Alberdi Historicista

 El eminente constitucionalista argentino Arturo Sampay destacó en su prolífica producción científica (como así también con ocasión de la reforma constitucional de 1949) el carácter iluminista que inspiró el texto normativo de 1853.

    El iluminismo es, básicamente y en sus aspectos primariamente políticos, una filosofía fundada en la inmanencia cogitativa, la abstracción y la a-temporalidad de los sucesos humanos. Su resultado histórico más notorio ha sido la generación de diversas utopías dialécticas revolucionarias que, con mayor o menor fortuna, han intentado cristalizar a lo largo de los últimos dos siglos.

Escribe Ricardo Fraga

La utopía como género literario puede, de suyo, no ser peligrosa y convertirse tan sólo en una reflexión retórica y en una crítica de las costumbres dadas en determinada situación. Así, por ejemplo, la “República” de Platón, la “Ciudad del Sol” de T. Campanella o, la más difundida, “Utopía” de Tomás Moro.

    Empero cuando la utopía se proyecta al campo de la experimentación pragmática adquiere su verdadera condición trágica, de lo que da muestra, sin ir más lejos, la revolución francesa de 1789, origen del liberalismo individualista y la revolución rusa de 1917, inicio del colectivismo socialista y ambas dos claros exponentes de la manipulación arbitraria del hombre que, en expresión de Juan Pablo II, “lo degrada subjetivamente” y lo convierte en un producto de una (esta vez la frase es de Benedicto XVI) dictadura relativista, agnóstica en el plano intelectual y nihilista en la esfera ética.

    El iluminismo es, entre otras cosas, desencarnación del hombre histórico, ensoñación ilusoria de lo real e imitación forzada de la “naturaleza”; de esa misma naturaleza que al estar desconectada del ser conduce a la negación de la existencia.

    El primer Esteban Echeverría en el Salón literario de la Asociación de Mayo describió a Rivadavia como “un hombre cuyas doctrinas eran el resultado del examen filosófico de hechos históricos de otras naciones o sistemas abstractos concebidos por la razón europea”.

    Es que, el iluminismo es negación de la tradición real de cada pueblo concreto y, por eso mismo, el iusnaturalismo racionalista de raíz ilustrada forjó una noción racional del derecho natural desvinculado de su fundamento objetivo que, en el ámbito propiamente político y jurídico, se establece en la fuente misma de la legitimidad, esto es, la justicia entendida en función de su objeto específico (concreto y real) que es el derecho, vale decir, el “objeto justo” (“iustum” romanístico).

    Esa “Razón” (así con mayúscula), base de todo el pensamiento racionalista, no es otra cosa que “un ente de razón” (puramente pensable) o, como le llama Hamann “un ídolo vano que la superstición iluminista decora con atributos divinos”.

    Frente a ese racionalismo iluminista emerge la conciencia histórica dada en la intuición de las imágenes que señala la corriente historicista iniciada en el s. XVII por Giambattista Vico.

    Desde esta óptica son revaloradas la historia y sus ciclos; renace la noción de recurrencia de los sistemas políticos enunciada por Polibio y Vico mismo formula su famosa expresión “corsi e ricorsi” como etapas sucesivas y recurrentes del acontecer histórico.
    El hombre, dentro de tal perspectiva, es contemplado en su unidad compleja, esto es, no un “autómata”, no un “bon sauvage”, no un “ángel”, no una “ficción igualitaria”; antes al contrario el hombre integral de san Agustín (“totus homo”) que se manifiesta en una síntesis sustancial de un cuerpo específicamente humano y un alma también específicamente tal, con proyección política en el concepto de “amistad civil”, tal como se enuncia por Aristóteles en los libros VIII y IX de la “Ética a Nicómaco” (básica noción de convivencia social y colectiva que hoy nos falta abiertamente a los argentinos y que, por ende, conlleva a la anarquía y, en definitiva, a la catástrofe).

    Esa síntesis expresiva se canaliza en la lengua y conforme la sabia sentencia de Herder, el hombre tiene “la nacionalidad de la lengua que habla” ya que la lengua es “la historia misma” (Hamann). De ella dimanan la idiosincrasia, el genio y el estilo, vale decir, “lo propio” (“proprium”) y, consiguientemente, la auténtica civilización que brota, como se ve, de la “civitas”.

