Tercera Verdad: La religión es necesaria al hombre (continuación)

II. Naturaleza de la religión

Culto interno, externo y público

66. P ¿Cuáles son los elementos esenciales de toda religión?

R. Hay tres elementos esenciales que integran el fondo de toda religión. Todas tienen verdades que creer, leyes que guardar y un culto que rendir a Dios. Tres palabras expresan estos tres elementos: dogma, moral y culto.

La religión es el conjunto de los deberes del hombre para con Dios. El hombre debe a su Creador el homenaje de sus diferentes facultades. Debe emplear su inteligencia en conocerle, su voluntad, en observar sus leyes, su corazón y su cuerpo, en honrarle con un culto conveniente. Tal es la razón íntima de estos tres elementos esenciales de toda religión.

67. P. ¿Cómo manifiesta el hombre su religión?

R. Las relaciones del hombre con Dios deben traducirse por, sentimientos interiores y por actos exteriores, que toman el nombre de culto.

El culto es el homenaje que una criatura racional rinde a Dios. Consiste en el cumplimiento de todos sus deberes religiosos.

Hay tres clases de cultos: el culto interno, el externo y el público o social. Estos tres cultos son necesarios.

La religión no es una ciencia puramente teórica… no basta reconocer la grandeza de Dios y los lazos que nos unen a El: debe haber, de parte del hombre, un homenaje real, de adoración, de respeto y de amor hacia Dios: eso es el culto.

Debemos honrar, respetar a todas las personas que son superiores a nosotros, ya por sus méritos, ya por su dignidad, ya por su poder. El culto es el honor, el respeto, la alabanza que debemos a Dios. El culto, pues, no es otra cosa que el ejercicio o la práctica de la religión, que ciertos autores definen: El culto de Dios.

1 º El culto interno consiste en los homenajes de adoración, de amor, de sumisión que nuestra alma ofrece a Dios, sin manifestarlos exteriormente por actos sensibles.

Este culto interno constituye la esencia misma de la religión… por consiguiente, es tan necesario y tan obligatorio como la religión mis ­ma. Un homenaje exterior cualquiera, que no dimane de los sentimien ­tos del alma, no sería más que una demostración hipócrita, un insulto, más que un homenaje. Dios es espíritu, y, ante todo, quiere adorado ­res en espíritu y en verdad.

El primer acto del culto interno es hacer todas las cosas por amor de Dios… referirlo todo a Dios es un deber, no sólo para las almas piadosas, sino también para todos los hombres que quieran proceder de acuerdo con las leyes de la razón, porque ésta nos dice que, siendo servidores de Dios, debemos hacerlo todo para su gloria.

2 º El culto externo consiste en manifestar, mediante actos reli ­giosos y sensibles, los sentimientos que tenemos para con Dios. Es la adoración del cuerpo, que junta las manos se inclina, se prosterna, se arrodilla, etc., para proclamar que Dios es su Señor y Dueño. Así, la oración vocal, el canto de salmos e himnos, las posturas y adema ­nes suplicantes, las ceremonias religiosas, los sacrificios son actos del culto externo. Estos actos suponen los sentimientos del alma y son con relación a Dios, las señales de respeto y de amor que un hijo da a su padre.

3 º El culto público no es más que el culto externo rendido a Dios, no por un simple particular, sino por una familia, por una sociedad, por una nación. Este es el culto social.

Ciertos deístas pretenden elevarse por encima de las preocupaciones populares, no aceptando más culto que el del pensamiento y del sentimiento, ni más templo que el de la naturaleza. Tienen, según ellos, la religión en el corazón, y rechazan como inútil todo culto externo y público. Nada más falso que esta teoría, conforme se probará en las dos siguientes preguntas.

68. P. ¿Es necesario el culto externo?

R. Sí, el culto externo es absolutamente necesario por varios motivos:

1 º El cuerpo es obra de Dios como el alma… es justo, por tanto, que el cuerpo tome parte en los homenajes que el hombre tributa a Dios.

2 º El hombre debe rendir a Dios un culto conforme con su propia naturaleza… y como es natural al hombre expresar, mediante signos sensibles, los, sentimientos interiores que experimenta, el culto externo es la expresión necesaria del culto interno.

