Bien Común y Oligarquía
DECLARACIÓN DEL INSTITUTO DE FILOSOFÍA PRÁCTICA ACERCA DE LA OLIGARQUÍA Y EL BIEN COMÚN
Pregunté a mi rosa:
-¿Qué se puede hacer
con aquel que siembra ira?
Y mi rosa me contestó:
-Dejarle que la cosecha
le devuelva su semilla.
Javier Albisu S.J.
-¿Qué se puede hacer
con aquel que siembra ira?
Y mi rosa me contestó:
-Dejarle que la cosecha
le devuelva su semilla.
Javier Albisu S.J.
I.-
La auténtica filosofía, desde sus orígenes con Solón, Pitágoras, Heráclito, y otros pensadores iniciales, no fue una filosofía de profesores o profesoras, una materia odiosa y distante, sumida en lo que Gabriel Marcel denominaba el “espíritu de abstracción”, sino un pensar acerca de la realidad del cosmos y de su origen, del hombre y del sentido de su vida, de la ciudad y de sus problemas, pues en ella se desenvuelve aquel como animal político.
Es por eso, que ninguno de los grandes filósofos clásicos es “individualista”, ninguno filosofa desde un laboratorio o al abrigo de una estufa, ninguno es un ideólogo moderno que pretende imponer su subjetivismo a lo real, sino que todos se abren a la realidad de la vida humana, que es social, política y económica, entendiendo por la última, en primer lugar, la administración de la casa (oikos), y también la entonces llamada “crematística”.
Esa realidad política apunta a un fin: el bien común, que se ha denominado temporal o público, y que nosotros, siguiendo la enseñanza de nuestro fundador, Guido Soaje Ramos, preferimos llamar político, pues no es el único bien común temporal, ya que existen otros bienes de ese carácter, como el de los grupos menores o infrapolíticos, y porque su contenido perfectivo, no se agota en su faz pública.
Es importante mencionar a esos grupos porque el material de la sociedad política es orgánico; ella no es una suma de individuos desarticulados, sino es la ordenación de grupos ya existentes, que se unen en la sociedad global, para “su mejor estar”, como decía Eiximenis, pero también y fundamentalmente, para ser mejores. Gran lengua la castellana que nos permite, con dos palabras, distinguir el “ser” del “estar”.
Este bien común abarca la perfección del hombre todo en esa ordenada jerarquía que es responsabilidad primera del gobernante y que señala Santo Tomás de Aquino: instituir a la multitud en la unidad de la paz; inducirla a una vida virtuosa a través de la palabra (las leyes), pero sobre todo mediante el ejemplo; lograr que exista suficiencia de bienes materiales, necesaria para lograr la vida virtuosa. Pero esto no consiste en que existan muchos bienes, sino en su justa distribución, en el bienestar material, pues una injusta distribución, que genera a la vez acumulación de riqueza en unos junto a indigencia en otros, atenta contra la paz. Ese bienestar debe ser un el objetivo político orientado a que todos superen la barrera que separa a la miseria de la pobreza e incluso a que se agrande la medianía económica.
II.-
Para la filosofía clásica, que no es la kelseniana, por supuesto, las formas políticas se clasifican y califican por su fin y el gran criterio distintivo es el bien común político: así, dentro de una clasificación más amplia, el gobierno de pocos ordenado al bien común será la aristocracia y el ordenado al bien particular será la oligarquía. Platón, en El Político, agrega un matiz interesante: el gobierno de pocos sujeto a las leyes, será aristocracia; el gobierno de pocos sin leyes, será oligarquía.
Hoy nadie duda que en la Argentina gobiernan pocos aunque voten muchos. Así que es un problema de aristocracia o de oligarquía. En nuestros días el país, crispado por la hybris, o sea la desmesura y la soberbia gubernativa, que hace todo lo posible para enfrentar a argentinos con argentinos, vemos aparecer el término oligarquía, para denostar a quienes protestan sea en el campo, en las rutas o en las ciudades.
