Primera Verdad, Dios Existe

apologetica.jpgRelanzamos la sección Apologética reproduciendo semana a semana el clásico del padre Hilaire, La Religión Demostrada. Tratándose de una obra voluminosa, insumirá un largo tiempo su publicación completa, por lo que el lector podrá ir avanzando ordenadamente sobre cada uno de los puntos que el autor desarrolla.

1. P. ¿Cuál es la verdad primera, que ningún hombre debe ignorar?

R. La existencia de Dios, es decir, de un Ser eterno, necesario e infinitamente perfecto, Creador de cielos y tierra, absoluto Señor de todas las cosas, a las que El gobierna con su Providencia. Esta es la verdad fundamental sobre la que descansa el edificio augusto de la religión, de la moral, de la familia y todo el orden social.

Si no hay Dios, la religión es completamente inútil.

La moral carece de base, si Dios, en virtud de su santidad, no establece una diferencia entre el bien y el mal… si con su autoridad suprema, no hace obligatorias las normas de esa moral, y si con su perfecta justicia no premia el bien y castiga el mal.

Es imposible concebir la familia y la sociedad, sin leyes, sin deberes, sin las virtudes de la caridad, etc., y todas estas virtudes, si Dios no existiera, serían puras quimeras.

2. P. ¿Podemos estar ciertos de la existencia de Dios?

R. Sí, tan ciertos podemos estar de que Dios existe, como de que existe el sol. Es verdad que a Dios no lo vemos con los ojos corporales, porque es un espíritu puro… pero son tantas las pruebas que nos demuestran, sin lugar a dudas, su existencia, que sería necesario haber perdido por completo la inteligencia, para afirmar que Dios no existe.

No puede la mente humana comprender la naturaleza íntima de Dios ni los misterios de la vida divina… pero sí puede establecer con plena certeza el hecho de su existencia y conocer algunas de sus perfecciones. A Dios no lo podemos ver, ciertamente, con los ojos del cuerpo, pero sí podemos contemplar sus obras. Así como por la vista de un cuadro deducimos la existencia del pintor, cuya es la obra -puesto que la existencia del efecto supone la existencia de la causa que lo produjo-, así también, podemos remontarnos de los seres creados al Creador, causa primera de todo cuanto existe. Esto es lo que afirma el Concilio Vaticano: "Con la luz natural de la razón humana puede ser conocido con certeza, por medio de las cosas creadas, el Dios único y verdadero, Creador y Señor nuestro".

Orden de nuestra exposición

I. - Principales pruebas de la existencia de Dios.

II. - Falsos sistemas inventados por los impíos para explicar el origen del mundo. - Su refutación.

III. - Bondades recibidas de Dios y efectos de su Providencia.

1. Pruebas de la existencia de Dios

3. P. ¿Cuáles son las pruebas principales de la existencia de Dios?

R. Podemos citar siete, que nuestra razón nos dicta, y que se fundan:

1. en la existencia del universo…
2. En el movimiento, orden y vida de los seres creados…
3. En la existencia del hombre, dotado de inteligencia y libertad…
4. En la existencia de la ley moral…
5. En el consentimiento universal del género humano…
6. En los hechos ciertos de la Historia…
7. En la necesidad de un ser eterno.

Estas pruebas pueden agruparse en tres categorías: físicas, morales y metafísicas.

Son pruebas físicas las que se fundan en la existencia, orden y vida de los seres creados (1 º y 2 º).

Son pruebas morales las que tienen por base el testimonio de nuestra conciencia, del género humano, y los hechos conocidos de la historia (3 º a 6 º).

Como prueba metafísica - ya que éstas son menos asequibles para las inteligencias comunes- daremos solamente la que se funda en la necesidad de un ser eterno (7 º).

Todas estas pruebas tienen un fundamento común, que es un postulado o principio inconcuso, que todo el mundo admite: No hay efecto sin causa. Cualquiera de ellas, tomada aisladamente, demuestra plenamente la existencia de Dios… pero consideradas en conjunto, constituyen una demostración irrebatible, capaz de convencer al incrédulo más obstinado.

I. La existencia del universo

4. P. ¿Cómo se demuestra, por la existencia del universo, la existencia de Dios?

R. La razón nos dice que no hay efecto sin causa. Vemos un edificio, un cuadro, una estatua… al punto se nos ocurre la idea de un constructor, de un pintor, de un escultor, que hayan hecho esas obras. Del mismo modo, al contemplar el cielo, la tierra y todo cuanto existe, pensamos que todo ello debe tener alguna causa… y a esa causa primera del mundo, le llamamos Dios. Luego por la existencia del universo, podemos demostrar la existencia de Dios.

En efecto:

1. El universo no ha podido hacerse a si mismo.
2. No es fruto de la casualidad.
3. No ha existido siempre.

Luego debe su existencia a un Ser Supremo y distinto de él.

1 º El universo no ha podido hacerse a sí mismo porque lo que no existe, no puede obrar, y consiguientemente, no puede darse la existencia. El ser que no existe, es nada, y la nada, nada produce.

2 º El universo no es fruto de la casualidad, porque la casualidad no existe, y por lo tanto, nada puede producir. La casualidad es una palabra que el hombre ha inventado para ocultar su ignorancia y para explicar los hechos cuyas causas desconoce.

