«Que los curas se casen no es el remedio para la crisis de vocaciones»
Una obviedad de un cardenal, que se le escapó en una entrevista («el celibato clerical no es un dogma») ha provocado una cascada de comentarios donde algunos «expertos» han tropezado en sorprendentes imprecisiones.
por Vittorio Messori
Antes de comenzar con la historia, es necesario decir algo sobre la crónica. Recordando sobre todo que las comunidades protestantes, las ortodoxas -y también las judías- registran «crisis de vocaciones» iguales, cuando no superiores, a las de la Iglesia católica, a pesar de que pastores, popes y rabinos puedan acceder al matrimonio.?El matrimonio, por tanto, no sería el remedio a la escasez del clero.
Ni sería el remedio a los desórdenes sexuales en ciertos ambientes religiosos, empezando por la pedofilia. Sobre todo porque ésta se manifiesta sobre todo con pulsiones homosexuales (los niños son víctimas en mayor grado que las niñas) y tener una mujer no sería por tanto la respuesta adecuada. Y además, porque, como confirman todas las estadísticas, la gran mayoría de los abusos se verifica en el seno de la familia, sobre todo de padres hacia hijos y tíos hacia sobrinos, luego aquí tampoco sería el remedio.?
Dejemos de lado también -aunque desde una perspectiva de fe es algo decisivo- la «conveniencia espiritual» del lazo entre castidad y sacerdocio sobre el cual se ha ejercido durante milenios la reflexión de santos, místicos y padres de la Iglesia. Y no entremos, con mayor razón, en una «conveniencia social» por la que el propio celibato ha impedido a la Iglesia que se convirtiera en propiedad de clanes familiares, de estirpes dinásticas, de castas ligadas por parentesco. Si sólo el «nepotismo» de los papas ha causado ya tanto daño, ¿a qué habría conducido que todos los curas favorecieran a sus hijos?
No es casual que las Iglesias griegas y eslavas sean tuteladas: mujeres e hijos sólo para los popes que pululan por las parroquias, pero no donde hay poder y riqueza, es decir, en los episcopados y en los monasterios.?Desde los orígenes? Para entrar en materia: esto demuestra que la «continencia sexual» no es el simple producto de una decisión eclesiástica, en muchos casos tardía y limitada al catolicismo. Se trata de una elección que se remonta a los orígenes de la Iglesia que la Tradición más antigua corrobora y que, durante siglos, ha sido practicada tanto en Oriente como en Occidente.
No es un dogma, ciertamente, sino un aspecto de la Tradición que se debe tratar con la debida reverencia a lo que se considera que se remonta a la época apostólica. Lo ha demostrado -en unas ochenta páginas densas y de irrefutable erudición, publicadas por la Librería Vaticana- el cardenal Alfons Stickler que, como bibliotecario y archivista emérito del Vaticano, ha tenido acceso a todas las fuentes.?En la Iglesia primitiva, la mayor parte del clero estaba compuesto por hombres maduros que, accediendo a las órdenes sagradas, dejaban a su mujer, con su consenso, y confiaban su familia a la comunidad. Desde entonces, estaban llamados a vivir en perfecta continencia, residiendo ya no en su casa, sino en edificios eclesiales.
También se lee de vez en cuando en artículos de autores serios que esta renuncia habría sido impuesta después del año 300 en el Concilio -en realidad un simple Sínodo- celebrado en España, en Elvira. Lo cierto es que, como demuestra el cardenal Stickler, los textos muestran que allí se rebatió la praxis de la continencia, considerada «tradición inmemorable», y se decidió a castigar los abusos, expulsando del clero a quien mantuviera relaciones con su mujer. Al contrario, por tanto, de lo que se afirma a menudo. Otros Sínodos -o Concilios- confirman que la abstinencia sexual se remonta a los tiempos apostólicos y no puede, por tanto, cambiarse.?
La tesis de los luteranos?