Ahora bien ¿quiénes son los oligarcas de verdad? ¿son aquellos que protestan hartos de arbitrariedades, de injusticias concretas, de prepotencias? ¿son aquellos que defienden su subsistencia? O ¿son aquellos que desde el gobierno han vuelto a privatizar el bien común confundido con su medrar particular?
No hace mucho Cristina Kirchner, al exhibir los aros y el collar de plata, que le regaló el presidente de Bolivia, Evo Morales, manifestó: “Esto pasa por que soy una presidenta, si hubiera sido un presidente estas cosas no pasarían”. El material era una piedra preciosa que se llama bolivianita, pues sólo se encuentra en Bolivia. Y afirmó la presidenta: “los voy a llevar siempre conmigo”. ¿Qué diferencia existe con Menem, que cuando recibió un costoso automóvil exclamó: “La Ferrari es mía, mía”?
Según la ley de ética pública “los funcionarios no podrán recibir regalos, obsequios o donaciones con motivo o en ocasión del desempeño de sus funciones”. El automóvil de Menem y las joyas de la presidenta deberían ser patrimonio del Estado, y como señala Jorge Rosales, “una joya tan impactante como los aros de Evo podría ser exhibida, de aquí en más, por todas las presidentas que tenga la Argentina” (“Mujeres del mundo”, en La Nación, Buenos Aires.
Para muestra basta un botón, que podría multiplicarse con el enriquecimiento patrimonial desorbitado de la pareja gobernante, los negocios de una “nueva clase” empresarial, los enormes subsidios a organizaciones que motorizan los odios entre argentinos, la concentración del poder económico en el gobierno nacional a través del cobro de impuestos no participables, que luego en parte se adjudican a provincias y municipios a cargo de gobernadores e intendentes genuflexos, todo en formas paradigmáticas de clientelismo político, en cuyo contexto dirigentes partidarios, empresarios, sindicalistas y hasta medios de comunicación, son comprados o bien habilitados en los negocios que arma el poder, al tiempo que la súbita riqueza de esos alcahuetes se exhibe sin pudor alguno.
En tanto, brilla por su ausencia el papel del Estado como “empresario indirecto”, pues los gravámenes que pagan los particulares y los grupos sociales, no vuelven a través de caminos, puertos, ferrocarriles, energía, hospitales, escuelas, seguridad, justicia.
III.-
Entendemos, con claridad, quienes son hoy los oligarcas: por un lado, en sentido estricto, los gobernantes, que acumulan el poder político y el poder económico marginando de todo poder a cada vez más grandes sectores de la población, para quienes el adulterado “bien común” ha dejado de ser tal, al ser excluidos de su participación en el mismo, lo cual, como ya lo advertía Platón, rompe la unidad de la polis; pero por otro, en sentido amplio, existe una vocación oligárquica en todos aquellos que pretenden concentrar la producción agrícola-ganadera en pocas manos, en grandes monopolios, muchas veces extranjeros, mientras contribuyen al éxodo de la población rural. Esto lo reconoce un artículo acerca del tema: la producción a gran escala de las grandes empresas, genera más rindes y más rentabilidad; ella es la que permite al hombre de campo, al pequeño y mediano productor e incluso al gran productor individual, cobrar mejores arrendamientos, conservar el campo y encarar otra actividad (“Por qué el ‘pool’ de siembra es ahora el malo de la película”, Clarín, Buenos Aires, 30/3/2008). Pero lo que el artículo silencia es que ello distorsiona los precios de los arrendamientos, en especial en los campos ganaderos y expulsa de ellos a los pequeños arrendatarios que no pueden pagarlos. Además, el arrendador abandona el campo que se despuebla y se traslada a las ciudades donde se transformará en comerciante o rentista.
Como bien escribe, acerca de esto, el gran pensador suizo Emil Brunner: “las fortunas gigantescas constituyen para la comunidad del pueblo, en el campo económico, un peligro tan grande como el exceso de poder en el mundo político. Pues la posesión exageradamente grande significa al mismo tiempo prepotencia, supresión de la libertad jurídica, y amenaza para la libertad de los demás. El trust gigantesco es un Estado dentro del Estado, que puede permitirse lo que no está permitido a ningún ciudadano individual” (La justicia, p. 195).