3 º El universo no ha existido siempre. Así lo reconocen a una todas las ciencias. La geología, o ciencia de la Tierra… la astronomía, o ciencia de los astros… la biología, o ciencia de la vida, etc., todas sostienen que el mundo tuvo que tener un principio. "Nada hay eterno sobre la Tierra, dijo un sabio… y cuanto se contiene en las entrañas de los astros, o en su superficie, ha tenido principio y debe tener algún fin".

Tres caracteres señala la Filosofía al ser eterno: es necesario, inmutable e infinito. Ahora bien: 1 º El mundo es material, y el ser material no puede ser necesario. Ninguna de sus partes existe necesariamente, pues se puede prescindir perfectamente de ésta o aquélla. ¿Qué importa, verbigracia, un río o una montaña más o menos?... Luego si ninguna de las partes es de por sí necesaria, tampoco será necesario el todo.

2 º El mundo no es inmutable. Si contemplamos la naturaleza material que nos rodea, vemos que en ella todo nace, todo perece, todo se renueva: las plantas, los animales, el hombre...

3 º El mundo no es infinito, pues siempre es posible suponer un mundo más hermoso y más perfecto que el que existe. Por consiguiente, tampoco es eterno, porque la eternidad - que es una perfección infinita - sólo puede hallarse en un ser infinito.

Si, pues, el mundo no ha existido siempre, es una obra que supone un obrero, de la misma manera que el reloj supone un relojero, la casa un albañil, el cuadro un pintor, la estatua un escultor.

Conclusión: La existencia del universo demuestra la existencia de un Ser Supremo, causa primera de todos los seres. Ese ser supremo es Dios.

Narración: Durante la revolución de 1793 decía el impío Carrier a un campesino de Nantes:

-Pronto vamos a convertir en ruinas vuestros campanarios y vuestras escuelas.

-Es muy posible - respondió el campesino -, pero nos dejaréis las estrellas… y mientras ellas existan, serán como un alfabeto del buen Dios en el que nuestros hijos podrán deletrear su augusto nombre,

No se precisan largos discursos para demostrar que Dios existe: basta abrir los ojos, y contemplar las maravillas del mundo exterior

II. Movimiento, orden y vida de los seres creados

S. P. ¿Puede demostrarse la existencia de Dios, por el movimiento de los seres creados?

R. Sí, porque no hay movimiento sin motor, es decir, sin alguna causa que lo produzca. Ahora bien, cuanto existe en el mundo, obedece a algún movimiento que tiene que ser producido por algún motor. Y como no es posible que exista realmente una serie infinita de motores, dependientes el uno del otro, preciso es que lleguemos a un primer motor, eterno y necesario, causa primera del movimiento de todos los demás. A ese primer motor le llamamos Dios.

1 º Sostiene la Mecánica, que es una parte de la Física, que la materia no puede moverse por sí sola. Una estatua no puede abandonar su pedestal… una máquina no puede moverse sin una fuerza motriz… un cuerpo en reposo no puede por sí mismo ponerse en movimiento. Tal es el llamado principio de inercia. Luego para producir un movimiento, es necesario un motor.

2 º Ahora bien, la Tierra, el Sol, la Luna, las estrellas, recorren continuamente órbitas inmensas sin chocar jamás unas con otras. La Tierra es una esfera colosal, de 40.000 kilómetros de circunferencia, que realiza, según afirman los astrónomos, una rotación completa sobre sí misma durante cada 24 horas, moviéndose los puntos situados sobre el ecuador con la velocidad de 28 kilómetros por minuto. En un año da una vuelta completa alrededor del Sol, marchando a una velocidad de unos 30 kilómetros por segundo. Todos los demás planetas realizan movimientos análogos. Y si miramos a nuestra Tierra, vernos que en ella todo es movimiento: los vientos, los ríos, las mareas, la germinación de las plantas...

3 º Todo movimiento supone un motor… y como no se puede suponer una serie infinita de motores que se comuniquen el movimiento unos a otros, puesto que tan imposible es un número concreto infinito como un bastón sin extremos, hemos de llegar necesariamente a un primer ser que comunique el movimiento sin haberlo recibido: hemos de llegar a un primer motor que no sea movido. Ahora bien, este primer ser, esta primera causa del movimiento, es Dios, a quien justamente podemos llamar el primer motor del universo.

Digno de admiración fué sin duda el genio de Newton, que descubrió las leyes de los movimientos estelares… pero, ¿qué inteligencia fué necesaria para crear y aplicar esas leyes, lanzando a los espacios esos innumerables y veloces mundos que con tanta regularidad y armonía recorren el universo?

Decía Napoleón al general Bertrand, en la roca de Santa Elena: "Mis victorias os han hecho creer en mi genio… el universo me hace creer en Dios... ¿Qué es la más acertada maniobra militar, comparada con el movimiento de las estrellas?"

6. P. ¿Prueba la existencia de Dios el orden que reina en el mundo?

R. Sí… todo lo que se hace con orden, supone una inteligencia ordenadora… y cuanto más grandiosa es la obra y más perfecto el orden, tanto mayor y más poderosa es esa inteligencia.

