La Deriva Totalitaria de la Democracia Liberal (II)

La cultura consumista ofertada acaba por aniquilarse en su propio vacío, pero mientras tanto esas corrientes culturales subversivas, que mayormente crean, sostienen y difunden una cultura de masas que soslaya reiteradamente los aspectos morales y espirituales de la vida humana, utilizan la propia cultura para desintegrar la cultura de los maiores y como arma contra la educación y la familia1. En la línea de la penetración constructivista del gramscismo cultural su finalidad pasa por la sistemática destrucción del orden objetivo del ser ocultando la dignidad espiritual del ser humano y su transmutación en una sociedad mecanicista y maquinal.

Escribe José Martín Brocos Fernández
Prof. Univ. San Pablo-CEU. España

5. La destrucción programada de las bases de la sociedad. La batalla decisiva.

Los ataques son a los pilares de la sociedad, de la persona y de la convivencia social: al matrimonio, a la familia, a la sexualidad, a la cultura, a la religión y a la patria.

5.1. Ataque al Matrimonio.

El matrimonio, unión indisoluble hasta la muerte de un hombre y una mujer, aceptando como un don los hijos que Dios mande, es la fórmula insustituible para la familia, célula básica de nuestra sociedad, que hay que proteger para que se salvaguarde nuestra civilización, y que no puede ser alterada ni cambiada sin poner en serio peligro todo el entramado social y moral de la nación.

La buena salud del matrimonio es determinante para el bien común de los pueblos. A nivel global, aunque a diferentes velocidades, constatamos una disolución conceptual, la primigenia se produce con la ley del divorcio, llevándose a su paroxismo con el divorcio express que conduce a la banalización de la institución del matrimonio, para proseguir su disolución a base de definiciones y artificios legales, como el abuso de derecho y referido al cambio de régimen jurídico, de la institución de derecho natural que es el matrimonio2. Al recoger en un concepto varias realidades legales heterogéneas, lo desvirtuamos falsificándolo legalmente, lo desvalorizamos, lo convertimos en etéreo y subjetivo, y corrompemos la propia institución del matrimonio.

Coadyuvante a esta desnaturalización del matrimonio tenemos la implementación transversal de la ideología de género, sustentada y propagada desde agencias de la ONU.

5.2. Ataque a la familia.

La unidad de la familia es libre, voluntaria y la raíz de toda organización social, económica, cultural o política, desde el comienzo de la historia. La recta familia, fundada por hombre y mujer en el ámbito del matrimonio y con vocación de permanencia y procreación, es igualmente el parapeto de la persona frente a la violencia social y el lugar natural donde los hijos pueden alcanzar su plena madurez humana y espiritual.

El ataque a tumba abierta contra la familia responde a una oscura estrategia externa programada desde poderosas instancias multilaterales de cuño masónico en abyecto servilismo al mundialismo, y cuyos objetivos son coincidentes en la eliminación de la persona y la deconstrucción de la familia, que en la práctica supone su aniquilación al desvirtuar su misión, función y fines, y que pasa: a nivel jurídico, por su paulatina desnaturalización y disgregación mediante la subversiva legislación moral en el campo de la familia implantando el divorcio, suplantando el favor iuris por la neutralidad sofística3, igualando en injusta extensión de derechos la familia a las más variopintas coyundas, subvirtiendo el principio de subsidiaridad, penando social e impositivamente las familias numerosas, y legislando permisivamente el asesinato intrauterino4; a nivel económico, por la comprensión del hombre y de la familia como instancias esencialmente económicas que hay que conquistar, de ahí la cosificación capitalista-utilitarista del hombre, homo faber, hecho para producir, o homo consumiens, para poseer y consumir bienes materiales, mercantilizando incluso el propio cuerpo humano, v.gr. con la pura eugenesia prenatal; a nivel ético, la crisis viene por la prevalencia del materialismo, la obsesión por el dinero, que hace que se valore más el tener que la persona, y tiene como resultado el vacío e insatisfacción que produce concebir la felicidad como posesión y comodidad, el frenesí de la productividad que absorbe la vida y en realidad convierte los hogares en pensiones, y los consiguientes desequilibrios afectivos entre los propios esposos y en los hijos, que sufren la incomunicación y la marginación; a nivel cultural, la hegemonía del relativismo ético que impregna la cultura actual, que tiene efecto boomerang tanto en la permisividad educativa de los padres como en la mentalidad hedonista, la ausencia de espíritu de sacrificio y la incapacidad para adquirir y mantener compromisos; a nivel educativo, por la deseducación continua y despersonalizadora transmitida a través de planes de estudio obligatorios transidos, en clara violación de la patria potestad, de adoctrinamiento ideológico y aborregamiento colectivo por su anclaje en el absolutismo laicista y en el naturalismo pedagógico, y por los medios de comunicación, por medio de los que se insta a los jóvenes a rebelarse contra la institución familiar, lo que socava el propio hogar familiar.