En sentido análogo afirma Chesterton, cuando habla de cierta propiedad desmesurada, ajena al “orden de la propiedad”: “La palabra ‘propiedad’ ha sido contaminada en nuestro tiempo por la corrupción de los grandes capitalistas. Si se escuchara lo que se dice, resultaría que los Rotschild y los Rockefeller son partidarios de la propiedad. Pero es obvio que son sus enemigos, porque son enemigos de sus limitaciones…Resulta la negación de la propiedad que el Duque de Sutherland tenga todas las granjas de su condado, como sería la negación del matrimonio que tuviera todas nuestras esposas en un harén” (Lo que está mal en el mundo, Obras Completas, T. I, ps. 739/40).
IV.-
El mote “oligarca” se está utilizando ideológicamente, no sólo para descalificar a quienes son empujados a la desesperación y a la protesta, víctimas del expolio al que están sometidos, sino también a cualquiera por el solo hecho de su nombre, su posición social, el lugar de su domicilio y hasta su color de piel.
Ahora bien, ¿a qué obedece la utilización del término como un mote ideológico? ¿qué es una oligarquía, sobre todo en nuestro tiempo?
La oligarquía, como ya lo hemos dicho, es el gobierno de unos pocos, que hacen de la actividad política una profesión al servicio de los intereses -por lo general económicos- de grupos dominantes. En el mundo moderno, ese maridaje se da en forma notoria entre las clases políticas y el capital meramente financiero. La Argentina no es una excepción, sino tal vez un paradigma del conflicto trágico entre una oligarquía financiera que domina el Estado, y los propietarios, productores, comerciantes y trabajadores, explotados por los usureros.
En el sistema oligárquico, pues, la nación se divide de la peor manera; de una parte los dueños del Estado, que son muy pocos, pero que por disponer del poder que da el dinero, parecen imbatibles; de la otra el pueblo, que después de haber sido atomizado, vive sumido en una tristeza sin esperanza, huérfano y en busca de auténticos dirigentes.
El gobierno de la oligarquía, en nuestros tiempos, es probablemente el más vil, el más tiránico y el más ilegítimo, porque el bien común queda en él deliberadamente excluido. Por eso suele elegir como tapadera a la democracia, lo que le permite revestirse de seudo legitimidad y pintar como enemigos de la voluntad popular a quienes lo resisten. Se trata claro de una democracia falseada, porque el control de sus formas y mecanismos, queda en manos de la oligarquía.
Como consecuencia natural, la nación que tiene la desgracia de padecer un sistema oligárquico, vive endeudada más allá de sus posibilidades. Por lo que los impuestos dejan de tener su finalidad propia y específica, cuál es la contribución de todos al bienestar general, para transformarse en el tributo -siempre creciente- que debe pagarse a los dueños del país.
Ernesto Palacio lo ha explicado en forma magistral: el objetivo de un gobierno oligárquico es tan sólo el beneficio de las clases gobernantes. A ese fin el pueblo es burlado en forma sistemática, corrompido incluso, y también adormecido con grandes consignas que son pura propaganda, utilizada para ocultar los negocios del poder.
Típica muestra de esto último, es la movilización forzada de las masas hambreadas y dependientes de la dádiva oficial, para que frente a los jerarcas de la oligarquía que los embrutece, se desgañiten vivando su propia ruina moral, después de habérseles sumido en la miseria económica. El pueblo que todavía no ha degenerado en masa, se resigna a contemplar la transformación de sus impuestos en centenares de ómnibus que transportan a los ganapanes y matones que asisten obligados a los actos de la liturgia oficial.
Los impuestos, en efecto, son aplicados con saña por la oligarquía sobre los sectores más nobles y productivos, mientras se libera con dádivas y subsidios a los amigos del régimen. Esos gravámenes, no se traducen en inversiones ni en la mejora del nivel de vida. Sectores cada vez más extensos de la población que trabaja de veras los percibe como auténticas exacciones, no solamente injustas, sino establecidas sin respetar ni siquiera legalidad alguna.