Numerosos documentos pontificios, como el del Papa Siricio, en el siglo IV, aprueban cuanto había sido establecido por los delegados conciliares. Y los padres de Occidente -Ambrosio, Jerónimo, Agustín- están de acuerdo sobre virginidad, celibato o continencia no sólo para los sacerdotes, sino también para los diáconos. Nunca, asegura Stickler, ni siquiera en los documentos más antiguos, nunca esto ha sido considerado una novedad, sino siempre un dato indiscutible de la Tradición primitiva.?Desde esta perspectiva, no se sabe muy bien qué pensar de profesores notables que, en estos días, han apoyado la tesis (cercana a la propaganda manipulada de los viejos luteranos y calvinistas) según la cual de continencia clerical se podría hablar sólo desde 1139, con el segundo Concilio de Letrán. En realidad, se estableció entonces que los matrimonios eventuales contraídos por miembros del clero no sólo eran ilícitos, sino nulos, no ocurridos.
Subraya Stickler: «Esta severa sanción es la enésima confirmación de una obligación a la continencia que existe desde siempre».?¿Y qué hay de las Iglesias de Oriente, donde sólo los monjes y los obispos están obligados a la continencia absoluta, mientras sacerdotes y diáconos pueden casarse, mientras el matrimonio sea el primero y el único, contraído antes de la ordenación? Todos los documentos muestran que durante muchos siglos, también en aquellas comunidades se discutió la abstinencia practicada en Occidente y que las excepciones que se conocen se remontan a fuentes falsificadas.?
Sólo en el 691, en el Concilio Trullano, se estableció lo que todavía hoy está en vigor para los ortodoxos. Pero hubo una capitulación explícita: que la Iglesia de Oriente no tenía la organización jerárquica de la de Occidente, y le faltaban medios para reprimir los abusos, cada vez más numerosos. No sólo eso: sometida al emperador bizantino, cedió a los políticos que juzgaban más controlable a un clero que «tenía familia». Se intentó salvar el principio, imponiendo la abstinencia sexual al menos en el periodo en que los sacerdotes estuvieran ejerciendo y diciendo misa, y pretendiendo castidad de obispos y monjes. Una situación obligada, no ciertamente la ideal, como lamentaron y todavía lamentan muchos en Oriente. Es curioso que algunos, ahora, lo consideren deseable también para Occidente.
Fuente: La Razón, España












Sacerdotes casados, ¡y círculos cuadrados!
¡Con que facilidad se confunden las ideas y se desvirtúan las palabras! ¿Sacerdotes casados, vocación para qué? ¿Para el matrimonio? ¡Vaya burrada! Ni siquiera habría quien la tomara en serio de no venir de donde viene, de no seguir la tendencia hacia el abismo de los debates que ya establecieron, debatiendo, el aborto; la eutanasia; y hasta el matrimonio de los homosexuales. Ponga usted a los necios a hablar… Y enmudecerán, horrorizados, ¡hasta los burros su rebuznar!
¿Incrementar así las vocaciones, o darles el golpe de muerte desvirtuándolas totalmente? Nadie liquida la virtud sin vaciar el concepto, nadie liquida la institución sin despojarla de sus timbres de gloria… Se trasluce el odio en la sola mención.
De Roncalli a la fecha tres palabras tomaron vida contra natura eclesial: desacralizar, ecumenizar, tolerar. Nunca será lo mismo el veneno fuera que dentro del organismo, el enemigo afuera que gobernando la casa. Lo estamos viendo.
De tolerancia en tolerancia perdió la mujer la virtud, el marido a la mujer, la sociedad sus leyes, y todos ellos el alma… ¡Pero la Iglesia? ¿Qué haríamos sin las profecías? ¿Porqué olvidan algunos que Judas Iscariote fue la profecía del Señor para los tiempos presentes?
«Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda), (Mateo 24:15…también en Marcos, Lucas) El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. (Mateo 24:35) Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. (Juan 15:19) ‘El Cardenal Hummes’ ¿arde por regresarlos al mundo? ¿A qué si no ese río que tufos lleva?
Elegidos, sacados del mundo por el celibato: Virginidad, castidad y pureza, las tres palabras que Roncalli y cómplices quitaron eliminándolas del Concilio. ¡Profecías cumplidas! Una sola línea de Roncalli (Juan XXIII) hasta Hummes. Lo estamos viendo, profecías ¡y cumplidas!
