Carta XI - A Urbano VI
En nombre de Jesucristo crucificado
y de la dulce María
Santísimo y dulcísimo padre en Cristo dulce Jesús. Yo Catalina, sierva y esclava de los siervos de Jesucristo, os escribo en su preciosa sangre… con deseo de veros fundado en verdadera luz, para que, iluminado el ojo del intelecto vuestro, podáis conocer y ver la verdad… que conociéndola, la amaréis… amándola, relucirán en vos las virtudes.
¿Y qué verdad conoceremos, santísimo Padre? Conoceremos una verdad eterna, con la cual fuimos amados antes de que existiésemos. ¿Dónde la conoceremos? En el conocimiento de nosotros mismos… viendo que Dios nos ha creado a imagen y semejanza suya, constreñido por el fuego de su caridad. Ésta es la verdad… que nos creó para que participáramos de Él, y gozáramos de su eterno y sumo bien. ¿Quién nos ha declarado y manifestado esta verdad? La sangre del humilde e imnaculado Cordero, del cual habéis sido hecho vicario y bodeguero… que tenéis las llaves de la sangre, en la cual sangre fuimos recreados a la Gracia: y cada día que el hombre sale de la culpa del pecado mortal y recibe la sangre en la santa confesión, puede decirse que cada vez renace de nuevo. Y así encontramos continuamente que la verdad nos es manifestada en la sangre, al recibir su fruto. !Quién conoce esta verdad? El alma que se ha quitado la nube del amor propio y tiene la pupila de la luz de la santísima fe en el ojo de su intelecto… con cuya luz, con el conocimiento de sí y de la bondad de Dios en sí conoce esta verdad, y con el encendido deseo saborea su dulzura y suavidad. Que tanta es su dulzura, que apaga toda amargura, vuelve ligero todo gran peso, toda tiniebla disuelve y quita… viste al desnudo, al hambriento sacia: une y divide, porque está en la verdad eterna, en la cual verdad conoce que Dios no quiere otra cosa sino su bien. Y por ello en seguida da el justo juicio, viendo que lo que Dios da y permite en esta vida, lo da por amor, para que seamos santificados en él, y por necesidad de nuestra salvación o para acrecentamiento de perfección.
Habiendo conocido esto en la verdad con la luz, tiene reverencia por toda fatiga, detracción, burla, escarnio, injurias, oprobios, villanías y reproches… todos Ios atraviesa, con verdadera paciencia, buscando sólo la gloria y la alabanza del nombre de Dios en la salvación de las almas, y más se duele de la ofensa hecha a Dios y del daño de las almas, que de la injuria, propia. Tiene paciencia en sí, mas no para el vituperio hecho a su Creador. En la paciencia demuestra entonces el alma que está despojada del amor propio de sí misma, y está revestida del fuego de la divina caridad. En la cual caridad, amor inefable, la amargura, santísimo Padre, en la cual estáis, estando tan dulcemente revestido, se os volverá grandísima dulzura y suavidad: y el peso, que es tan grave, el amor os volverá ligero: conociendo que sin soportar mucho no puede ser saciada vuestra hambre y la de los siervos de Dios, hambre de ver reformada la santa Iglesia con buenos, honestos y santos pastores. Y soportando vos sin culpas los golpes de estos inicuos, que con el bastón de la herejía1 quieren herir a vuestra Santidad, recibiréis la luz. Porque la verdad es aquella cosa que nos libera. Y porque es verdad, que, elegido por el Espíritu Santo y por ellos, sois su vicario, la tiniebla de la mentira y de la herejía que han suscitado nada podrá contra esta luz… ante bien, cuanto más tinieblas quisieran crear, tanta más perfectísima luz recibiréis.
Esta luz Ileva consigo el acero del odio del vicio, y del amor de la virtud, el cual es un lazo que liga el alma con Dios y con la dilección del prójimo. Oh santísimo y dulcísimo Padre, ésta es el arma que os ruego uséis. éste es el tiempo en que habéis de desenvainar este acero… odiar el vicio en vos y en vuestros súbditos y en los ministros de la santa Iglesia. En vos, digo: porque en esta vida nadie está sin pecado… y la caridad debe moverse antes en si mismo… usarla primero en sf con el afecto de las virtudes, y en nuestro prójimo. Asi, pues, cortad el vicio… y si el corazón de la creatura no puede cambiar, ni ser arrancado de sus defectos, sino cuando Dios asi lo hace, esfudrcese la creatura con la ayuda de Dios en quitarle el veneno del vicio… por lo menos, santísimo Padre, sean arrancados de vuestra santidad el desordenado vivir y los mentecatos modos y costumbres de aquéllos.