  • ¿Ustedes creen, por ejemplo, que las series de televisión son producto de la casualidad? Muy al contrario. Están perfectamente diseñadas para hacer del personal almas vacías, sin criterio, eternos adolescentes consentidos. Eso si, todo con buen humor. Los mensajes que se transmiten van socavando nuestra dignidad, en pro de una manipulación despreciable. La familia se tiene como una inquisición. Y como me decía un buen amigo, ¿ustedes han visto alguna vez que en dichas series los chavales estudien? Ni los verán. Todo queda en francachelas sexuales de todo tipo y condición.5

El fruto de estas políticas conspiradoras, en definitiva el objetivo conquerido, no es otro que la crisis antropológica de la naturaleza de la persona desarraigada de su religación metafísica, la destrucción de la familia y su instrumentalización dentro una sociedad narcotizada racionalista tutelada por la velada dialéctica del egoísmo ególatra y la atomización.

5.3. Ataque a la sexualidad.

Banalización de la sexualidad con agresivas políticas de “educación sexual” y “salud reproductiva”, traducido en román paladino como “sexo sin compromiso”; campañas que degradan y cosifican la persona humana, desvaloran su dignidad, incrementan en realidad el número de enfermedades de transmisión sexual, facilitan el acceso a anticonceptivos, la mayoría abortivos, y encierran el holocausto del aborto, quirúrgico y químico.

El maridaje de la iniciación sexual precoz y promiscua con la mentalidad anticonceptiva disfrazada de derecho humano embrutece a la sociedad reduciendo la vida sexual a un placer egoísta socialmente autodestructivo, e impidiendo a la persona crecer y madurar en el auténtico amor.

Por la mentada ideología de género, el sexo desligado de su dimensión personal unitaria pasa a convertirse en un producto cultural siendo “una realidad biológica indiferente y género una construcción social”6.

Contribuye a la degradación de la sexualidad la difusión de un modelo de vida muy individualista y pragmático en la que el amor prácticamente reducido a la genitalidad se concibe como un negocio comerciándose con los afectos. Favorece potencialmente la reducción del sentido de la sexualidad la epidemia de erotismo inserta en la subcultura dominante que todo lo invade y difundida por doquier por los grandes conglomerados mediáticos.

La sexualidad debe integrarse en el cuerpo que tiene una forma esponsal, precisamente para ser dado, para vivir la vocación primordial de la persona al amor.

5.4. Ataque a la Cultura.

La cultura, entendida genéricamente por tal las letras y las ciencias, las artes y la información, constituye expresión de un modo de acercamiento a Dios, al universo y a la propia realidad del hombre mismo, y a la vez el termómetro de la vida de un pueblo, de modo que la degradación cultural camina concomitante con la decadencia moral7, y a la inversa, alcanzando la riada subversiva a la metamorfosis del orden socio-político-económico.

La misma obra de arte no es en absoluto aséptica, tiene un trasfondo, referencia, base y asiento en la cultura dominante. Eso significa que “toda realización artística tiene, en forma implícita o explícita, una concepción filosófica o antifilosófica, religiosa o antirreligiosa, o combinaciones de ambos extremos”8.

