Nos siguen escamoteando la Misa o "gato por liebre"

Reproduzco tres carta de lectores muy recientes. Ellas reflejan la resistencia de la jerarquía católica a lo ordenado por el Santo Padre en el Motu Proprio Summorum Pontificum: que el párroco acceda gustosamente al pedido de los fieles y que el obispo garantice el cumplimiento de ese pedido, que es un derecho de todos los católicos. Hemos hablado con mucha frecuencia del "miedo" a la Misa Tridentina de parte de la jerarquía (en general), especialmente los obispos, y muy especialmente en Hispanoamérica. Los hispanoablantes somos la comunicad católica más grande del mundo. También la más desamparada.

Carta 1.

Muy estimado Marcelo:

Le escribo para comentarle lo que he visto en la parroquia "Nta. Sra. del Carmen" : el sacerdote hizo leer la 1a. lectura a un feligrés, e incluso salteó partes que estaban impresas en la fotocopia del Ordo que teníamos los asistentes. Además, las lecturas fueron las del rito "ordinario" (bien puesto el nombre, entre nosotros...).
Me dicen que Dotro hizo lo mismo en San Miguel Arcángel.


Los que asistieron esta tarde a la primera parroquia, me dicen que leyó un seminarista (con sotana pero no tenía la estola correspondiente, por eso suponen que era seminarista...)

Dígame, ¿nos están dando gato por liebre? Si es así, ¿no habría que pedir que hagan las cosas bien?

In Cordibus Iesu et Mariae.

María de Luján Torre

Nota del Editor: Ntra. Señora del Carmen es una de las parroquias donde se celebra la forma extraordinaria del rito, el otro lugar es la "cripta" de la Iglesia de San Miguel, iglesia inutilizada por su estado ruinoso, donde el "liturgista" P. Dotro no da pie con bola, a pesar del asesoramiento de muchos laicos que conocen bastante mejor.

Carta 2.

La Jerarquía desobediente no tiene arreglo! El Santo Padre ha mandado claramente que sea el párroco el que acceda gustosamente al pedido de los fieles que desean oir la Misa Tridentina. El Obispo es la garantía de que esto se cumpla, como dice Summorum Pontificum. Nada tiene que hacer el Cardenal en este asunto porque así lo manda el Papa. Puede sí pedirle a un sacerdote que celebre, en tal o cual lugar. Pero no puede impedir que en una parroquia haya tal celebración cuando un grupo de fieles lo pidan.

Lo que dice ese señor, "que en algunas diócesis es él quien designa al sacerdote que crea conveniente para oficiar según el rito extraordinario". Es, como decía Castellani, digno del colmo de los macaneadores. ¡Es una mentira! ¡O sea que el Motu Propio vale de diverso modo según las diócecis!

Me da la impresión de que han querido con todo este run run, circunscribir el "virus" de la Santa Misa Extraordinaria, a dos o tres lugares. No vaya a ser que se expanda la epidemia. No deja de sorprenderme de lo que somos capaces de hacer y decir los argentinos (o al menos alguno de ellos)- La trasgresión es nuestra mayor virtud.

Lo que tienen que hacer los fieles es pedir por escrito al párroco y ante la negativa seguir la vía jerárquica hasta llegar a Roma. Hablar ya no sirve, hay que escribir.

Nota del Editor: Referido a la presunta e inhallable "disposición" del S.E.R el Card. Primado de la Argentina, sobre quién y donde va a celebrar la Misa Tridentina en su diócesis.

Carta 3

Sr. Director; Como guarda relación con la nota aquí inserta, comento que hace muy pocos días encargué a un pretigioso encuadernador la reparación de mi misal, ya un tanto deteriorado por el uso. Fue en ese momento que él, al ver el misal sobreel que debía trabajar, me dijo: "Vea, parece que esta misa sólo se seguirá celebrando en los centros "lefebvristas". La Iglesia de Latinoamérica ha cerrado filas sobre esta cuestión.

Sé que el hombre es de muy buena fe, y que asiste semanalmente a la "celebración eucarística". Yo me pregunto: ¿Dónde habrá oído lo que me dijo? ¿Habrá salido de su imaginación, o de alguna meditación al respecto? No quiero pecar de ingenua, y por eso sospecho que es lo que están "bajando" los párrocos a sus feligreses para eximirse de la "carga" que les ha impuesto el Santo Padre. Por eso no me extraño que alguien salga diciendo que en cada diócesis el obispo (todo muy con minúsculas) debe autorizar al encargado (muy cargado) de afrontar lo que llaman "Santa Misa" (con todo acierto).