¡Que las profecías te confirmen en tu fe! Para eso están…
¿Qué el celibato clerical no es un dogma? Tampoco que la suma de dos más dos arrojen cuatro. ¿A quien se le habrá ocurrido que solo los dogmas obligan? ¿A qué genio se le habrá ocurrido que erigirlo en dogma fuera necesario? ¡Por el contrario! ¡Ponernos a erigirlo en dogma sería debilitarlo! No se le ha erigido en dogma por la misma razón por la cual dogmáticamente se ha menospreciado que dos más dos arrojen cuatro. Por la misma razón que se han dejado fuera del dogma las Verdades de Perogrullo. ¡Por obvias! No es menosprecio, es sentido de milenios de sentido común. Es confirmación de las palabras de Cristo: os he sacado del mundo. Es la perfección del Modelo Fundamental de Cristo y de la Sagrada Familia. La pureza no es mero adorno, es lo más preciado de la salud mental, del amor sin las restricciones de la bestia, y como tal, del participar del amor divino. Recordemos brevemente de la Sagrada Escritura: La sexualidad humana fue el castigo inmediato por el pecado original. Fue el abestiamiento que hoy proclaman las estadísticas de violaciones, homicidios, sadismos, abortos, homosexualidades, sidosos. Fue la pérdida de la imagen y semejanza con Dios que sólo la Encarnación pudo restaurar, para así justificar nuestra naturaleza y elevarla por los mismos conceptos que un Concilio contra natura ha intentado sepultar.
¡Que las profecías te confirmen en tu fe! ¡PARA ESO ESTÁN!
Ese reconocer en el Pecado Original la fuente de la sexualidad bestial, es limpiar el Honor de Dios Creador Perfecto contra Mahoma, cuyo Corán lo acusa de imperfecto al afirmar que el hombre fue creado débil. En otras palabras: irremisiblemente pecador. Y por consiguiente haciendo del Creador Perfecto un doblemente imperfecto, y hasta culpable, y del Sacrificio del Calvario tan innecesario como expiar, no por el hombre, sino por las imperfecciones de la Creación. La Sagrada Escritura lo atestigua: Es hasta el capítulo cuarto, el inmediato posterior a la caída y a las sentencias (Génesis 3:15-17) que Adán conoció a su mujer. Y el primer fruto de la sexualidad fue un homicida, y para colmos, fratricida.
¿Acaso en vez de corregir El Redentor, iba a perpetuar esos frutos de la sexualidad en sus elegidos? ¿Iba a condenar a la humanidad a seguir en sus bestialidades? ¿Acaso no les advirtió: Pero si la sal (que preserva de la corrupción a la sociedad) se vuelve insípida, para qué servirá si no es para ser arrojada a la calle a que la pise la gente?
¡Que las profecías te confirmen en tu fe! ¡PARA ESO ESTÁN!
Un católico de rito bizantino replica
Al poco satisfactorio artículo de Vittorio Messori se le ha sumado un comentario desquiciado de alguien que, amén de desconocer los principales aspectos referentes de la cuestión del celibato, de su disciplina e historia, hace afirmaciones de una monumental ignorancia teológica. El autor del lamentable comentario afirma que “la sexualidad humana fue el castigo inmediato por el pecado original”. ¡Ay, ay, ay! ¿Quiere decir que nuestros primeros Padres eran asexuados y, por consecuencia de su prevaricación, se volvieron sexuados? A su Biblia le deben faltar algunas líneas del Génesis, como aquellas donde se lee: “Creced y multiplicaos y llenad la tierra” (Gen 1, 28). Ironías aparte, la doctrina católica afirma que Nuestros primeros Padres gozaban de una sexualidad incontaminada, de una armonía victoriosa que unificaba los elementos físicos, psíquicos y espirituales de su ser; estaban perfectamente dotados para realizar el encargo divino anteriormente citado. Sólo luego del pecado perdió el hombre su dominio indiscutido. La rebeldía del espíritu contra Dios se reflejó en la insubordinación del instinto carnal contra el espíritu (Gen 3, 8 ss). Y así y todo, la caída no significó que la unión sexual, en el ámbito del matrimonio, fuera pecaminosa. “La pureza no es mero adorno, es lo más preciado de la salud mental, del amor sin las restricciones de la bestia, y como tal, del participar del amor divino”, escribe. Dejando de lado la oscura sentencia de que la pureza es lo más preciado de la salud mental (?), no llego a entender cómo concibe la sexualidad este curioso personaje, pues, por más que le pese, el hombre es un compuesto del alma y cuerpo, y la única manera que tiene de relacionarse sexualmente es por medio de este. Por otro lado, el ejercicio de la sexualidad en su ámbito adecuado no está reñido con la pureza, a no ser que considere