispos hoy en día declara estar abierta a las críticas de sus comunidades eclesiales.. siempre y cuando estas sean de origen "progre". Son especialmente bien vistas las de aquellos que no pertenecen a la Iglesia. Está de moda bajar la cabeza ante los reproches de los extraños al Cuerpo Místico de Cristo. Y luego apalear a los propios cuando estos le recuerdan que hay una sola, única y eterna fidelidad y esta es a la persona de Cristo, nuestro Dios y Redentor y a las mociones de su Gracia y a su Doctrina, en constante vigilancia bajo el Magisterio irreformable de la Iglesia, tutelado por los Papas. Si los que no somos extraños ni "progres" decimos: Excelencia, (los otros pueden decirle de cualquier modo, todo está bien) lo que Ud. dice no es lo que dice la Iglesia... como Caifás se rasgan la túnica. ¡¿Qué necesidad de juzgarlo, ha blasfemado?! Pero los otros pueden decir lo que quieran en aras del diálogo con el mundo.

Incluso algunos obispos apostataban. ¿No han sido los grandes heresiarcas de la historia, principalmente obispos? Deberían haber quedado mudos los cristianos frente a las doctrinas de Arrio porque era obispo? Y cuando San Atanasio lo censuraba públicamente e instaba a sus fieles a combatirlo, ¿no era acaso también obispo?

Reconvenir a la autoridad que no cumple con su deber

Pero Uds. son laicos, no tienen derecho, ni investidura, ni autoridad para recriminarle nada a un obispo... oímos que a veces se nos reprocha. Podríamos argumentar ad hominem diciendo que la mayoría de los obispos hoy en día declara estar abierta a las críticas de sus comunidades eclesiales.. siempre y cuando estas sean de origen "progre". Son especialmente bien vistas las de aquellos que no pertenecen a la Iglesia. Está de moda bajar la cabeza ante los reproches de los extraños al Cuerpo Místico de Cristo. Y luego apalear a los propios cuando estos le recuerdan que hay una sola, única y eterna fidelidad y esta es a la persona de Cristo, nuestro Dios y Redentor y a las mociones de su Gracia y a su Doctrina, en constante vigilancia bajo el Magisterio irreformable de la Iglesia, tutelado por los Papas. Si los que no somos extraños ni "progres"" decimos: Excelencia, (los otros pueden decirle de cualquier modo, todo está bien) lo que Ud. dice no es lo que dice la Iglesia... como Caifás se rasgan la túnica. ¡¿Qué necesidad de juzgarlo, ha blasfemado?! Pero los otros pueden decir lo que quieran en aras del diálogo con el mundo.

¿Cubrir al padre que se desnuda...? Ímproba tarea

 

Tantas veces hemos oído esta otra recomendación en referencia al Antiguo Testamento. Noé se emborracha y se desnuda... Sus hijos piadosos lo cubren. Es una imagen tierna.

Pero, ¿que pueden hacer los hijos de Noé si a Noé le da por el nudismo? La analogía cae por sí misma cuando deja de ser un episodio y se convierte en una costumbre: Noé tuvo una debilidad y sus hijos lo cubrieron, cumpliendo con el piadoso deber de protegerlo y evitar el escándalo, en la medida de sus posibilidades. Pero ¿qué hubieran hecho los piadosos hijos de Noé si ese mal episodio se hubiese convertido en su conducta habitual y luego, encima, Noé se hubiese puesto a escribir una doctrina en favor de la exhibición de las partes pudendas?

Podemos correr de aquí para allá con el manto. Pero hay demasiados Noés desnudos como para pretender cubrirlos a todos. Dios sabe cuantos mantos de silencio se tienden piadosamente desde estas páginas sobre los padres que se desnudan en público. Cuando decimos algo duro, es porque creemos que el hábito de andar en cueros pasa del límite de lo tolerable.

