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Person of Interest (Vigilados)

Una serie de entretenimiento limpia y agradable para quien le gusta el género

Viendo algún material para recomendar a los lectores, me interesó el trabajo de Jim Caviezel en la serie, que va por su tercera temporada, llamada en inglés Person of Interest y en español  “Vigilados”.

Caviezel, fiel a su compromiso público después de La Pasión, en la que interpretó a Nuestro Señor en una actuación memorable, no ha querido tener parte en películas o series con temas o escenas inmorales. Lo cual limitó notablemente su carrera, por lo que sabemos.

Esta serie, un thriller de género indefinido, que oscila entre lo policial, el espionaje y la futurología. Por lo que he podido ver, o sea, toda la temporada primera, Caviezel ha cumplido con estas condiciones. No hay lenguaje obsceno, ni escenas de alcoba  o desnudismo (salvo, curiosamente, un momento muy discreto al comienzo, que no se entiende y se va comprendiendo a lo largo de los capítulos.

Ese parece ser el punto argumental fuerte: se va desentrañando una historia, o varias, muy complicadas, a la vez que cada capítulo unitario cierra otra de rescate o prevención de un crimen.

Porque el objeto de este equipo tan singular como reducido de “vigiladotes” de personas en peligro se dedica a anticiparse a un delito, generalmente un crimen, del que es alertado por un sistema de vigilancia creado por el personaje llamado Harold Finch (Michael Emerson, actor americano de teatro, conocido por medio de series muy difundidas también en la TV).

Esta máquina o sistema de vigilancia fue creado para algún organismo de seguridad norteamericano a fin de prevenir nuevos ataques como el del 11 de Septiembre de 2001 a las Torres Gemelas (un tópico ya de la ficción), pero alcanza tal poder que su inventor (que se atribuye en la ficción haber creado las redes sociales para alimentar el sistema, si non e vero…) decide, ante la imposibilidad de no cederlo a sus mandantes, cerrarlo de modo que nadie pueda alterar sus fines, a saber, prevención del terrorismo. Crea una inteligencia artificial a la que dota de una ética, digamos, por medio de reglas.

La  máquina también envía material que las agencias de seguridad consideran “irrelevante”, y que son advertencias sobre crímenes comunes. Aquí Finch se guarda un acceso y mediante su extraordinaria habilidad como ingeniero informático y una notable fortuna (que se va sospechando adquiere por su talento predictivo en la bolsa) recluta a un ex boina verda, ex Cia, John Reese (Jim Caviezel), Lo rescata de un estado de postración moral al que lo ha conducido el desengaño sufrido de los que conducen las agencias a las que ha servido por amor a la patria. Y decide poner sus talentos de guerrero para hacer operativa la prevención de lo que la máquina de Finch anticipa.

Todo sucede en Nueva York y la compleja máquina analiza indicios que recoge por medio de la vigiliancia por cámaras en toda la ciudad, públicas y privadas, a las que tiene pleno acceso.

La serie comienza con un par de capítulos un poco secos, pero luego va tomando cierto relieve y humanidad en sus personajes, se incorporan nuevos personajes, se desvelan las historias personales de a poco y finalmente los guionistas introducen toques de humor bastante refinados. Tanto como en el lenguaje como en las situaciones.

Es un entretenimiento grato, no faltará quien encuentre una denuncia de las redes sociales y sistemas de espionaje montados tras las Torres Gemelas como un verdadero operativo “gran hermano”… y con cierto fundamento.

Ha tenido un éxito enorme en los EE.UU. donde parece que estar tan vigilados les resulta ya agobiante. Sobre todo porque se ignora quién vigila y con qué propósito.

Pone también en discusión el tema de las cámaras de seguridad en la vía pública, automóviles, medios de transporte y donde se puedan imaginar, tan actual en la Argentina entre quienes pretenden resolver el problema de la delincuencia sin atacar sus raíces morales sino meramente sus síntomas externos.