3 º El culto externo es un medio de sostener y desarrollar el interno. A no ser por las exterioridades de la religión y sus prácticas, la piedad interior desaparecería y nuestra alma no se uniría nunca a Dios.

a) Mediante el culto externo, el hombre rinde a Dios el homenaje de la creación entera, cuyo Pontífice es, prosternándose para adorarle, edificando iglesias, adornando santuarios, el hombre asocia la materia al culto del espíritu, y, por su intermedio, la creación material rinde a su Criador un legítimo homenaje.

b) El culto externo es natural al hombre. Este, como hemos visto, es un compuesto de dos substancias, tan estrechamente unidas entre sí, que no puede experimentar sentimientos íntimos sin manifestarlos exteriormente. La palabra, las líneas del rostro, los gestos expresan naturalmente lo que sucede en su alma. El hombre no puede, pues, tener verdaderos sentimientos religiosos que vayan dirigidos a Dios, si no los manifiesta por medio de oraciones, cánticos y otros actos sensibles. El hombre que vive sin religión exterior, demuestra, por eso mismo, que carece de ella en su corazón. ¿Qué hijo, penetrado de amor y de respeto para con sus padres, no manifiesta su piedad filial?...

c) Hay más todavía: el culto externo es un medio eficaz para desarrollar el culto interno. El alma, unida al cuerpo, lucha con grandísimas dificultades para elevarse a las cosas espirituales sin el concurso de las cosas sensibles. Ella recibe las impresiones de lo exterior por conducto de los sentidos. La belleza de las ceremonias, los emblemas, el canto, etcétera, contribuyen a despertar y avivar los sentimientos de religión. Que un hombre deje de arrodillarse ante Dios, que omita la oración vocal, que no frecuente la iglesia, y bien pronto dejará de tener religión en su alma. Lo averigua la experiencia. Con razón se ha dicho: "Querer reducir la religión a lo puramente espiritual, es querer relegarla a un mundo imaginario".

69. P. ¿Es necesario el culto público?

R. Sí… el culto público es necesario.

1 º Dios es el Creador, el Conservador y el Dueño de las sociedades y de los individuos. Por estos títulos, las sociedades le deben el homenaje social y, por consiguiente, público de su sumisión.

2 º El culto público es necesario para dar a los pueblos una idea elevada de la religión y de los deberes que impone.

3 º Es un medio poderoso para conservar y aumentar en todos los hombres el amor a la religión. El ejemplo arrastra, y nada es tan eficaz como el culto público para hacer popular la religión.

Fuera de eso, el género humano ha reconocido siempre la necesidad del culto público, como lo prueban las fiestas, los templos, los altares establecidos en todos los pueblos.

1 º Dios ha hecho al hombre sociable… no vive, ni crece, ni se con ­serva sino, en la sociedad. Sus necesidades, sus facultades, sus incli ­naciones, todo en el hombre justifica estas palabras del Criador: No es bueno que el hombre esté solo. De ahí la institución de la familia o sociedad doméstica… y también la de la sociedad civil que no es otra cosa que la prolongación del la familia. Un particular debe adorar a Dios en su corazón y expresar, mediante actos exteriores, los sen ­timientos de su alma: su naturaleza lo requiere así. Cada sociedad, compuesta de un cierto número de individuos a los cuales une entre sí, constituye una persona moral, que tiene sus deberes para con Dios,

puesto que de El depende, como el individuo. Es la divina Providencia la que forma y dirige las familias y las sociedades, y las eleva o las deprime, según que sean fieles o no a las leyes divinas. Necesita, pues, la sociedad de un culto público o social para dar gracias a Dios por los bienes que sus miembros reciben en común: el estado social del hombre lo pide.

2 º Sin el culto público, Dios no recibe el debido honor, y los hombres no comprenden la importancia de la religión. En la sociedad civil, para infundir respeto a la autoridad, se emplea el culto civil. Cuando el Jefe del Estado, pasa por una ciudad, se levantan arcos de triunfo, flotan las banderas al aire, las bandas ejecutan marchas, los jefes militares, vestidos de brillantes uniformes, van a saludar al gobernante, y las muchedumbres le aclaman... Pues bien, el primer Jefe de Estado, el Soberano de los soberanos, es Dios. ¿Podrá el hombre negarle aquéllos homenajes públicos y solemnes que rinde a sus representantes en la tierra? No, no… el culto público es necesario.

3 º El culto público es el medio más eficaz para desarrollar los sentimientos religiosos. Suprimid en el hogar doméstico la oración en común, las buenas lecturas, el canto de plegarias, gozos e himnos, las imágenes sagradas, etc., y muy pronto los miembros de la familia dejarán de pensar en Dios. Entonces, el hijo pierde el respeto al pa ­dre… la hija, a la madre… la unión, los afectos y atenciones mutuos dejan de existir.... ¡Qué triste y desgraciada es una familia sin re ­ligión!...

En la sociedad civil, ¿hay algo más conmovedor que ver reunidos en torno del mismo altar a los gobernantes y a los gobernados, a los grandes y a los pequeños, a los ricos y a los pobres, formando una sola familia, arrodillada, delante del mismo Padre?... El ejemplo ejerce una gran influencia, y es soberanamente eficaz para excitar en el alma el pensamiento y el amor de Dios.