Ahora bien, en todo el universo y en sus menores detalles existe un orden sorprendente. Luego podemos deducir que existe un supremo ordenador y una suprema inteligencia, a quién llamamos Dios.

1 º No se da efecto sin causa, ni orden sin una inteligencia ordenadora. Arrojad sobre el suelo un montón de letras mezcladas. Por ventura podrán producir un libro, si no hay una inteligencia que las ordene De ninguna manera. Reunid en una caja las piezas todas de un reloj ¿acaso llegarán a colocarse por sí solas en el sitio que les corresponde, para iniciar el movimiento y marcar las horas? ¡Jamás!

2 º El orden que reina en el universo es perfecto a cada cosa corresponde un lugar. El día sucede a la noche, y ésta a aquél… las estaciones se suceden unas a otras. La Tierra, los cielos, las estrellas, los diversos elementos del universo, todo se encadena, todo concurre a la armonía maravillosa del conjunto. Léase a este propósito el hermoso tratado de Fenelón sobre la existencia de Dios... La consecuencia es ésta: este orden tan admirable supone un ordenador.

Pero dirá alguno: Este orden del mundo, sus combinaciones tan complicadas, esta armonía que admiramos son efectos de la casualidad. Nada más absurdo y falto de razón. La casualidad no es más que una palabra, hija de la ignorancia, con que se pretende explicar aquello cuya causa se desconoce.

Nadie se atreve ya, hoy en día, a atribuir el orden del cosmos a la casualidad… pero se suele recurrir con frecuencia a las fuerzas o leyes naturales. Indudablemente existen leyes admirables que rigen el mundo visible, como la de la atracción, la de la gravedad, la fuerza centrífuga, etc., sobradamente conocidas y demostradas. Pero, precisamente, la existencia de esas leyes supone la existencia de Dios, pues no hay ley si no existe un legislador. ¿Quién ha dictado esas leyes?... ¿Quién las mantiene?... ¿Quién las dirige?... La materia es, de suyo, inerte, luego existe un ser distinto que la mueva. La materia es ciega, luego existe un ser inteligente que la guíe, ya que todo marcha en unorden perfecto.

Prescindiendo de estas razones, basta explicar rectamente los términos para deshacer el equívoco Si por naturaleza se entiende un ser real, viviente, personal, que dirige y gobierna todas las cosas, entonces es Dios. Sería entonces cuestión de nombre, pues de hecho equivaldría a admitir su existencia. Pero si por naturaleza se entiende un ser imaginario, un ente de razón, algo irreal e inexistente, entonces es lo mismo que la casualidad, y no por cambiar de palabra se evitará el caer en el mismo absurdo.

Resumiendo: Todo efecto debe tener una causa proporcionada: el orden y la armonía suponen un ser inteligente… el mundo supone la existencia de Dios.

Para Newton, el mejor argumento para demostrar la existencia de Dios era el orden del universo… por eso solía repetir las palabras de Platón: -Vosotros deducís que yo tengo un alma inteligente, porque observáis orden en mis palabras y acciones… concluid, pues, contemplando el orden que reina en el universo, que existe también un ser soberanamente inteligente, que existe un Dios-.

El mismo Voltaire no pudo resistir a la fuerza de este argumento. Afirmaba que era preciso haber perdido por completo el juicio para no deducir de la existencia del mundo la existencia de Dios, a la manera que, a la vista de un reloj, deducimos la existencia de un relojero. Discutíase un día en su presencia sobre la existencia de Dios… y él, señalando con el dedo a un reloj de pared que en la habitación había, exclamó:

- ¡Cuanto más reflexiono, menos puedo comprender cómo podría marchar ese reloj si no lo hubiera construido un relojero!

7. P. ¿Podemos deducir la existencia de Dios por la contemplación de tos seres vivientes?

R. Sí, la razón, la ciencia y la experiencia nos obligan a admitir un Creador de todos los seres vivientes diseminados sobre la Tierra. Y como ese Creador no puede ser sino Dios, síguese que de la existencia de los seres vivientes, podemos concluir la existencia de Dios.

En efecto:

Las ciencias físicas y naturales nos enseñan que en un tiempo no hubo ningún ser viviente sobre la Tierra ¿De dónde proviene, entonces, la vida que ahora existe en ella: la vida de las plantas, la vida de los animales, la vida del hombre?

La razón nos dicta que no ya la vida intelectiva, del hombre, ni la vida sensitiva de los animales, pero ni siquiera la vida vegetativa de las plantas pudo haber brotado de la materia. ¿Razón? Porque nadie da lo que no tiene… y como la materia carece de vida, tampoco pudo darla.

Los ateos no saben qué responder a este dilema: o bien la vida ha nacido espontáneamente sobre la Tierra, fruto de la materia por generación espontánea… o bien hay que admitir una causa distinta del mundo, que fecunda a la materia y hace germinar en ella la vida. Ahora bien, después de los experimentos concluyentes de Pasteur, ya no hay sabios verdaderos que se atrevan a defender la hipótesis de la generación espontánea… la ciencia verdadera establece que nunca nace un ser viviente sí no existe un germen vital, semi a nuevo o renuevo, proveniente de otro ser viviente de la misma especie.

