Carta II - A Gregorio XI
En nombre de Jesucristo crucificado y de la dulce María
A vos dilectísimo y reverendo padre en Cristo Jesús, yo Catalina, sierva y esclava de los siervos de Jesucristo, vuestra indigna, mísera, miserable hija, os escribo en su preciosa sangre… con deseo de veros cual verdadero pastor, imitando al padre, Cristo, cuyo lugar ocupáis, que dio la vida por su ovejas, no contemplando nuestra ingratitud ni las persecuciones ni las injurias ni los escarnios ni los vituperios que le pudieran hacer aquellos que Él había creado, y a los cuales había hecho tantos beneficios… y no dejó por ello de obrar por nuestra salvación, sino que, como enamorado del honor del Padre y de la salvación nuestra, no miró sus penas sino que con la sabiduría suya y la paz y la benignidad venció nuestra malicia. Así os ruego y digo, dulce padre mío, de parte de Cristo crucificado, que obréis… esto es, que con benignidad y paciencia, y humildad y mansedumbre venzáis la malicia y la soberbia de los hijos vuestros, los cuales se os han rebelado, padre.
Sabed que con el demonio no se arroja al demonio… sino que se le arrojará con la virtud. Pongamos que hubierais recibido grandísimas injurias, habiéndoseos hecho vituperios y arrebatado lo que era vuestro… igual, padre, os ruego que no hagáis caso de sus malicias, sino de vuestra benignidad… y no dejéis por ello de obrar nuestra salvación. La salvación de ellos será ésta: que hagáis las paces con ellos. Puesto que el hijo que está en guerra con su padre, mientras está en ella, se ve privado de herencia. ¡Ay de mí, padre! paz, por el amor de Dios, para que tantos hijos no pierdan la herencia de la vida eterna. Pues sabéis que Dios ha puesto en vuestras manos el dar y el quitar esta herencia según plega a vuestra benignidad. Tenéis las llaves… y a aquel a quien abris, se le abre… y aquel a quién cerráis, se le cierra. Así dijo el dulce y buen Jesús a Pedro, cuyo lugar ocupáis: "Lo que desatares en la tierra, será desatado en el cielo… y lo que atares en la tierra, será atado en el cielo".
Aprended pues del verdadero padre y pastor. Puesto que véis que ahora es el tiempo de dar la vida por las ovejas que salieron de la grey. Os conviene pues buscarlas, y rescatarlas, con la paciencia: y con la guerra, pero yendo contra los infieles, izando el estandarte de la ardentísima y dulcísima cruz… ante cuya erección ya no conviene dormir, sino despertar e izarlo virilmente. Espero de la desmesurada bondad de Dios que rescataréis a los infieles y corregiréis las malicias de los cristianos… puesto que al aroma de la cruz todos correrán… hasta aquellos mismos que más se os han rebelado.
¡0h, cuánto deleite, si viéramos que el pueblo cristiano diese el condimento de la fe a los infieles! Puesto que luego, habiendo recibido la luz, Ilegarian a gran perfección, como planta nueva, habiendo perdido el frio de la infidelidad y recibido el calor y la luz del Espíritu Santo por la santa fe… producirían flores y frutos de virtudes en el cuerpo místico de la santa Iglesia: tanto, que con el perfume de sus virtudes ayudarían a apagar los vicios y los pecados, soberbia e inmundicia… las cuales cosas abundan hoy en el pueblo cristiano, y singularmente en los prelados, en los pastores y en los rectores de la santa Iglesia… los cuales se han hecho comedores y devoradores de las almas… no digo convertidores sino devoradores. Y todo por el amor propio que tienen de sí mismos… del cual nacen soberbia, codicia y avaricia, e inmundicia del cuerpo y de la mente suya.
Ven a los lobos infernales arrebatar a sus súbditos, y no parecen cuidarse de ello… tanto es el cuidado que han puesto en adquirir deleites y delicias, alabanzas y placeres del mundo. Y todo procede del amor propio: porque si se amaran por Dios, y no por sí mismos, atenderían sólo al honor de Dios y no al propio, y a la utilidad propia sensitiva. iAy de mí, padre mío dulce! procurad y atended respecto de éstos… buscad hombres buenos y virtuosos, y dadles el cuidado de las ovejas… puesto que éstos ser ", corderos, y no lobos, que nutrirán el cuerpo místico de la santa Iglesia. De ello nos vendrá utilidad… y esto os será de gran paz y consolación: y os ayudarán a cargar con grandes fatigas, como sé que tenéis. Paréceme que estáis, benigno padre mío, como está el cordero en medio de los lobos. Mas confortaos, y no temáis, puesto que la providencia y la ayuda de Dios siempre estará sobre vos.