Suprimid las iglesias, las asambleas, las fiestas, la solemne voz de la campana, las cruces erigidas en las plazas, y millones de hombres ya no verán nada que les obligue a decir: He ahí a tus hermanos que piensan en Dios… es menester que tu también pienses en El. ¡Qué distinta una parroquia piadosa, de un barrio impío, donde nada recuerda a Dios y su culto!...

Si prescindís del culto público, ¿de qué medio os valdréis para moralizar a las masas? Del teatro, de los clubes, de los cafés, de los lugares de, orgías... Cerrad las iglesias y las capillas, y en seguida os veréis obligados a construir cárceles. Desterrad la religión, de las calles y plazas públicas, prohibiendo las procesiones, y no tardaran en verse frecuentadas por otras procesiones de gente qué, por cierto, no es santa... El culto público, por consiguiente, no es tan sólo un deber, sino también una cuestión de vida o muerte para toda sociedad doméstica o civil.

70. P. ¿Qué se necesita para el culto externo y público?

R. Para el culto externo y público se necesitan la oración los edificios sagrados, las ceremonias, un sacerdocio y días consagrados al culto. Estos cinco elementos se hallan en todos los pueblos.

1 º Se necesita la oración. - Ella es una parte esencial del cul ­to: con la oración se adora a Dios, se le alaba, se le dan gracias, se le ama, se le implora. De esta suerte, la oración incluye el ejercicio de las más excelentes virtudes: la fe, la esperanza, la caridad, la humil ­dad, la confianza. La oración honra todas las perfecciones divinas: el poder, la sabiduría, la bondad de Dios. La oración es la primera necesidad de nuestra flaqueza, el primer grito del dolor y de la des ­gracia. Es un instinto que Dios ha puesto en nosotros… el mundo ha rezado siempre y, a pesar de los sofismas de la impiedad, el mundo no dejará nunca de rezar. Nunca el hombre es tan grande como, cuan ­do se anonada ante el Creador para rendirle homenaje e implorar su socorro.

-Yo creo, escribía Donoso Cortés, que los que rezan hacen más por el mundo que los que combaten, y que si el mundo va de mal en peor es porque hay más batallas que oraciones. Si nosotros pudiéramos penetrar en los secretos de Dios y de la historia, quedaríamos asombrados ante los prodigiosos efectos de la oración, aun en las cosas humanas. Para que la sociedad esté tranquila se necesita un cierto equilibrio, que sólo Dios conoce, entre las oraciones y las acciones, entre la vida contemplativa y la vida activa. Si hubiera una sola hora de un solo día en que la tierra no enviara alguna plegaría al cielo, ese día y esa hora serían el último día y la última hora del universo-.

2 º Se necesitan iglesias. - Los edificios sagrados no son necesarios para Dios, porque todo el universo, es su templo… pero lo son para el hombre, y los hallamos en todos los pueblos. En el templo estamos más recogidos, nos sentimos más cerca de Dios, rezamos en común, somos instruidos y excitados a la piedad por las ceremonias. Se necesitan casas especiales para los diversos servicios públicos: ministerios, palacios de justicia, casas consistoriales, escuelas, etc.… ¿y no se necesitarán iglesias donde el pueblo pueda reunirse para tributar a Dios un culto conveniente? Los edificios sagrados son tan necesarios para el culto, que los impíos empiezan por destruirlos, tan luego como tienen en sus manos el poder para perseguir a la religión. Si adornáis vuestros palacios, vuestras casas, vuestros monumentos públicos, con mucha más razón, debéis adornar las iglesias, porque nada es demasiado hermoso para Dios.

3 º Se necesitan las ceremonias. - Ellas dan a los hombres una elevada idea de la majestad divina… estimulan y despiertan la piedad debilitada o dormida, y simbolizan nuestros deberes para con Dios y para con nuestros semejantes.

4 º Se necesita un sacerdocio, es decir, presbíteros elegidos de entre los hombres para velar por el ejercicio del culto. Sucede con el culto lo que con las leyes: para asegurar el cumplimiento y aplicación de las mismas, se requieren jueces y magistrados… así también se requieren sacerdotes para vigilar por la conservación del culto y de las leyes morales. El sacerdote instruye, dirige, amonesta y preside los acontecimientos más importantes de la vida, él es quien, en nombre de todos, ofrece el sacrificio, acto el más importante del culto.

En, todas las religiones se hallan sacerdotes, señal clara de que todos los pueblos los han reconocido como necesarios.

Si hay alguna religión que debiera prescindir de los sacerdotes, sería seguramente la protestante, puesto que no hace falta el sacerdote cuando no hay altar, y cuando cada cristiano está facultado para interpretar la Biblia a su manera. Sin embargo, los protestantes tienen sus ministros, que, aun desprovistos de todo mandato y autoridad, comentan el Evangelio.