¿Y cuál es el origen del primer ser viviente en cada una de las especies? Remontaos cuanto queráis de generación en generación… siempre llegaréis a un primer creador de todos los seres vivientes, causa primera de todas, las cosas, que es Dios. Es éste el argumento del huevo y la gallina… pero no por ser viejo, deja de preocupar seriamente a los ateos.

Narración. -En casa de una familia cristiana, dos de las hijas, después de la comida, leían juntas la Historia Sagrada, junto a una ventana.

Acercóseles un joven, y en tono burlón, les dijo:

- ¡Cómo! ¿Ustedes leen la Historia Sagrada? ¿No saben que no existe Dios?

-Si está Ud. tan seguro -respondió la más joven-, contéstenos a esta pregunta, ya que tanto sabe: ¿Qué existió primero, el huevo o la gallina?

- ¡El huevo!

-… ¿Y de dónde salió este primer huevo?

-No, me equivoqué, primero fué la gallina.

-Entonces. ¿De dónde salió la primera gallina?

-La primera gallina... la primera gallina... ¿La primera gallina?

-Sí, la primera gallina. ¿De dónde vino?

- ¡Dale con tanta gallina! Saben que ya me está hartando tanta gallina.

-Diga más bien, señor sabelotodo, que no sabe Ud. la respuesta, Y reconozca que sin Dios es imposible explicar tanto el huevo como la gallina.

Nuestro buen hombre se retiró corrido, repitiéndose por lo bajo: ¿Qué habrá sido primero?

8. P. Todos los seres del universo, ¿prueban la existencia de Dios?

R. Sí, cuantos seres existen en el universo son otras tantas pruebas de la existencia de Dios, porque todos ellos son el efecto de una causa que les ha dado el ser, de un Dios una, los ha creado a todos.

Muy bien conocen los sabios los elementos que integran cada uno de esos seres… y, sin embargo, no son capaces de producir uno solo: no pueden crear ni una hoja de árbol, ni una brizna de hierba.

Preguntaba Lamartine a un picapedrero de S. Port… cómo podéis conocer la existencia de Dios, si jamás habéis asistido a la escuela, ni a la doctrina, ni os han enseñado nada en vuestra niñez, ni habéis leído ninguno de los libros que tratan de Dios

Respondióle el picapedrero: ¡Ah, señor! Mi madre, en primer lugar, me lo ha dicho muchas veces… además, cuando fui mayor, conocí a muchas almas buenas que me llevaron a las casas de oración, donde se reúnen para adorarle y servirle en común, y escuchar las palabras que ha revelado a los santos para enseñanza de todos los hombres. Pero aun cuando mi madre nunca me hubiese dicho nada de El, y aun cuando nunca hubiera asistido al catecismo que enseñan en las parroquias, ¿no existe otro catecismo en todo lo que nos rodea, que habla muy alto a los ojos del alma, aun de los más ignorantes? ¿Por ventura se precisa conocer el alfabeto, para leer el nombre de Dios? ¿Acaso su idea no penetra en nuestro espíritu con nuestra primera reflexión, en nuestro corazón con su primer latido? Ignoro qué opinarán los demás hombres, señor, pero en cuanto a mí, no podría ver, no digo una estrella, pero ni una hormiga, ni una hoja, ni un grano de arena, sin decirle: ¿Quién es el que te ha creado?

Lamartine replicó: Dios, os responderéis vos mismo.

-Así es, señor -añadió el picapedrero-, esas cosas no pudieron hacerse por sí mismas, porque antes de hacer algo, es necesario existir… y si existían no podían hacerse de nuevo. Así es como yo me explico que Dios ha creado todas las cosas. Vos conoceréis otras maneras más científicas para daros razón de ello.

-No -repuso Lamartine-… todas las maneras de expresarlo coinciden con la vuestra. Pueden emplearse más palabras, pero no con más exactitud.

III. La existencia del hombre, inteligente y libre

9. P. ¿Podemos demostrar particularmente la existencia de Dios, por la existencia del hombre?

R. Sí, por la existencia del hombre, inteligente y libre, llegamos a deducir la existencia de Dios, pues no hay efecto sin causa capaz de producirlo.

Un ser que piensa, reflexiona, raciocina y quiere, no puede provenir sino de una causa inteligente y creadora… y como esa causa inteligente y creadora es Dios, síguese que la existencia del hombre demuestra la existencia de Dios. Podemos decir por consiguiente: Yo pienso, luego existo, luego existe Dios.

Es un hecho indubitable que no he existido siempre, que los años y días de mi vida pueden contarse… si, pues, he comenzado a existir en un momento dado, ¿quién me ha dado la vida? ¿Por ventura he sido yo mismo? ¿Fueron acaso mis padres? ¿Al ­gún ser visible de la creación? ¿Fué un espíritu creador?

1 º No he sido yo mismo. Antes de existir, yo nada era, no tenía ser… y lo que no existe, no produce nada.