V.-
El campo hoy se encuentra de pie y muestra su hartazgo ante la imprevisibilidad y el manoseo; no cree en las promesas de gobernantes y políticos poco veraces, ni en vaguedades. El hombre cercano a la tierra, acostumbrado a luchar contra la seca o la inundación, contra las heladas tardías o tempranas, contra el viento y el granizo, a enfrentar la niebla y la bruma, el calor del mediodía y el frío de las noches; ahora advierte que su tarea dura, pero sana, se vuelve enfermiza por decisión de los gobernantes, socios forzados en sus ganancias, ajenos a sus pérdidas.
El campo muestra la racionalidad de la cual carecen las patotas; la sinceridad, que en sentido estricto es veracidad, que niega los dobles discursos; la sensibilidad, pues no participa de la escisión cartesiana, que la desprecia para acogerse a las ideas claras y distintas; y la responsabilidad, pues ha sido hasta en estos días, paciente y medido en sus justos reclamos.
Pero, además, como afirma Arturo Vierheller: “el campo en verdad aporta al país mucho más que divisas y empleo: aporta ‘un sentir nacional’ que es de todos… una verdadera identidad. El apego a las raíces, a las tradiciones, al trabajo fecundo, cotidiano y alegre. A los valores religiosos y familiares, al respeto, al orden y, por qué no decirlo: a la autoridad de los padres, el respeto a los maestros, a los mayores y también a nuestros símbolos patrios” (La Nación, Buenos Aires, 20/5/2006). Todo esto, tan bien resumido, a más de uno, hoy aquí y ahora, le molesta.
Buenos Aires, abril 1º de 2008.
Bernardino MONTEJANO Gerardo PALACIOS HARDY
Presidente Vicepresidente













La division de clases, es un invento humano.-
José Lois Estévez Tras
José Lois Estévez Tras eufemismo, demo-a-cracia: (on-line)97 El Estado no puede… irse degradando a simple situación de hecho: O cuenta con soportes éticos o tiene que fingirlos. Dicho de otra manera: Todo poder necesita ser cohonestado para resultar soportable. (Lois. “El ser del Estado y sus repercusiones programáticas”)/ A mi entender a las organizaciones políticas de la antigüedad les faltaba tener a su servicio un grupo político especializado de personas ocupadas profesionalmente en justificar con argumentos transcendentes o extrínsecos al poder mismo cualquiera pronunciamientos de él emanados. En otras palabras: Lao que caracteriza al “Estado” actual o, mejor dicho, al Estado desde su edad adulta es el haber descubierto un montaje rutinarizado para la cohonestación incondicional del poder”.101 Con pleno conocimiento de causa ha procurado satisfacer nuestra curiosidad nada menso que todo un Aristóteles… las notas que juzga características definitorias de la polis:1º que es una comunidad; 2º que es superior e integra a todas las otras comunidades, 3º que tiene por fin el más alto de todos los bienes: la completa autosuficiencia práctica en la consecución de un promedio digno para la vida humana (Política I, 2, III, 9; IV (VII).111“Nuevos Quijotes, tomaron partido por la causa de los débiles, tal vez por parecerles más necesitados de protección o tal vez (¡qué también es posible!), porque, unidos éstos entre sí, comenzaban precisamente a dejar de serlo y se quería volar en socorro del vencedor…//112 las depresiones, en general, son problemas económicos de los más arduos. De no mediar circunstancias dramáticas, no dejaría de provocarnos hilaridad el ver en pleno s. XX (un siglo que la Ciencia ha calzado botas de siete leguas) a nuestros contumaces ‘estadistas’, todavía empecinados en abordar las más laberínticas cuestiones con los viejos conjuros ordalísticos… Claro que ellos se lucran de su farsa: Lo peor es que el pueblo, que la sufre, quiera resignarse a la complicidad…114 “la inflación implica nada menso que la legalización de la estafa”. Se equivocan en una cosa importante: La democracia es un pecado contra el Espíritu Santo, porque impide la Justicia... es un mito político Lois Estévez.