Los masones tienen sus logias, que vienen a ser su templo. Allí, con la aparatosa, majestad de un pontífice, el venerable, revestido de ornamentos simbólicos, preside ritos y juramentos, que serían ridículos si no fueran satánicos.

¡Y los librepensadores! ... Proclaman ferozmente a todos los vientos que no quieren culto ni sacerdotes… y después inventan el bautismo civil, el matrimonio civil, el entierro civil, el funeral civil, etc., donde en lugar del sacerdote católico, está el sacerdote del ateísmo, que parodia la liturgia y las oraciones de la Iglesia.

¡Tan cierto es que los hombres no pueden mudar la naturaleza de las cosas! No hay sociedad sin religión, ni religión sin culto, ni culto sin sacerdotes. Si no se adora a Dios, se adora a Satanás o a sus ídolos… si no se obedece al sacerdote de Dios, se obedece al sacerdote de Lucifer.

5 º Se necesitan días especialmente consagrados al culto. Así como el hombre debe a Dios una porción del espacio, que le consagra edificando templos, también le debe una porción del tiempo, que le da consagrando al culto algunos días de fiesta. Todos los pueblos han tenido días festivos en honor de la divinidad, hecho extraño que sólo puede explicarse por la revelación primitiva. La división del tiempo en semanas, la santificación de un día en cada siete, es una costumbre constantemente observada en todos los pueblos. -La semana, dice el incrédulo Laplace, circula a través de los siglos: y cosa muy digna de notarse es que sea la misma en toda la tierra-. El séptimo día se convierte así en el día de Dios y en el día del hombre. Los pueblos cristianos lo llaman domingo. Es el día en que Dios y el hombre se encuentran al pie de los altares y en que se establece entre ellos un santo comercio por el intercambio de plegarias y de gracias.

Si no existiera el domingo, el hombre no pensaría más que lo que piensan los animales en ese Dios que nos ha dado la vida para que procuremos su honor.

Si no existiera el domingo, el hombre olvidarla que hay un cielo eterno que debemos ganar, un alma que debemos salvar, un infierno que debemos evitar... ¿Es acaso demasiado pensar en esto un día por semana?

Faltando la institución del domingo, los habitantes de un pueblo no se reunirían nunca para alabar a Dios y rendirle culto público y social.

El domingo trae aparejadas otras ventajas: 1 º Es necesario para el cuerpo humano, porque éste se abatiría luego sin un día de reposo por semana. 2 º Es necesario a la familia, cuyos miembros no pueden reunirse más que ese día para gozar de las ventajas y dulzuras de la vida. 3 º Es necesario a la felicidad social, porque la Iglesia es la única escuela de fraternidad, de concordia y de unión de clases.

Por esto, hacer trabajar al obrero el domingo, no es solamente un crimen contra Dios, si no también un ultraje a la libertad de conciencia y a la fraternidad social.

Faltar a las prácticas del culto público equivale a profesar el ateísmo y la impiedad, además de constituir un grave escándalo para la propia familia y para los conciudadanos del que falta a tan sagrado deber.

III. Futilidad de los pretextos alegados por los indiferentes

para dispensarse de practicar la religión.

1. ¿Qué me Importa la religión? Yo puedo pasar sin ella.

R. Es lo mismo que si dijera ¡s: ¿Qué me importan las leyes civiles? Yo puedo pasar sin ellas… quiero seguir mi antojo... Si no observáis las leyes, de vuestro país, os exponéis a que os recluyan en una carcel. Si no observáis las leyes de Dios, El, infaliblemente, os encerrará en una cárcel eterna, de la que no se sale jamás.

Podéis pasar sin religión, como podéis pasar sin el cielo. Pero si no vais al cielo, tenéis que ir al infierno. No hay término medio: o el cielo o el infierno. Al cielo van los fieles servidores de Dios, y al infierno los que se niegan a servirle. Ahora bien, el servicio de Dios consiste en la práctica de la religión. Podéis protestar cuanto os plazca, pero no lograréis cambiar los eternos decretos de Dios, vuestro Creador y Señor.

Un hombre sin religión es un rebelde y un ingrato para con Dios… un insensato para consigo mismo… un escandaloso para con sus seme ­jantes.

1 º Un rebelde. - Dios nos ha creado. Nosotros le pertenecemos como la obra pertenece al obrero que la ha hecho. Negarnos a cumplir el fin para el cual nos formaron las manos divinas, es negar la rela ­ción incontestable de la criatura al Creador… es la destrucción del or ­den, la rebelión.

Es un rebelde el hijo que desobedece a sus padres, los cuales no son sino los instrumentos de que Dios se ha servido para darle el ser. ¿Cuál será entonces el crimen de aquél que desobedece a Dios, a quien se lo debe todo, su cuerpo, su alma, su corazón y la promesa de una felicidad sin término?...

