Carta VI - A Gregorio XI
En nombre de Jesucristo crucificado
y de la dulce María
Santísimo padre en Cristo dulce Jesús, vuestra, indigna y miserable hija Catalina se os encomienda en su preciosa sangre, con deseo de veros hecho piedra firme en el buen y santo propósito: para, que los vientos contrarios que os golpean, de parte de los hombres del mundo, por ministerio e ilusión y malicias de los demonios, no os perjudiquen… los cuales quieren impedir tanto bien como ha de seguirse de vuestra partida. Supe por el escrito, que me mandásteis que los cardenales alegan que el papa Clemente IV cuando debía hacer la misma cosa, no quería hacerla, sin el consejo de sus hermanos cardenales. Pongamos que muchas, veces aunque le pareciese de más utilidad el suyo que el de aquéllos, empero seguía este último.
iAy de mí, santísimo Padre! éstos fundan su alegato en el papa Clemente IV, más no lo hacen en el papa Urbano V, el cual, de las cosas en las cuales estaba en duda sobre si era mejor hacerlas o no, entonces quería consejo… mas de aquello que le era cierto y manifiesto como es para vos vuestra partida, sobre la cual tenéis certidumbre, no se atenía a su consejo, sino que seguía el suyo propio, y no se cuidaba de que todos le fuesen contrarios. Paréceme que el consejo de los buenos atiende sólo al honor de Dios, a la salvación de las almas, y a la reforma, de la santa Iglesia, y no al amor propio. Digo que el consejo de éstos es de seguir, mas no el de aquéllos que amasen sólo sus vidas, honores, estados y delicias… puesto que el consejo de éstos se dirige adonde tienen su amor.
Os ruego de parte de Cristo crucificado, que plegue a vuestra santidad despachar esto pronto. Usad de un santo engaño… esto es, que, pareciendo aplazarlo por más días, lo hagáis luego de pronto, que cuanto más pronto menos permaneceréis en estas angustias y trabajos. Además, me parece que ellos os lo enseñan, dándoos el ejemplo de las fieras, que cuando huyen de la trampa no vuelven más a ella. Hasta ahora habéis evitado caer en la trampa de sus consejos, en la cual ya una vez os hicieron caer, cuando aplazasteis vuestro advenimiento… la cual trampa os fue hecha tender por el demonio, para que se siguiese de ello el daño y el mal que en verdad se siguió. Vos, como sabio, inspirado por el Espíritu Santo, no volveréis a caer más en ella. Vayamos pronto, padre mío dulce, sin temor alguno. Si Dios está con vos, nadie estará en contra vuestro. Dios es quién os mueve: por tanto Él está con vos. Id pronto hacia vuestra Esposa que os espera toda pálida, para que le devolváis el color. No os quiero gravar con más palabras… que muchas más tendría que decir.
Permaneced en la santa y dulce dilección de Dios. Perdonadme, a mi, presuntuosa. Humildemente os pido vuestra bendición. Jesús dulce, Jesús amor.












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