"EL MAYOR DE LOS CASTIGOS
"EL MAYOR DE LOS CASTIGOS CONSISTE EN SER GOBERNADO POR EL MÁS INDIGNO, caso de que los buenos no quieran gobernar; por temor a aquel, me parece a mí que gobiernan, cuando gobiernan, los cuales aceptan el gobierno no como un bien ni como si fuesen a darse con él buena vida, sino a manera de algo necesario, ya que no se dispone de otros hombres mejores y ni siquiera semejantes a ellos." PLATÓN. República, 547 a. /"Tampoco ahora te entiendo- dijo- Es sin duda, porque esperas que diga algo sublime. Y lo que yo afirmo es que nadie desea ser o haber sido engañado en el alma con respecto a la realidad, o seguir en la ignorancia de ella y a cuestas con la mentira. Antes bien, todos temen esa situación y la aborrecen plenamente...Ciertamente, pues, como hace poco decía, la verdadera mentira designa la ignorancia que existe en el alma del que es engañado. porque la mentira manifestada en palabras es algo así como la expresión de un fenómeno anímico y una imagen originada por él, pero no una mentira enteramente pura" PLATÓN.RepúblicaII,382b. JOSÉ LOIS ESTÉVEZ, Nueva versión sobre el Derecho. Santiago, 1977. Nadie puede ignorar que desde el fin de la segunda guerra mundial se da en el mundo una enorme y pertinaz campaña propagandística pro democrática. Hasta cierto punto es natural, porque fueron los Estados "totalitarios", monocromáticos los que pecharon con la responsabilidad de haber desencadenado la guerra. Más de ahí arrancaría solamente un convencimiento difuso, destinado a extinguirse en pocos años. Y la propaganda democrática insistente y costosa, perdura hasta hoy. ¿No debemos preguntarnos quién la financia? Si la onda no se amortigua, sino que conserva su amplitud, ¿no habrá que pensar que sea reactivada con energía extrínseca y deliberada? ¿Por ventura no encontramos hoy, en nuestro mundo fieramente competitivo, potencias gigantescas con ávido interés en que sus vecinos abandonen el poder a las masas exentas de ambición, para carecer de rivales temibles? ¿Por qué los mismos que conciben las "ideologías" como "intereses clasistas" no ven las fórmulas políticas como "intereses internacionales". Digamos ahora, en segundo lugar, por qué la democracia y el Estado de derecho son incompatibles… El Estado de Derecho, en cambio, no puede asentarse sino sobre condicionamientos intelectualistas. Busca un fundamento indefectible. Condiciona el poder. Requiere métodos. No puede subsistir sin la lógica ni la experiencia y ha de velar, a cada paso, sobre sí mismo. En pocas palabras: mientras que el Estado de Derecho no soporta la contradicción, la democracia es ella misma contradictoria: No tolera principio alguno sobre la voluntad popular e ignora que el pueblo, antes de serlo, tiene que estar jurídicamente definido. Porque, si sin Derecho no se concibe pueblo alguno, ¿cómo podrá crear el pueblo aquello que le da vida? (pueblo=humanidad). He ahí por qué la Ciencia del Derecho tiene siempre una cosa que decir sobre cualquier problema político: Anatematizará cualquier decisión que, implicando verdad o falsedad, responda sólo a un pronunciamiento voluntarista. Pues no hay mayor arbitrariedad que decir con votos lo que, por su naturaleza inferencial, debe ser mera conclusión y jamás premisa. José Lois Estévez. *AGRESIVIDAD DEL PODER. DERECHOS FUNDAMENTALES. *Santiago, 1992/ Cuando la Asamblea Nacional francesa "decretó" (según sus propias palabras y con evidente impropiedad terminológica y escasa coherencia)"la Declaración de derechos, el designio que se atribuía era ofrecer al pueblo dogmas políticos -"principios simples e incontestables… Tiene razón Carlyle cuando escribe: "Con los debates sin fin, obtenemos los /Derechos del hombre/, escritos y promulgados; verdadera base de papel para toda Constitución de papel. Olvidando, gritan los oponentes, declarar los deberes del hombre; olvidando, añadiremos nosotros, /los poderes del hombre/. ¡Una de las más fatales omisiones!"