que las relaciones entre esposos constituyen un pecado. Hay un inconfundible tufillo gnóstico en todas sus afirmaciones sobre la sexualidad. No contento con este cúmulo de burradas, equipara la discusión sobre el matrimonio de los clérigos, con el debate sobre el aborto, la eutanasia y el “matrimonio” homosexual, como si se tratara de una perversión semejante. ¿Ignora acaso que el matrimonio de presbíteros y diáconos se conoce desde los tiempos apostólicos, y sigue estando vigente en la vertiente oriental de la Iglesia Católica? Tómese la molestia, ya que le gusta citar tanto la Sagrada Escritura, de leer 1 Tim. 3:2, 12, and Tit. 1:6. Por otra parte, y esta vez respecto al artículo de Messori, considero poco seria la ausencia de referencias explícitas a los escritos de los Santos Padres para probar sus aseveraciones. Con una vaga referencia a un libro de 80 páginas no alcanza para tratar un tema tan amplio y profundo. Y lo que es más grave: sus afirmaciones respecto del Concilio Trullano y la cuestión en la Iglesia de Oriente son falsas. Ya el obispo Pafnucio, uno de los ascetas más severos, toma la defensa del estado conyugal de los sacerdotes en el Primer Concilio Ecuménico de Nicea, en el año 325. Igualmente, en el Oriente, muchos cánones son categóricos y castigan severamente a todos los que estimen incompatibles el sacerdocio y el matrimonio, o manifiesten el mínimo desprecio hacia su santa institución (véase Hefèle, Histoire des Conciles, vol. I, pág. 621). “El matrimonio y las relaciones de los esposos en el matrimonio, son por sí mismos algo digno y sin mancha”, dice el obispo Pafnucio Por eso el Concilio en Trullo (691) declara: “En la Iglesia romana, los que quieren recibir el diaconado o el sacerdocio prometen que ya no tendrán relaciones con su mujer. En cuanto a nosotros, observadores de los cánones apostólicos, permitimos la continuidad de la vida conyugal” (canon 13). Este canon es la materialización de una visión tradicional en el Oriente cristiano, y no el fruto de una especulación del emperador bizantino para controlar al clero o de una concesión frente a los abusos. Incluso el pensamiento patrístico va más allá: para los Padres del Oriente, matrimonio y monaquismo se encuentran íntimamente complementados. “Cuando Cristo ordena seguir el camino estrecho, no se dirige a los monjes, sino a todos los hombres... se sigue que el monje y el seglar deben alcanzar las mismas alturas...: usad santamente del matrimonio y seréis los primeros en el Reino de los Cielos, y disfrutareis de todos los bienes” enseña muy enérgica y explícitamente Nuestro Padre San Juan Crisóstomo (Adv. oppugn. vitae monast., III, 14; In Epist. ad Haebr., hom. VIII, 4). San Anfíloco, Obispo de Iconio (+394) afirma que el estado matrimonial y la virginidad, igualmente instituidas por Dios, son ambos altamente honorables, vistos desde el punto de vista de la religión (P.G. 39, 44-45). En suma, la doctrina oriental respecto del matrimonio de los sacerdotes se funda en una visión diversa de los argumentos de conveniencia sostenidos por la Tradición del Occidente cristiano. “El clero casado demuestra así –afirma el teólogo Paul Evdokimov, interpretando correctamente la costumbre oriental- que el estado matrimonial no pone impedimento a la participación en el corazón mismo de la vida litúrgica: la celebración sacerdotal de la Eucaristía. Los mayores ascetas (san Macario, san Juan Casiano, etc.) hablan de la fornicación posible en el alma de los monjes y en su imaginación. Por otra parte insisten en la castidad de los verdaderos casados. El estado monástico y el matrimonio culminan pues, y se complementan, en la castidad espiritual, en la pureza del espíritu” (L’Orthodoxie, Neuchâtel, Delachaux et Niestlé, 1959) Ahora bien; otra cuestión es considerar si es beneficioso o no abolir la varias veces centenaria tradición del celibato en la Iglesia latina, posibilitando que los hombres casados puedan acceder al orden presbiteral (no al episcopal, pues aquí es universal la Tradición que lo veda). En ese sentido, creo que DE NINGUNA MANERA, por una multitud de razones que no expongo por no abusar de la generosidad del editor de esta publicación digital. Por último, para aquellos que quieran conocer cómo es la vida de un sacerdote greco-católico casado pueden visitar http://www.saintelias.com/ca/clergy/frroman.php , de la Parroquia católica de rito bizantino-ucranio San Elías, perteneciente a la Eparquía de Toronto, Canadá.