La dictadura cultural existente tiene diversas caras, pero hay algunos denominadores comunes conexos: la masificación de la vulgaridad, la creación de una nueva cultura intramundana condicionante de la política9, la decadencia de los lenguajes artísticos que naufragan en la ininteligibilidad de la subjetividad de lo privado y muchas veces con pretensiones de gnosis iniciática, y la soberbia pretensión de forjar una cosmogonía. Esta cultura desligada del cultivo de la interioridad apaga la vida interior de la persona, de forma que sutilmente limita su libertad por su desvinculación con la verdad, y siempre masificándola por someter a la razón a la preeminencia de los instintos inferiores.

Nos encontramos insertos en una tendencia a la globalización cultural, imponiendo el imperio de la homogeneización cultural y de la uniformidad identitaria conducente al mismo estilo de vida y al mismo modo de pensar, diluyendo las identidades nacionales e insertando a la persona en artificiales y voluntariosas superestructuras político-económicas globales, siempre funcional a la estrategia gramsciana y satélite de la aldea global, con la persona desarraigada y desprovista de un sentido de la vida trascendente que responda al hombre completo, no unidimensional.

La cultura consumista ofertada acaba por aniquilarse en su propio vacío, pero mientras tanto esas corrientes culturales subversivas, que mayormente crean, sostienen y difunden una cultura de masas que soslaya reiteradamente los aspectos morales y espirituales de la vida humana, utilizan la propia cultura para desintegrar la cultura de los maiores y como arma contra la educación y la familia10. En la línea de la penetración constructivista del gramscismo cultural su finalidad pasa por la sistemática destrucción del orden objetivo del ser ocultando la dignidad espiritual del ser humano y su transmutación en una sociedad mecanicista y maquinal.

Si analizamos el arte, como paradigma de la cultura, vemos que los modelos pasados ligados a normas y a referencias sólidas para el horizonte del arte quedan arrumbados. Para el hombre postmoderno nada hay perenne en el mundo ni nuclear en el arte. Comprendemos entonces que el arte no es un compartimiento estanco que pueda analizarse separadamente de la historia, y que la evolución del arte como modo de interacción del hombre con lo circundante discurre paralelo a la evolución existencial del individuo. Así explicamos que “hasta el advenimiento de la edad moderna, el arte y los artistas siempre estuvieron imbuidos de una misión cuasi religiosa a la vez que moral y social, y el arte vivía en armonía con el orden espiritual y social”11. La modernidad trajo la crisis del hombre y el arte, privado de toda función salvo la estética, ya “no surge de la virtud moral; no se pretende que salve almas”12. Ahora el yo, en la soledad de un radical individualismo, es concebido como principio y como fin, pasando también a transmutarse el arte por el desmoronamiento de la realidad común como relación individual, y primero con el yo, de ahí que “la mística del arte moderno ha consistido siempre en que (…) no es un arte comprensible, salvo para una pequeña élite”13. Un yo deshumanizado aprisionado en los límites del humanismo inmanentista se muestra confundido e incapaz de traspasar la barrera en que se halla sumido el arte moderno olvidándose “de algo importantísimo dentro de la función artística de todos los tiempos: salvar al hombre por elevación14. En el ideologizado arte actual el individuo carente de imperativos morales objetivos, carece igualmente de esa visión de participación en una realidad trascendente y de con-creación redentora por los acaecimientos meramente humanos, el arte por ejemplo. Es el propio individuo en su finitud arrogante el que busca fervientemente la autodeificación, de ahí el constante abrazo de las vanguardias artísticas –v.gr. Modrian, Kandinsky o Malevich, o Julio Cortázar en literatura- a la gnosis, fundamentalmente teosófica, enclavada en Madame Blavatsky y en la filosofía ocultista de Ouspenski, en un intento de alcanzar por desvelamiento perfectivo en el yo la tradición primordial. El arte vanguardista es reflejo de su propia ruptura interior, de la índole solipsista que lo caracteriza y de la desazón vital, pareciendo que fuera arrastrado en una permanente revolución cósmica “cada vez más deprisa, a su pesar, hacia ese punto de ruptura como hacia una catarata sin fondo”15.

