Octubre – Fátima – Benedicto XVI
Se dice
también que tiene entre manos algo referido al Tercer Secreto de Fátima…
en lo cual estaría trabajando un grupo de
“fatimólogos”. ¿Se podría determinar, finalmente, que la consagración
no se ha hecho según el pedido de la Virgen?
¿Se estará estudiando la posibilidad de proclamar el dogma de la mediación
universal o corredención de María”. Por ahí anda la cosa. (Editorial
de Panorama).
Por ahí anda la cosa
Con frecuencia se acusa a quienes escribimos en esta web el ser “eclesiásticamente cincuentistas”. Para decirlo de un modo más nítido: pretender un retroceso cronológico de la vida eclesiástica a lo que era en la década de los años ’50.
No nos conocen.
No se trata de conservadurismo ni nostalgia de una época que ni siquiera vivimos. Creemos que la Iglesia de los ’50 estaba profundamente trabajada por la masonería, el neomodernismo (nouvelle theologie), las desviaciones en germen y no tan en germen, peligrosísimas, del movimiento litúrgico y sobre todo un horroroso fariseísmo.
De hecho, cuando los ingenuos conciliaristas (hoy en día ya no hay derecho a serlo) nos expresan sus ilusiones sobre una “renovación” espiritual, un modo más adecuado a los tiempos de responder a los desafíos del mundo moderno contra la Fe (hablamos de apologética aplicada a un mundo que no entiende razones sino apenas emociones y con frecuencia no más que pulsiones)... pues no podemos más que estar de acuerdo con el propósito. Y curiosamente, ese renuevo espiritual y apologético ha crecido finalmente en el “tradicionalismo”.
Terror al concilio
Pío XII, papa extraordinario, previó que el mundo caminaba inexorablemente hacia su ruina, tal vez porque ya veía la ruina inevitable de la Iglesia. Así lo expresó en sus últimos discursos. Vio que no podía confiar en su entorno eclesiástico, minado de ilusos y desertores. El poder pontificio ya estaba socavado, sostenido apenas sobre su enorme prestigio personal.
De hecho fue él quien inauguró el contacto directo con la gente a través de sus frecuentísimos discursos y apariciones por los medios modernos de comunicación como estrategia pastoral. En cierta manera “se salteó” a la jerarquía, confiando en que la palabra del Pastor Supremo llegaría a los corazones simples del clero sencillo y los fieles. No pudo descabezar la hidra modernista, solo mantenerla a raya, creando involuntariamente una sensación centralizadora y opresiva en su entorno que ayudo a no pocos a justificar el desvarío posterior de quienes bajo su autoridad se mantenían en el redil.
La sola idea de reunir un concilio lo espantaba. Sabía que sería inmanejable, como ya lo eran, en cierto modo, las conferencias episcopales. Solo que por aquellos tiempos no derrapaban tan groseramente en temas doctrinales y litúrgicos, aunque si en muchos otros.
Benedicto y su recurso a los fieles
El papa actual en cierto modo ha adoptado la misma estrategia: dirigirse a la gente, salteándose la cadena de mando de la jerarquía, que le responde mal o no le responde. Igual que Pío XII, no confía en la mayor parte de sus colaboradores. Igual que él, en otro contexto doctrinal y moral muy deteriorado respecto a su predecesor, casi pulverizado, Benedicto vuelve a hablar de “temas católicos” con esperanzadora frecuencia. Su recurso persuasivo se sostiene exclusivamente en su autoridad intelectual y su bonhomía. Es un papa querido, popular, pese a los medios de comunicación.
¿Qué pasará en la era post-benedicto? Su obra de restauración, hasta donde llegue, ¿se caerá como un castillo de naipes así como la resistencia heroica de Pío XII fue barrida en pocos años?
Pío XII no se atrevió, Benedicto ¿se atreverá?
Es casi una certeza absoluta que Pío XII no conoció el Tercer Secreto de Fátima. No quiso abrirlo hasta 1960, pero murió dos años antes. Lo tenía sobre su escritorio de trabajo, en una urna. Sabía que allí había algo del cielo. El tenía la potestad de conocerlo y darlo a conocer antes de 1960. Lo mismo que el obispo de Fátima-Leiría, que tampoco se atrevió a leerlo. Extraordinario misterio.
Benedicto lo conoce, y ha anticipado su contenido: tiene que ver con la Fe, la apostasía, está en las escrituras. La versión del atentado le da vergüenza ajena. ¿Se atreverá a ponerlo en su contexto, y eventualmente, completar su revelación?
El escándalo Bertone – Socci
El Cardenal Secretario de Estado y mano derecha (nominal) del Papa se trenza en una polémica con un periodista sobre si la tercera parte del secreto fue revelada completamente. Es un peso pesado contra un superpluma. Bertone tiene todo a su alcance, Socci sus trabajosas investigaciones. Sin embargo, Bertone lo descalifica, pero no lo refuta. Algo viene oliendo mal desde los días en que se dio la “interpretación oficial” de la visión de Lucía como la anticipación del atentado contra Juan Pablo II.
Nadie que conozca el estilo, la lógica interna, y el cumplimiento riguroso de exactísimas profecías precedentes podría aceptar que esa visión deba aplicarse al hecho referido. Es risible. También es al menos muy extraño el engarce textual de la parte ahora conocida del llamado tercer secreto y el “etc...” con que Lucía interrumpe la segunda parte. Y luego la parte final, ya conocida, del tercer secreto. Falta algo. Es lo que dice Socci y por eso lo tratan de mentiroso, obsesivo y hasta lo corren con la policía privada del Cardenal.
El crecimiento del tema, incluso a costillas de las refutaciones torpes de Bertone (que inexplicablemente desciende al terreno de la polémica cuando lo que correspondería sería una mayestática indiferencia... o una lápida de pruebas), todo hace pensar que el tema puja por salir a la luz, y que al Papa no le disgustaría hacer un par de precisiones sobre algo que le ha dejado un regusto amargo.
El escandalete de la expulsión a empujones de Socci y su compañero de investigaciones, Solideo Paolini, de una presentación – cocktail del Card. Bertone muestra que a cierto grupo de la curia el tema Fátima sigue incomodándolo irremediablemente.
Si el papa mueve una ficha en favor del “revisionismo”, veremos milagros. Así, pues, con la ayuda del cielo, su obra se sostendrá. Y será dado al mundo y a la Iglesia, un tiempo de paz...












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