¿Qué nos une con los protestantes? Una glosa de Romano Amerio

Es evidente –añadimos- que las creencias del hereje se basan sobre una apreciación subjetiva, con exclusión de la autoridad divina, de la Palabra de Dios. Ya no cree a Dios: se cree a sí mismo, pues si se adhiere a los dogmas de la fe no es porque estén revelados por Dios, sino porque a él, a su razón, le parecen razonables. El eje de la religión se desplaza de la palabra de Dios a la palabra del hombre.

No sabemos que puede haber en común entre católicos y luteranos. Dicen que la Escritura, pero también es esta una afirmación débil. Requiere explicación, pues debe aclararse una idea de primera magnitud: porque la Escritura no es la escritura. Así como todo libro se identifica con el sentido propio de ése libro, también la Escritura se identifica con el sentido de la Escritura, y es la Iglesia quien posee ese sentido de la Escritura y quien siempre lo a transmitido sobre todo por medio de la Sagrada Liturgia.

El Magisterio determina también el sentido de las palabras de la Escritura. Los católicos interpretan la Escritura según el Magisterio: el pueblo cristiano, al asistir todos los domingos a Misa, escucha la lectura de la Sagrada Biblia con el sentido y la interpretación que le da la Iglesia. Por el contrario, Lutero enseña que el sentido de la Biblia se manifiesta ante la conciencia de cada cristiano: es el libre examen, inverso de nuestra religión. En Lutero la libertad prima sobre el ser y sobre la verdad, y las subyuga.

Asimismo hay que decir que la Biblia pertenece a lo sagrado, y lo sagrado complete al sacerdocio: en efecto, sacerdos significa quien da lo sagrado. Y eso es el Magisterio. Conocemos la Revelación por medio de la Biblia… pero de la Biblia interpretada por la Iglesia, que constituye su sentido: el Magisterio es el sentido de las Escrituras. Esa es la diferencia capital entre el catolicismo y cualquier otra confesión.

Tener las Escrituras no significa nada. Poseer materialmente la Biblia no significa nada, aunque la conservación material (literal y filosófica) de los textos sea, por supuesto, importante, porque los Textos Sagrados deben ser conocidos en su autenticidad. Pero si bien el trabajo filológico es importante, lo importante en verdad es el sentido de las escrituras, y ese sentido, como hemos dicho, solo lo conserva la Iglesia, y constituye su Magisterio:”ha de tenerse por verdadero sentido de la Sagrada Escritura aquél que sostuvo y sostiene la Santa Madre Iglesia, a quien toca juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Escrituras santas” (Concilio Vaticano I, Constitutione dogmatica De fide católica, cap. 2, Denz. 1788).

Muchos sostienen que tenemos en común con las confesiones protestantes, luteranas o anglicanas, a Jesucristo. Pero estamos en las mismas: ¿Al hombre-Dios? ¿Al hombre-hombre? ¿O a una invención de los primeros cristianos?

El Card. Carlo Maria Martini, en su famosa entreviste en el Sunday Times (abril 1993), asegura: ”llegué a la conclusión de que, si bien los Evangelios no son históricos en el sentido moderno de la historia, sin embargo resulta imposible, sin ignorar una multitud de evidencias, contradecir la verdad histórica del mensaje de Cristo”. Es decir, los Evangelios no son históricos, pero es histórico su mensaje; no son históricos los hechos, sino la enseñanza, la doctrina, la predicación. Ahora bien, afirmar que una opinión es histórica es algo muy distinto de afirmar que son históricas las cosas incluidas en esa opinión. Por consiguiente puede dudarse seriamente de la idea transmitida por esta carta Apostólica, según la cual tenemos en común con las demás confesiones mas cosas de las que nos separan.

Romano Amerio, Stat Veritas, Glosas a la Carta Apostólica Tertio Millenio Adveniente,

Ediciones Criterio de España, págs. 38 a 40.

Anecdotario

Contaba el siempre hilarante P. Marcus Künkel, ICRSS, siempre dispuesto a dar un pequeño palo a los suizos, y más si son protestantes, que en el lecho de muerte Calvino preguntó a su hijo si se iba a salvar. Su hijo le dijo que, como era protestante, si estaba predestinado, podría salvarse, pero que sólo siendo Católico estaría 100% seguro... Para que vean ;)

no tiene nada que ver pero no sabia donde ponerlo...

que onda con esto loco???

CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO

Prot. n. 720/85

NOTIFICACIÓN ACERCA DE LA COMUNIÓN EN LA MANO

La Santa Sede, a partir de 1969, aunque manteniendo en vigor para toda la Iglesia la manera tradicional de distribuir la Comunión, acuerda a las Conferencias Episcopales que lo pidan y con determinadas condiciones, la facultad de distribuir la Comunión dejando la Hostia en la mano de los fieles.

Esta facultad está regulada por las Instrucciones Memoriale Domini e immensae caritatis (29 de mayo de 1968: AAS 61, 1969, 541-546; 29 de enero de 1973: AAS 65, 1973, 264-271), así como por el Ritual De sacra Communione publicado el 21 de junio de 1973, n. 21. De todos modos parece útil llamar la atención sobre los siguientes puntos:

1. La Comunión en la mano debe manifestar, tanto como la Comunión recibida en la boca, el respeto a la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Por esto se insistirá, tal como lo hacían los Padres de la Iglesia, acerca de la nobleza que debe tener en sí el gesto del comulgante. Así ocurría con los recién bautizados del siglo IV, que recibían la consigna de tender las dos manos haciendo "de la mano izquierda un trono para la mano derecha, puesto que ésta debe recibir al Rey" (6ª catequesis mistagógica de Jerusalén, n. 21: PG 33, col. 1125, o también Sources chréet., 126, p. 171; S. Juan Crisóstomo, Homilia 47: PG 63, col. 898, etc.).*

2. De acuerdo igualmente con las enseñanzas de los Padres, se insistirá en el Amén que pronuncia el fiel, como respuesta a la fórmula del ministro: "El Cuerpo de Cristo"; este Amén debe ser la afirmación de la fe: "Cum ergo petieris, dicit tibi sacerdos ‘Corpus Christi’ et tu dicis ‘Amen’, hoc est ‘verum’; quod confitetur lingua, teneat affectus" (S. Ambrosio, De Sacramentis, 4, 25: SC 25 bis, p. 116).

3. El fiel que ha recibido la Eucaristía en su mano, la llevará a la boca, antes de regresar a su lugar, retirándose lo suficiente para dejar pasar a quien le sigue, permaneciendo siempre de cara al altar.

4. Es tradición y norma de la Iglesia que el fiel cristiano recibe la Eucaristía, que es comunión en el Cuerpo de Cristo y en la Iglesia; por esta razón no se ha de tomar el pan consagrado directamente de la patena o de un cesto, como se haría con el pan ordinario o con pan simplemente bendito, sino que se extienden las manos para recibirlo del ministro de la comunión.

5. Se recomendará a todos, y en particular a los niños, la limpieza de las manos, como signo de respeto hacia la Eucaristía.

6. Conviene ofrecer a los fieles una catequesis del rito, insistiendo sobre los sentimientos de adoración y la actividad de respeto que merece el sacramento (cf. Dominicae cenae, n. 11). Se recomendará vigilar para que posibles fragmentos del pan consagrado no se pierdan (cf. 5. Congre. para la Doctrina de la Fe, 2 de mayo de 1972: Prot. n. 89/71, en Notitiae 1972, p. 227).

7. No se obligará jamás a los fieles a adoptar la práctica de la comunión en la mano, dejando a cada persona la necesaria libertad para recibir la comunión o en la mano o en la boca.

Estas normas, así como las que se dan en los documentos de la Sede Apostólica citados más arriba, tienen como finalidad recordar el deber de respeto hacia la Eucaristía, independientemente de la forma de recibir la comunión.

Los pastores de almas han de insistir no solamente sobre las disposiciones necesarias para una recepción fructuosa de la Comunión —que, en algunos casos exige el recurso al sacramento de la Penitencia—, sino también sobre la actitud exterior de respeto, que, bien considerado, ha de expresar la fe del cristiano en la Eucaristía.

Dado en la Congregación para el Culto Divino, el 3 de abril de 1985.

(† Agustin Mayer, o.s.b.) Arzob. tit. de Satriano Pro-Prefecto

Hay que leer

Hay que leer las Instrucciones Memoriale Domini e immensae caritatis. Y de paso, para ver el problema globalmente, el libro de Mons. Laise, "La Comunión en la Mano".

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