    Por oposición a “lo propio” aparece “lo ajeno”, es decir, la “barbarie” o los “barbarophonos” de la “Ilíada” de Homero.

    En nuestro suelo, como lo ha notado ese gran metafísico que fue Nimio de Anquín (y como lo recuerda el profesor Fermín Chávez), se ha dado desde el s. XIX en adelante la inversión del apotegma, y por obra  generalmente atribuida a Sarmiento pero que vale también para otros nombres, ha sobrevenido la colonización mental de los argentinos, que fue liberal hasta no hace mucho, que es gramsciana y progresista desde no hace mucho y que ha devenido, en estos días, en francamente idiota o idiotizante por ser ahora una mezcla insulsa de cuantas necedades circulan por el globo.

    En este contexto parece oportuno, en este nuevo día del abogado (ya que Alberdi es patrono del gremio) recordar los orígenes paladinamente historicistas de Juan Bautista Alberdi contenidos en su “Fragmento preliminar al estudio del derecho” (1837), cuando no en una obra de su madurez sorprendentemente desconocida por la tilinguería intelectual de nuestro medio “La monarquía como mejor forma de gobierno en Sudamérica” (como se ve Alberdi no empieza y concluye en las “Bases y puntos de partida” texto que, por lo demás, ya nadie lee).

    Párrafo de Alberdi: “llamar bárbaros a los argentinos que habitan las campañas, que viven del trabajo rural y cuyo origen, religión y lenguaje son europeos greco-latinos es cambiar el sentido de las cosas del modo más absurdo”. Otro párrafo más: “la localización de la civilización en las ciudades y la barbarie en las campañas es un error de historia y manantial de anarquía”.

¿Por qué no aún, en su homenaje, otro párrafo más? “Abrí a Lerminier y sus ardientes páginas hicieron en mis ideas el mismo cambio que en las suyas había operado el libro de Savigny. Dejé de concebir el derecho como una colección de leyes escritas…”, vale decir en buen romance, se volvió un expositor de la regla de Paulo en el Digesto: “El derecho no procede de la norma sino de lo que el derecho es se hace la norma” (“non ex regula ius sumatur, sed ex iure quod est regula fiat”). Ese fantástico “iure quod est” expresa, nada menos, que la naturaleza, la tradición, la experiencia y el lenguaje, vale decir, aquello que fue después violentamente alterado por él mismo, y son sus propias palabras, “(las Bases) un escrito ligero hecho en veinte días de ocio en el feriado…” (“Tercera Quillotana”, IV) y al impulso mercantil de una compañía británica que (aunque no lo diga) lo ha probado más que fehacientemente Juan Pablo Oliver en su denso “El verdadero Alberdi”, ed. Dictio.

    Su anteproyecto constitucional debía versar sobre dos núcleos intocables: a) libertad de comercio y b) libre navegabilidad de los ríos interiores, esto es, los dos objetivos geopolíticos entonces vigentes del imperio británico. Son las propias palabras del fundador del liberalismo económico local: “tomad los cien artículos, término medio de una constitución, separad diez, dadme el poder de organizarlos según mi sistema (económico) y poco importa que en el resto votéis blanco o negro” (“Bases”).

    “Todo el resto del papelito” (son palabras suyas a Urquiza) lo compusieron los “constituyentes” de Santa Fe en las “diez febriles noches” históricas y compulsivas, analizadas magistralmente por José María Rosa en su “Nos los representantes del pueblo”.

    El texto iluminista de 1853 (fruto de una componenda comercial) es antihistórico (en el sentido de Vico), mimético (de una constitución forjada en otro clima espiritual) y quimérico (y por eso nunca ejecutado y siempre francamente transgredido). Alberdi lo sabía ya que en 1837 (op. cit.) había dicho que: “nuestra historia constitucional no es más que una continua serie de imitaciones forzadas…” y en pleno bloqueo naval británico escribía en “El Comercio” de Santiago de Chile (30 de junio de 1848): “convoque Rosas una asamblea nacional o federal, no para que pierda el tiempo en pueriles y vanas disertaciones de derecho público (sino)… (para legislar un texto) simple, sin grandes complicaciones, sacado de la experiencia histórica”.