Además de propugnar las delicuescentes vanguardias, -desde la carencia “de teorías consistentes sobre el conocimiento, o sobre la semántica, o sobre las condiciones que hacen viable la comunicación por medio de la palabra”16-, la “muerte de su pasado, así como la toma de consciencia del papel decisivo del arte en el advenimiento de una nueva sociedad, de una nueva civilización”17, pretende dentro del absurdo que la caracteriza y en su radical individualismo, que juntamente con “el antitradicionalismo son una misma fuerza psicológica”18, la multiplicidad para la conciencia19 penetrada de un querer divinizarse inmortalizándose, dando entrada así tanto al degenerado narcisismo estético representado por la performance, como al voluntarismo nihilista de el arte por el arte con objetivo revolucionario, transgresor y transido de escepticismo. Pero el arte es siempre reflejo del amor humano, y el amor se encuentra relacionado estrechamente con el bien y la Verdad.

5.5. Ataque a la religión.

Tras la progresiva exaltación antropocéntrica caracterizada en el ámbito religioso tanto por la reivindicación de una radical libertad autonomía sin asumir la existencia de un orden de heteronomía y en connivencia con la soberbia intelectual del estrecho cientificismo y del feroz individualismo racionalista, como por el nomadismo y la subjetividad espiritual, y siempre presentando

  • la religión de modo aceptable para el hombre moderno, [que] parece equivaler en la práctica a prescindir poco a poco de Dios, sustituyéndole por el hombre, hasta llegar a afirmar, como de hecho algunos hacen, que `la esencia de la religión es el servicio del hombre´”;20

entramos en una nueva era religiosa donde manteniéndose el primado de la subjetividad nos retrotraemos a una era paleolítica de divinización del cosmos entrelazada con el deseo y búsqueda de dominio y posesión del mundo y de las fuerzas de la naturaleza. Una religión neopagana civil y uniformizada, tiránica y totalizadora, sin dogma y sin moral, impuesta desde una tecnocracia global dirigida por los organismos multilaterales de la ONU. Esta nueva espiritualidad cósmica y arcaica21 con arquetipo en la filosofía panteísta de la Carta de la Tierra y la filantropía universal, vinculada directamente con el New Age, es más sinuosa, peligrosa y siniestra que las tres ideologías triunfantes en nuestra postmodernidad nihilista, el ateísmo marxista en el campo del pensamiento, el relativismo ético-cultural y el consumismo capitalista en lo económico, por cuanto disuelve plenamente el orden natural y destruye el orden objetivo del ser.

El presente laicismo integral de impronta y cuño masónico concuerda en fines con la Nueva Era, además de contribuir a su implantación, por cuanto en la práctica propugna un hombre autosuficiente y poderoso, olvidándose de que es criatura radicalmente dependiente de Dios.

5.6. Ataque a la Patria.

La desintegración física, moral y espiritual de las Patrias es algo perfectamente planificado, estudiado al detalle y ejecutado con maestría. Sus fautores no actúan inocentemente, tienen la perfidia como norma de conducta.

Todos los ataques anteriores se encuentran entreverados y convergen en el ataque a la Patria y a la Religión. Tanto la unidad del matrimonio como la familia sólidamente constituida son expresión, y se encuentran en proporción directa, de la fortaleza y pujanza estatal. Y sensu contrario, la degradación personal va pareja a la degradación familiar y ésta en correlación al aumento de insania social, pues la unidad y armonía familiar, además de ser la escuela adecuada de desarrollo de virtudes naturales y sobrenaturales, y de su necesario efecto cauterizador, tiene resonancias saludables en los planos personal, familiar y social. La Fe Católica no sólo es expresión y reflejo del ser y sentir nacional, sino esencialmente configuradora de la esencia, misión y destino de España y la Hispanidad, que perpetúa la Cristiandad política, con respecto al mundo y que pasa por la defensa, conservación y propagación de la Fe Católica.

  • De ahí que la defensa de la Fe Católica y la restauración de la Patria en Cristo sea la forma más pura y plena de servir a la Patria. La impiedad masónica, por el contrario, es causa de indiferencia, desprecio y deslealtad a la Patria.22

La destrucción de la memoria es nuclear en esta guerra abierta contra la esencia de los pueblos. Blanco de este ataque son los principios genesíacos civilizadores en exigencia permanente en la verdadera expansión imperial de un orden de valores superiores, las gestas heroicas, y la desvinculación moral y espiritual de toda realización política; en definitiva, la tradición cristiana como la savia nutricia que ha configurado mayormente a lo largo de los siglos el ser nacional de España, de parte de Europa, y de Hispanoamérica.