Respuesta a un Bizantino:
I.- SABER LEER: Génesis presenta una secuencia muy clara: 1)Pecado Original. 2)Sentencia. 3)Primera unión carnal. 4) Un homicida. ?La Palabra Divina NO EQUIVOCA secuencias ni consecuencias. Hay que conocer la Sagrada Escritura: a) Es palabra de Dios b) no puede fallar. El texto completo: Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios ?y no puede fallar la Escritura…(Juan 10:35). Conclusiones: i) Hay bizantinos que no se reconocen ni como ‘dioses’ (Con minúsculas) ii) ¿Como disculpa para mayores inconsecuencias? Veamos: Dícenle sus discípulos: «Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse.» Pero él les dijo: «No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. (Mateo 19:10-11) ¡Es lenguaje para dioses en exclusiva! Por las afirmaciones de mi interlocutor, los cismáticos bizantinos pudieran estar más cerca de Freud que de Jesucristo, y sin necesidad de debatir sobre la historia del celibato a la que Roma ha sido siempre fiel: Tu es Petrus. SABER LEER: La sexualidad como la conocemos hoy no es la única forma de reproducción. El mismo Génesis establece la posibilidad de que Dios hubiera seguido adelante tomando de ambos cada nuevo ser humano como tomó a Eva de la ‘costilla de Adán. Una forma de clonación de dos ‘costillas’ por cada nuevo ser. Lo comunica a través de María Valtorta (si lo quiere creer), pero las palabras de Jesús en el evangelio solo pueden ser entendidas como reivindicatorias del hecho: “No llaméis padre a hombre alguno, puesto que uno solo es vuestro Padre, el del cielo”. En resumen: Elegir la forma de reproducción animal (no eran tontos, tenían la ciencia infusa como creación perfecta) equivalía a privar a Dios de su función paternal visible, de sus más caras funciones. La resultante: Los expulsados fueron ellos. SABER LEER: San Agustín, entre otros, es claro, y no un desquiciado al afirmar que la sexualidad humana no era como la conocemos hoy. El creced y multiplicaos de ninguna manera implica la sujeción a un vicio, ni siquiera su tendencia dentro de la voluntad del hombre, sin que Mahoma tuviera razón sobre el hombre creado imperfecto.
II.- SABERSE SITUAR: La sexualidad señalada como castigo es el primer impulso al desorden moral en el ser humano. El desorden como definición del mal está en elegir un momento de placer de valor ínfimo sobre el valor supremo de la creación que es el ser humano. El pecado de Onán recibió pena de muerte inmediata. Hoy día, LA DEVALUACIÓN DEL SER HUMANO ha encontrado su apoteosis en los anticonceptivos, y su naturaleza diabólica en la homosexualidad y el feticidio. Basta con consultar a cualquier agente del ministerio público para informarse de que si todos los delitos sexuales fueren denunciados y perseguidos, las fuerzas del orden multiplicados por cien no se darían abasto. El orden mismo de los Diez Mandamientos dice todo al respecto: Los tres primeros son debidos a Dios. El cuarto a quien debemos la vida después de Dios. De los debidos al hombre el quinto No Matarás por irremisible, seguido de inmediato por el relativo al sexto destinado a frenar la concupiscencia. Podemos seguir, por supuesto…¿Habrá necesidad?