    El Alberdi que la historiografía liberal (¡justo él que fue un furibundo antimitrista!) hizo prevalecer fue la del prohombre iluminado, en rigor al servicio de un interés mercantil antinacional.

    En este, un poco largo artículo, quise rescatar al Alberdi historicista (que en su vejez y exilio vuelve por sus fueros) y que alguna vez estampó que “el derecho es una cosa viva, positiva; no una abstracción, un pensamiento, una escritura”.
 

Los dos Sampay

Arturo Sampay no es tan eminente como señala el autor. O quizás haya querido decir que fue un eminente castrocomunista. Si bien en sus comienzos tuvo una posición tradicionalista y condenó el iluminismo terminó siendo asesor del bolchevique Allende y uno de los apoyos del montonero Mario Kestelboim en la Facultad de Derecho de la U.B.A. cuando Rodolfo Puigrós había instalado un soviet en ella.

La historia hay que contarla completa. Se tiene que decir siempre la verdad como tampoco hay que temer decirla.

Trabucazo

Este artículo muestra con

Este artículo muestra con rigor histórico, filosófico y jurídico a qué se debe el normativismo en boga.

No siendo un artículo biográfico sobre Sampay, y además, habiendo sido Sampay un eminente constitucionalista, francamente, no entiendo a qué se debe el comentario del Sr. Trabacazo, siendo que se toma a Sampay como  jurista clásico y no por su vida posterior (no me consta lo que dice Trabucazo sobre la vida de Sampay, pero, aun siendo cierto, carece de importancia al momento de citarlo como jurista).

Pequeño Sampay Ilustrado. 

La ignorancia no puede alegarse

"No me consta lo que dice Trabucazo" es una foma de confesar su brutal ignoracia un ligero correveidiles.

Claro, pierde su tiempo en escribir cuando lo debiera  emplear en estudiar.

Así conocería la situación de la Facultad de Derecho de la UBA teniendo como decano al montonero Mario Kestelboim quien tenía como titular de cátedra al Sr. Sampay, quien era uno de sus hombres de confianza.

Este Sampay que en su obra "Constitución y Pueblo", obligatoria para sus alumnos, (Cuenca Ediciones, año 1973), en sus "Advertencias Preliminares" luego de pronunciarse por el colectivismo "el pueblo verdadero propietario de los bienes" nos dice "La última lección trata la técnica constitucional  consagrada por Chile (leáse el régimen bolchevique de Allende) para nacionalizar los bienes necesarios para el bienestar del pueblo".

Y luego de este preámbulo la obra abunda en en describir su labor de asesoría para el gobierno comunista.que sería largo exponer aquí.

Este era el Sampay montonero y marxista, habían transcurrido 29 años de que publicara la buena obra "La filosofía del iluminismo y la Constitución Argentina de 1853" (Editorial De Palma Buenos Aires 1944) dpnde esboza un punto de vista tradicionalista en materia constitucional.

Que este colectivista socialista sea citado como un ejemplo por el Sr. Fraga en una nota que justamente reprueba "el colectivismo socialista" es realmente cómico. Hay que conocer las obras de los autores que se citan. Ahora lo del Sr. ignorante que dice que no le consta ya llega a lo ridículo. ¡Cómo le va a constar si ignora todo, la obra y la vida de Sampay! Espero que le conste que Colón descubrió América, por que, creáme así ocurrió: "los libros no muerden".

Vaya mi reconocimiento al Dr. Francisco Bosch, interventor en la Facultad de Derecho, quien barrió a los Kestelboim, Sampay y "ainda mais" aniquilando el soviet que habían formado en esa casa de estudios y restableciendo la excelencia científica.

Trabucazo

 

Usted, Trabucazo, sigue

Usted, Trabucazo, sigue argumentando pavadas.