2 º Un Ingrato. - Un hombre sin religión es un ingrato. Nosotros marcamos con este estigma la frente del hijo que desprecia a su padre, la frente del favorecido que olvida a su bienhechor. Pues bien, Dios es el Padre por excelencia, y todo lo que tenemos, todo lo que somos, todo nos viene de Dios.

Huelga decir que la gratitud es el primero de los deberes. El niño lo sabe: las dos manitas que salen fuera de la cuna dicen: Mamá, yo te amo. La voz conmovida del pobre, sus lágrimas cayendo sobre la mano que le ha alimentado o vestido traducen los sentimientos de su corazón. Y nosotros, hijos de, Aquel que nos lo ha dado todo: nosotros, infelices mendigos, a quienes Dios sacó de la nada, ¿nosotros tendremos el derecho de pasar por el camino de la vida sin decir,-Gracias- a Aquel a quien se lo debemos todo?... No, no es posible. El día que el hombre pueda decir sin mentira: Yo debo nada a Dios, me basto a mí mismo... ese día será independiente, y dispensado de todo deber. Pero ese día no llegará nunca: seremos eternamente las criaturas, los deudores del Altísimo y, por tanto, le deberemos el testimonio de nuestra gratitud eterna.

3 º Un insensato. Se considera insensato todo el que destruye sus bienes, rompe los enseres de su casa y arroja su dinero a la calle ¿Y qué debemos pensar de aquel que, deliberadamente, destruye sus bienes espirituales, se cierra el cielo y arroja para siempre su alma al infierno? Tal es el hombre sin religión. El se pierde completamen ­te, y su pérdida es irreparable, eterna.

4 º Un escandaloso. - El mayor escándalo que el hombre pueda dar es el de mostrarse indiferente para con Dios. Sin duda dirá: Yo no ofendo, a nadie. Pregunto: ¿Y no injuriáis a Dios no glorificándole? ¿No injuriáis a vuestra alma, que arrojáis al fuego eterno? ¿No injuriáis a vuestra familia, a vuestros semejantes con el gran escán ­dalo de vuestra indiferencia? No les podéis causar mayor perjuicio de arrastrarlo con vuestro ejemplo al desprecio de la religión y a la condenación eterna.

2. ¿Para qué sirve la religión?

R. 1 º Esta es una pregunta impertinente, que raya en impiedad. No se trata de saber si la religión nos es útil y agradable… basta que su ejercicio sea un deber para nosotros. Hemos probado que la religión es un deber estricto para el hombre… sabemos, por otra parte, que es bueno quien cumple con sus deberes y malo quien no los cumple. Que el deber, pues, nos sea agradable o desagradable, poco importa… hay que cumplirlo. Luego es necesario practicar la religión.

Pero no hay nada más dulce que el practicar la religión, puesto que ella responde a las más nobles aspiraciones del alma humana. ¿Qué es Dios? ¿Qué es el hombre? Dios es la luz, la belleza, la grandeza, el amor y la vida. El hombre, inteligencia y corazón, aspira con todas sus ansias a la luz, a la belleza, a la vida… con sus debilidades, indigencias y dolores llama en su auxilio, el poder, la bondad y la paternidad de Dios.

Si tal es Dios y tal el hombre, ¿no veis que todo los une? Dios se inclina con sus bondades y sus tesoros, y el hombre se eleva con sus aspiraciones y necesidades: la religión es el templo donde ambos se encuentran y abrazan. Dios, amando al hombre y descendiendo hacia él… el hombre, llevado en alas de la fe, de la esperanza y del amor, remontándose hacia Dios y descansando sobre su corazón de Padre: he ahí la religión… he ahí su grandeza, su belleza, su armonía.

La religión sirve a Dios y sirve al hombre… y ahí tenéis la razón que explica por qué la religión jamás será destruida. Para ello sería necesario aniquilar a la vez el infinito amor de Dios y el corazón del hombre, que se buscan y se encontrarán siempre.

Muchos volúmenes, se han escrito y podrían escribirse sobres los beneficios de la religión, y nunca se agotaría la materia.

2 º ¿Para qué sirve la religión? Para distinguir al hombre del animal… es la ciencia moderna quien lo dice y lo prueba. Quatrefages, en su hermoso libro de la Unidad de la especie humana, demuestra que dos rasgos caracterizan al reino humano: la conciencia, fundada sobre la distinción del bien y del mal, y la noción de Dios y de la vida futura, a lo que él llama la facultad religiosa. Estos dos rasgos, ex ­clusivamente propios del hombre, son del todo extraños al animal. Un hombre no es un hombre sino porque es religioso. Luego los que viven sin religión se separan de la humanidad, descienden un grado en la escala de los seres y se clasifican a si mismos entre los monos más o menos perfeccionados: tal es la conclusión lógica de la ciencia.