2 º Ni fueron sólomis padres los que me dieron la vida. El verdadero autor de una obra puede repararla cuando se deteriora, o rehacerla cuando se destruye. Ahora bien, mis padres no pueden sanarme cuando estoy enfermo, ni resucitarme después de muerto. Si solamente mis padres fuesen los autores de mi vida, Qué perfecciones notaría de hacer a sus hijos en todo perfectos ¡Qué perfecciones no tendría yo! ¿Qué padre, qué madre, no trataría de hacer a sus hijos perfectos?

Hay, además, otra razón. Mi alma, que es una sustancia simple y espiritual, no puede proceder de mis padres: no de su cuerpo, pues entonces sería material… no de su alma, porque el alma es indivisible… ni, por último, de su poder creador, pues ningún ser creado puede crear.

3 º No debo mi existencia a ningún ser visible de la creación.

El ser humano tiene entendimiento y voluntad, es decir, es inteligente y libre. Por consiguiente, es superior a todos los seres racionales. Un mineral no puede producir un vegetal… un vegetal no puede producir un animal, ni un animal, un hombre.

4 º Debo, por consiguiente, mi ser a un Espíritu creador. ¿De dónde ha sacado mi alma? No la sacó de la materia, pues entonces sería material. Tampoco la sacó de otro espíritu, porque el espíritu que es simple, no puede dividirse. Luego necesariamente la sacó de la nada, es decir, la creó. Y como el único que puede crear es Dios, es decir, el único que puede dar la existencia con un simple acto de su voluntad, síguese que por la existencia del hombre, queda demostrada la existencia de Dios.

IV. La existencia de la ley moral

10. P. ¿Prueba la existencia de Dios el hecho de la ley moral?

R. Sí, la existencia de la ley moral prueba irrefragablemente que Dios existe.

Existe, en efecto, una ley moral, absoluta, universal, inmutable, que manda hacer el bien, prohíbe el mal y domina en la conciencia de todos los hombres. El que obedece esta ley, siente la satisfacción del deber cumplido… el que la desobedece, es víctima del remordimiento.

Ahora bien, como no hay efecto sin causa, ni ley sin legislador, esa ley moral tiene un autor, el cual es Dios. Luego por la existencia de la ley moral llegamos a deducir la existencia de Dios.

El es el Legislador supremo que nos impone el deber ineludible de practicar el bien y evitar el mal… el testigo de todas nuestras acciones… el juez inapelable que premia o castiga, con la tranquilidad u los remordimientos de conciencia.

Nuestra conciencia nos dicta: 1 º, que entre el bien y el mal existe una diferencia esencial… 2 º, que debemos practicar el bien y evitar el mal… 3 º, que todo acto malo merece castigo, como toda obra buena es digna de premio. 4 º Esa misma conciencia se alegra y se aprueba a sí misma cuando procede bien, y se reprueba y condena cuando obra mal. Luego existe en nosotros una ley moral, naturalmente impresa y grabada en nuestra conciencia.

¿Cuál es el origen de esa ley? Evidentemente debe haber un legislador que la haya promulgado, así como no hay efecto sin causa. Esa ley moral es inmutable en sus principios, independiente de nuestra voluntad, obligatoria para todo hombre, y no puede tener otro autorque un ser soberano y supremo, que no es otro que Dios.

Además de lo dicho, se ha de tener presente que si no existe legislador, la ley moral no puede tener sanción alguna… puede ser quebrantada impunemente. Luego una de dos: o es Dios el autor de esa ley, y entonces existe… o la ley moral es una quimera, y en ese caso no existe diferencia entre el bien y el mal, entre la virtud y el vicio, la justicia y la iniquidad, y la sociedad es imposible.

El sentimiento íntimomanifiesta a todo hombre la existencia de Dios. Por natural instinto, principalmente en los momentos de ansiedad o de peligro, se nos escapa este grito: ¡Dios mío!.. Es el grito de la naturaleza. "El más popular de todos los seres es Dios - dijo Lacordaire -: El pobre lo llama, el moribundo lo invoca, el pecador le teme, el hombre bueno le bendice. No hay lugar, momento, circunstancia, sentimiento, en que Dios no se halle y sea nombrado, La cólera cree no haber alcanzado su expresión suprema, sino después de haber maldecido este Nombre adorable… y la blasfemia es asimismo el homenaje de una fe que se rebela al olvidarse de sí misma". Nadie blasfema de lo que no existe. La rabia de los impíos, como las bendiciones de los buenos, testimonia la existencia de Dios.

V. La creencia universal del género humano

11. P. El consentimiento de todos los pueblos ¿prueba la existencia de Dios?

R. Sí… la creencia de todos los pueblos es una prueba evidente de la existencia de Dios.

Todos los pueblos, cultos o bárbaros, en todas las zonas y en todos los tiempos, han admitido la existencia de un Ser supremo. Ahora bien, como es imposible que todos se hayan equivocado acerca de una verdad tan trascendental y tan contraria a las pasiones, debemos exclamar con la humanidad entera: ¡Creo en Dios!

Es indudable que los pueblos se han equivocado acerca de la naturaleza de Dios… unes han adorado a las piedras y a los animales, otros al sol. Muchos han atribuído a sus ídolos sus propias cualidades buenas o malas… pero todos han reconocido la existencia de una divinidad a la que han tributado culto. Así lo demuestran los templos, los altares, los sacrificios, cuyos rastros se encuentran por doquier, tanto entre los pueblos antiguos como entre los modernos.

