Carta XIV - A Urbano VI

En nombre de Jesucristo crucificado
y de la dulce María

Padre santísimo, el Espíritu Santo os cubra el alma, el corazón y el afecto vuestro, con el fuego de la divina caridad, e infunda una luz sobrenatural en vuestro intelecto… de tal modo, que en vuestra luz veamos luz nosotros las ovejuelas… y que ningún engaño que el demonio os quisiera hacer con sus malicias, pueda ser oculto a vuestra Santidad. Deseo, Padre santísimo, ver cumplir en vos todas las otras cosas que la dulce voluntad de Dios os reclama, de las cuales sé que tenéis grandísimo deseo.

Espero que este dulce fuego del Espíritu Santo obre en vuestro corazón y en vuestra alma, como lo hizo en aquellos discípulos santos, dándoles fortaleza y poder contra los demonios visibles y contra los invisibles. Por su virtud derrocaban a los tiranos del mundo, y por su soportar dilataban la fe. Dióles luz con una sabiduría de conocer la verdad, y la doctrina que aquella Verdad había dejado: por lo cual el afecto, que sigue al intelecto, los revistió del fuego de su caridad, tanto, que perdieron todo temor servil y placer humano… y sólo atendían al honor de Dios, y a arrancar las almas de las manos de los demonios: y de aquella verdad, que los iluminaba, querían hacer participar a toda criatura. Y después de la mucha vigilia, humilde y continua oración y mucha fatiga mental que tuvieron en esos diez días, fueron colmados de aquella fortaleza del Espíritu Santo: de modo que adelante iban la fatiga y el ejercicio santo. Oh santísimo padre… parece que nos enseñaran, y hoy confortaran a vuestra santidad… y parece que nos dieran la doctrina sobre cómo podemos recibir el. Espíritu Santo.

¿En qué manera? Permaneciendo en la casa del conocimiento de nosotros mismos, en cuyo conocimiento el alma siempre permanece humilde, pues no se desordena en la alegría ni se impacienta en la tristeza: mas toda madura y paciente está en este conocimiento, porque ha concebido odio por la propia sensualidad. En esta casa está en vigilia y continua oración: porque el intelecto nuestro debe velar para conocer la verdad de la dulce voluntad de Dios, y no dormir en el sueño del amor propio. Entonces recibe continua oración, esto es, el santo y verdadero deseo… y con este deseo ejercita la virtud, que es un continuo orar Por lo cual no cesa de orar quien no cesa de obrar bien. De esta manera recibimos aquella dulce fortaleza.

Sigamos pues este dulce modo con verdadera y santa solicitud, según nuestro poder. Digo que aquéllos os fortalecen, a vos sumo y verdadero pontífice, mostrándoos la verdad divina y su ayuda, que no con fuerza humana conquistaron todo el mundo, y arrancaron la tiniebla de la infidelidad, sino con la fortaleza, sabiduría y caridad de Dios, la cual no se debilita para vos ni para criatura alguna que confíe en Él. Por tanto, bien cierto es que con tal fortaleza os reconfortan en esta necesidad de vuestra Esposa. Y no tanto por fe sois confortado en ella, sino por obras. Porque, hace cuatro semanas, singularmente hemos visto que la virtud de Dios ha operado admirables cosas hechas por medio de vil criatura, para que veamos manifiestamente que quien obra es Él, y no el humano poder. Por tanto rindámosle esta gloria, y estémosle agradecidos y reconocidos.

Gozo, padre santísimo, de alegría cordial, pues mis ojos han visto cumplirse la voluntad de Dios en vos, esto es, en aquel acto humilde, no usado desde hace grandísimo tiempo, de la santa procesión1 . Oh, icuán agradable esto ha sido a Dios, y desagradable a los demonios! Tanto, que se esforzaron en daros escándalo dentro y fuera: mas la naturaleza angélica refrenaba la furia de los demonios.

Dije antes que deseaba ver cumplida en vos esta voluntad dulce de Dios en toda otra cosa y por ello os recuerdo que la verdad quiere que deis pensamiento y solicitud para enderezar y ordenar la Iglesia de Dios día tras día, según os sea posible, en el tiempo que tenéis. Y Él será quien obrará por vos, os dará fortaIeza para poderlo hacer, y luz para conocer aquello que es necesario, con sabiduría y prudencia, para enderezar su navecilla… y la voluntad de quererlo hacer: la cual ya os la ha dado, mas la acrecentará por su infinita misericordia. En esta virtud derrotaréis a los tiranos, arrancaréis las tinieblas de la herejía… porque Él mismo declara y declarará la verdad ésta.

Gozo de que esta dulcísima madre María, y el dulce Pedro, príncipe de los Apóstoles, os hayan repuesto en vuestro lugar. Ahora quiere la Verdad eterna que en vuestro jardín hagáis un jardín de siervos de Dios… y los nutráis con la sustancia temporal, y ellos lo hagan ante vos con las espirituales: que no tengan que hacer otra cosa que clamar ante Dios por el buen estado de la santa Iglesia, y por vuestra santidad. Éstos serán los soldados que os darán perfecta victoria, y no sólo sobre los malvados Cristianos, los cuales son miembros rebanados de la santa obediencia, sino hasta sobre los Infieles, por los cuales tengo grandisímo deseo de ver el estandarte de la cruz santa sobre ellos. Y ya parece que nos vienen a invitar. Tendrá entonces doble deleite.

Crezcamos, pues, y nutrámonos en las verdaderas y reales virtudes… entremos en la casa del conocimiento de nosotros mismos, para que de dicha manera recibamos la plenitud del Espíritu Santo. Reconfortaos, padre mío santísimo y dulcísimo… que Dios os dará refrigerio. A la gran fatiga sigue la gran consolación, porque él acepta los santos y verdaderos deseos. Y comience ahora el afecto y los actos humildes (aprendiendo del humilde Cordero del cual sois vicario), con verdadera constancia hasta la muerte, y con firme esperanza en su providencia, deleitándoos siempre en nuestro Creador y en los humildes siervos suyos… como sé que vuestra santidad se deleita: mas os lo recuerdo, porque la lengua no puede dejar de satisfacer a la abundancia del corazón… mas principalmente porque me siento estimular la conciencia por la dulce bondad de Dios. Tened paciencia en mí, que tanto os peso ya de una manera, ya de otra… y perdonad mi presunción. Estoy cierta de que Dios os hace ver más el afecto que las palabras. Humildemente os pido vuestra bendición. La dulce y eterna bondad de Dios, Trinidad Eterna, os dé su Gracia, con plenitud de fuego de su caridad… y, mientras, que en vuestras manos se reforme la santa Iglesia, y hagáis sacrificio de vos mismo a Dios.

Otra cosa no digo. Permaneced en la santa y dulce dilección de Dios. Gozad y exultad en los dulces misterios de Dios. Y si en alguna cosa he ofendido a Dios o a vuestra santidad, me culpo de ello, y os ruego que me perdonéis, pronta a toda penitencia. Jesús dulce, Jesús amor.

1 Para dar gracias por la victoria, el Papa, desde Santa María in Trastevere hasta San Pedro, caminó con los pies descalzos: acto que no había realizado ningún Papa desde seiscientos o mis años atrás… y desde 1379 hasta. nuestros días, ha sido vista tan pocas veces cosa semejante, que en 1846 era señalado como milagroso el que Pío IX, calzado, caminase a pie por las calles de Roma. (Tommaseo).