No contesta qué tiene que ver que Sampay haya virado en determinado momento, (y al menos debería rescatar lo bueno de Sampay como hace poco lo hizo el tradicionalista Dr. Juan Fernando Segovia - U. de Mendoza-, que es mucho) con que haya,en otro momento anterior, sido un tradicionalista cabal y se lo cite, con toda razón, según las obras clásicas o tradicionales, como lo hace el autor de este artículo.

Del mismo modo, se pueden citar, con toda razon, al Donoso Cortes liberal y al posterior y tradicional. Los liberales citarían al primer Donoso mientras los tradicionalistas al segundo.

Lo entiende o no lo entiende ? Es tan difícil muchacho ?

Y le advierto, no es obligatorio ser abogado, haber llegado a los 70 años, y ser un pelmazo. Trate de cambiar.

Pequeño Sampay Ilustrado.

 

 

El muerto se ríe del degollado

Las evidencias, las citas, demuestran la equivocación del autor de la nota y de su apologista. Parecen ser la misma persona. Por lo menos la ignorancia es la misma.

Como carece de razones, cae en el insulto: "pelmazo", "argumentando pavadas". es la prueba de su impotencia y que tiene con los Sampay, pasados y presentes, mas de un punto de coincidencia. Así insultan los liberales y los marxistas.

Ahora pretender hacer, es decir intentar, una comparación entre un gigante como Donoso Cortés y el colectivista socialista Sampay, desborda el ridículo.

Es de una menesterosidad intelectual, de una carencia, de un indigente, apto para algún plan una Caja pan pero con algún libro dentro empezando por "Upa".

Tengo algún temor que su autor haya recibido algún título de abogado u otra patente de corso de esta universidad de aplazados que la democracia instaló. Por que abogados eran los de antes.

Trabucazo

Le guste a usted  no le

Le guste a usted  no le guste, Sr. Trabaucazo, Donoso antes de tradicionalista fue liberal y ningún tradicionalista se queja cuando lo citan.

Le guste o no le guste, el también grande Mendéz y Pelayo padeció en lo político que lo llamaron otros "menendezpelayismo" con mucha razón, pues no siempre dió en el calvoen lo político, no obstante ello, también es citado por grandes tradicionalistas.

Le gusute o no le guste, grandes tradicionalistas han citado, muchas veces, a Sampay sin que aparezca un "Trabucazo" quejándose.

Le guste o no le guste, que Ud. es un pelmazo, queda así probado.

Pequeño Sampay Ilustrado.

(aclaro, no soy el autor como usted sospecha)

pero el degollado murió señalando al muerto

Sr. Trabucazo el primero en faltar el respeto es usted y su versión de la historia no es la historia completa, es "su" historia cargada de idiología.

Atte Rebencazo

Respeto

¿Se podría polemizar con más respeto?

Creo que la verdad merece ser expuesta con decoro.

La respuesta airada delata a una persona incapaz de dominarse.

Saludos de Felix Renée

Se puede citar a Sampay y otras consideraciones.

Con el objeto de aclarar me meto donde no se me ha llamado:

Pequeño Sampay tiene razón en que es correcto que sea citado Sampay (será su abuelo?) en un artículo netamente tradicionalista pues hay material, también, netamente tradicionalista de Sampay para invocar.
 
No sólo esto, sino que es cierto que el Dr. Segovia, tradicionalista cabal si los hay, ha escrito sobre Sampay.
 
Ese artículo se titula “APROXIMACIÓN SOBRE EL PENSAMIENTO JURÍDICO Y POLÍTICO DE ARTURO ENRIQUE SAMPAY. Catolicismo, Peronismo y Socialismo Argentinos” y ha sido publicado por la “ultra” tradicionalista “Fundación Francisco Elías de Tejada”, actualmente presidida por el Dr. Ayuso y hasta el año pasado ni más ni menos que por Juan Valet de Goytisolo, donde además escriben lo mejor y más puro del tradicionalismo español e hispanoamericano como los Dres. Ayuso, Corsi Otálora, Bernardino Bravo Lira, Fernán Altuve-Febres, Federico Suárez Verdaguer, Álvaro Pacheco Seré, Frederick D. Wilhelmsen, etc.
 