Deberían releer el Génesis, muy al principio, cuando nos cuenta que Caín y Abel elevaban sacrificios a Dios. Los dos lo hacían, pero uno era grato, y el otro no. Fue quien presentaba el ingrato quien entró en odio y terminó matando a su hermano. Por ahora, el Sr. Cardenal Bergoglio nos mantiene fuera de los templos, pero ninguna duda cabe que estos obispos muy "latinoaméricanos" desean fervientemente nuestra desaparición. Para eso, y como primer paso, a la vez que simulan obedecer al Santo Padre, nos motejan de "lefebristas", de cavernícolas, de fundamentalistas, y nos entregan a quienes hacen el "trabajo sucio". Todos sabemos quienes son.

Antonia Joana Erbin

Nota del Editor: Sobre el mismo tema de la nota 2

Como simple colofón de esta reseña, diremos que la lectora de la carta 1 ha dado en la tecla con la conocida expresión. Nos quieren dar gato por liebre: allí donde no pueden dejar de cubrir las apariencias, lo hacen de un modo tan grosero que solo se puede explicar por la sensación de impunidad que domina en los titulares de las diócesis a la hora de hacer lo "religiosamente correcto" a los ojos del mundo.

A su vez, los menos hostiles a la misa, los más "liberales" o bien los más generosos de entre los obispos, están maniatados por las represalias que puedan caer sobre ellos de sus "hermanos" en la santa colegiación episcopal.

Nos gustaría rescatar en este caso el recuerdo bíblico de la Sra. Erbin: los sacrificios de Caín y de Abel. Recordemos que Caín fue el primer homicida y fratricida: por envida a su hermano, el justo Abel, cuyo sacrificio era aceptable a Dios, y el propio rechazado.

Y es precisamene el justo Abel quien principia el linaje del Sacrificio, -todavía como figura- del Único, Verdadero y Eterno de la Cruz, según se recuerda en el Canon de la Misa Tridentina.

Increible

Quien lo hubiera dicho, parece ser que con este tema empieza el verdadero "Obispos contra Obispos, Cardenales contra Cardenales".

Hablar ya no sirve...

Catalina Tiene razón el lector que insta a escribir porque "hablar ya no sirve". Y yo me animaría a decir más: ni se molesten en escribir primero al "ordinario" correspondiente (... entiéndase el término en todas sus acepciones). Aquí hay que comportarse como con los locos: nadie se detiene a "explicar" el modo correcto de hacer algo a quien está privado de razón, ni nadie le pide disculpas o permiso por lo que es necesario hacer. Se hace, simplemente. De que estos jerarcas han perdido la razón, no tengo dudas, porque sólo los locos podrían manosear las cosas santas faltando gravemente a los tres primeros mandamientos como si Dios no existiera, y como si los sufridos fieles no entendiéramos nada de las atrocidades que ellos hacen. Como decía aquel verso, "loco debo ser, pues no soy santo...". Me parece que, a estas alturas, corresponde escribir directamente a Roma y sí enviar copia de lo actuado al "ordinario" responsable de la situación que motiva la queja, pues se trata de gente sin razón... Al menos, es lo que yo prefiero pensar para que me ayude a rezar más por ellos: últimamente, sufro de ataques de ira que deseo evitar... Laus Deo.

La petición de los fieles...

En mi diócesis (San Bernardo, Chile) no se está celebrando la Misa "extraordinaria," la razón: "porque los fieles no lo piden," dicen los curas. Cuando yo me enteré que sí habían fieles que lo pedían, la respuesta del clero es que el Motu Propio se interpreta de la siguiente forma: deben ser un "número considerable" de fieles por comunidad, pues cuando lo piden uno o dos es por pura curiosidad o no saben lo que piden. Diría (con algo de inocencia) que falta una pauta interpretativa clara de la Santa Sede, respecto del Motu Propio; pero el propio Motu Propio es tan claro que no hace falta: aunque les expliquemos con manzanitas van a entender... No hay peor sordo que el que no quiere oír.

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