¿Puede el Papa caer en error o herejía?
El Santo Padre puede caer como persona en el error, pero nunca como Supremo Pontífice
¿Puede el Papa caer en error o herejía?
Cuando el rayo imbatible de la verdad golpea el pecho de Satanás, padre de la mentira, éste recurre, para perdición de las almas, a dos estrategias: la negación abierta de la verdad o a su ridiculización. El demonio es, como se ha dicho con anterioridad, "la mona de Dios".
Estrategias de Satanás para inducir al error
La primera estrategia la utiliza con los pecadores declarados y con todos los que adhieren a la mentira sin poner reservas a lo que se le dice, porque no tienen verdadero amor a la verdad. Para Lucifer éste grupo no es mayor problema, ya que a su sola inspiración es obedecido.
La segunda fórmula tiene dos objetivos: al falsificar la verdad llevándola al ridículo, los enemigos de ésta tienen una punzante herramienta para ridiculizar a quienes siguen la verdad plena. Sólo les basta unir a los fieles con la falsificación de la Verdad para alejar a las personas de lo verdadero y para persuadir a los fieles de que sostienen un absurdo, y, en consecuencia, alejarlas de Dios. El segundo objetivo consiste en reunir al mayor número de fieles posible en torno a este ridículo, suponiendo éstos que siguen la verdad que aman profundamente.
Recordemos que un demonio es un ángel es un ser de inteligencia pura, y por lo tanto lo grotesco y evidente lo reserva sólo para quienes caminan en sus pasos. Para los hijos de la luz sugiere cosas tan sutilmente erróneas, tan aparentemente ciertas y virtuosas que sólo el ojo atento puede detectarlas y denunciarla por amor de Dios. Es el caso de las apariciones falsas, y de todas las falsas devociones. Para detectar este error es preciso, en estos casos en que no aparece evidente ante los ojos, llevar la sentencia hasta su último extremo. Así salta a la vista el mal que hay en ella.
Infalibilidad: respuestas e historia
Uno de estos sutiles errores comenzó a proclamarlo en el siglo XIX, cuando se vio gravemente herido con la doble proclamación dogmática de la Inmaculada Concepción y la Infalibilidad Pontificia. Contra la primera su orgullo se hería por hacerse tan gran reconocimiento a las consideraciones divinas esa mujer que fue Madre del Creador, Reina de los Ángeles y Quien le aplasta la cabeza con su humildad. Los errores contra esto los analizaremos en una próxima oportunidad.
Contra la segunda se rebeló de todas las formas posibles, pero no pudo impedir la corroboración fulminante. Entonces habló al orgullo de los hombres para que se rebelasen contra la idea de que un hombre tan humano como cualquiera de ellos pudiese ser infalible. Y llevándolos por los caminos del error, sentó así los términos: el Papa es un hombre y por lo tanto puede errar, luego, el dogma es un absurdo de los católicos. Y así protestantes, modernistas, masones, librepensadores, socialistas y toda la caterva de secuaces del mal declarado se unieron para atacar a la Iglesia acusándola de sostener el ridículo de que el Papa, por el sólo hecho de sentarse en el trono del Pescador, automáticamente queda libre de error y de pecado. En otras palabras, gozaba del don de la inerrancia. Y como la historia papal denunciaba que esto no era así, que sólo el Renacimiento aportaba suficiente material de contradicción contra el dogma, etc. no era posible ser reído y aceptado esta propuesta como dogma. En otras palabras, todo el mundo se equivoca menos el Papa. El Papa, por lógica, nunca puede equivocarse.
A esta propuesta surgieron tres respuestas entre los católicos. La primera fue de abandonar las filas de la Iglesia porque ésta mandaba creer cosas que iban contra el sentido común. La segunda fue de enmarcar las cosas según los Padres Conciliares definieron, y por lo tanto, aprovechar las llamaradas infernales para dar mayor brillo al pronunciamiento de la Iglesia. Y la tercera fue de, por un sentimiento de piedad pura sin preparación doctrinaria, aceptar y defender la propuesta de los enemigos de la Iglesia como cierta, es decir, que el Papa es inerrante y no puede pecar. Lo que equivale a sostener que el Papa no puede pecar y condenarse.