Prefiero escuchar "La colifata"
Ud. no solo es un ignorante sino un insano. Pocas veces he leido tal sarta de incoherencias. Ud. mezcla absolutamente todo, pone en el tapete cosas que no han sido cuestionadas (como la inerrancia de las Escrituras), y de la interpretación notablemente errónea de ciertos pasajes saca conclusiones ridículas. Por otra parte, aprenda a leer con detenimiento: cuando mencioné a los bizantinos, me refería a aquellos que estamos en plena comunión con el Sucesor de Pedro, quienes conservamos la disciplina del matrimonio de los clérigos. ¿La Tradición oriental es de segunda y la latina de primera? Y en cuanto a que los bizantinos están más cerca de Freud... Buehh, yo diría que un psicoanalista se haría un auténtico festín con Ud., sobre todo por su reiterada alusión a la homosexualidad, el pecado de Onán y otras yerbas. Con esto termino la ¿polémica?
"La colifata" y la disciplina del matrimonio de los clérigos
Para concluir una polémica hay que aportar razones, no epítetos. No hay un solo razonamiento de su parte. Déjeme ayudarle: ¿Se confirma la inerrancia de las escrituras abandonando el consejo evangélico del celibato? Si la diciplina de los clerigos es el matrimonio ¿qué es el celibato, indiciplina? Menciona usted mi interpretación notablemente erronea sin indicar siquiera cual interpretación, y menos aún su contradicción con la literalidad para demostrar que se trata de una interpretación. Como usted verá, bizantino, el problema con usted no es poner fin a una polémica, sino que comience a haber una digna de ese nombre.
Sin intención de terciar
Sin intención de terciar en el intercambio de los lectores, creemos, sin embargo, prudente dejar en claro algún punto sobre el matrimonio. Para ello recurrimos a la encíclica Casti Connubii de Pío XI:
82. Puesto que lo que ha de destacarse acerca del carácter religioso de todo matrimonio, y especialmente del matrimonio y del sacramento cristiano, se halla tratado extensamente y demostrado con graves argumentos en la carta encíclica de León XIII, que hemos mencionado tantas veces y que también hemos hecho nuestra expresamente, a ella nos remitimos aquí, y estimamos que son muy pocas cosas las que deben recordarse aquí.
83. Aun ateniéndonos a la sola razón natural, sobre todo si se estudian los documentos de la historia antigua, si se interroga a la conciencia constante de los pueblos, si se consultan las instituciones y costumbres de todas las naciones, consta suficientemente que hasta en el mismo matrimonio natural hay algo de sagrado y religioso, «no adventicio, sino congénito, no recibido de los hombres, sino implicado en la naturaleza», ya que «tiene a Dios por autor y ha sido ya desde el principio mismo una cierta imagen de la encarnación del Verbo divino». Porque esta naturaleza sagrada del matrimonio, tan íntimamente ligada con la religión y con el orden de las cosas sagradas, surge simultáneamente tanto de aquel origen divino, antes recordado, cuanto del fin de engendrar y educar para Dios la descendencia, como también para unir a los cónyuges con Dios mediante un cristiano amor y la ayuda mutua cuanto, finalmente, del mismo natural oficio del matrimonio, instituido por la mente providentísima de Dios Creador para ser como un vehículo transportador de vida, mediante el cual los padres sirven como auxiliares de la omnipotencia divina. A esto viene a añadirse un nuevo título de dignidad, derivada del sacramento, en virtud de la cual el matrimonio cristiano es ennoblecido sobremanera y elevado a una tan grande excelencia, que haya sido visto por el Apóstol como misterio grande, en todo honorable.
84. Este carácter religioso del matrimonio y su excelsa significación de la gracia y de la unión entre Cristo y la Iglesia exige de los prometidos una santa reverencia y un santo afán para que el matrimonio que van a contraer imite lo más posible aquel modelo".
Es decir, el matrimonio es sagrado -en diverso grado- tanto en el orden natural como en el sobrenatural y prefigura la Encarnación del Verbo así como la unión de Cristo con su Iglesia.