No os cuidéis de que vieseis aparecer las cosas muy distintas, y de que os falte la ayuda humana… y que aquellos que nos deben ayudar más nos falten, obrando contra vos. No temáis… sino confiad más, y no enajenéis ni impidáis vuestro dulce y santo deseo… más y más se encienda cada día. Ea, padre, haced efectivo el propósito que habéis hecho, de vuestro advenimiento y del santo pasaje, al cual véis que los Infieles os invitan, al acercarse cada vez más para arrebataros lo vuestro. Ea, demos la vida por Cristo… ¿O acaso tenemos algo más que un cuerpo? ¿Por qué no dar la vida mil veces, si es necesario, por el honor de Dios y para salvación de las creaturas? Asi hizo Él… y vos, su vicario, debéis hacer su oficio. Ésta es la costumbre… que, al permanecer el vicario, siga las huellas y los modos de su señor. Venid, pues, venid y no tardéis, para que pronto arméis el campo contra los Infieles… y que no recibáis, para hacer esto, impedimento de aquellos miembros pútridos que os son rebeldes.
Os ruego y quiero que uséis de un santo engaño para con ellos, esto es, de la benignidad, como se ha dicho… puesto que esto será para ellos un fuego de amor y carbones encendidos que pondréis sobre sus cabezas… y de esta manera los habráis dominado, a ellos, a sus personas y a su sustancia temporal, para daros ayuda en hacer la guerra contra los Infieles. Así hizo nuestro dulce Salvador, puesto que, arrojando tanto fuego y calor de amor sobre aquéllos que le eran rebeldes, los seguía de muy cerca, puesto que eran coadjutores y portadores del nombre de Dios. Así como fue aquel dulce heraldo de Pablo que, siendo lobo, se volvió cordero, y dulce vaso de elección… que de aquel fuego que Cristo le había dado para colmar su vaso, Ilevaba por todo el mundo… arrancando a los Cristianos de los vicios y plantando en ellos las virtudes, y sacando a los infieles de error y de infidelidad, y alcanzándoles la luz de la santa fe. Asi os dice, y quiere, la primera y dulce Verdad que hagáis: que de aquello que habéis recibido igualmente deis.
¡Paz, paz, paz, padre mío dulce, y no más guerra! Antes bien vayamos contra nuestros enemigos, o enarbolemos las armas de la Santísima Cruz, Ilevando el acero de la dulce y santa palabra de Dios. "¡Ay de mí, dad de comer a sus hambrientos siervos, los cuales os esperan y esperan este tiempo con grandísimo y ardentísimo deseo! Confortáos, confortáos, padre, y no toméis amargura afligente… sino amargura reconfortante, teniendo amargura por el vituperio que vemos que se hace del nombre de Dios. Confortáos por la esperanza, que Dios proveerá a vuestras necesidades y a aquello que os falta.
No digo más: que si yo dejara correr mi voluntad, no descansaría mientras tuviera vida mi cuerpo. Perdonad mi presunción: mas el dolor y el amor que tengo por el honor de Dios y la exaltación de la santa Iglesia, me sirvan de excusa ante vuestra benignidad. Antes bien os lo diría de boca, que por escritura… puesto que así creería desahogar más el alma mía. Ahora no puedo más. Tened piedad de los dulces y amorosos deseos que son ofrecidos por vos y por la santa Iglesia con continuas lágrimas y oraciones. No sean despreciados por negligencia… sino obrad con solicitud… puesto que parece que la primera Verdad quiere ya producir sus frutos. Pronto, pues, vendrán los frutos, ya que la flor comienza a asomar. ¡Ea, con corazón viril, y sin pizca de temor, seguid al cordero desangrado y consumado en la cruz por nosotros! ¡Permaneced en la santa y dulce dilección de Dios!
Os ruego, reverendo padre, que aquello que Neri portador de esta carta os dirá, si os es posible y es de vuestra voluntad, se lo concedáis. Os ruego que le deis audiencia y fe de aquello que os diga. Y porque a veces no se puede escribir lo que quisiéramos, esto digo… si me quisiérais mandar decir alguna cosa secreta, manifestad de boca a Él, con seguridad, (puesto que podéis hacerlo) lo que por mi pueda ser hecho. Si fuera necesario dar la vida, de buen grado la daría en honor de Dios y para salvación de las almas. Jesús dulce, Jesús amor.












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