Condiciones de infalibilidad
Ya antes hemos probado ampliamente por qué es sumamente conforme a la doctrina y a la razón el dogma de infalibilidad y en qué casos opera, en que casos no, etc. Por lo tanto no fundamentaremos aquí la definición dogmática Pero de esta tercera respuesta nos faltaba hablar.
Repitámoslo con la Iglesia: El Papa es infalible en lo doctrinal sólo y únicamente cuando se cumplen estas cuatro condiciones:
1) Cuando habla como Papa, es decir, como Pastor y Doctor de la Iglesia
2) No basta lo anterior. Tiene que ser enseñando a toda la Iglesia universal
3) Tampoco basta con esto. Tiene que se haciendo uso de toda su autoridad
4) E incluso todo lo anterior tampoco basta. Tiene que ser en sentencia última e irrevocable en materia de fe o de costumbres.
Por lo tanto, el Papa puede equivocarse cuando habla de política, de medicina, de física, de economía, de historia, etc. En todo menos en asuntos religiosos. Pero incluso también puede errar en asuntos religiosos, si habla de ellos en charlas de sobremesa, o en un paseo con amigos, o discutiendo privadamente de religión. E incluso cuando habla como Fulano de Tal y expone sus propias teorías personales, aunque fuera en un libro de venta pública puede equivocarse. De hecho, las acusaciones puntuales que pueden hacer los enemigos de Dios señalando algunos casos en los 20 siglos de historia de la Iglesia, carecen de una, dos, tres o las cuatro condiciones.
El razonamiento del demonio confunde, maliciosamente, infalibilidad con impecabilidad. El Papa puede caer en pecado mortal y aún ser hereje, pero , precisamente por lo que creemos en el dogma de infalibilidad, sabemos que nunca enseñará ex-cathedra una herejía o error.
Como tratamos antes, hablando de las acusaciones sobre Papas viejos o enfermos, es de maravillarnos que habiendo sufrido estos augustos pontífices toda clase de males físicos y morales, nunca, jamás, eso haya impedido enseñar la Verdad plena, pura y ortodoxa. Ésta es la certeza que tenemos en la asistencia particular del Espíritu Santo prometida por el Redentor.
Cuando nos señalan dolorosos recuerdos, lejos de confundirnos, debemos ver en esto una prueba patente del origen sobrenatural de la Iglesia.
De hecho, en nada se opone a la infalibilidad pontificia, definida como dogma de nuestra fe católica, el que un Papa, considerado como una persona particular, pueda incurrir en la herejía, no sólo en el error.
Historia del problema
Ya en el Decreto de Graciano, se recuerda a San Bonifacio, Arzobispo de Mayence (ya citado por el Cardenal Deusdedit [†1087]): "Huius (I.e. papae) culpas istic redarguere praesumit mortalium nullus, quia qui cunctos ipsae iudicaturus a nemine est iudicandus, nisi deprendatur a fide devius" (Decretum part. I. dist. XL. c6) (Las culpas del Papa nadie presuma, entre los mortales, poner de manifiesto, porque el que ha de juzgar a todos no debe ser juzgado por ninguno, a no ser que sea sorprendido desviado del recto camino de la fe)
En uno de los sermones del Papa Inocente III, el Sumo Pontífice dice; "Me es tan necesaria la fe, que siendo así que sólo Dios puede juzgarme de los demás pecados, por el solo pecado que pudiera cometer contra la fe, podría ser juzgado por la Iglesia" [In tantum fides mihi necessaria est ut, cum de ceteris peccatis solum Deum iudicem habeam, propter solum peccatum quod in fide committitu possm ab Ecclesia iudicari] (Patrología Latina, t. 217, col. 656)
Si bien los teólogos del siglo de oro de la escolástica supusieron innecesario tratar el tema, todos los canonistas de los siglos XII y XIII comentaron el problema. Unánimemente admiten sin dificultad que el Papa puede caer en la herejía como en cualquier otro pecado grave; su estudio se concentra en explicar la razón por la cual en sólo los pecados de la fe pueda el Papa ser juzgado por la Iglesia.