A sin intención de terciar
El moderador tiene todo el derecho de terciar, ¡por supuesto! Pero en este caso puede contribuir más a la confusión por una razón: Única: ¡El matrimonio en general nada tiene que ver con el tema!
Mi primer comentario "Sacerdotes casados ¡circulos cuadrados!" Hace referencia exclusivamente a lo que algunos pretenden debatir: el matrimonio como una opción lícita, pero contraria a la tradición del Sacerdocio Católico de la Iglesia de Roma. Tampoco tiene que ver con la tradición oriental sino en el sentido de demostrar el error de esta última.
De ahí que, haya yo aceptado lo que parecía un debate NECESARIO con quien pudo ser un contendiente serio, ya que todo puede reducirse a: ¿Hay acaso herejes y cismáticos que tomen literalmente el evangelio para obedecer la Palabra de Dios? La escritura no puede fallar exige el corolario: cualquier interpretación si puede fallar, ya que al ser interpretación no es la Escritura en sí.
Otrosí digo
Sin duda el tema era otro. Pero las cosas se entreveraron un poco y me pareció que un lector algo desprevenido podría llegar a sacar una conclusión equivocada sobre la doctrina del matrimonio. Respecto a la tradición del celibato, estimo que el Card. Stickler es una autoridad en la materia y que no podemos menospreciar la obra tan solo por el acierto o desacierto de la reseña de Messori, en definitiva un artículo de opinión. En todo caso, habría que leerla y discutirla. Coincido con Vladimir en que el celibato no obliga a los presbíteros de rito oriental, tanto ortodoxos como unidos a Roma y esto desde antes del cisma. Pero también es cierto que ni monjes ni obispos pueden casarse, lo que significa que acceder a la plenitud del sacerdocio o seguir del modo más perfecto los consejos evangélicos es de algún modo obstaculizado por el matrimonio, y esto ya desde la misma tradición apostólica. Coincido con él en que antes y después de la caída original, el matrimonio era institución divina, sagrado, -no es un castigo- aunque las consecuencias del pecado original hayan desordenado las inclinaciones. Es lo que demuestra el texto pontificio citado. Pero el abanico de temas se abrió demasiado y de ahí que parece prudente retomarlo más ordenadamente en otra ocasión.
A otro sí digo, ¿más confusión?
¿Quién dijo que el matrimonio fuera un castigo? Mi estimado moderador, valdría la pena releer: II.- SABERSE SITUAR: La sexualidad señalada como castigo es el primer impulso al desorden moral en el ser humano. Me alegro de ver a don Marcelo González tan apegado a sus buenas costumbres ¡como para no poder ya distinguir entre matrimonio y sexualidad! Me recuerda a un americano a quien le pasaba algo similar: "Esto siempre pasar en Feliznavidad" decía encontrándose con el español. ¡Que siempre sea, feliz moderador, puro "sexoenmatrimonio" para usted y todos los suyos, como para el americano aquel la navidad y la felicidad no podrían separarse jamás! Por lo demás, me permito informarle que, en relación al matrimonio como castigo, ¡todos hablan de la feria según les va en ella! Pero dígame ¿por que tantos rodeos a la herejía de Mahoma? ¿No me la querrá hacer compatible con la fe!!! Porque si no fue parte del castigo ¿sería parte de un premio? Por lo demás ¿cómo y en razón de qué llegamos a ser conocedores del mal? ¿No se me andará arrinconando solo contra la logica?
Amigo Luis
La herejía de Mahoma la trajo Ud. a cuento. De mi parte no es más que eso, y no veo relación con el celibato sacerdotal cristiano. Por otra parte, más allá de que Dios me ha dado la gracia de un matrimonio feliz, siempre que hablamos del tema en este foro presumimos un uso honesto y "casto" de la facultad procreativa, ordenado al fin que Dios le ha asignado, según el estado de cada uno. Lo otro es fornicación, tema que no se discute porque está definido desde Moisés como pecado. El matrimonio no es un castigo, es el modo instituido por Dios para preservar el género humano y ayudar a la santificación de los conyuges y la prole. Créame, me parece un tema muy simple, no veo la necesidad de complicarlo.
Enviar un comentario nuevo