Plega a vuestra santidad regularlos según lo que les es exigido por la divina bondad… a cada uno según su grado. No soportéis el acto de la inmundicia. No digo su deseo, puesto que no podrdis ordenarlo si ellos no lo desean… mas por lo menos el acto (que esto se puede) sea regulado por vos. No simonia, no las grandes delicias… no jugadores de la sangre… que aquello que es de los pobres y aqueIlo que es de la santa Iglesia es asi jugado, haciendo de mercaderes en el lugar que debe ser templo de Dios. No lo hacen como clérigos ni como canónigos, que deben ser flores y espejo de santidad, y en cambio están como mercaderes, lanzando hedor de inmundicia y ejemplo de miseria.
iAy de mí, ay de mí, ay de mí, Padre mío dulce! Con pena y dolor y gran amargura y Ilanto escribo esto. Y por esto, si hablo lo que parece ser demasiado y suena a presunción, el dolor y el amor me excusan ante Dios y vuestra Santidad. Que, donde quiera me vuelvo, no tengo adonde reposar mi cabeza. Si me vuelvo, hacia ahí (que donde está Cristo, debe haber vida eterna), veo que en vuestro lugar, que sois Cristo en la tierra, se ve el infierno de muchas iniquidades con el veneno del amor propio, el cual los ha movido a levantar la cabeza contra vos, no queriendo permitir vuestra Santidad que vivieran en tanta miseria. Sin embargo, no abandonéis el hacerlo. Luzca en vuestro pecho la perla de la santa justicia, sin temor alguno. Que no es necesario temer, sino tener corazón viril… que si Dios está de nuestra parte, ninguno podrá estar en contra nuestro. Gozad y jubilad… que vuestra alegría tendrá plenitud en el cielo. En estas fatigas alegraos… porque después de esto (esto es, después de las fatigas) vendrá el reposo y la reforma de la santa Iglesia.
Aún cuando os viereis abandonado por aqueIlos que deben ser columna, no retardéis los pasos… sino corred mucho más fortificándoos siempre con la luz de la santísima Fe en conocer la verdad, y con la oración y companía de los siervos de Dios. Desead verlos a vuestro lado… que en esta vida, entre las fatigas, serán vuestro deseo y refrigerio. Tratad de tener, además de la ayuda divina, la ayuda, de sus siervos, que os aconsejarán con fe, y concisamente, no apasionados, ni contaminados en su consejo por amor propio. Paréceme que tenéis grandísima necesidad de tenerlos. Estoy cierta de que, habiendo encendido en vos el ojo del intelecto por la verdad, los buscaréis con gran solicitud. De otro modo no implantaríais las virtudes verdaderas en vuestros súbditos, ni obtendríais ordenarlos, y poner plantas buenas y virtuosas en la santa Iglesia.
Decía, que a cualquier lado que me vuelva, no encuentro donde reposar. Y ésta es la verdad. Así como en ese lugar, lo mismo sucede en todo otro, y especialmente en esta nuestra ciudad… que en el templo de Dios, que es lugar de oración, han hecho guarida de ladrones, con tanta miseria, que, es maravilla que la tierra no nos trague. Todo por las faltas de los malos pastores, que no han reprendido los defectos, ni con la palabra ni con buena y santa vida.
Oh pastor mío dulce, dado a los ignorantes cristianos por la dulzura de la inestimable caridad de Dios, ¿cuánta necesidad tenéis de la luz para que con la luz reconozcáis el defecto donde está el defecto, y la virtud donde está la virtud? para que, con discreción, a cada uno déis su merecido. Considerando yo, misera miserable, que sin luz no podréis desarraigar las espinas y plantar las virtudes, os dije que deseaba veros fundado en verdadera y perfectisima luz, porque con la luz conoceréis la verdad… conociéndola, la amaréis… amándola, estaréis revestido de ella. Con esta vestidura repararéis los golpes que no os perjudicarán, sino a aquéllos que os los lanzan. Abrazad las penas con gran consuelo, bañándoos en la sangre de Cristo crucificado de quien habéis sido hecho vicario.
Otra cosa no digo: que si siguiera, mi voluntad, todavía no dejaría de hacerlo. No quisiera más palabras, sino encontrarme en el campo de batalla, soportando las penas, y combatiendo junto a vos por la verdad hasta la muerte, para gloria y alabanza del nombre de Dios y reforma, de la santa Iglesia. Permaneced en la santa y dulce dilección de Dios. Perdonad, santísimo Padre, mi ignorancia, que ignorantemente presumo de hablaros. Humildemente os pido vuestra bendición. Jesús dulce, Jesús amor.
1 Dos dias después de la. fecha de esta carta fue electo el antipapa Clemente. Pero Catalina conocia ya las malas disposiciones y argumentaba sobre lo demás y sobre el porvenir. Llama herejía al cisma según la. costumbre de aquel tiempo y según el valor que se daba a la palabra. herejía en el lenguaje común: es decir, toda división escandalosa, tanto porque en su origen el vocablo no significa sino desviación, asi como cisma significa escisión… y finalmente porque en toda división causada por el orgullo y el odio máxime en la sociedad espiritual, hay peligro inmiediato, no ya de un solo error, sino de muchos más. (Tommaseo).












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