Para algunos la única excepción de la inviolabilidad pontificia es la herejía: "Non potest accusari nisi de haeresi" (Sólo puede ser acusado de herejía) (Summa Lipsiensis, antes de 1170) Otros canonistas, en cambio, equiparan a la herejía el cisma, la simonía, la incredulidad: pero el pecado contra la fe es siempre y para todos un pecado por el cual el Papa puede ser juzgado.
El inmortal y reputado Torquemada, (en Summa de Ecclesia l.II, c.112, Roma 1469) sostiene que el Papa hereje quedaba automáticamente depuesto. Para otros, el Papa podía ser juzgado por un Concilio, cuya autoridad quedaba limitada a juzgar dicha herejía en el Pontífice; y en el caso comprobado, deponerlo y nombrar un nuevo Papa. Thomas Netter (1430) afirma que esa es la antigua fe católica.
En el siglo XVI la opinión del cardenal Torquemada es reafirmada por el gran teólogo Salmantino en su obra "De Romani Pontificis institutione et auctoritate", cap. XIII. Lo mismo sostendrá Piério (Summa Sylvestrina; t. II p. 276). Pighies niega la posibilidad de que el Papa pueda caer en la herejía. Y contra esta sentencia el extraordinario teólogo del Concilio de Trento, Melchor Cano, O.P., después de haber rechazado la mayor parte de las explicaciones dadas por Pighio, para defender a muchos papas en asuntos de fe, concluye que no se puede negar que el Sumo Pontífice pueda caer en herejía, pues basta un caso, un ejemplo, para que pueda haber dos o más ("De loctis theologicis 1. VIII, cap. VIII)
La raíz del problema
Desde la definición de la Infalibilidad Pontificia, pronunciada por el Concilio Ecuménico y Dogmático, Vaticano I, muchos teólogos, mini-teólogos y pseudo-teólogos, confundiendo la doctrina definida o, mejor, no entendiéndola, han declarado que el Papa, por el hecho de ser Papa, es siempre y en todo infalible e impecable. Pero la misma definición dogmática nos previene sobre el problema: no basta con sentarse en el Sillón de Pedro para ser automáticamente infalible e impecable. De hecho, la historia de la Iglesia contradice con hechos irrefutables este absurdo teológico lamentablemente tan extendido hasta en los mejores círculos de pensamiento.
La Iglesia nunca nos manda a creer cosas contrarias y opuestas a la razón. Y esta tesis afirma que la elección de un hombre como Papa hace de este hombre, en todos y cada uno de sus momentos; en todas y cada una de sus palabras; en todos y cada uno de sus juicios la expresión sensible de la verdad divina. La razón nos dice que la verdad no cambia, es inmutable; luego, siendo el privilegio de todos y cada uno de los papas la infalibilidad no didáctica, sino personal; no en especialísimas circunstancias, sino siempre y en todas ocasiones, lógicamente deberíase seguir que todos los papas deberían tener un mismo sentir, una misma manera de pensar. Y una cosa es la infalibilidad pontificia y otra es que el Santo Padre esté confirmado en gracia.