El artículo antes mencionado está en los “ANALES” de dicha Fundación del año 2007, joya que gracias a Dios los amigos españoles nos mandan generosamente todos los años para que podamos leer a lo mejor de la política y filosofía tradicionales. (llegar a publicar en estos ANALES es más difícil y meritorio que obtener diez títulos de doctorado).
 
No sólo eso, se puede decir muchísimo más sobre Segovia, -quién escribió sobre Sampay- pero alcanza con recordar que fue uno de los organizadores del homenaje por los 90 años de Don Rubén Calderón Bouchet, el autor tradicionalista argentino más importante que hoy tenemos entre nosotros, según creo (para encontrar un autor argentino de su calibre habría que remontarse a un Irazusta, o al cuasi argentino Alberto Falcionelli, u otros gigantes). De ese homenaje se hizo un libro que se llamó “A la luz de un ágape cordial” y los artículos de Segovia en esa obra se llaman “Magister rectus” y “Rubén Calderón Bouchet, un contrarrevolucionario historiador de la contrarrevolución”. Allí además escribieron destacadísimos tradicionalistas como el P. Álvaro Calderón, Juan Antonio Widow, Miguel Ayuso, etc.
 
¿Queda claro qué nivel de intelectuales no se ofuscan por Sampay?
 
Habiendo ya DEMOSTRADO que lo más puro del tradicionalismo no se ofusca cuando se cita o habla de Sampay, reiteramos: ES CORRECTA LA CITA DE FRAGA y no es necesario decir mucho más luego de las referencias que he dado (aunque podría dar más, por ejemplo de "nacionalistas argentinos").
 
Se me dirá que argumenté con “argumentos de autoridad”. Es cierto, pero es precisamente este tipo de argumentos lo que son válidos para probar que es correcto, que un tradicionalista, sin un pelo de liberal ni marxista, puede citan a Sampay.
 
Pasemos a la ignorancia:
 
La de “Pequeño Sampay” sobre el pasado de su “abuelo” no me la creo aunque la alegue, pues si conocía el artículo de Segovia, allí se habla de lo que cuenta “Trabucazo”, pero que se jorobe, pues él mismo la alegó.
 
La ignorancia de “Trabucazo” sobre “la ignorancia del autor de la nota” y hasta sospecharlo de un supuesto “marxismo” y “liberalismo” es supina. Los tradicionalistas conocemos el gran libro titulado “Baluarte universitario” del Dr. Fraga. Esa obra es realmente oro en polvo (no exagero). Los tradicionalistas también conocemos las credenciales y obras del Dr. Fraga, desde sus cátedras, conferencias, etc., que siendo tan evidentes hacen que tampoco me crea del todo la ignorancia sobre estos extremos que menciona “Trabucazo”, pues él parece un tradicionalista. Sólo sí no es un tradicionalista o, es un tradicionalista poco afecto al estudio, puede desconocer lo anterior. No lo sé, no conozco sus credenciales.
 
Las faltas de respeto:
 
Usted, Sr. “nieto” de Sampay, hubiese ganado olímpicamente la disputa si sólo evitaba los epítetos, pues llevaba la razón, pero con su "boca sucia" le dio lugar a Trabucazo para que se vaya por las ramas. Allí su error.
 
Usted, Trabucazo, ofendió primero, pues el primer mensaje del Pequeño Sampay no era ofensivo, y su contestación a ese mensaje si lo era, luego, no argumente desde el respeto.
 
Además de ello, si un “Pequeño Sampay” insulta a un “Trabucaso”, la cosa no pasa de insultos entre “anónimos”, o seudónimos, que es lo mismo. Pero, cuando Trabucazo emite juicios temerarios y errados sobre el único que aquí pone su nombre y apellido, sin encima haber participado éste de la discusión, deja al menos “bien parado” al Pequeño Sampay que parece no haber sido respetuoso pero si certero en sus juicios sobre Trabucazo.
 
No quiero entrar en esta disputa, por lo que no contestaré a ningún comentario que se haga al presente, pero además, porque ES COMO YO DIGO (así de “liberal” y “dialoguista” soy, sepan disculpar).
 
El Carlista.