La instauración del Gobierno Mundial sigue un plan perfectamente elaborado cuyas etapas son: paulatina desintegración de las naciones sustituidas por una superestructura jurídico-política netamente administrativa y ajena a ideales trascendentes configuradores y vertebradores de una misión y un destino capaz de elevar almas, y levantar personas aunando esfuerzos comunes en pro de su consecución; lenta pero progresiva desaparición de los ejércitos nacionales, por castración de las virtudes castrenses, de los valores patrios, por reducción drástica de capacidad operativa, y por su inserción en un supraejército mundial al servicio de intereses globalistas; debilitación extrema, de facto eliminación de la vida social, del cristianismo por constante inoculación del liberalismo descristianizando las naciones y orillando o pervirtiendo en todo momento a nivel religioso y educativo las ideas básicas de Dios, Patria y Justicia; y finalmente cesión de todos los poderes soberanos de las naciones a los grandes organismos supranacionales: ONU, FMI, UNESCO, UE … para dar el salto al Gobierno Único Mundial.

Del olvido que llevamos sobre nuestros hombros el fideicomiso de los santos, mártires y héroes que murieron por Dios y por la Patria en causa justa, de la deliberada omisión de la Tradición, la Fe y la memoria edificante del combate de los mejores, de la pérdida de los valores cristianos, surge la hecatombe, la destrucción del matrimonio, de la familia y de toda la sociedad con el divorcio, el aborto, las leyes contra-natura y la perversión cultural y educativa que conduce a la anomia social, la atonía civil, al crecimiento de los factores de insolidaridad en el orden social23 y al general agostamiento de la caridad.

6. La universalización de la democracia liberal como preludio del Anticristo.

Lo sostiene nada menos que Castellani, Doctor Sacro Universal, cun licentia ubique docendi, que escribe que la democracia liberal es una herejía que posiblemente preludie el anticristo.

  • El democratismo liberal, en el cual somos nacidos, uno puede considerarlo como una herejía, pero también por suerte como un carnaval o payasada: con eso uno se libra de llorar demasiado, aunque tampoco le es lícito reír mucho. Ahora está entre nosotros en su desarrollo último, y una especie de gozo maligno es la tentación del pensador, que ve cumplirse todas sus predicciones, y desenvolverse por orden casi automático todos los preanuncios de los profetas y sabios antiguos que, empezando por Aristóteles, lo vieron venir y lo miraron acabar … como está acabando entre nosotros. De suyo debería morir, si la humanidad debe seguir viviendo; pero no se excluye la posibilidad que siga existiendo y aun se refuerce nefastamente, si es que la humanidad debiera morir pronto, conforme el dogma cristiano. Más eso no será sino respaldado por una religión, sacado a la luz el fermento religioso que encierra en sí, y que lo hace estrictamente una herejía cristiana: la última herejía quizás, preñada del Anticristo.24

El férreo ensamblaje del liberalismo partitocrático con la masonería y su ligazón con el Anticristo aparece también en textos magisteriales de primer orden.

  • Todo argentino, pero principalmente la juventud, debe saber que Catolicismo y Masonería son términos que se contradicen y excluyen absolutamente, como el Cristo y el Anticristo. Y también debe saber que el liberalismo o laicismo, en todas sus formas, constituyen la expresión ideológica propia de la masonería.

  • Poco importa que muchos liberales no sean masones; hay instrumentos lúcidos e instrumentos ciegos. Lo importante es que unos y otros colaboran objetivamente en la destrucción de la Iglesia de Cristo y del orden católico de la República.25

El sistema político actual en que todo se decide por mayoría, sin dejar nada al amparo de los juicios de esta, por otra parte tan manipulable, nos lleva, consciente o inconscientemente, a pensar que la razón y el futuro están del lado de la mayoría. Y puede que en algún caso sea así, pero no necesariamente: la única vez que Cristo fue presentado a unas elecciones democráticas las perdió. “¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús al que llaman Cristo?” Y la mayoría abrumadora pidió el indulto de Barrabás y la condena a muerte de Jesús. Ni la razón ni el futuro estaban del lado de la mayoría.