"Echad una mirada sobre la superficie de la tierra -decía Plutarco, historiador de la antigüedad- y hallaréis ciudades sin murallas, sin letras, sin magistrados, pueblos sin casas, sin moneda… pero nadie ha visto jamás un pueblo sin Dios, sin sacerdotes, sin ritos, sin sacrificios".

Un gran sabio contemporáneo, Quatrefages, ha escrito: "Yo he buscado el ateísmo o la falta de creencia en Dios entre las razas humanas, desde las más inferiores hasta las más elevadas. El ateísmo no existe en ninguna parte, y todos los pueblos de la tierra, los salvajes de América como los negros de África, creen en la existencia de Dios".

Ahora bien, el consentimiento unánime de todos los hombres sobre un punto tan importante es necesariamente la expresión de la verdad. Porque, ¿cuál sería la causa de ese consentimiento? ¿Los sacerdotes? Al contrario, el origen del sacerdocio está en esa creencia de que existe un Dios, pues si el género humano no hubiera estado convencido de esa verdad, nadie habría soñado en consagrarse a su servicio, y los pueblos jamás hubieran elegido hombres para el culto.

- ¿Podrían ser la causa de tal creencia las pasiones? Las pasiones tienden más bien a borrar la idea de Dios, que las contraría y condena.

- ¿Los prejuicios? Un prejuicio no se extiende a todos los tiempos, a todos los pueblos, a todos los hombres… pronto o tarde lo disipan la ciencia y el sentido común.

- ¿La ignorancia? Los más grandes sabios han sido siempre los más fervorosos creyentes en Dios.

- ¿El temor? Nadie teme lo que no existe: el temor de Dios prueba su existencia.

- ¿La política de los gobernantes? Ningún príncipe ha decretado la existencia de Dios, antes al contrario, todos han querido confirmar sus leyes con la autoridad divina… esto es una prueba de que dicha autoridad era admitida por sus súbditos.

La creencia de todos los pueblos sólo puede tener su origen en Dios mismo, que se ha dado a conocer, desde el principio del mundo, a nuestros primeros padres, o en el espectáculo del universo, que demuestra la existencia de Dios, como un reloj demuestra la existencia de un relojero.

Frente a la humanidad entera, ¿qué pueden representar algunos ateos que se atreven a contradecir? El sentido común los ha refutado… la causa está fallada. Es menester carecer de razón para creer tenerla contra todo el mundo. Antes que suponer que todo el mundo se equivoca, hay que creer, que todo el mundo tiene razón.

Narración: -En una reunión bastante numerosa, un incrédulo se expresó en contra de la existencia de Dios… y viendo que todo el mundo guardaba silencio, añadió:

-Jamás hubiera creído ser el único que no cree en Dios, entre tantas personas inteligentes.

-Os equivocáis, señor - replicó la dueña de la casa -… no sois el único: mis caballos, mi perro y mi gato comparten con vos ese honor… sólo que esos buenos animales tienen el talento de no gloriarse de ello.

VI. Los hechos ciertos de la historia

12. P. Los hechos ciertos de la historia, ¿prueban la existencia de Dios?

R. Sí… porque un ser puede manifestarse de tres maneras: puede mostrarse, hablar y obrar. Ahora bien, Dios se mostró a nuestros primeros padres en el Edén, a Moisés en el Sinaí... - Habló a los patriarcas y a los profetas -. Hizo sentir su acción en el curso de los siglos, y los milagros del Antiguo y del Nuevo Testamento, comprobados por la historia, son, hechos que demuestran la acción y la existencia de Dios.

Hay dos maneras de conocer la verdad: 1 º, descubrirla uno mismo… 2 º, recibirla de otro. El hombre sabe o cree. Sabe, cuando alcanza la verdad con las solas facultades de su alma, la inteligencia, la razón, la conciencia, el sentido íntimo, los órganos del cuerpo… cree, cuando se adhiere al testimonio de los otros.

El medio más fácil para conocer a Dios es el testimonio de la historia. La Biblia, considerada como un simple libro histórico, está re vestida de todos los caracteres de veracidad exigidos por la ciencia. Por más que los racionalistas clamen, es tan imposible poner en duda los hechos históricos de la Biblia, como lo es el negar las victorias de Alejandro o de Napoleón.

Ahora bien, según la Biblia, Dios se mostró de varios modos: habló a nuestros primeros padres, a Noé, a los patriarcas, a los profetas... Pero es evidente que para mostrarse y hablar es necesario existir. Las milagrosas obras sensibles que ningún agente creado puede hacer por sí mismo, no son más) que las obras de Dios. Por consiguiente, los milagros que nos cuenta la Biblia son otras tantas pruebas de la existencia de Dios...

VII. La necesidad de un ser eterno

13. P. ¿Cómo se prueba la existencia de Dios por la necesidad de un ser eterno?

R. Existe algo en el mundo… ahora bien, si no existiera un ser eterno, nada podría existir… luego existe un ser eterno. Es así que este ser eterno es Dios… luego Dios existe.

1 º Que existe algo es evidente.

