Aquellos buenos pastores: Mons. Raspanti, primer obispo de Morón

Como buen hijo de Don Bosco destacó en su amor por los jóvenes. Lo sé, por experiencia, ya que fue mi mentor en punto a la labor scout desplegada en Ituzaingó y que (por gracia de Dios) todavía subsiste. A los jóvenes se dirigió en 1976: “como Cristo mandó a sus apóstoles, yo, como obispo, los envío a ustedes para que sean apóstoles de la juventud. El apóstol, sin creerse mejor que los demás, asume las angustias y esperanzas de sus hermanos los jóvenes: profundiza su vida de fe hasta contagiar su apasionamiento por Cristo y, como se reconoce pobre, se arraiga en la oración”.

Escribe Ricardo Fraga

En 1957 el Papa Pío XII creaba la diócesis de Morón. Su primer obispo sería Mons. Miguel Raspanti.

Estamos, por lo tanto, en el año jubilar, y ante la proximidad de la festividad litúrgica de Nuestra Señora del Buen Viaje (5 de octubre) me parece oportuno evocar en esta columna la figura de aquel buen pastor que regió sus destinos durante casi un cuarto de siglo.

Miguel Raspanti nació en la mediterránea ciudad de Córdoba (Argentina) el 31 de mayo de 1904 en el seno de una familia numerosa, de ascendencia italiana y profundamente cristiana. Sus padres le dieron “con el amor al trabajo, la fe que informaría luego toda mi vida” (de sus “Memorias”).

En 1919 ingresó al noviciado de la Congregación salesiana en Bernal (provincia de Buenos Aires). En 1928 recibió su ordenación sacerdotal de manos del Cardenal Gamba y escogió como lema sacerdotal el suspiro paulino: “vivo en la fe de Nuestro Señor Jesucristo que me amó y se entregó a la muerte por mí”, lema que luego lo sería de las “misiones apostólicas seglares” (MAS) por él promovidas, como parte de su benéfica actividad diocesana.

También en san Pablo buscaría inspiración para sus propósitos episcopales que se enmarcarían en el ferviente deseo de que “la caridad de Cristo nos apremia” (“Caritas Christi urget nos”) que fue, sin duda, el derrotero de sus trabajos apostólicos.

Todo el tiempo de su vocación salesiana (que proyectaría después en su labor de obispo) estuvo signado por la “gráfica frase” (recogida por el P. Cayetano Bruno) atribuida al Cardenal Cagliero (el mismo que escoltó a Roma al ya beato Ceferino Namuncurá): “chi non ama i fanciulli vada a forsi trapista” (“quien no ama a los niños que se haga trapense”).

Desempeñándose como Superior de la Inspectoría San Francisco de Sales de Buenos Aires lo sorprendió su designación como primer obispo local. El 12 de mayo de 1957 tuvo lugar su consagración episcopal en la basílica de María Auxiliadora (Buenos Aires). El domingo 30 de junio de 1957 tomó posesión de su diócesis, a la que dedicaría, hasta su renuncia (y también después y con mucho celo), sus mejores esfuerzos de pastor.

Gracias a su contagioso entusiasmo por el culto secular a la Virgen del Buen Viaje (que en la década del ´40 había resucitado el también infatigable presbítero P. Vanini) se logró el 19 de noviembre de 1961 la coronación pontificia de la sagrada Imagen en una fiesta inolvidable desarrollada en la Plaza San Martín y que presidieron el Cardenal Caggiano (primado de la Argentina) y el entonces presidente de la Nación don Arturo Frondizi.

También alcanzó (1963) del beato Papa Juan XXIII la elevación al rango de basílica menor de la Catedral diocesana que, desde aquel tiempo, ostenta en su frontispicio neoclásico los medallones con las efigies de los dos Pontífices tan estrechamente vinculados a Morón: Pío XII y Juan XXIII.

Si hubiera que sintetizar en dos palabras su desvelo por las almas éstas serían las de su consigna pastoral: “Paz y Catecismo” y en su cumplimiento crearía la “Casa de la Caridad” y el Seminario catequístico diocesano “San Pío X”.

Imposible en estas pocas líneas relatar la inagotable actividad fundadora de Raspanti manifestada, de manera particular, en la multitud de parroquias nacidas durante su gestión y a las que permanentemente estimularía con sus recurrentes visitas canónicas.

Cuando él llegó a Morón todo estaba por hacerse y, cuando partió, casi todo lo que se había propuesto lo había alcanzado y cumplido con creces.

Sus cartas pastorales destacaron por la precisión y oportunidad de sus enseñanzas, sujetas siempre a la más estricta conformidad con las doctrinas pontificias.

Como buen hijo de Don Bosco destacó en su amor por los jóvenes. Lo sé, por experiencia, ya que fue mi mentor en punto a la labor scout desplegada en Ituzaingó y que (por gracia de Dios) todavía subsiste. A los jóvenes se dirigió en 1976: “como Cristo mandó a sus apóstoles, yo, como obispo, los envío a ustedes para que sean apóstoles de la juventud. El apóstol, sin creerse mejor que los demás, asume las angustias y esperanzas de sus hermanos los jóvenes: profundiza su vida de fe hasta contagiar su apasionamiento por Cristo y, como se reconoce pobre, se arraiga en la oración”.

En 1979 le fue aceptada su renuncia reglamentaria y retornó entonces al seno de su familia salesiana alojándose en el colegio de la congregación en la localidad de Ramos Mejía. Allí se convirtió en un sacerdote más al servicio de los más olvidados.

Recordaré siempre con emoción las veces que tuve oportunidad de trasladarlo hasta alguna parroquia marginal de su antigua diócesis (Santa Cecilia) donde, con toda sencillez evangélica, bendecía y predicaba al pueblo fiel en compañía de aquel mítico obrero de la viña del Señor, el Pbro. José Daniel Tomás.

Como su Maestro, no había venido a “ser servido sino a servir” y sirvió hasta los últimos días de su vida.

Falleció en Córdoba el 18 de febrero de 1991 y sus restos yacen en la catedral de Morón, al pie de la Imagen del Sagrado Corazón.

Su vicario general Mons. Juan Presas le llamó “Pastor bueno” y de verdad lo fue ya que, sin descanso, dio su vida por sus ovejas.

Comentario Druídico: Llama la atención no encontrar ninguna referencia a Mons. Raspanti en la web oficial de la Catedral de Morón.

Confirmacion

.....Ya tengo 52 años y jamás olvidé el nombre de monseñor Raspanti quien me confirmó en la parroquia de Francisco Alvarez , en la Iglesia San Francisco de Asís. Lo que no recuerdo en que año fué.... Ahora vivo en España en las Canarias y tengo a mis hijos estudiando en las dominicas aunque yo tambien soy ex alumno de Don Bosco. Luis Fernando Gonzalez

Difundir la buenas acciones

Es raro que no haya más comentario sobre este gran hombre, simple servidor de Dios, incansable en su labor y dando lo mejor para los jóvenes.

Estas personas son dignas para imitar.

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