… a) Examinemos el primer artículo de la, Declaración. ¿Cómo deberá interpretarse? ¿Afirma un hecho, algo que ya es, o algo que se quiere, por estimar quienes lo redactaron que deberla ser? La primera hipótesis no resulta, evidentemente, sustentable. Si la libertad se concibe, según la definición del art. 4, como un "poder hacer", queda de manifiesto sin disputa que el recién nacido no es capaz de tenerla, pues no puede hacer nada: Todo hombre viene al mundo en la impotencia más absoluta; pretender que desde su nacimiento sea libre, peca de ridículo. Por otra parte, si fuera verdad que "los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos" ¿qué sentido tendría la preocupación del legislador? ¿A qué corear lo que ya es una realidad fáctica? Por lo demás, si los hombres hubieran de permanecer "iguales en derechos", ¿cómo hablar de distinciones sociales, ni aun fundadas en la utilidad común? ¿Son, por ventura, iguales en derechos quienes mandan y quienes obedecen?... , "cuando estas ideas se generalicen, ningún fanatismo podrá resistir la fuerza de la radiación ultrapenetrante de los conocimientos científicos"(Final). JOSÉ LOIS ESTÉVEZ*LA ETERNA POLÉMICA SOBRE LAS FUENTES DEL DERECHO*SANTIAGO 1993* */Por razones que jamás alcanzaré a comprender, los juristas de nuestro tiempo parecen empeñados en convertir a los legisladores humanos en una especie de ministros plenipotenciarios del divino Legislador. ¡Y en fuerza del servilismo que tal actitud entraña, los Legisladores acaban creyéndolo ¡ No son omniscientes (¡salta a la vista que saben muy poco!); pero disfrutan, en su propia opinión, de la más absoluta omnipotencia. Sin embargo (¡cosa curiosa!), nunca pueden imponer sus mandatos por sí mismos. Dependen de otros, tanto en cuanto a la interpretación de su particularísima *voluntad* como en la exigibilidad práctica del supuesto precepto a los súbitos. ¿Cómo, entonces, atribuirles ¿soberanía*? ¿Cabe, incluso, llamar ¿poder* a una ¿pretensión de obediencia*… ¿Cómo se explica la fe tópica actual en la ¿supremacía legislativa* cuando semejante presunción nunca encontró acogida en la antigüedad, ni aun en las épocas más primitivas ni despóticas?/Nadie soñó jamás entonces con hacer el Derecho, que, unido indisolublemente a la Religión, tenía como ella un origen divino. … ([2]/Esta subordinación del Derecho a lo religioso quedó consignada para siempre en la célebre definición que de la Jurisprudencia ofreció Ulpiano: " Jurisprudentia est divinarum atque humanarum rerum notitia, iusti atque íniusti scientia" ([3] / Muchos estudiantes se sorprenden,- en nuestros días, ante la primera parte de la fórmula definitoria. Les parece un error mencionar "las cosas divinas" como una porción integrante del saber jurídico, Juzgando con un criterio actual y, en la misma medida, también anacrónico, no entienden que alguien haya podido alguna vez mezclar la Religión en el Derecho. _/*Incluso siendo creyentes y aceptando sin vacilaciones que el orden de las cosas humanas es un elemento más en el orden general de la creación,, tienden a suponer que su criterio particular debe quedar reservado al fuero interno, para crear, en lo posible, una base común de lenguaje que sirva para establecer un acuerdo inicial entre todos los hombres, sea cualquiera su concepción del mundo»...