2 º Si desde toda la eternidad no hubiera existido nada, nada existiría tampoco ahora. Los seres no podían darse a sí mismos la existencia, puesto que no existían. No podían recibirla de la nada, porque la nada es nada y no produce nada. Por consiguiente, era menester que existiera un primer ser, eterno, para dar la existencia a los otros.

3 º Este ser eterno es Dios. El ser eterno, por el hecho de existir desde toda la eternidad, posee un atributo, una perfección infinita: la eternidad,que es una duración sin principio ni fin. Pero, como los atributos de un, ser no pueden ser superiores a su naturaleza, a su esencia, al modo que el brazo del hombre no puede ser más grande que el hombre mismo, se sigue de aquí que el ser eterno, por el hecho de poseer un atributo infinito, posee también una naturaleza, una esencia infinita… luego es infinito en toda clase de perfecciones. Lo que es infinito bajo un aspecto lo es bajo todos. Es así que el ser infinito es Dios. Luego Dios existe.

4 º Puesto que este ser eterno ha existido siempre, no ha podido recibir la existencia por medio de otro: estaba solo. Tampoco se la ha podido dar a sí mismo, porque nadie se puede crear a sí mismo… luego es necesario que este primer ser exista por la necesidad de su propia naturaleza… es el ser que nosotros llamamos necesario. Dios es el ser necesario, que existe porque le es esencial la existencia, como le es esencial al círculo el ser redondo y al triángulo tener tres ángulos.

14. P. ¿Podemos comprender a un ser eterno y necesario?

R. No… no podemos comprender su naturaleza, porque es infinito y, por consiguiente, está por encima de todo entendimiento finito. Tan imposible es comprenderle, como encerrar en la cavidad de la mano la inmensidad del mar. Sin embargo, nosotros estamos ciertos de la necesidad de su existencia.

Como ya hemos visto, un ser no puede existir sino por sí mismo o producido por otro… no hay término medio entre estas dos maneras de existir. Ahora bien, los seres que pueblan el universo no pueden existir por sí mismos, porque existir por sí mismo es existir necesariamente y desde toda la eternidad. Pero, ¿quién no ve que sería absurdo suponer que todos los seres del universo existen necesariamente?... Fuera de eso, no es posible que todos los seres sean, producidos, porque si todos fueran producidos, no se hallaría ninguno que les diera la existencia, y entonces ninguno existiría. Luego existe un ser que no ha recibido la existencia de otro, que la tiene por sí mismo, que es necesario, eterno… y este ser eterno y necesario es aquel a quien todo el mundo llama Dios.

N. B. - Se puede presentar el mismo argumento en una forma más científica, de la siguiente manera:

P. ¿Puede probarse la existencia de Dios por la existencia de un Ser necesario?

R. Sí… se prueba de una manera científica la existencia de Dios con este sencillo argumento:

a) Existe un ser necesario: b) este ser necesario es Dios… luego Dios existe.

a) Existe un Ser necesario

1 º Que existe algo es evidente, y los mismos ateos no lo niegan: Nosotros existimos...

2 º Un ser no puede existir sin una razón suficiente de su existencia. Este principio es de una evidencia tal, que el probarlo, además de ser ridículo, sería inútil, ya que nadie lo discute.

3 º La razón suficiente de la existencia puede ser de dos clases: o la naturaleza propia del mismo ser, o una causa externa. Luego todo ser existe o por virtud de su propia naturaleza, por sí mismo, o es producido por otro. Este principio también es evidente, pues no hay otra manera posible de existir.

4 º El ser que existe por si mismo en virtud de su propia naturaleza, existe necesariamente, no puede menos de existir… y puesto que la existencia forma parte de la naturaleza de dicho ser, no puede carecer de ella. Es evidente que un ser no puede menos de tener su naturaleza, su esencia, lo que le hace ser lo que es.

Por tanto, si la existencia forma parte de su naturaleza, existe necesariamente, y, por lo mismo, se le llama el Ser necesario.

Al contrario, el ser que debe su existencia a una causa extraña, no existe sino dependientemente de esta causa, en cuanto que ha sido producido por ella. Podría no existir, y por eso se le llama ente contingente o producido por otro.

5 º No es posible que todos los seres sean contingentes o producidos. Y, a la verdad, el ente producido no existe por su sola naturaleza: no existiría jamás si no fuera llamado a la existencia por una causa extraña a él. Luego si todos los seres fueran producidos, no habría ninguno que les hubiera dado la existencia. Por consiguiente, si no hubiera un Ser necesario, nada existiría. Es así que existe algo… luego existe también un Ser necesario.

b) El Ser necesario es Dios

He aquí los caracteres principales del Ser necesario:

1 º El Ser, necesario es infinitamente perfecto.

El Ser necesario, por el mero hecho de existir en virtud de su propia naturaleza, posee todas las perfecciones posibles y en grado eminente… tiene la plenitud del ser, y el ser comprende todas las perfecciones: es, pues, infinitamente perfecto.

De la misma suerte que un círculo posee esencialmente la redondez perfecta, así el Ser necesario posee esencialmente la existencia perfecta, la plenitud del ser… y habría contradicción en decir: el Ser necesario es finito, como la habría en decir que el círculo no es redondo. Luego el Ser necesario posee todas las perfecciones, y en grado tal que excluyen toda medida, todo límite.