Los errores del liberalismo político tienen su génesis en dos negaciones supremas conducentes ambas a la negación de la verdad y de la índole propia de la libertad verdadera: “una relativa a Dios, y otra, relativa al hombre”26: el deísmo y el naturalismo roussouniano. Bajo la férula de los subversivos principios liberales globalmente impuestos caminamos al Estado homogéneo universal destructor de las tradiciones y los cuerpos orgánicos sociales, consolidando los avances de la revolución.

Uno de los rasgos de de la presente guerra revolucionaria desencadenada a nivel mundial contra las patrias para erigir un supragobierno mundial judeo-masónico es la renuncia, el menosprecio a la ocupación del terreno físico, procurándose la ocupación mediante la corrupción ideológica y moral y la propaganda psicológica refinada de los dirigentes enemigos, lográndose así la inoperancia efectiva por deserción de deberes o corrupción. Frente a la minoría irreductible, un tanto por cierto minoritario de mentes que no dejan colonizar, la táctica es directa: terrorismo y chantaje.

Paso obligado para el cumplimiento de este sueño judío del gobierno mundial es la globalización, ergo la unificación a escala mundial de la economía, las finanzas, la política y la cultura; globalización que responde a un proceso de colonización ideológico en su vertiente liberal, y cuyos fautores visibles principales son la ONU y el G7. Los denominados alter-globalizadores de inspiración troskista y apátridas por esencia, convergen en la necesidad de la globalización aunque discrepan de su giro neoliberal. Pero en el fondo el resultado es el mismo y pasa por la supresión de las patrias, arruinando su concepto y desligándolo de la religión, la supresión de los ejércitos, y la supresión de las creencias, en particular el cristianismo, que no quiere decir adscripción a lo ateo, sino la sustitución de la creencia objetiva configuradora en lo íntimo y social de la persona por un vago evolucionismo cósmico y subjetivo, confesional de la tradición primordial. Así este supergobierno mundial postula continuamente e impone la democracia liberal como modelo de bien supremo, el relativismo ético inseparable a la democracia liberal como axioma indiscutible y verdad paradigmática, y el hedonismo como correlato vital del escepticismo sistemático y esquizoide, en gran medida derivado del relativismo ético, y de la ausencia de valores superiores dignos por sí mismos de ser buscados.

La soberanía parlamentaria, afirmada y sustentada en el imperio democrático de la ley, instituye y constituye el más grande de los totalitarismos que jamás haya existido en la historia. La democracia liberal partitocrática se ha mostrado como el instrumento más eficaz para corromper la sociedad, paganizar los pueblos, deshumanizar y destruir la persona humana, y aniquilar la civilización cristiana.

Vivimos un terrorismo democrático sustentado en el montaje de supuesto pluralismo, libertad, legalidad y derechos humanos. Este totalitarismo iluminista fundado en un laicismo radical crea a través de sus instrumentos operativos, medios de comunicación social, educación y positivismo jurídico en el derecho, una sosegada tiranía consensuada, y que para más inri, ignorante de su lacaya servidumbre se mantiene con el aplauso de las almas sibilinamente persuadidas y convencidas, no soliviantadas. Como en “La guerra de las galaxias”: Así termina la libertad, con una sonora ovación.

La dictadura mundial liberal auspiciada por los poderes fácticos visibles globalizadores, y por poderes ocultos, crea a una sociedad desestructurada, laica y nihilista, conforme sus intereses hegemónicos y de uniformidad social, mientras el vulgo mayoritario, necio por su propia definición e incapacitado para percibir su propia situación, se muestra convencido de alcanzar el paraíso de la plena libertad en la espléndida democracia. Pero ni el Evangelio, ni la Tradición, ni los Romanos Pontífices ponen su esperanza en la extensión universal de la democracia liberal a todas las naciones, sino en la restauración de éstas en Nuestro Señor Jesucristo27. Y la realidad de la democracia liberal, en definitiva de expulsar a Dios de la vida pública y del ámbito privado, la muestra Joseph Ratzinger: “una sociedad en la que Dios está absolutamente ausente se autodestruye”28. Marchamos así al suicidio lento, silencioso, progresivo e inexorable de nuestra civilización.

Primera parte de este ensayo, ver aquí

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