Un día, el ilustre Newton, presidiendo un banquete de sabios se levantó y dijo: "Propongo un brindis solemne y de honor por todos los hombres que creen en Dios y que le adoran: ¡bebo a la salud del género humano!

El instinto religioso es el más profundo y el más universal de la naturaleza humana. Donde hay rastros de hombre, hay rastros de religión.

3 º ¿Para qué sirve la religión? Preguntad más bien, ¿para qué no sirve? Un gran filósofo declara que la religión es el aroma de la ciencia… ¿y no es acaso el aroma de la vida entera? Sin la religión no hay más que una felicidad: la de no haber nacido. ¿Para qué sirve la religión? Preguntádselo a los pobres, a los afligidos, que encuentran en ella su consuelo… al joven, a quien preserva de las pasiones… a la joven, a quien convierte en ángel… al soldado, a quien infunde valor… a los obreros… a quienes hace honrados y económicos… a los habitantes de las ciudades, a quienes guarda de la corrupción… a los labradores, a quienes procura la felicidad en su vida sencilla y ruda.

Un gran criminal iba a ser ejecutado. Sentado en el jergón de su calabozo, escuchaba a un sacerdote que trataba de hacer penetrar en su alma el arrepentimiento y la esperanza. " ¡Padre!, grita de pronto el reo, yo soy muy culpable, pero conozco otros más criminales que yo… son aquellos que me han hecho ignorar lo que me estais diciendo. La religión me habría salvado: sin ella, me he convertido en un monstruo, y ahora vedme aquí frente al patíbulo.

A la mañana siguiente, estando ya en el patíbulo, abrazó al sacerdote y al crucifijo, y mostrándolos a la conmovida muchedumbre, gritó: -iPueblo! aquí tienes a tus verdaderos amigos. Creed al hombre que va a morir por haberlo sabido demasiado tarde.-

4 º ¿Para qué sirve la religión? Ella es la égida de la familia: inspira al esposo y al padre la dignidad y la ternura… a la madre, el respeto y la abnegación… a los hijos, el sentimiento del deber y la piedad filial.

La religión es la salvaguardia de la sociedad: inspira a los gobernantes la justicia en sus resoluciones… impone al pueblo el respeto a la ley y el amor a la patria. ¿Qué sería de la sociedad sin religión? Un ramoso socialista, Pedro Leroux, nos lo va a decir:

"-Puesto que no hay en la tierra más que cosas materiales, bienes materiales, oro y estiércol, dadme mi parte de ese oro y estiércol.

-tiene el derecho de deciros todo hombre que respira.

-Tienes hecha tu parte - le responde el fantasma social que tenemos hoy.

-Juzgo que está mal hecha - responde el hombre a su vez.

"-Con ella te contentabas antes - dice el fantasma.

"-Antes, insiste el hombre, había un Dios en el cielo, una gloria que ganar y un infierno que temer. Había también en la tierra una sociedad en la cual tenía yo mi parte, pues siendo vasallo tenía a lo menos el derecho del vasallo: obedecer sin envilecerme. Mi amo no me mandaba sin derecho o en nombre de su egoísmo, porque su poder se remontaba a Dios, que permitía la desigualdad en la tierra. Teníamos una misma moral y una misma religión… en nombre de esa moral y de esa religión, servir era mi suerte, mandar era la suya. Pero servir era obedecer a Dios y pagar con mi abnegación a un protector en la tierra. Y, si era yo inferior en la sociedad seglar, era igual a todos en la sociedad espiritual, que se llamaba Iglesia. Y aun esta Iglesia no era más que el vestíbulo y la imagen de la verdadera Iglesia, de la Iglesia celestial, a la cual se dirigían mis esperanzas y miradas. . . … sufría para merecer… sufría para gozar la bienaventuranza... Tenía la oración, los sacramentos, el santo sacrificio. Tenía el arrepentimiento y el perdón de Dios. Ahora he perdido todo eso. No puedo esperar un cielo… ya no hay Iglesia. Me habéis enseñado que Cristo era un impostor… no sé si existe un Dios, pero si sé que los que hacen las leyes creen poco en ellas, y las hacen como si no creyesen ni poco ni mucho en su eficacia. Lo habéis reducido todo a oro y estiércol. ¿Para qué obedecer?... Si no hay Dios, no hay patronos… si no hay paraíso allá arriba, yo quiero mi parte en la tierra. . .

Ahí tenéis lo que hoy se llama cuestión social. Cuestión terrible que agita al mundo y se agrava más cada día. ¿Quién la resolverá? Los políticos parece que no la comprenden… los filósofos disparatan… los fusiles son impotentes… sólo Dios puede solventarla.