El principio universal "lex orandi, lex, sed credendi" nos confirma lo contrario. En las letanías mayores, así como en otras oraciones de la Santa Iglesia, se pide expresamente por la conservación de la fe del Sumo Pontífice, y de todos los órdenes eclesiásticos: "ut domum apostolicum, el omnes eclesiasticos ordines in sancta religione conservare digneris", "que te dignes conservar en la santa religión al Sumo Pontífice y a todos los demás eclesiásticos"
El Santo Padre puede, en resumen, caer como persona en el error, la herejía, pero nunca, jamás, con certeza absoluta de que esto no ocurrirá como Supremo Pontífice en las condiciones especialísimas que exige el dogma de Infalibilidad. Esta es la augusta promesa de Nuestro Señor. Es la asistencia eterna y cierta del Espíritu Santo de la Iglesia durará por los siglos de los siglos, no importando nunca, maravillémonos de esto, la condición moral del Pastor de Pastores.
La historia nos demuestra que hemos tenido Papas moralmente reprobables e incluso simpatizantes de gravísimos errores, pero nunca la Iglesia ha enseñado como tal una herejía, un error o una inmoralidad. El Espíritu Santo ha velado, vela y velará siempre por este faro maravilloso que ilumina a los hombres en su caminar por la tierra.
Sigamos con entusiasmo y reverenciemos siempre al Dulce, Dulce Sucesor de Pedro, la Voz de Cristo en la Tierra.
Fuente: Revista Cristiandad en Catholic Net
Comentario Druídico: A este excelente resumen doctrinal le ha faltado considerar una circunstancia, o al menos enfatizar en ella. A saber, la "intención de definir". Está implícita en los puntos 2 y 3 de las condiciones para la infalibilidad de una sentencia pontificia. Pero se ha dado el caso de que esta condiciones se cumplen materialmente, pero no formalmente. El más evidente es aquél por el cual S.S. Benedicto XVI condenó como error el sacerdocio femenino, aclarando posteriormente que no se trataba de un texto infalible, lo cual a simple vista parecía ser, pues cumplía las condiciones materiales que involucran este carisma pontificio.
Es decir, que el Papa no define si no quiere definir, aunque materialmente cumpla con las condiciones. Hace falta la "intención". Parece evidente que esta intención no debe ser siempre avalada por una manifestación explícita: bastan ciertas solemnidades. Sin embargo una declaracón explícita en contra, como la antes citada, desbarata toda duda.
En este aspecto también cabe considerar muchos textos del magisterio posconciliar, que por su estilo dejan dudas sobre la intención magisterial, autolimitándose al rango de consejos la con autoridad moral de quien los enuncia, y en los que compromete su opinión, más no su carisma magisterial.












¿Puede el papa caer en error o herejía?
Dejo a un lado antes de proseguir el pronuciamiento Ex-Catedra; hecha esta salvedad, digo:
Como todo lo que sigue es a título personal y sin pretensión alguna, con la libertad de quien se sustrae para dejar hablar a la Máxima Autoridad y a los hechos; inicio afirmando que sí, y peor.
¿Quién puede definir al papado sino Jesucristo mismo? ¿De dónde pueden venirle sus limitantes sino del mismo que fijó su autoridad? Recordemos que la teología es la “Recta Razón Aplicada a la Sagrada Escritura”. Son tres los elementos, pero es sobre el último sobre el cual Jesucristo afirma que no puede fallar: la Escritura. Y el término “aplicada” limita a Ella la teología para que no falle, para que pueda merecer el nombre de Católica.
Este hecho merece párrafo aparte porque es la causa de que la iglesia haya cerrado el Canon de la Escritura con el Apocalipsis. Hecho que obliga igualmente a considerar la totalidad de la escritura así cerrada con referencia a cada punto en concreto, y a situarlo todo en su contexto.