*/ La crítica epistemológica conduce a la impersonalización del conocimiento, porque afirma la necesidad de que la Ciencia se exprese en un lenguaje "inmune a los cambios de observador", por "brindar descripciones invariantes de los fenómenos". Tal exigencia obliga a prescindir de las apariencias fenoménicas no compartidas; es decir, de cuanto se presenta "singularizado" en la observación. Sobre esto, LOIS: Nueva Versión sobre el Derecho, Santiago, /... que, en la misma proporción en que se *laiciza* y *seculariza* la sociedad y con ella las teorías jurídicas (5), se hace necesario incrementar la injerencia pública en los reductos más privados, dar más y más poder a los gobernantes y tratar de conformar esa entidad mística denominada *Estado* a la manera de un ser ubicuo, que llegue a estar informado de todo, que todo lo controle y que vaya con el tiempo haciéndose todopoderoso. ¿No estamos volviendo así a poner el Derecho al servicio de un credo religioso que toma al Estado como su fetiche? f). /La ventaja más evidente que tenía para los antiguos su concepción santificadora del Derecho estribaba en ponerlo a salvo del voluntarismo político. Siendo creación divina, no humana, ningún magistrado ni asamblea popular podría nunca manipularlo a su sabor… En Grecia, "las mociones contra-Derecho no sólo estaban prohibidas y cohibidas por acciones públicas (la famosa graphé paranomón), sino que ciertos magistrados (los custodios de la legalidad) tenían asignado el cometido de cortar de raíz cualquier propuesta contraria al Derecho" (9). La reforma de las leyes debía seguir un procedimiento especial. "Los griegos fueron siempre conscientes de que sin una firme estabilidad del Ordenamiento jurídico se incidiría en el gobierno de hombres, con su proclividad a lo arbitrario, y no en el deseado gobierno mediante leyes (10)… LOIS ESTÉVEZ Proceso y forma, Santiago, 1947,pág. 47: 6. "El hombre para su perfección y existencia necesita de los bienes del mundo exterior que le son necesarios, sobre una parte de los cuales le corresponde un crédito, que la Providencia confiere a cada nacido por el hecho sólo de nacer [Nota a pie de página: Aquí está el verdadero fundamento del (mal) llamado Derecho Social (¿existe alguno que no lo sea?). Este crédito providencial se refiere tanto (y más) que a los bienes materiales, a los espirituales.] Para conseguir la atribución de los bienes, es decir, que se asigne a cada uno la proporción de bienes que le corresponde, hace falta un sistema de distribución, el cual ha de estar elaborado en tal forma que no despoje a nadie de su crédito providencial. En la Mente Divina existe la distribución perfecta, ideal y eterna. Hay una distribución natural, que la razón práctica de los hombres alcanza, y, finalmente, hay las distribuciones positivas… (Todos on-line)
El progreso de las ideas. D.
El progreso de las ideas. D. José Lois Estévez en El Correo Gallego de 24-I-2005 (on-line) "…, a máximos de error jurídico, mínimos de libertad y viceversa, sin que importe el sistema político en que esté sucediendo, o (lo que es lo mismo), el nombre que se le dé. La eficiencia del Derecho tiende a disminuir siempre. Porque, si no todas las normas jurídicas son justas, en aquello en que se propasen, la constricción es opresión. Y el poder injusto, ¿en qué difiere de la dictadura? Lo importante en un Estado no es la legalidad aparente, sino el respeto auténtico del Derecho, la verdad jurídica, que, vistas las cosas con rigor, difícilmente existe en ningún país. El sector de población que se resigna a la injusticia, es, en la práctica, como si se solidarizara con ella. Está perdiendo libertad, con su asenso tácito a los actos arbitrarios, merece lo que le pasa. Pues todos debemos ser conscientes de que no hay injusticia consentida en un caso que no contamine a muchos otros, con daño grave a todos los demás. El mal es siempre contagioso. Y se propaga. Pero si no fomentamos el bien, ¿Podemos lamentarnos si desaparece?
Si Marx viviera
Si Carlos Marx viviera, al ver la Argentina de hoy con sus odiadores, con sus acomplejados y con su "masa", diría: "Muchachos, la cena está servida, sólo aguarden a que llegue el momento indicado".
Preocupante, muy preocupante.
El Carlista.
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