La religión previene a los pobres y a los obreros contra el lujo, los placeres y los gastos inútiles, que son la causa primera de sus desgracias. Fomenta el amor al trabajo, los hábitos de orden y de economía, la paciencia en las adversidades y las penas, que son la fuente de la felicidad. Inspira a los ricos la caridad, la solicitud por los pobres, y conserva así la unión entre las diversas clases sociales.

Un pensador eminente, Le Play, que recorrió todo el mundo para estudiar la cuestión social, después de largas observaciones, declara:

1 º Que dondequiera que halló honrada la religión y observados los diez mandamientos de la ley de Dios florecían la familia, el trabajo, la fuerza física, las costumbres, la prosperidad pública, la felicidad social.

2 º Que donde, por el contrario, declinaban la fe religiosa y la observancia del decálogo, allí se alteraban la moralidad, el amor al trabajo, el vigor de las razas, la fecundidad de las familias. Allí germinaban las discordias sociales que causan la ruina de los pueblos. Y Le Play habla aquí, no como cristiano, sino como observador imparcial y muy reposado, con columnas de números y con pruebas palpables de todo género.

Conclusión: Nada es más útil que la religión.

3. La religión es buena para las mujeres.

R. 1 º ¿Y por qué no para los hombres? Hombres y mujeres, ¿no son iguales ante Dios?, ¿no tienen la misma naturaleza, los mismos deberes, los mismos destinos? Los hombres, ¿no son criaturas de Dios, y no deben, como las mujeres, proclamar su adhesión al Criador? Si Dios tiene derecho a las adoraciones de las mujeres, ¡por qué no ha de tener el mismo derecho a las adoraciones de los hombres? ¿0 es que porque teneis barba os creéis con derecho para tratar a Dios de igual a igual?...

2 º "0 la religión es verdadera o es falsa. Si es verdadera, tan verdadera es y, por lo mismo, tan buena para los hombres como para las mujeres. Si es falsa, es tan mala para las mujeres como para los hombres, porque la mentira no es buena para nadie".

3 º La religión es necesaria a la mujer… pero lo es, mas, todavía para el hombre, que ha recibido más beneficios de Dios y le debe, por consiguiente, más agradecimiento. En una familia, el hijo mayor, por ser el más favorecido en el reparto de los bienes patrimoniales, ¿no debe a sus padres mayor reconocimiento y amor que los demás hijos?

El hombre es el primero en todo: el primero en la sociedad, el primero en las ciencias y en las artes, etc. Es conveniente pues, que sea también el primero en glorificar a Dios y en practicar la religión. El es el jefe de la familia, y ha recibido la misión de guiarla a su destino, que es Dios. ¿Acaso podrá hacerlo si no le da ejemplos de piedad, s ¡ no marcha el primero, como un capitán al frente de su compañía, bajo la bandera de la religión?

4 º Diréis: La religión es cuestión de sentimiento. La mujer vive con el corazón, necesita emociones… el hombre es más positivista.

¿Y qué cosa hay más positiva que la religión? ¿Qué cosa más real que vuestra existencia? Vivís, esto es positivo, y debéis interrogaros para qué estáis en la tierra. Vuestra razón os contestará: Tú vienes de Dios, tú eres su siervo, habitas su mansión, te calientas a los rayos de su sol, te alimentas, con sus dones y no existes sino para ejecutar sus órdenes. El es tu Señor y Dueño. Si no quieres acatar sus leyes, sal de su casa... Pero, ¿adónde irás que no te encuentres en su casa?...

¿Qué pensaríais de un servidor que dijera a su señor: - Yo soy alimentado y vestido a vuestras expensas: muy bien. Pero no os debo obediencia y respeto… vuestros mandatos son cuestión de sentimiento, buenos únicamente para vuestras sirvientas, que viven del corazón?... El lenguaje de este servidor ¿no sería un insulto a su dueño? Si no practicáis la religión, ¿no sois más criminales con respecto a Dios?

5 º ¿Qué queréis de más positivo que vuestra alma que salvar, que el cielo que merecer, que el infierno que evitar? Para conseguirlo, ¿no es necesario vencer vuestras pasiones, practicar las virtudes, cumplir, en fin, con todos vuestros deberes? Ahora bien, nada de esto podéis hacer sin la ayuda de la religión.

Conclusión. - La religión es buena y necesaria para todos: Ella nos enseña a conocer, amar y servir a Dios, que es el Dios de todos. Ella asegura la salvación de nuestra alma, que es el negocio de todos. Ella nos conduce al cielo, que es la patria de todos. Y puesto que en el género humano el hombre ocupa siempre el primer puesto, el debe ser también el primero en la práctica de la religión.

Preguntaban un día a un viejo magistrado: - ¿Por qué hay menos mujeres que hombres en las cárceles? La razón es, contestó, porque hay más mujeres que hombres en las iglesias.

4 º Basta ser honrado.