En tres citas del Evangelio se compendia todo lo relativo al tema:
1.Mateo 16:18-19; Mateo 16:23; y Mateo 23:10. En la primera tenemos el nombramiento pontifical-vicarial, y EL NOMBRE. Es inútil pretender el nombramiento con poderes tan amplios que conlleva el aval divino total sin el aspecto obligado de su solidez rocosa. Veamos una ilustración histórica con el papa Liberio (352-366). Este papa fue de los primeros en regir la Iglesia ya proclamado el Cristianismo como doctrina oficial del Imperio; pero, paradójicamente, para tener que enfrentar a Constancio emperador que ahora pretendía hacer de la fe oficial una herejía, el arrianismo. Fue Liberio verdadera Roca, verdadero Pedro al principio, para terminar cediendo años y un exilio después. Firmó un cambio al Credo de Nicea que afirmaba que el Verbo Eterno era semejante al Padre en su ser y en todas las cosas. Por este hecho destruía la afirmación fundamental de Nicea del homoosius, consubstancial, que era y es fundamental al Dogma de la Santísima Trinidad. Como semejante en todo ya ni el Padre ni Jesucristo cumplían con ser UNO como SÓLO DIOS ES UNO (Atención: ¡casi idéntico a la situación actual!). No se trata de un asunto menor, sino del fundamental a la fe. Ahora bien, los poderes fueron otorgados a Pedro, a Piedra, a Roca. Lo que ates y desates quedará atado y desatado en el Cielo nunca fueron otorgados a “Tu eres plastilina, gelatina”; y la razón se desprende del hecho manifiesto en Liberio quien con su cambio ponía fin a la fe y a la Iglesia. Se arrepintió, enmendó, y conservó el puesto. Fue el primero de los papas que no fue canonizado... Pero sin duda alguna fue por un tiempo hereje, ¡y de los peores! ¡Recordemos que la Escritura no puede fallar (Juan 10:35) en lo que da y en lo que condiciona! Y los hechos demuestran su infinita sabiduría. ¡Cuidado con las plastilinas!
En el siglo VI se presentó un caso más grave en su intención. El de Virgilio, papa (537-555). Este hombre regido por la ambición fue a buscar a la emperatriz Teodosia, hereje monofisita, para que le diera dinero y con él alcanzar la Sede de Pedro e impulsar desde ahí dicha doctrina herética. Cuando falleció el prestigio de Roma estaba por los suelos. Las sedes de Milán y Aquilea, y todos los obispos de Istria rompieron comunión con Roma. Pasarían 50 años antes de que se restaurase la comunión entre Roma y Milán. El cisma Istriano perduraría siglo y medio.
2. La cita que sigue del Evangelio corrobora mi afirmación: Hereje, ¡y peor! Muchos se preocupan con el término “antipapa”, pero la advertencia del Señor es mucho más seria: “Satanás”: “Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: « ¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!»” (Mateo 16:23) Y la Escritura no puede fallar (Juan 10:35). Para negar que un papa ?y no hablamos de antipapas? pueda ser el mismo diablo tendríamos que negar la inerrancia de la Escritura. ¡Cuidado! El ? modus operandi? de dicho “papadiablo” está descrito con absoluta precisión? porque tus pensamientos (o ideas) no son los de Dios, sino los de los hombres!»” ratificando de la Escritura que “La amistad con el mundo es enemistad con Dios”. ¿Querrán también negar «El que no está conmigo está contra mi» (Mateo 12:30) lo que ciertamente implica mayormente al mundo? Porque ¿cuantos olvidan del Aggiornador Juan XXIII su convocatoria a concilio para abrir puertas y ventanas de la Iglesia a los aires del mundo y aliviar así el aire sofocante de la Iglesia? Entrando el mundo, ¿podrían quedarse fuera el demonio y la carne? ¿O habrán dejado de apoyarse entre sí los enemigos del alma? ¡Vaya ridículos modernistas! ¿O negarle al “Papa Bueno” de la prensa el «¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas.» (Lucas 6:26) para pretender fijarle obligaciones de obediencia a M. Lefebvre? ¿Qué no fue Pablo VI quien confesó el “Fumae Satanae”? ¿Y por dónde habrá entrado sino por lo que abrió Juan XXIII? ¡Vaya ridículos modernistas! Recordemos: «El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día;» (Juan 12:48) Y de las llaves a Pedro: «Tocó el quinto Angel... Entonces vi una estrella que había caído del cielo a la tierra. Se le dio la llave del pozo del Abismo. Abrió el pozo del Abismo y la de un horno grande, y con él la humareda del pozo.» (Apocalipsis 9:1-2) ¡Fumae Satanae! (Paulo VI).