Lamentablemente, para algunos católicos esa tolerancia no tiene límite alguno. Después lamentan, por ejemplo, los horrorosos escándalos sexuales del clero norteamericano. ¿No habrá faltado alguien que con oportunidad o sin ella gritara a tiempo para que las cosas no llegaran al vergonzante estado actual? ¿En qué queda la famosa doctrina del silencio para evitar el escándalo cuando es ese mismo silencio el que potencia el escándalo al infinito? Ahora, incluso, por encima de la verdad, ya que el enemigo de la Iglesia vela constantemente para hacerle daño y exagera y miente sobre la base de hechos verdaderos.

No es deber de los laicos...

Uds. no tienen esa misión. Eso corresponde a la Jerarquía. Como laicos no les compete... Bien, veamos que dice un laico que se creía con competencia en el tema:

"Vuelve Cristo por tercera vez adonde están sus Apóstoles, y allí los encuentra sepultados en el sueño, a pesar del mandato que les había dado de vigilar y rezar ante el peligro que se cernía. Al mismo tiempo, Judas, el traidor, se mantenía bien despierto, y tan concentrado en traicionar a su Señor que ni siquiera la idea de dormirse se le pasó por la cabeza. ¿No es este contraste entre el traidor y los Apóstoles como una imagen especular, y no menos clara que triste y terrible, de lo que ha ocurrido a través de los siglos, desde aquellos tiempos hasta nuestros días? ¿Por qué no contemplan los obispos, en esta escena, su propia somnolencia? Han sucedido a los Apóstoles en el cargo, ¡ojalá reprodujeran sus virtudes con la misma gana y deseo con que abrazan su autoridad! ¡Ojalá les imitaran en lo otro con la fidelidad con que imitan su somnolencia¡ (...)

Aunque esta comparación con los Apóstoles dormidos se aplica muy acertadamente a aquellos obispos que se duermen mientras la fe y la moral están en peligro, no conviene, sin embargo, a todos los prelados ni en todos los aspectos.

Desgraciadamente, algunos de ellos (muchos más de los que uno podría sospechar) no se duermen "a causa de la tristeza", como era el caso con los Apóstoles. No. Están, más bien, amodorrados y aletargados en perniciosos afectos, y ebrios con el mosto del demonio, del mundo y de la carne, duermen como cerdos revolcándose en el lodo. (...)

Otra clase de tristeza, peor si cabe, es la de aquellos que no están deprimidos por la tristeza ante los peligros que otros corren, sino por los males que ellos mismos pueden recibir… temor tanto más perverso cuanto su causa es más despreciable, es decir, cuando no es ya cuestión de vida o muerte, sino de dinero. Cristo mandó tener por nada la pérdida de nuestro cuerpo por su causa. "No temáis a quienes matan el cuerpo, y no pueden hacer más. Yo os mostraré a quién debéis temer: Temed al que después de quitar la vida, puede mandar también el alma al infierno. A ése, os repito, habéis de temer". Para todos, sin excepción, dijo estas palabras, caso de que hayan sido encarcelados y no haya escapatoria posible. Pero añade algo más para aquellos que llevan el peso y la responsabilidad episcopal: no permite que se preocupen sólo de sus propias almas, ni tampoco que se contenten refugiándose en el silencio, hasta que sean arrastrados y forzados a escoger entre una abierta profesión de fe o una engañosa simulación. No. Quiso que dieran la cara si ven que la grey a ellos confiada está en peligro, y que lo hicieran frente al peligro con su propio riesgo, por el bien de su rebaño...

No, estimados amigos, no son estas duras palabras el producto de la pluma de Panorama Católico Internacional. Son las de un laico que estaba a punto de ser ejecutado por su fidelidad a la Iglesia cuando casi todos, casi todos los obispos de su patria defeccionaban y se volvían cismáticos. En la celda contigua a la suya esperaba la muerte el único obispo que no traicionó: San Juan Fisher. En ésta, reflexionaba escribiendo penosamente con un carboncillo, casi en penumbras, para dejar su testimonio a la Iglesia universal, Santo Tomás Moro.

Y este no es un argumento ad hominem. Es el argumento irrefutable del Santo Patrono de los Políticos Católicos, del laico más grande de su tiempo, del mártir más insigne de la Europa renacentista.