R. 1 º Sí… basta para evitar el patíbulo, pero no para ir al cielo. Basta ante los hombres quizá… pero no basta ante Dios, Soberano Juez.

2 º Todo el mundo, hoy en día, pretende ser honrado. El joven que se entrega a sus pasiones desenfrenadas, os dirá con toda seriedad: ¡Soy un hombre honrado! - El patrón que abusa de sus obreros y los obliga a trabajar el domingo, so pena de ser despedidos, os dice: ¡Soy un hombre honrado! - El obrero que no aprovecha bien el tiempo porque trabaja a jornal, se atreve a decir que es un hombre honrado. Todos los comerciantes se dicen honrados… y, sin embargo, los ¡oiréis decir, quejándose unos de otros: Por todas partes no se ven más que fraudes, injusticias, entiagos... Los hombres honrados que sólo temen a los gendarmes son los partidarios de esta bella religión. ¡Qué religión tan cómoda la religión del hombre honrado!...

3 º No tenéis, decía, nada que os reproche: domináis vuestras pasiones y vivía como Bayardo, sin miedo y sin tacha. Pues entonces sois un milagro viviente, una verdadera maravilla: ¡es tan difícil vencer las pasiones sin el auxilio de la religión!... Si vuestras debilidades y vuestras caídas no aparecen a la luz del sol, es que sabéis, disimularlas bajo el manto de una repugnante hipocresía.

¡Cuántos hombres honrados para el mundo, (que no juzga sino de lo exterior) son grandes criminales a los ojos de Dios que penetra los pensamientos más íntimos del alma!... Pero aun cuando lo que afirmáis fuera exacto, aun cuando fuerais casto, justo, buen hijo, buen padre, buen ciudadano, etc., no seríais el hombre honrado que la conciencia reclama.

4 º No se es honrado cuando no se practica la religión. La honradez es, ante todo, la justicia, que consiste en dar a cada uno lo suyo. Ahora bien, la religión no es otra cosa que la justicia para con Dios. Luego aquél que no practica la religión no es honrado, porque no es justo para con Dios ¿Qué le debéis a Dios? Todo ¿Qué le dais a Dios? Nada, o casi nada. Luego no sois honrado. Un ingrato, un rebelde, ¿Puede decir: No tengo nada que reprocharme, soy un hombre honrado?...

5 º Hay que reprobar la imprudente condescendencia que tienen algunos cristianos para con los hombres sin religión. Sucede muchas veces que, después de haber hecho un inmerecido elogio de esos desgraciados, se afiade: ¡Sólo le falta un poquito de religión!... ¡Cómo! ¿Os atrevéis a llamar honrado a un hombre que no tiene religión? Pero, entonces, el Señor nuestro Dios, ¿merece tan poca estimación de los hombres, que descuidar su servicio no es a sus ojo una falta digna de censura?... Violar los derechos del Criador, del Padre celestial, de nuestro Soberano Señor, ¿dejará de ser un delito suficientemente grave para perjudicar la buena reputación de un hombre e impedirle gozar fama de bueno y honrado? ¡Qué escándalo!

Los ladrones, los asesinos son menos culpables que los impíos, o que los hombres que viven sin religión, porque nuestras obligaciones para con Dios son mil veces más importantes que nuestras obligaciones para con los prójimos.

No hay que olvidar que Dios nos ha creado y colocado en este mundo para conocerle, amarle y servirle. El hombre que no sirve a Dios es un monstruo de la naturaleza, como lo sería el sol que no alumbrara ni calentara. El hombre que no tiene religión no se porta como hombre… es un ser degradado, una afrenta de la creación.

5. Yo tengo mi religión: sirvo a Dios a mi manera.

R. 1 º Tendríais razón, si Dios hubiera dicho: Cada cual podrá servirme como quiera...… pero no es así. Dios es el único que tiene derecho para decir cómo quiere ser honrado, lo mismo que el dueño tiene derecho para decir a su siervo la manera cómo se le ha de servir.

2 º Un criado que, para excusarse de no haber cumplido las órdenes de su amo, le dijera: 0s sirvo a mi manera, sería despedido inmediatamente. El obrero que quisiera hacer el trabajo a su capricho, sería despedido inmediatamente. Un soldado que dijera: Hago el ejercicio a mi manera, no se libraría del castigo. Juzguemos por esos ejemplos el castigo que merecería el hombre que tuviera la insolencia de decir a Dios: Yo tengo mi religión, os sirvo a mi manera. Si Dios es el Señor, ¿no es claro que a El corresponde regular el culto que le conviene, y ordenar la manera cómo quiere que se le honre y se le eleven las plegarias?

3 º Si cada uno se arrogara el derecho de crearse una religión a su manera, nacerían millares de religiones, ridículas y contradictorias, como lo prueba la historia de los pueblos paganos y de las sectas protestantes.