No vivimos entre citas de tradicionalistas

Nuestra Patria se encuentra viviendo uno de los momentos mas álgidos de su existencia. Es un momento agonal, de lucha por la susbsistencia. Tenemos soldados y sacerdotes arrojados en las cárceles y terroristas en las funciones de gobierno.

Y este terrorismo gobernante, financiado, organizado y entrenado en su momento en la Cuba comunista tuvo sus ideólogos nativos, que iban desde Hernández Arregui hasta Sampay (que además eran amigos).

Entre sus diversas funciones, asesor de Allende y catedrático montonero en el soviet de Kestelboim, Sampay daba cono material obligatorio a sus alumnos textos como su obra Constitución y Pueblo que es una apología del socialismo ateo desde Marx a Juan B. Justo, a los que enontraba esclarecidos mientras demonizaba a Leopoldo Lugones y a los sectores  que impidieron la instalación de soviets durante la lucha contra el comunismo internacional que se desarrolló en la denominada "Semana Trágica" y en la Patagonia.

Llega en sus extremos a decir que el partido Comunista es un sector "progresista". Y todo el resto del mensaje es la fundamentación del colectivismo marxista justificando al Pueblo como el propietario de los recursos de la Nación.

Yo viví la facultad montonera, donde se hacían mitines a cada rato encabezados por el "compañero" Mario (El decano) quien a su lado presentaba al "compañero" Sampay" o a Bacigaluppo (de triste fama luego en España) o al compañero Ortega Peña, con sus banderas rojas y su prepotencia y su mensaje anticristiano.

Yo admití desde el principio que había dos Sampay. Pero decir que es un eminente jurista como lo hace Fraga,es un disparate, por mas que el Sr. Carlista, con erudición es cierto, cite a distintos pensadores tradicionalistas que pueden haber elogiado su primera obra. Seguramente no hayan vivido la universidad de Puigrós, Kestelboim y Sampay.

Decir que el activista marxista montonero Sampay es un eminente jurista es lo mismo que decir que el homicida serial Che Guevara fue un eminente médico que mejoró la salud de los terroristas de Sierra Maestra.

En síntesis, no estamos para equivocaciones políticas. Fraga se equivocó, como se equivoca cuando cita obsecuentemente en  otras notas al masón Arturo Jauretche, también devenido en pro-montonero a edad senil por influencias de su sobrino Ernesto, el jefe de la célula terrorista que integraban los palotinos.

Hay en Fraga una mala comprensión evidente de la realidad, influencia quizá de sus malas lecturas de Sampay, Jauretche y Hernández Arregui. Se ve en toda su producción una visión sesgada de la historia reciente.

Pero hay algo que queda a los lectores de Panorama Católico Internacional, decidir por ellos mismos sobre el Sr. Sampay, leer su última obras "Constitución y Pueblo" y verán que de católica no tiene nada y si de apología del ateísmo marxista. Y decidirán si su autor en una revista católica debe ser exaltado o execrado.

uyyyy! anónimo ¿también los

uyyyy! anónimo ¿también los Palotinos?

Alberto.

Y aquí hay más.

Y aquí les mando algo más del doctísimo profesor:

http://www.panodigital.com/varios/la_corrupcion_latinoamericana

Pequeño Sampay Ilustrado, para servirles.

Precisiones sobre Alberdi y Sampay

Señores: Seamos mínimamente racionales. La Constituciòn de Alberdi nos aproximó(siquiera a los umbrales) del primer mundo. La de Arturito Sampay (que no reconocìa el derecho de huelga porque entendìa que era un estado de guerra extrajurìdico) nos precipitó más allá del nonagésimo mundo junto al lado de las tribus africanas. Ese infecto engendro del 49 tuvo por objeto principal perpetuar en el poder (algo que bien debe limitarse según la sabia doctrina constitucional) a un déspota de opereta convirtiendo al país (o a lo que entonces era al menos un embriòn de país con pretensiones mìnimas de seriedad) en una republiqueta bananera al peor estilo centroamericano. Ese degenerado (andaba con una menor de doce años) después volviò como un héroe y al morise dejó como heredera a una bailrana de cabaret de cuarta. Es el fruto de Sampay y por sus frutos los conocereis. Espero que se atrevan a publicar estas líneas. Liliana.

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