2 º No hay más que un solo Ser necesario.

El Ser necesario es infinito… y dos infinitos no pueden existir al mismo tiempo. Si son distintos, no son ni infinitos ni perfectos, porque ninguno de los dos posee lo que pertenece al otro. Si no son distintos, no forman más que un solo ser.

3 º El Ser necesario es eterno.

Si no hubiera existido siempre, o si tuviera que dejar de existir, evidentemente no existiría en virtud de su propia naturaleza. Puesto que existe por sí mismo, no puede tener ni principio ni fin ni sucesión.

4 º El Ser necesario es inmutable.

El Ser necesario no puede mudarse, porque nunca cambia su razón de ser y la causa de su existencia, que es su naturaleza misma. Por otra parte, mudarse es adquirir o perder algo, mientras que el Ser perfecto no puede adquirir nada, porque posee todas las perfecciones… y no puede perder nada, porque entonces dejarla de ser perfecto. Es, pues, inmutable.

Por consiguiente, también es independiente, es decir, no necesita de nadie, se basta a sí mismo, porque es el Ente que existe por sí, infinito, perfecto, inmutable.

5 º El Ser necesario es un espíritu.

Un espíritu es un ser inteligente, capaz de pensar, de entender y de querer… un ser que no puede ser visto ni tocado con los sentidos corporales. Todos los hombres han distinguido naturalmente la substancia viva, activa, inteligente, de la substancia muerta, pasiva, incapaz de moverse. A la primera la llamaron espíritu, y a la segunda, cuerpo o materia.

El Ser necesario es un espíritu esencialmente distinto de la materia. Y, en verdad, si fuera corporal, sería limitado en su ser como todos los cuerpos. Si fuera material, sería divisible y no sería infinito. Tampoco sería infinitamente perfecto, porque la materia no puede ser el principio de la inteligencia y de la vida, que son grandes perfecciones. Luego el Ser necesario es una substancia espiritual, absolutamente simple.

Pero como estos caracteres del Ser necesario son idénticamente los mismos que los atributos de Dios, debemos concluir que el Ser necesario es aquel a quien todo el mundo llama Dios, y que Dios existe.

N. B. - Con este argumento se prueba científicamente la existencia de Dios, a la manera como se demuestra un teorema de geometría.

Narración. - Cierto joven que acababa de salir de una escuela moderna, se permitió en una reunión de amigos negar la existencia de Dios. Un notario tomó la palabra. - Veamos, amigo mío - dijo -… el universo existe. ¿Quién lo ha creado? ¿El hombre? Evidentemente, no. ¿Se ha creado a sí mismo? Tampoco: una casa, por modesta que sea, no se construye sola, se requiere un obrero que reúna los materiales y los coloque ordenadamente.

-Permitidme - replicó el joven -… los seres que componen el mundo se han dado la existencia los unos a los otros.

-Muy bien - insistió el notario -… suponed una larga cadena vertical que llegue de la tierra al cielo y cuyos últimos eslabones se pierdan entre las nubes. Pregunto: ¿quién sostiene esa cadena y de dónde cuelga? ¿Creéis que bastará contestar que el primero de los eslabones, empezando desde abajo, cuelga del segundo, el segundo del tercero, y así sucesivamente, remontándose hasta las nubes? ¿Creéis que, una vez llegados allá, se podrá admitir que la extremidad superior cuelga de las nubes sin que nadie la sostenga? Evidentemente, no. Es menester un primer eslabón fijado en alguna parte para que sostenga los demás. De la misma suerte hay que remontarse, necesariamente a un primer Ser necesario que subsista por sí mismo, que posea en sí el principio de su existencia y pueda darla a los otros sin haberla recibido de nadie.

-Pero -replicó a su vez el joven-, si suponéis un número infinito de anillos, la dificultad desaparece.

-Amigo mío -dijo el notario-, ya se ve que no estáis muy versado en matemáticas… ¿ignoráis que el número infinito es un imposible? Donde hay serie hay número… se puede decir el primero, el segundo...… donde hay número, hay un principio, un punto de partida, un primer término, que es la unidad. Así, diez supone nueve, etc.… dos supone uno. Las series de los seres tienen, pues, un principio, no son eternas.

Y aunque por un imposible os remontarais a lo infinito, sería siempre necesario llegar a un primer Ser subsistente por sí mismo, porque una infinidad de seres producidos es tan incapaz de producirse a sí misma como el último de los efectos. Multiplicad ceros hasta le infinito, y no tendréis nunca valor alguno: infinitos ceros no valen, más que un solo cero. Multiplicad ciegos hasta lo infinito, y no tendréis uno solo que vea. Las antorchas apagadas nunca darán luz, por numerosas que las supongáis. Si ningún ser existe en virtud de su propia naturaleza, si ninguno tiene en sí mismo el principio de su existencia, ningún ser puede existir. Ahora bien, el ser que tiene en sí mismo, en su naturaleza, la razón de su existencia, es el Ser necesario, aquel a quien todo el mundo llama Dios. Luego hay un Dios, y, que algo existe en este mundo.

El pobre joven, avergonzado no tuvo qué replicar.

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