3. En Mateo 23:8-10 se vuelve a limitar los poderes de Pedro, se le fija como Vicario. Se le niega toda presunción a ser guía o maestro. Estos títulos corresponden en exclusiva al Señor. Además de recibir poderes SÓLO en cuanto Roca; y ninguno en cuanto plastilina, gelatina o popularina; se le obliga a sujetarse a la enseñanza de Jesús como único Maestro: ÚNICO MAESTRO. Nada con reinventar ni la Iglesia, ni la misa. Ni con pretender ser guía de la Iglesia. Obligado quedó A SEGUIR a Jesucristo. Nada por su lado. Cuando dijo Jesús: “No llaméis maestro a hombre alguno” estaba Pedro presente, y los libros canónicos se cerraron con el Apocalipsis. «La Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día;» (Juan 12:48) La palabra de Jesús, NO la de Pedro. Y lo que Pedro no recibió, ¡los demás menos! ¡Vaya ridículos modernistas!
4.Era obvio que lo predicho por Jesucristo tenía que cumplirse. Antes de La Salette y su profecía sobre Roma como sede del Anticristo, avalada por los papas que condenaban el modernismo y la promiscuidad estaban las profecías del Señor en el Evangelio sobre “La Abominación de la desolación en el lugar santo”, en la Iglesia Católica, referida al profeta Daniel y a los últimos tiempos.
Sobre el Ejército del Cielo (la Iglesia), el Jefe del Ejército (el Papa), el Sacrificio Perpetuo (La Misa), las estrellas (los sabios y almas consagradas); y el plazo de 2300 tardes y mañanas, tenemos del mismo libro de Daniel avalado por El Señor lo siguiente que es cabalmente descriptivo de la historia a partir de Vaticano II:
«Creció hasta el ejército del cielo, precipitó en tierra parte del ejército y de las estrellas, y las pisoteó con sus pies. Llegó incluso hasta el Jefe del ejército, abolió el sacrificio perpetuo y sacudió el cimiento de su santuario y al ejército; en el lugar del sacrificio puso la iniquidad y tiró por tierra la verdad; así obró y le acompañó el éxito.» Oí entonces a un santo que hablaba, y a otro santo que decía al que hablaba: «¿Hasta cuándo la visión: el sacrificio perpetuo, la iniquidad desoladora, el santuario y el ejército pisoteados?» Le respondió: «Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas: después será reivindicado el santuario.» (Daniel 8:10-14)
Si por otro lado consideramos tardes y mañanas del día del Señor únicamente para tener semanas, de 1963 que comenzó el concilio a la fecha, redondeando, tenemos las 2300 tardes y mañanas casi completas. ¡Asombroso! Está por terminar el sueño de los réprobos; y con él, la pesadilla del modernismo.
5.Cosas tremendas quedan aún en la historia por decirse sobre los “papadiablos” para confirmar que el evangelio es preciso más allá de toda consideración humana, pero sería extenderse demasiado. Observemos simplemente que el poder de las llaves no debe ser exaltado sin su contrapeso; que no es posible aceptar el poder de las llaves sin tener que aceptar, además de sus limitantes precisas, la contraparte terrible; sobre todo en consideración a la historia que lo confirma. Me limito en lo personal a un “Eso dice”, ¿quién? la Sagrada Escritura. ¡Tómese en cuenta la Escritura en sí, y lo que se considere útil de lo demás!
luisosio
Sobre la Iglesia y los últimos tiempos 7 revelaciones a Valtort
Por el interés correlativo al comentario de arriba, ver: losultimostiempos.blogspot.com
Palabras de Jesucristo N.S. a María valtorta. Siete breves temas.
luisosio
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